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Mario O'Donnell - Historias Argentinas

Mario O'Donnell - Historias Argentinas

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Historias Argentinasfile:///G|/historiasargentinas.htm[09/09/2010 13:44:30]
 
 
Capítulo I
De 1492 a 1540
Cuando se cerraron las rutas que llevaban a la India por el Oriente, a raíz de la caída de Constantinopla en manosturcas, se impuso la necesidad de abrir otras vías para el aprovisionamiento de metales preciosos y de especias. Lainvención de la brújula, el astrolabio y la construcción de naves capaces de enfrentar las tormentas oceánicas,además de la bonanza económica de la España de entonces, hicieron posible que Cristóbal Colón se lanzara haciael oeste llegando en 1492 a las Antillas, creyendo haber llegado a la India. Como insólita consecuencia de dichoerror seguimos llamando a nuestros aborígenes como indios tobas o indios mapuches...La historia nos enseña que fue la reina Isabel la Católica quien, con sus joyas, financió la expedición colombina.No fue ella sino Juan Santangel, un comerciante judío, en sociedad con los hermanos Pinzón quienes aportaron doscarabelas de su propiedad. Lo de la reina fue una invención que justificaría la delegación que el Papa, supuestodueño del orbe, hiciera de las nuevas tierras en los soberanos españoles. No en España sino en sus reyes, lo quealgunos siglos más tarde explicará algunas estrategias de los revolucionarios de Mayo.La Corona española era pesimista acerca del resultado de la expedición, lo que justifica la firma de lasCapitulaciones de Santa Fe, el 17 de abril de 1492, por las que se concedía a Colón y a sus financistas grandesprerrogativas, como el de ser nombrado almirante, virrey y gobernador de las tierras a descubrir, además del diezpor ciento de las riquezas obtenidas, privilegios que a la postre no se cumplieron, obligando a don Cristóbal a uninfructuoso peregrinaje para que se cumpliera con lo acordado, empeño en el que lo sorprendió la muerte.
UN FABULADOR INMORTALIZADO
Mientras don Cristóbal atravesaba varias veces de ida y vuelta el océano, un fabulador y mediocre marino
 
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florentino, Américo Vespucci, escribía a su compatriota, el poderoso Lorenzo de Médicis, adjudicándose elDescubrimiento e instándolo a financiarle una expedición. A diferencia de los soberanos españoles que tratarían demantener oculto el acontecimiento para, infructuosamente, no despertar la ambición de otras potencias, el príncipeMédicis publicará la carta y el cartógrafo alemán Waldsemuller la tendrá sobre su escritorio cuando debe bautizarlos nuevos territorios. En su ‘Cosmographie Introductio” escribirá: “En el sexto clima, hacia el polo antártico, estásituada la parte del globo que, habiendo sido descubierta por Americus, puede ser llamada “tierra de Américus” o“América”
LOS MONTRUOSOS AMERICANOS
Para hacer lo que se hizo fue necesario poner en duda la condición humana de los habitantes del Nuevo Mundo, aquienes se definía como “seres con apariencia de hombres”. A ello contribuyó Colón, quien en su "Diario" serefiere tres veces a seres "de un solo ojo", como el cíclope griego. No termina ahí la cosa pues don Cristóbal en unade sus cartas a Gabriel Sánchez le cuenta que a "la gente con cola" podía encontrársela en la parte poniente de laisla Juana, en la provincia llamada Nuan, "adonde nace esta gente". En su segundo viaje le llegó el conocimientode que "en Mangi todas las gentes tenían rabo de más de ocho dedos de largo" y que no muy lejos de "LaEspañola", ciudad por él fundada, había seres "con hocico de perros que comían los hombres y que tomando uno lodegollaban y le bebían la sangre y le cortaban su natura".No se queda atrás Antonio Pigafetta, uno de los escasos sobrevivientes de la expedición magallánica y cronista dela misma, quien cuenta que en una de las tantas islas indianas vivían hombres que tenían las orejas tan largas comotodo el cuerpo, de manera que “cuando se acuestan, una les sirve de colchón y otra de frazada”.A mediados del siglo XVI el “haut americano” es descripto por primera vez en el capítulo LII de “Les Singularitésde la France Antarctique” de André Thevet: “Tiene el tamaño de una mona de Africa, el vientre colgante y unacabeza parecida a la de un niño. Cuando se la captura suspira como un niño acongojado (...) Además a esta bestianunca se la ha visto comer”.Aún en 1602 “Le Relationi Universali” del abate Giovanni Botero, publicada en Venecia, reproduce la figura del“gastrocéfalo americano”: “Un hombre sin cabeza, que tiene ojos en la nariz y la boca en el pecho, y que vadesnudo, menos en sus partes vergonzosas (...) y lleva sombrero ancho sobre sus espaldas, que de tan ardiente calorsolar los defiende”. Y, más adelante: “Esto es verdaderamente un milagro de la naturaleza, un aborto o un prodigio,porque no se trata de un solo ser, sino que hay miles por estos lugares”.El jurista de la Corona, Ginés de Sepúlveda, justificará la “guerra justa”, es decir el exterminio de americanos,porque “siendo por naturaleza siervos los hombres bárbaros, incultos e inhumanos, se niegan a admitir ladominación de los que son más prudentes, poderosos y perfectos que ellos siendo por derecho natural que lamateria obedezca a la forma, el cuerpo al alma, el apetito a la razón, la mujer al marido, los hijos al padre, loimperfecto a lo perfecto para desterrar las torpezas nefandas y portentoso crimen de devorar carne humana ypropagar la fe cristiana por todos los rincones del mundo”Según investigaciones recientes en 1492 en la isla donde Colón fundó “La Española” lo recibieron unos 300.000nativos. De ellos un tercio murió entre 1494 y 1496. En 1514 fueron censados sólo 26.300. En 1548 escribía elcronista Fernández de Oviedo que “de tres veces cien mil y más personas que había en aquella sola isla, no hayahora quinientos”
NUESTROS VALIENTES ANTEPASADOS
Nuestros indígenas nunca ocuparon un lugar de privilegio en nuestra historia oficial, que así reproduce supostergación social. Es hora ya de que hagamos justicia a la lucidez y al coraje de nuestros lejanos antepasados.Las noticias que el extremeño Núñez de Balboa hizo llegar del descubrimiento, el 25 de septiembre de 1513, del"Mar del Sur" (Océano Pacífico), se difundieron por toda España y se supieron también en Portugal. Ello urgió alos reyes de España a enviar una armada para encontrar el canal interoceánico para franquear el nuevo continente yasí extender sus dominios por el oeste de las Indias Occidentales. "Habéis de mirar que en esto ha de haber secretoe que ninguno sepa que yo mando dar dinero para ello ni tengo parte en el viaje", escribía el monarca español ensus instrucciones al Piloto Mayor del Reino, Juan Díaz de Solís, quien partiría el 8 de octubre de 1515 desde SanLúcar de Barrameda hacia la América meridional.La suerte no acompañará a dichos conquistadores europeos pues no les sucederá lo que a Hernán Cortés, a quien elsoberano azteca y su corte recibirán con honores convencidos de que eran la encarnación del dios Quetzalcoátlprofetizada por los augures. Tampoco la de Pizarro, quien invadirá el imperio incaico y apresará sin dificultades a
 
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su soberano Atahualpa, más ocupado en litigar con su hermano Huáscar que en defenderse de los intrusos.Nuestros querandíes, a quienes nuestra historia divulgada trata de salvajes poco menos que animalizados, deben serreconocidos como más sagaces que sus hermanos americanos ya que no confundieron a los españoles con dioses yno dudaron de que se trataban de enemigos. No se dejaron impresionar por aquellas naves descomunalmente másimponentes que sus piraguas, por aquellos desconocidos animales que arrojaban humo por sus narices y corrían ala velocidad del rayo, tampoco por aquellas pieles rígidas que sus flechas no atravesaban y que refulgían al solcomo la plata que los conquistadores anhelaban.Los mataron luego de incitarlos al desembarco tentándolos sagazmente desde la orilla con objetos dorados yplateados que destellaban hasta encandilarlos. También con agua, frutas y peces, preciadísimos luego delprolongado y azaroso cruce del océano. El cronista Herrera, integrante de la expedición, relató que "los indiostomando a cuestas a los muertos, y apartándoles de la ribera hasta donde los del navío no los podían ver, cortabanlas cabezas, brazos y pies, asaban los cuerpos enteros y se los comían".Cabe dudar sobre estos relatos sobre canibalismo, que se repetirán a lo largo de toda la Conquista, con escasasconfirmaciones, que tenían por objetivo horrorizar a los europeos y así justificar las intervenciones "civilizadoras"que provocaron la casi extinción de los habitantes americanos.En cambio el cronista alemán Ulrico Schmidl, integrante de la segunda expedición al Río de la Plata capitaneadapor Pedro de Mendoza, dará cuenta de canibalismo por parte de los europeos, sitiados y hambreados por losindómitos americanos: "Tres españoles habían hurtado un caballo y se lo comieron. (...) Se los condenó y colgó deuna horca. Ni bien se los había ajusticiado y cada cual se fue a su casa, aconteció en la misma noche por parte deotros españoles que ellos han cortado los muslos y unos pedazos de carne del cuerpo y los han llevado a sualojamiento y comido. También ha ocurrido que un español se ha comido a su propio hermano muerto. Esto hasucedido en el año de 1536 en nuestro día de Corpus Cristi en la sobredicha ciudad de Buenos Aires".Las versiones de la nefanda suerte de aquellos primeros españoles que se atrevieron a hollar las tierras de lo quehoy es nuestro país han sido siempre expuestas con solidaridad hacia los conquistadores, lo que constituirá el actoinicial del drama de una Argentina siempre pensada desde otros.
LA AMÉRICA “NO DESCUBIERTA”
“Las distintas zonas ambientales que habitaban los grupos indígenas no se corresponden con los actuales límitesinternacionales ni interprovinciales, ya que éstas sobrepasan las fronteras y atraviesan el territorio argentino enangostas franjas longitudinales, paralelas, que corren de norte a sur. Como los recursos existentes en cada franjaambiental condicionaban las formas de organización de cada pueblo para obtenerlos e implican una necesariarelación de intercambio entre los pueblos de distintas franjas para conseguir todo lo que necesitaban, es precisodefinir claramente la ubicación de las mencionadas franjas y sus características.El noroeste y centro de la Argentina-en los territorios que durante la colonia correspondían a las gobernaciones deTucumán (provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, La Rioja, Catamarca, santiago del Estero y Córdoba) y Cuyo(provincias de Mendoza, San Juan y San Luis )- estaban habitados por los pueblos agricultores con residenciasestables en aldeas y que, en consecuencia, necesitaban organizar la forma de acceder a los productos que no habíaen su zona. Además en ambas gobernaciones, el ambiente cambiaba en cortas distancias y cada franja era muydiferente de la otra vecina.Comenzando desde el oeste y avanzando hacia el este, la primera franja longitudinal era la costa del océanoPacífico con sus recursos marítimos, la segunda era el desierto chileno con sus minerales, la tercera era la Puna consus ganados y sales, la cuarta fueron los valles y quebradas con su producción agrícola, seguidos por el pie demonte que conectaba con la llanura, donde finalmente estaban los bosques y selvas con recursos variados como lasmaderas, mates, calabazas, el cebil (alucinógeno)y las plumas . Esto implica que la forma mas habitual decomunicación entre los distintos pueblos indígenas tenía una orientación este-oeste, totalmente distinta de laorientación norte-sur que luego impondrán los españoles.Considerando estas franjas ambientales y las características socioculturales de los grupos indígenas que allí seasentaban, desde la arqueología se han definido las siguientes zonas para el centro y noroeste de la Argentina:Puna, valles/quebradas, selvas y chaco, cuyo, mesopotamia santiagueña y sierras centrales o de Córdoba. Al este ysudeste de de la Argentina se encontraban los pueblos que habitan la llanura pampeana y el litoral de los ríosParaná y Uruguay; estas zonas también tenían sus propios recursos particulares pero sus pueblos eran diferentes delos anteriores en tanto no residían en asentamientos aldeanos estables sino que presentaban una fuerte movilidadespacial”( Silvia Palomeque). 

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