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El último virrey

El último virrey

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11/29/2012

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DomingoEntrevista al último virrey
Aquel fue el momento más trágico de nuestra historiarepublicana. Andrés Avelino Cáceres había sido derrotado, el10 de julio de 1883, en Huamachuco. En Lima, desde Palaciode Gobierno, el comandante en jefe del Ejército deOcupación, Patricio Lynch, gobernaba el país.Aquí, sin ninguna oposición, preparaba los términos quellevarían a la rendición del Perú y al Tratado de Ancón. Taleseran su poder y su influencia en aquellos momentos queinclusive aceptó conceder una entrevista al diarionorteamericano The New York Herald. En Chile lo llamabanel último Virrey del Perú.La entrevista, de la que transcribiremos buena parte, por momentos podrá sorprendernos por la admiración que parece profesar el corresponsal norteamericano a Patricio Lynch yque difiere del recuerdo sanguinario que conservamos los peruanos del almirante chileno por las responsabilidades quedesempeñó durante el saqueo al norte del Perú en 1880 y laocupación de Lima a partir de 1881Sin embargo, no olvidemos que la entrevista es realizada por un periodista ajeno a la causa del Perú y también sorprendido por el hecho de que Lynch converse con él en inglés. Durantesu juventud Patricio Lynch había servido en la marina deguerra británica durante las guerras del opio en China, siendoinclusive condecorado por la conducta que demostró en aquella ocasión.El corresponsal, cuyo nombre no quedó consignado junto al texto, comienza su artículo explicando cómose vivía en Lima en aquellos días. Afirmaba que para muchos militares y personal civil chileno el tener que abandonar el Perú sería algo que podrían inclusive lamentar.Puede ser, respecto a la horda de empleados civiles chilenos que están apercibiendo los derechosmunicipales o de Aduana, que pocos de ellos son de mucha capacidad y que difícilmente podrían ganar ensu país lo que obtienen en el Perú, que consiguen cincuenta o setenta y cinco por ciento más de lo que se paga en Chile por iguales "colocaciones" y que estarán apurados para conseguir empleos cuando cesen susactuales ocupaciones.Y puede ser que respecto a los quince mil hombres que Chilemantiene al norte de Arica, el hecho de que se les dá"gratificaciones" votadas con liberalidad, en adición a la pagaordinaria; que el servicio de guarniciones, es agradable; quelas expediciones al interior, tan duras (como la última contraCáceres) a las que el almirante Lynch les obliga a veces, noson de frecuente ocurrencia.
EL PALACIO DE LOS VIRREYES
Sobre Palacio de Gobierno se comenta lo siguiente:Es un edificio extenso, irregular, sin carácter, de varias clasesde arquitectura y diversas épocas; siendo una parte del tiempode Francisco Pizarro.
 Señor de la guerra. Vicealmirantechileno Patricio Lynch, comandanteen jefe del Ejército de Ocupaciónen el Perú. Estudio fotográficoCourret. Ejército de ocupación. Batallónchileno Victoria en Lima (EstudioFotográfico Courret). 
 
La entrevista se realiza en el cuarto particular de recibo de Lynch.Un cuarto con tapicería de color oscuro y tomando vista sobre la calle del Palacio, que conduce de la Plazaal antiguo Puente de Piedra construido sobre el Rímac… Esto era parte de los departamentos queocupaban los presidentes del Perú y de donde el dictador Piérola huyó con tanta prisa después de la batallade Miraflores.Al momento de conocer a Patricio Lynch, el corresponsal norteamericano lo describió de la siguientemanera:A pesar de tener más de sesenta años el Almirante, tiene un semblante tan elástico, una cara tan pocoarrugada y gastada y maneras tan poco afectadas, que es imposible atribuirle su edad, ni con quince añosde diferencia. Su cabello corto y negro no está todavía mezclado con canas, ni tampoco su tupido yrecortado bigote, y sus negros ojos son tan vivos como en la juventud. La elegancia de su figura produceuna impresión, que hace creérsele más alto de lo que en realidad es. Lo encontré esa mañana llevando eluniforme de la marina chilena (que se asemeja al nuestro) y sentado delante de su escritorio.Preparando su cigarrillo y moviendo un montón de documentos que cubría la mesa, dirigió su atenciónhacia el borrador de una carta que en el vapor pasado había dirigido al señor don Joaquín Godoy, ministrode Chile en Washington, relativo a la batalla de Huamachuco y sus probables consecuencias políticas.Habiéndole preguntado al Almirante cuál era su opinión sobre el poder de recuperación del Perú, mecontestó: –La condición actual del país no es ciertamente de prosperidad; pero considerando el grado y la duración de sudesorganización política interna, que su Capital y sus puertoshan sido ocupados militarmente por más de dos años y medio,su comercio y su industria se han sostenido admirablemente.Esto es debido sin duda y en gran parte al fuerte elementoextranjero en el Perú y me atrevo a decir también a lo correctode la administración chilena.
CONTRIBUCIONES Y CUPOS
 –Pero señor Almirante –interrumpiéndolo–, hayevidentemente muchas contribuciones introducidas por lasautoridades chilenas de las que se quejan los peruanos. –A primera vista, las fuertes contribuciones que han sidocolectadas, así como los cupos que han sido exigidos, enciertos círculos, pueden ser considerados, lo confieso, comocrueles o injustos; pero hay que tener presente que, tuvieronun doble objeto: primero, obligar a los peruanos a que vuelvan en sí y que traten sobre la paz de un modoserio; y segundo para ayudar a nuestros fuertes gastos y evitarnos la necesidad de aumentar despuésnuestros reclamos en los futuros arreglos con el Perú. Nuestro objetivo ha sido siempre una pronta paz yen las condiciones más suaves de las que corresponden a nuestras victorias y sacrificios.
LOS OBSTÁCULOS DE LA PAZ
 –Pero –observé yo–, Lima cayó en poder de Chile el 17 de enero de 1881, y hoy día estamos a 13 deagosto de 1883. –La triste condición financiera del Perú, su no cumplimiento de contratos con sus acreedores mucho antesde la guerra y su consiguiente descrédito, hacían que todo proyecto de indemnización a Chile que no fuera basado sobre una cesión de territorio, no fueran sino palabras vanas. Por consiguiente, mientras el Perú
Vencedor. Oficial del Batallón Talcacon carabina peabody martini(Estudio Fotográfico Courret). 
 
declaraba que no estipularía una cesión de territorio, tal declaración cerraba prácticamente la única salida posible para un arreglo: incluía el abandono de toda idea de paz.El Almirante añadió: Chile, en las condiciones que exigía, no hacía más que seguir los antecedentes de losEstados Unidos en sus arreglos con Méjico hace 35 años y con el antecedente más reciente, el de Alemaniarespecto a Francia. –Pero, señor Almirante –pregunté–: ¿El importe de lo que se saca del Perú no excede a los gastos queexige la ocupación militar? –No, no excede –contestó él–. Sé que se dice que el Tesoro Chileno reporta ventajas pecuniarias de laocupación; pero puedo asegurar que esto es un error, y que si se toman en consideración todos los gastosque la ocupación impone, se verá que dicho Tesoro aumenta una pérdida con cada día de ocupación.
IGLESIAS
Entonces el Almirante continuó con mucho énfasis: Al fin un valiente militar y un patriota bienintencionado, el general Iglesias, se ha presentado para redimir su país. Le damos toda clase de auxilios; ledamos dinero y armas; derrotamos a sus enemigos y le damos prestigio. ¿Con qué objeto? Para que puedavenir la pazDespués añadió: Hemos evacuado el Norte del Perú; hemos dado al gobierno de Iglesias la valiosa Aduanade Salaverry (puerto de Trujillo) y sólo por razones de humanidad no sacamos a nuestras tropas de otrosmuchos lugares porque las poblaciones quedarían saqueadas sin piedad por merodeadores peruanos, si lasevacuáramos.Aquí el Almirante encendió otro cigarro y continuó:Ahora o nunca, tiene que establecer el Perú un Gobierno moderado y honrado, y es de esperar que lo queha sobrevenido podrá ser una lección útil a los peruanos para saber disciplinarse.En cuanto a mí –continuó el Almirante–, si Ud. me permite hacer una observación personal, relativa a miobservación personal, relativa a mi administración en este país, le diré que nunca he traspasado los límitesde lo que me obligaba, un deber doloroso, pero ineludible: y nunca he olvidado que no soy únicamentesoldado chileno, sino que yo, como el enemigo, somos del mismo barro.
LA POLÍTICA D ELA EXPOLIACIÓN
Una vez terminada la entrevista, y a pesar de la evidente simpatía por el almirante Lynch que profesaba elautor, que era el corresponsal en Lima del New York Herald, se incluye un análisis de la situación en aquelmomento de la Guerra del Pacífico en los siguientes términos:En las tres campañas de Tarapacá, Tacna y Lima ha habido un salvajismo de parte de la soldadescachilena, que por cierto no reprimió la oficialidad, que era quizás incapaz para reprimir. Algunos de losoficiales la excitaban.Después de la ocupación de Lima, el sistema de expoliaciones fue perseguido de un modo tan deliberadoque legítimamente se puede estigmatizar con el nombre de sistema político.La desgracia de Chile es que no puede desmentir ese testimonio. Los hechos son demasiado evidentes paracualquier observador. Los están afrontando en los recuerdos militares; los muertos en cada campo de batalla; las desmoronadas murallas de Chorrillos y Miraflores; las salas vaciadas y jardines expoliados deLima también están afrontando en el rostro de los de Chile… podrían citarse otros muchos ejemplos deexpoliación pero los que he citado son suficientes para dar a conocer una faz de esa larga guerra que nohonra a los vencedores.

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