CHASQUI
*
Publicado en:
Los jesuitas y la modernidad en Ibe-roamérica (1549-1773)
. Manuel Marzal y Luis Ba-cigalupo, editores. Fondo Editorial de la PonticiaUniversidad Católica del Perú (PUCP), InstitutoFrancés de Estudios Andinos (IFEA) y Universidaddel Pacíco (UP). 533 pp. Lima, 2007.
**
Proesor de Historia de la Ponticia UniversidadCatólica del Perú (PUCP). Doctor en Historia por laUniversidad Católica de América (Washington D. C.).Es especialista en historia de la Iglesia y religión polí-tica en América Latina.
misioneros de Ocopa para atender a 91puestos misionales por los ríos (Amich, 1975:256). En 1824, Bolívar cerró el monasterio deOcopa y expulsó a los misioneros. Duranteaños hubo un solo misionero ranciscanoen la región –el padre Manuel Plaza– paraatender a todo el territorio de Mainas. Auncuando volvieron los ranciscanos en 1836,eran muy pocos para atender un territoriotan grande. A lo largo del siglo XIX, lo quequedaba de las antiguas misiones jesuitas ueabsorbido por la selva.
nueva españa
Los jesuitas undaron 14 distintas regionesmisionales en Nueva España y en el estadonorteamericano de Arizona. La mayor partede las misiones se encontraba en los estadosmexicanos actuales de Sinaloa, Durango,Sonora, Chihuahua, Coahuila y Baja Cali-ornia. También establecieron misiones enlos estados centrales de Guanajuato y Na- yarit. Los jesuitas se reerían a cada sistemacomo un “rectorado”. La primera misión ueundada por el padre Gonzalo de Tapia, en1589, en San Luis de la Paz (Guanajuato) yla última se undó entre los nayarit en 1722.A dierencia de Paraguay, no había una solaidentidad étnica. Aunque la mayor partede los indios pertenecía al grupo lingüísticouto-azteca, no había un idioma general paratodas las misiones. De hecho, se obligó a losmisioneros a aprender 29 distintos idiomas.Cada grupo étnico o “nación” tenía suspropias costumbres y tradiciones. Muchasnaciones vivían en rancherías (pequeñasconglomeraciones de casas para las ami-lias extendidas). Casi todas se dedicabana la agricultura, pero también pescaban ycazaban. Había recuentes guerras entreellas. No había una sola “república” comoen Paraguay; tampoco intentaron losmisioneros crear una. En Nueva España,generalmente uno o dos jesuitas vivíanen el pueblo principal, la cabecera, paraatender los asentamientos secundarios. Encambio, en Paraguay, generalmente habíados jesuitas en cada reducción. En com-paración con las misiones de Mainas, lasmisiones de Nueva España alcanzaron unalto grado de desarrollo. Las de Baja Cali-ornia eran tal vez las más pobres. También,como en Paraguay, muchas de las misionesexperimentaron cierta prosperidad, graciasa la planicación. Sin embargo, las misio-nes también ueron el escenario de variasrebeliones: entre los xiximies (1599-1601) y los acaxees (1601-1603); los tepehuanes(1616); los tarahumara (varias en distintosmomentos: 1646-1653; 1690-1700); los deBaja Caliornia (1734) y los yaquis (1740).Al inicio, los indios dieron la bienvenida alos misioneros, luego llegaron a la conclusiónde que las misiones aceleraron o ueron lacausa de las epidemias que con recuenciaazotaban la población. La introducción delcristianismo provocaba resistencia porquesignicaba el n de la anterior libertad. Loscolonos españoles codiciaban la mano deobra barata de los indios en las misiones paratrabajar en sus haciendas o en las minas. Aun-que los jesuitas hicieron todo lo posible paraaislar las misiones de la sociedad española, loscolonos lograron atraer a los indios con regalos y promesas. Además, para los indios, trabajaruera signicaba conseguir la libertad que noexperimentaban en la misión. Pero los colonoscrearon otro problema: conorme avanzabandentro del territorio de los indios, acaparabanlas tierras más értiles y se apoderaban de lasuentes de agua. Con recuencia, las rebelionesno se dirigían directamente contra los misione-ros o las misiones, sino contra los colonos. Pero,lógicamente, y sobre todo entre los shamanes,la tendencia ue identicar la misión con todolo europeo en general.
paraguay
Se ha criticado a las misiones jesuíticas deParaguay por su política de aislamiento ysu paternalismo. Constituyeron tambiénmodelos de paz y prosperidad donde losnativos se libraron de los peores abusos dela sociedad española. En Paraguay, así comoentre los chiquitos y los mojos en Bolivia,los indios no tenían que trabajar en las en-comiendas o en la mita de Potosí. Aunquetenían la obligación de trabajar en la misiónmisma, ellos podían percibir claramenteque ese trabajo servía para el benecio detoda la comunidad. También el arte y lamúsica, los autos sacramentales, y la culturabarroco-jesuítica despertaban la admiraciónde los visitantes europeos. Hay muchosmotivos para estudiar la sociedad misionalcreada por los jesuitas en Paraguay. Lo quemás sorprende es la ausencia casi total derebeliones durante toda la historia de lasmisiones. Hubo resistencia inicial entre lastribus del Chaco: los guaycurús, mocobíes y abipones. Pero, en el caso de los treintapueblos originales de los guaraníes, nuncahubo ninguna rebelión contra las misiones.De hecho, en muchos casos los jesuitas ue-ron invitados por los propios caciques paraundar reducciones. Se puede mencionardos ejemplos de resistencia conocida enlas reducciones. En 1661, un capitán de lasmilicias guaraníes intentó incitar a los indiosa sublevarse, pero los otros jees guaraníesrechazaron la propuesta (Súsnik y Chase-Sardi, 1995: 96). En otro caso, un caciqueguaraní undó su propio pueblo en protestapor el intento de los misioneros de abolirla poligamia. Eectivamente, se practicabala poligamia en el nuevo pueblo. Pero lospobladores también se dedicaron a robarganado de las estancias cercanas. Comocastigo, los españoles y criollos de Corrientesatacaron el pueblo y lo destruyeron (Gálvez,1995: 325-326). Aparte de esos dos casosaislados no hay otros ejemplos de abiertaresistencia al sistema misional, ni muchomenos una rebelión armada.Presentaremos ahora las razones clavesdel éxito para las misiones, de las cuales,aparentemente, Paraguay ue el modelo porexcelencia: la existencia de una cultura rela-tivamente homogénea que acilitó mucho lalabor de crear un sistema misional unicado;la predisposición de parte del pueblo paraentrar en el sistema porque constituyó parasí el siguiente paso en su propia evolución;la creación de una nueva cultura indígena-cristiana que ortaleció los vínculos entre losmisioneros y los indios; las misiones orecíanprotección contra los enemigos de los indios;la política de aislar a los indios de la sociedadeuropea, sin incurrir en la represión; la crea-ción de una milicia indígena que tambiéncumplió la unción de orecer espacios enlos que los hombres podían obtener prestigio;la prosperidad económica. Muchos de estosactores se encuentran en otras misionesjesuíticas, pero solo en Paraguay se encuen-tran los siete a la vez.Las misiones orecían protección, perotambién ueron para los guaraníes un pasoadelante en su propia evolución. Los gua-raníes ya estaban acostumbrados a la vidasedentaria antes de la llegada de los jesuitas.Se dedicaban a la agricultura y crianza deanimales. Vivían durante meses en lugaresdeterminados y construían casas grandespara amilias enteras. Pero cuando surgíauna escasez de alimentos, quemaban lascasas y partían en busca de otras tierras. Ini-cialmente, los jesuitas orecían regalos comoherramientas, cuchillos y hachas. Pero lo querealmente atraía a los indios ue el ejemplode una misión ya establecida. Ellos se dieroncuenta de la paz, el orden y la prosperidadque reinaba en la misión. Una vez dentro delsistema misional, muchas cosas cambiaronen la vida de los guaraníes, pero otras ma-neras antiguas de vivir no cambiaron. Porejemplo, antes de las misiones, las amiliasvivían en comunidades pequeñas de diez asesenta amilias. Convivían en largas casasque albergaban varias amilias a la vez. Enlas misiones, también había casas similares,aunque los padres pusieron paredes paraseparar a las amilias unas de otras. Engeneral, los caciques mantuvieron el mismoestatus como dirigentes del pueblo. Los queperdieron eran, obviamente, los chamanes.Pero si ellos se convertían a la nueva religión,con recuencia eran nombrados como cate-quistas. En un sentido, los jesuitas mismosllegaron a ser los nuevos chamanes. Lapoligamia ue prohibida, aunque los jesuitasimpusieron ese cambio paulatinamente.También la misión cambió el papel de lamujer. Antes, las mujeres se dedicaban alcultivo de la tierra y los hombres a la caza;ahora, las mujeres se dedicaban a labores do-mésticas, la producción de ollas de cerámica y ropa, y los hombres se dedicaban más biena la agricultura, además de la caza y crianzade animales. En general, las mujeres eran lasque más deseaban entrar en el nuevo sistema(Gálvez, 1995: 203-208).Los jesuitas impusieron una política deaislar las misiones del resto de la sociedad.Esta política ha sido criticada por ciertos his-toriadores porque privaba a los indios de laposibilidad de tener alguna idea realista delmundo en que vivían. Pero la razón principalde la política era justamente proteger a losindios de la explotación y de otros vicios delos blancos y mestizos. El padre Nyel lo ex-presó así: “A los indios recién convertidos noles conviene en absoluto vivir en compañíade españoles, porque estos tienden a escla-vizarlos y a imponer duros trabajos. Ademásno los ediican con su modo de vivir”(Matthei, 1970: 181). Aparentemente, losjesuitas en Paraguay tuvieron más éxito quelos de Nueva España en aislar a los indiosde los españoles. Seguramente, la ausenciade minas ue un actor que avorecía a losmisioneros en Paraguay. Sin embargo, lasmisiones nunca estuvieron completamenteaisladas. Los indios realizaban viajes a Bue-nos Aires para comerciar y volver con bienespara las misiones. En seis de ellas teníantambos para visitantes, aunque estos nopodían quedarse más de tres días (Morner,1951: 69). También, los jesuitas contratabana españoles para operar como capataces oadministradores en las haciendas de hierbamate cercanas a las misiones.En las misiones los jesuitas reorzaronla homogeneidad cultural de los guaraníesque existía antes de ellas. Se creó una nuevalengua ranca: el “guaraní misional”, queacilitó la comunicación entre los distintospueblos. El padre Ruiz de Montoya compusoel
Arte de la lengua guaraní
(1640), que seconvirtió en un manual común para losmisioneros. Se orjó una nueva identidadcultural que reorzó los vínculos entre los in-dios y los misioneros. Ambos compartieronun mismo universo simbólico, no solo en elidioma, sino también en el arte, la música y los ritos religiosos. Los hermanos jesuitasse distinguieron por sus contribuciones a laarquitectura en los pueblos, pero los artesa-nos guaraníes añadieron sus propios diseños.Entre los dos se dio origen a una especie dearte barroco-guaraní. Un misionero jesuitarecién llegado, Antonio Betschon, de origensuizo, expresó su admiración por esta mezclade la cultura europea y guaraní al describircómo él ue recibido en una de las misiones:“Cuando estábamos ya cerca de la reducciónde Santa Cruz, donde reside el padre Sepp,nos salieron al encuentro algunos indios acaballo [...]. Luego, por enramados arcosde triuno, uimos acompañados hasta lapuerta de la iglesia, donde uimos saludadosen alemán, latín, castellano y guaraní por ungrupo de niños, monaguillos y cantores deiglesia” (Matthei, 1970: 235).De muchas maneras, los jesuitas llega-ron a ser para los indios “héroes culturales”:la rase es de la historiadora Lucía Gálvez.Los jesuitas enseñaron nuevas técnicasde arte, ormaron coros, presidieron ritosreligiosos artísticamente bien preparados yescribieron libros en las misiones. Los guara-níes nunca habían visto tal combinación detalento en los antiguos chamanes (Gálvez,1995: 213-218).El auge económico de las reduccionesde Paraguay es un tema muy conocido. Estose debía al hecho de que la economía ueplanicada y los bienes se repartían de unaorma equitativa. Las misiones de Paraguayno se distinguían sustancialmente de lasmisiones jesuíticas en otras partes de Amé-rica Latina. En las misiones había dos tiposde propiedad: la común y la amiliar. Cadaamilia tenía su propio huerto para sus ne-cesidades inmediatas. Esta práctica, que seacerca al concepto de la propiedad privada,era de los jesuitas, que buscaban inculcar enlos guaraníes un sentido de responsabilidad.Al mismo tiempo, todos los hombres de 18a 50 años trabajaban dos veces a la semanaen las tierras comunales para el benecio dela comunidad, especialmente para viudas yhuéranos. Los alimentos se guardaban enalmacenes bajo la vigilancia de los misio-neros. Las mujeres se dedicaron a hilar yproducir ropa. Algunas tierras se dedicaronespecialmente al cultivo de la hierba mate,que se vendía en Buenos Aires y en Europa.Con las ganancias de las ventas, se pagabanlos impuestos de las misiones y se comprabanbienes especiales para las misiones. Tambiénse criaban vacas ovejas y caballos. A die-rencia de las misiones en Nueva España,el sistema económico de Paraguay ue bas-tante integrado. Aunque cada misión debíasostenerse a sí misma, de hecho algunasmisiones se especializaban: algunas en laproducción del algodón, otras en la crianzade ciertos animales, y otras en el cultivo dela hierba mate (Popescu, 1967: 141-155).Así se acilitaba el intercambio entre lospueblos. Si un pueblo experimentaba unaescasez, podía recurrir a otro pueblo paraayuda. Hay abundantes testimonios acercade la prosperidad de las misiones. AntonioSepp, el jesuita tirolés, declaró: “Un puebloque no tenga de tres a cuatro mil caballos seconsidera pobre” (Gálvez, 1995: 266).En 1750 España transrió siete de lastreinta misiones a Portugal. De 1754 a 1756,los guaraníes lucharon para deender su te-rritorio, pero nalmente ueron derrotados.Pero, en 1759, España se dio cuenta de quehabía cometido un gran error al entregar estasmisiones a los portugueses, porque no habíarecibido nada a cambio. Por eso España desco-noció el tratado de 1750 y recuperó las sietemisiones. Sin embargo, gracias a la guerra y alos saqueos realizados por los portugueses, lasmisiones habían caído en la ruina. En 1767,los jesuitas ueron expulsados de la Américaespañola y todas las misiones ueron puestasdirectamente bajo el gobernador de BuenosAires. Según los estudios de Ernesto Maeder,las misiones cayeron en la decadencia, noa causa del supuesto paternalismo de losmisioneros, sino principalmente a causade la corrupción y la mala administraciónde los nuevos administradores, nombradospor el gobernador. Dentro de pocos años yahabía signos de descuido: almacenes vacíos,bibliotecas sin libros, casas y edicios sinreparar, etc. Muchos guaraníes abandonaronlas misiones buscando trabajo en las ciudades.Los que habían aprendido un ocio en lasmisiones tenían una evidente ventaja. SegúnMaeder, la población de las misiones en elmomento de la expulsión ue de 88.828. Porel año 1803, esa población había descendidoa 38.430 (1992: 54). El golpe nal se diocuando en 1848 el presidente Carlos Lópezabolió el concepto de “misión” y declaró quetodos los indios eran en adelante ciudadanos,iguales a todos los demás. Pero esa “igualdad”signicaba que ya no podía existir la propie-dad comunal, y los guaraníes tenían que pagarimpuestos como todos los demás, y cumplirel servicio militar. Otras misiones, sobretodo las de Chiquitos y Mojos en Bolivia,tuvieron mejor suerte, al menos durante untiempo. Todavía en 1842 sobrevivía lo que elhistoriador David Block (1997) ha llamadola “cultura misional” o “reduccional” de laépoca de los misioneros. Algunos visitanteseuropeos descubrieron que sesenta añosdespués de la expulsión de los misioneros,los indios tocaban música y conservaban elsistema económico de la época de la misiones(Homann, 1979: 70-73, 89).Es actible establecer una tipología demisiones “exitosas”. Las misiones de Mainastuvieron menos éxito porque varios actoresse combinaron para “conspirar” contra elpleno éxito: la geograía, la alta de tiempo,la alta de homogeneidad entre los nativos,etc. En Nueva España había pueblos bas-tante más avanzados que en Mainas. Pero,nuevamente, había actores especiales quecrearon dicultades: la alta de una homoge-neidad y, sobre todo, la presencia de colonosespañoles que despertaban sentimientos derechazo entre los pueblos. En cambio, enParaguay, los jesuitas tuvieron más éxito enaislar la población guaraní de los españoles.Por otra parte, la misma política de aislar alos indios provocaba cierto resentimientoen Nueva España. También la inexistenciade minas en la región, sin duda, avorecía lalabor de los jesuitas en Paraguay. El debatesobre las antiguas misiones en AméricaLatina sigue vigente porque los grandestemas de ese entonces –la evangelización,la inculturación y la modernidad– siguensiendo temas importantes para el mundoglobalizado del siglo XXI.
escud impial d ls Habsbug pgida la Cmpaía d jsús.