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REVISTA LULÚ - Antologia

REVISTA LULÚ - Antologia

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REVISTA LULÚAntología(1991/1992)
data posteada con acceso gratiuto y públicocopyright 2007 de:www.bazaramericano.com
 
Discos
Oscar Ledesma
Sobre: Claude Debussy,
Pélleas et Mélisande
. Didier Henry, ColetteAliot Lugaz, Gilles Cachetpaille, Pierre Tahu, ClaudineCarlson, Françoise Golfier, Philip Ens, Coro y OrquestaSinfónica de Montreal. Dirigida por Charles Dutoit. LONDON430502 2 CDs.
Debussy, como Beethoven, es autor de única ópera. Sin embargo fueron variossus proyectos para el género. Su problema era hallar un libro acorde con susprincipios estéticos. Tuvo ocasión de leer la pieza del belga MauriceMaeterlinck apenas publicada en 1892 y al año siguiente la vio representada enParís. En una visita a Gante consiguió el visto bueno del escritor que hasta lesugirió los cortes posibles. Un primer boceto quedó pronto en 1895 y unsegundo, corregido, en 1897. La mediación de André Messager apresuró suestreno en la Opéra Comique el 30 de abril de 1902. Hoy sería difícil imaginar el éxito de una puesta del drama original por su simbolismo y fatalismo, tanajenos a los tiempos que corren. Su filosofía pesimista atrajo a Debussy y aotros músicos, como Fauré, Sibelius, Schoenberg, y hasta Puccini concibió laidea de transformarlo en ópera. Esa misma filosofía fue cara a los francesesentre las dos guerras mundiales, como lo testimonian, por ejemplo, los films deDuvivier y Carné. Deben haber atraído a Debussy la simplicidad del lenguaje, laintemporalidad del escenario y la expresión del drama por sugestión eimplicación más que por la contundencia de los hechos. El compositor tuvo, enconsecuencia, total libertad para conjurar la enrarecida atmósfera de esemundo de mar y sol, de sombríos castillos y bosques y sofocantessubterráneos, donde sus desvaídos personajes representan su destinotriangular. La escritura musical es esencialmente sinfónica, las escenas soncortas y están ligadas por interludios que forman un ininterrumpido tapizorquestal; sobre el que las voces declaman sus frases en un "quasi recitativo",que a veces deviene un "arioso", cuyo pulso y cadencia nacen del ritmo dellenguaje hablado. Los varios motivos conductores son usados en forma menosexplícita y obvia que en los dramas wagnerianos. La prosodia debussyana másmás fluida, la orquestación más austera y transparente, y en contraposición aWagner, lejos está de Debussy la intención de someter emocionalmente a suaudiencia. Pese a su carácter de pieza no convencional del repertorio lírico,
Pélleas
ha sido muy favorecida por el disco. Luego del registro histórico deRoger Desormiere do 1941, se sucedieron el de André Cluytens (1957), los deErnest Ansermet (1951 y 1964), Jean Fournet, Désiré Inghebrecht (1962, envivo), Serge Baudo, Pierre Boulez (1969), Karajan (1979) y John Carewe(1988), digital como el de Dutoit, que Decca grabó el año pasado en lapequeña iglesia de St. Eustache, donde hace todas sus grabaciones laSinfónica de Montreal.Tal vez ninguno de los registros enumerados sea tan fiel como éste a lospropósitos del compositor, que otorga prioridad al texto a insiste en que "lamúsica solo debe insinuar lo expresado por la palabra". A tal efecto, Dutoit hapreferido un elenco totalmente francés a uno de divos, consiguiendo una
 
versión no solo idiomática en estilo (las prolijas anotaciones de Debussy soncumplidas al pie de la letra), sino también en cuanto a la atención prestada alas sutilezas de la dicción y de la caracterización dramática de los personajes.En lo referente a la dirección, la búsqueda de la clara definición y sentido decada detalle y de la total transparencia de las texturas, no ha devenido en unaejecución árida. Por lo contrario, salen ganando la sensual belleza de lapartitura, la fluidez del discurso, el cambiante colorido do la orquestación y elvalor dramático de la obra.(LULÚ número 1, Septiembre de 1991)
 
Sobre: Anton Webern.
Obras completas
Op. 1 a 31. Heather Harper yHalina Lukomska (sopranos), Barry McDaniel (bajo), IsaacStern (violin), Gregor Piatigorsky (cello), John Williams(guitarra), Charles Rosen (piano), Coro John Alldis, CuartetoJuiIlard, Orquesta Sinfónica de Londres. Director: PierreBoulez (Duración: 3 h 46'). SONY SNT3K 45845 (3 CDS)
Pocas veces, como en este caso, se puede afirmar que un registro marca unhito en la historia de la música contemporánea, revelando desde una renovadaperspectiva la producción de un compositor mal conocido, entre otras razones,porque un registro completo anterior hecho a fines de los '50 ofrecía unenfoque desmañado, inconexo e ilógico. Obviamente, el pionero Robert Craft,gestor de esa primera empresa, tuvo que lidiar con no pocos tropiezos,principalmente con la falta de partituras y la mala disposición, cuando no lahostilidad, de los músicos a sus órdenes para con una música nueva y extraña.Veinte años más tarde, las grabaciones de Pierre Boulez, hoy disponibles enCD, lógicamente se beneficiaron con los avances logrados en materia decomprensión y ejecución de la música de la vanguardia anterior a la SegundaGuerra. Eso no es todo. El lúcido enfoque de Boulez supo aunar con convicciónla horizontalidad de esta música con un amplio legato cantabile, fiel a lasintenciones de Webern. La melodía fluye de uno a otro instrumento, las frasesse corporizan bellamente, el balance interno es exacto, los matices de ladinámica son claramente diferenciados, como lo piden los pentagramas. Laadecuada realización de una música tan refinada y sofisticada exige una hondacomprensión así como que esta sea asimilada y compartida por losejecutantes. En ese sentido, la Sinfónica de Londres y el distinguido cuadro desolistas, respondieron con virtuosismo y aliento lírico sin pares. Luego del estilotradicional de la
Passacaglia
Op. 1, las
Cinco Piezas
para cuarteto de cuerdas,Op. 5, marcan la ruptura de su autor con la tonalidad. Este álbum las incluye,tanto en su versión original como en la para orquesta de cuerdas de 1930.Pese a la belleza de la ejecución del Cuarteto Juillard, la versión orquestalresulta más rica y elocuente. La brevedad y el puntillismo tan típicos de Weberncausan un impacto más fuerte con el colorido orquestal, como lo demuestranlas
Seis Piezas
Op. 6, cuyo encanto es captado por Boulez en forma notable.Las versiones de los solistas son también de altísimo rango. Difícilmente setenga ocasión de escuchar las
Piezas
para cello Op. 11 tocadas con lasensibilidad con que lo hacen Piatigorsky y Rosen. Pero en su mayoría los

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