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LEYENDAS COLOMBIANAS

LEYENDAS COLOMBIANAS

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09/07/2010

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LEYENDA EL GUANDO O BARBACOA
El Guando es una especie de andamio hecho de tablas o de guadua picada, en forma de camillacubierta por una sábana blanca, bajo la cual se supone va el muerto. En algunas regiones le dicenel GUANDO O BARBACOA. Este espanto va acompañado de cuatro personas, que generalmenteson los cargueros del muerto. Aparece a la orilla del camino, a la orilla de un torrente, cerca de unpantano o entre el bosque.Las apariciones de este macabro espectáculo en la mayoría de las veces conmueve, no sólo por creer que en realidad llevan al difunto por ir los familiares acompañándolo, sino por el murmullocoral del rezo del Rosario y el Réquien por su alma. Hace muchícimos años vivía un hombre muy avaro, incivil, terco y malgeniado, que no le gustabahacer obras de caridad, ni se compadecía de las desgracias de su prójimo. Los pobres del campoacudían a él a implorar ayuda para sepultar a algún vecino, pero contestaba que él no teníaobligación con nadie y que tampoco iba a cargar un mortecino. Que les advertía, que cuando él semuriese, lo echaran al río o lo botaran a un zanjón donde los gallinazos cargaran con él. Por fin se murió el desalmado, solo y sin consuelo de una oración. Los vecinos que eran de buencorazón, se reunieron y aportaron los gastos del entierro. Construyeron la camilla y cuando lofueron a levantar casi no pueden por el peso tan extremado. Convinieron en hacer relevos cadacuadra, a fin de no fatigarse durante el largo camino al pueblo. Al pasar el puente de madera, sobreel río, su peso aumentó considerablemente, se les zafó de las manos y el golpe sobre la maderafue tan fuerte que partió el puente y el muerto cayó a las enfurecidas aguas que se lo tragaron enun instante. Al momento los hombres acompañantes bajaron a la corriente y buscaron detenidamente pero nolo hallaron ni a él ni al andamio. Lo que ha quedado por el mundo es su aparicnfantasmagórica que atormenta a los vivos, haciendo estremecer al más valiente con el ruido de loslazos sobre la madera en un continuo y rechinante "chiqui, chiqui, chiquicha...". Sus apariciones más seguras se verifican en la víspera de los difuntos, o sea en las fiestas de lasAnimas; en los lugares aledaños a los cementerios, causando gran pavor a la tétrica procesión,portando sus acompañantes coronas, cirios y rezando en voz alta: de vez en cuando se oye unavoz cavernosa e imperativa que dice: "meta el hombro compañero... ".
 
EL MOHÁN
En algunas regiones le dicen Poira. Dicen que es un personaje monstruoso, cubierto de pelajeabundante, que más parece que estuviera envuelto en una luenga cabellera. Tiene manosgrandes, con uñas largas y afiladas como las de una fiera. La diversidad de leyendas que secuentan sobre las hazañas o artificios como actúa, constituyen una riqueza folclórica para estatierra tolimense.Los pescadores lo califican de travieso, andariego, aventurero, brujo y libertino. Se quejan dehacerles zozobrar sus embarcaciones, de raptarles los mejores bogas, de robarles las carnadas ylos anzuelos; dicen que les enreda las redes de pescar, les ahuyenta los peces, castiga a loshombres que no oyen misa y trabajan en día de precepto, llevándoselos a las insondablescavernas que posee en el fondo de los grandes ríos. Las lavanderas le dicen monstruo, enamorado, perseguidor de muchachas, músico, hipnotizador,embaucador y feroz. Cuentan y no acaban las hazañas más irreales y fabulosas. Sobre su aspecto físico, varían las opiniones según el lugar donde habita. En la región del sur delMagdalena, comprendida entre los ríos Patá y Saldaña, con quebradas, moyas y lagunas deNatagaima, Prado y Coyaima, hasta la confluencia del Hilarco, como límite con Purificación, losribereños le tienen un pánico atroz por que se les presenta como una fiera negra, de ojoscentelleantes, traicionero y receloso.Siempre que lo veían, su fantasmal aparición era indicio de males mayores como inundaciones,terremotos, pestes, etc. Poseía un palacio subterráneo, tapizado todo de oro, donde acumulabamuchas piedras preciosas y abundantes tesoros; hacía las veces de centinela, por eso no quedabatiempo para enamorar. En la región central del Magdalena, desde Hilarco, en Purificación, hasta Guataquicito en Coello,los episodios eran diferentes. Allí se les presentaba como un hombre gigantesco, de ojos vivacestendiendo a rojizos, boca grande, de donde asomaban unos dientes de oro desiguale; cabelleraabundante de color candela y barba larga del mismo color. Con las muchachas era enamoradizo, juguetón, bastante sociable, muy obsequioso y serenatero. Perseguía mucho a las lavanderas de aquellos puertos, como en la Jabonera, la Rumbosa, elCachimbo, Etc. A la manera de un hombre rico, con muchos anillos, que al enamorarse de lamuchacha más linda de la ribera, la llevaba a la cueva subterránea donde tenía otras mujeres conquienes jugaba y sacaba a la playa en noches de luna. Muchos pescadores aseguran que oían susrisotadas y griterías. Bogas, pescadores y lavanderas lo vieron infinidad de veces en la playa pescando, cocinando,peinándose; o bajar en una balsa, bien parado, por "la madre del río" tocando guitarra o flauta. Entre Guataquicito y Honda las versiones son distintas: allí era muy sociable. Se presentaba aveces como un hombre pequeño, musculoso, de ojos vivaces; entablaba charla con los bogas,salía al mercado a hacer compras, solía parrandear con los mercaderes, pero luego desaparecíasin dejar huella. En guamo, Méndez, Chimbimbe, Mojabobos, Bocas de Río Recio, Caracolí yArrancaplumas lo vieron arreglando atarrayas, fumando tabaco, cantando y tocando tiple. Ennoches de tempestad lo han visto pescando y riendo a carcajadas. Algunos ribereños aseguran que existe la Mohana, pero no como consorte del Mohán, sino comopersonaje independiente. Comentan que ésta no es feroz, ni les hace travesura en los ríos; lo únicoque le atribuyen es que se rapta a los hombres hermosos para llevarlos a vivir con ella en unacueva tenebrosa.
 
EL DORADO
Esta leyenda colombiana es una de las más conocidas por su vinculación con la conquista deAmérica. Los conquistadores españoles buscaban un país legendario famoso por sus incalculablesriquezas (El Dorado). El origen de esta creencia reside en la ceremonia de consagración de losnuevos Zipas.En el hermoso país de los Muiscas, hace mucho tiempo, todo estaba listo para un acontecimiento:la coronación del nuevo Zipa, gobernador y cacique. La laguna de Guatavita, escenario natural y sagrado del acontecimiento lucía su superficietranquila y cristalina como una gigantesca esmeralda, engastada entre hermosos cerros. Lasladeras, con tupidos helechos, mostraban botones dorados de chisacá, chusques trenzados comoarcos triunfales, sietecueros y fragantes moras. El digital, como un hermoso racimo de campanitas,matizaba de morado el paisaje; el diente de león, cual frágil burbuja, arrojaba al viento susdiminutos paracaídas para perpetuar el milagro de su conservación y los abutilones de coloresrojos y amarillos sumaban al concierto de belleza natural, el diminuto y tornasolado colibrí, sucomensal permanente.Gran agitación reinaba en Bacatá, vivienda del Zipa; la población entera asistiría al singular acontecimiento en alborozada procesión hasta la laguna sagrada portando relucientes joyas deoro, esmeraldas, primorosas vasijas y mantas artísticamente tejidas, para ofrendar a Chibchacum,su dios supremo, a la diosa de las aguas, Badini y a su nuevo soberano.Las mujeres habían preparado con anticipación abundante comida a base de doradas mazorcas ydel vino extraído del fermento del maíz con el que festejaban todos los acontecimientos principalesde su vida. Todo sería transportado en vasijas de diferentes formas y tamaños, elaboradas conpaciencia y esmero por los alfareros de Ráquira, Tinjacá, y Tocancipá y también en cestos depalma tejida.Por fin, llegó el gran día. El joven heredero acompañado de su séquito, compuesto por sacerdotes,guerreros y nobleza, encabezaba la procesión. Sereno y majestuoso, su cuerpo de armoniosasproporciones se mostraba fuerte para la guerra; su piel color canela tenía una cierta palidez,resultado del riguroso ayuno que había realizado para purificar su cuerpo y su alma y así implorar alos dioses justicia, bondad y sabiduría para gobernar a su pueblo.Marchaban al son acompasado de los tambores, de los fotutos y de los caracoles. Lentamente, seiban alejando de los cerros y del cercado de los Zipas, para aproximarse a la espléndida laguna deGuatavita. Allí, con alegres cantos, la muchedumbre se congregó para presenciar el magníficoespectáculo.El sacerdote del lugar, ataviado con sobrio ropaje y multicolores plumas, impuso silencio a lapoblación con un enérgico movimiento de sus brazos extendidos. De piel cobriza y carnes magraspor los prolongados ayunos, el sacerdote era temido y reverenciado por el pueblo; era el mediador entre los hombres y sus dioses, quien realizaba las ofrendas y rogativas y quien curaba los malesdel cuerpo con sus rezos y la ayuda de plantas mágicas.El futuro Zipa fue despojado de las ropas y su cuerpo untado con trementina, sustancia pegajosa,para que se fijara el oro en polvo con que lo recubrían constantemente.No se escuchaba un solo sonido; era tal la solemnidad del momento, que sólo se oía el croar de lasranas, animales sagrados para ellos, los gorjeos de los pájaros y el veloz correr de los venados.El ungido parecía una estatua de oro: su espléndido cuerpo cuidadosamente cubierto con el noblemetal, despedía reflejos al ser tocado por los rayos del sol. Cuando hubo terminado elrecubrimiento, subió con los principales de la corte sobre una gran balsa oval, hecha íntegramenteen oro por los orfebres de Guatavita.

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