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CHASQUI
Boletín Cultural del Ministerio de Relaciones Exteriores
EL CORREO DEL PERÚ
Año 6, número 12Mayo de 2008
   F  a  c   h  a   d  a   d  e   l  a   I  g   l  e  s   i  a   d  e   l  a   C  o  m   p  a   ñ   í  a
   (   A    e  q  u   i  p  a   ) .   A  n   ó  n   i  m  o ,   1   6   9   8 .   P   i  e   d    a  s   i   l   l  a     l  a   b    a   d  a .   F  o  t  o  :   D  a  n   i  e   l   G   i  a  n  n  o  n   i .
EL LEGADO DE LOS JESUITAS / CELEBRACIÓN DEL AÑO INTERNACIONAL DE LA PAPELOGIO DE BLANCA VARELA / PERÚ, POTENCIA CAFETALERA REFLEXIONES EN TORNO A LA V CUMBRE ALC-UE
 
CHASQUI
A
l comparar las misiones jesuitas no sepuede hablar de un modelo único. Laconstante aparente era los propios jesuitas,que recibían la misma ormación en Europao en América. La mayor parte era española,pero también había alemanes, italianos yotros provenientes de la Europa católica.Entonces ¿por qué algunas misiones tuvie-ron más éxito, aparentemente, que otras?Evidentemente, todas las misiones poseíanalgunos de los mismos actores. Pero, comoveremos, solo en Paraguay se reúnen ala vez todos los actores para una misiónexitosa; en Nueva España, había algunos, y en Mainas, bastante menos.
Mainas
Mainas
(o
Maynas
)
 
ue el nombre genéricoque los jesuitas dieron a su misión en elnorte del Perú. El nombre viene de losindios mainas, una de las muchas tribusque habitaban esa región. Los límites de laregión ueron, en el norte, el río Putumayo y, en el sur, los ríos Marañón y Amazonas.Al principio, Mainas se extendió desde laselva oriental de Ecuador hasta el río Negroen Brasil. Posteriormente, los límites se re-dujeron al río Yaraví en el Perú actual. Loscolonos españoles entraron en la región enla segunda parte del siglo XVI en busca deoro y de indios para prestar servicios per-sonales. En 1619, ellos undaron la ciudadde Borja cerca del río Marañón. Pero loscolonos también provocaron la resistenciade los indios. En dos ocasiones, 1570 y 1635,los mainas se rebelaron y atacaron los asen-tamientos españoles. El gobernador de Loja,Pedro Vaca de la Cadena, pidió a los jesuitasque enviaran a misioneros a la región parapacicar a los indios y protegerlos contra lasincursiones de los colonos. Los primeros dosjesuitas llegaron en 1638. Ellos estuvieronacompañados por soldados que ayudaron a“reducir” a los indios a los nuevos pueblosmisionales. Pero los misioneros tambiénatrajeron a los indios oreciéndoles regalos:herramientas de metal, cuchillos, machetes y otras cosas útiles. Al mismo tiempo, lasmisiones orecían protección contra losbandeirantes que entraban en territorioperuano libremente. Dentro de algunosaños ya existían tres misiones, San Ignacio,Santa Teresa y San Luis. Por el año 1651había 12 misiones, que también incluían aotras tribus: los geveros y los cocamas.Los misioneros intentaron resolver labarrera de la comunicación enseñando elquechua a todos los distintos grupos étnicos.Tuvieron tanto éxito en diundir la
lengua general de los incas
que, de hecho, el quechuase habla hoy por el río Napo (Ardito Vega,1993: 69). Los misioneros se comunicabanmediante los caciques locales que, en la prác-tica, seguían gobernando a los indios. Lasmisiones recibían un subsidio de la Corona.Además, los misioneros vendían canela,cacao, cera, hamacas y otros productos delas misiones en los mercados de Quito yregresaban a las misiones con ropa, cuchillos y carne. En 1740, la Compañía de Jesúscompró cuatro haciendas cerca de Quitopara ayudar a sostener las misiones (Negro,1999: 274). Los jesuitas reordenaron los há-bitos tradicionales de trabajo: los hombres,que antes cazaban y pescaban, ahora se de-dicaban al cultivo de la tierra, y las mujerestrabajaban hilando ropa y otros productosde algodón, o bien se dedicaban a hacer ollasde cerámica. Ciertas danzas tradicionales y
LoS jeSUItAS en MAInAS,nUevA eSPAñA y PArAGUAy 
 Jeffrey Klaiber, S. J.
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Los jesuitas ueron considerados precursores de los conceptos de la modernidad y la trasculturación. No obstante,todas sus misiones no tuvieron el mismo éxito. Los jesuitas eran “modernos”, hombres dotados de una visión racionalde las cosas y con una voluntad para crear modelos de sociedades planicadas con el n de satisacer las necesidadesbásicas de sus miembros de una orma justa. Proponemos comparar tres de sus misiones coloniales –Mainas, NuevaEspaña y Paraguay– con el n de ver en cuál de las tres se realizó mejor el ideal.
otras expresiones artísticas ueron permiti-das, aunque otras prácticas –la poligamia yla desnudez– estuvieron prohibidas. Castigotípico para inracciones eran: la fagelación,estar recluido en el calabozo o experimentaralgún tipo de humillación pública. No seaplicó la pena capital. Con el tiempo, elnúmero de soldados disminuyó y los misio-neros dependían de scales indígenas, queimponían las reglas.En la década de 1660, se inició unsegundo ciclo de expansión. La llegada deSamuel Fritz y Enrique Richter, ambos ale-manes de Bohemia, revitalizó este esuerzo.Fritz trabajó entre los omaguas cerca del ríoMarañón y Richter entre los cunibos cercadel Ucayali. Pero los misioneros encontraronresistencia cuando intentaron evangelizar alos jíbaros. En 1683, el padre Lorenzo Lucerollevó una expedición de cincuenta soldados y trescientos indios aliados hacia el territoriode los jíbaros. Esta entrada ue un racaso(Santos Hernández, 1992: 227). En 1691,Richter y sus compañeros organizaron otraentrada, que también racasó. Hacia 1695,Richter murió en otro intento. En 1704,cuando Fritz ue nombrado superior, lasmisiones estaban en plena crisis. En 1712,como resultado de la muerte natural, lasepidemias y el martirio o, sencillamente, laalta de nuevas reclutas, solo había nuevemisioneros para toda la región. De 1710 a1767 la región ue devastada por 15 epide-mias distintas. Al reubicar a los nativos enlas reducciones por las orillas de los ríos, queue la ruta comercial normal, los misionerosaumentaron el peligro de la contaminación.En respuesta, prohibieron a los visitantesentrar en las reducciones (Negro, 1999:281). Cuando llegaron reuerzos despuésde 1735, las misiones experimentaron untercer ciclo de expansión. En 1768, había28 misioneros trabajando en 41 pueblos conaproximadamente 18 mil nativos cristianos(Borja Medina, 1999: 430, 443). Aunque losjesuitas podían considerarse relativamenteexitosos, experimentaron retrocesos cuandointentaron someter y evangelizar a los indiostucanos por el río Napo. Los jesuitas entra-ron en el territorio de los tucanos en 1720 y encontraron uerte resistencia. Un grupode tucanos mató a uno de los ayudanteslaicos de los misioneros. En represalia,una expedición partió en búsqueda de losculpables. Pero, aunque los mismos nativosaplicaron la pena capital a los culpables, lossoldados mataron a varios nativos inocentes(Cipolleti, 1999: 232). A dierencia de losxéberos y los omaguas, que nunca mataron aun misionero, los tucanos asesinaron a variosjesuitas, no aceptaron convivir con nativosde otras etnias. Por lo tanto, los pueblosmisioneros de los tucanos eran pequeños. En1744, los misioneros habían undado nuevemisiones con mil tucanos (Cipolleti, 1999:234). En ese año sucedió otro desastre: unjesuita y dos ayudantes ueron asesinadosen la misión de San Miguel de Ciecoya.Movidos por el temor a las represalias, losindios de la misión huyeron y desaparecieronen la selva (Cipolleti, 1999: 232-234). Losjesuitas decidieron cambiar de estrategia:no enviaron otra expedición para castigar alos nativos. En 1745 reconocieron que, conel uso de la violencia, habían logrado muypoco. En adelante decidieron entrar en elterritorio de los tucanos sin soldados, y congran riesgo para sus propias vidas. Lograronestablecer algunas nuevas misiones, peronunca tuvieron el mismo éxito que habíanexperimentado con otras tribus más al sur.La etnohistoriadora María SusanaCipolleti, quien estudió este caso, con-cluyó que había varias razones para estaalta de éxito. Entre otras, los jesuitas notenían mucho tiempo en el
 
territorio de lostucanos. Ellos emprendieron su labor entrelos tucanos casi un siglo después de haberestablecido las primeras misiones en Mainas.También, los tucanos se mudaban con re-cuencia, y en un área más grande que la delas primeras misiones al sur; el contacto conellos ue más diícil. Pero, más importante,los tucanos no vieron ninguna ventaja en lapresencia de los misioneros. Para los mainas,omaguas y xéberos, los jesuitas orecieronprotección contra los encomenderos y losbandeirantes. Pero estos grupos todavía noconstituyeron una amenaza a los tucanos.La violencia usada por los misioneros creódesconanza. En misiones más al sur, losmisioneros habían recurrido más a la per-suasión que a la uerza.Después de la expulsión de los jesuitas,las misiones ueron entregadas al cuidadodel clero secular de Quito. Los nuevos “mi-sioneros” no estaban preparados para estetipo de labor y pronto los reemplazaron losranciscanos, también de Quito. Pero, debidoa quejas acerca de su conducta, ueron reem-plazados en 1774 otra vez por sacerdotesseculares. En 1785, Francisco de Requena,gobernador de Mainas, inormó que había22 pueblos de misiones con 9.111 pobla-dores (Borja Medina, 1999: 455). Tambiénacotó que habían caído en la decadencia yque muchos libros y herramientas habíandesaparecido. El gobernador se lamentó,además de que, aunque había sacerdotescelosos que trabajaban entre los nativos, muypocos sabían los idiomas nativos y pocos sequedaban mucho tiempo en las misiones.Finalmente, en 1802 la región de Mainasue reincorporada al virreinato del Perú ylas misiones ueron traspasadas al cuidadode los ranciscanos del centro misional dePropaganda Fide de Santa Rosa de Ocopa,en la sierra central del Perú. Los nuevosmisioneros, casi todos españoles, estabanmucho mejor calicados como misioneros,pero eran muy pocos. En 1816, había ocho
Simã d vascclls.
Chronica da Compañía de Jesé do estado do Brasil
, 1663.
 
CHASQUI
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Publicado en:
Los jesuitas y la modernidad en Ibe-roamérica (1549-1773)
. Manuel Marzal y Luis Ba-cigalupo, editores. Fondo Editorial de la PonticiaUniversidad Católica del Perú (PUCP), InstitutoFrancés de Estudios Andinos (IFEA) y Universidaddel Pacíco (UP). 533 pp. Lima, 2007.
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Proesor de Historia de la Ponticia UniversidadCatólica del Perú (PUCP). Doctor en Historia por laUniversidad Católica de América (Washington D. C.).Es especialista en historia de la Iglesia y religión polí-tica en América Latina.
misioneros de Ocopa para atender a 91puestos misionales por los ríos (Amich, 1975:256). En 1824, Bolívar cerró el monasterio deOcopa y expulsó a los misioneros. Duranteaños hubo un solo misionero ranciscanoen la región –el padre Manuel Plaza– paraatender a todo el territorio de Mainas. Auncuando volvieron los ranciscanos en 1836,eran muy pocos para atender un territoriotan grande. A lo largo del siglo XIX, lo quequedaba de las antiguas misiones jesuitas ueabsorbido por la selva.
nueva españa
Los jesuitas undaron 14 distintas regionesmisionales en Nueva España y en el estadonorteamericano de Arizona. La mayor partede las misiones se encontraba en los estadosmexicanos actuales de Sinaloa, Durango,Sonora, Chihuahua, Coahuila y Baja Cali-ornia. También establecieron misiones enlos estados centrales de Guanajuato y Na- yarit. Los jesuitas se reerían a cada sistemacomo un “rectorado”. La primera misión ueundada por el padre Gonzalo de Tapia, en1589, en San Luis de la Paz (Guanajuato) yla última se undó entre los nayarit en 1722.A dierencia de Paraguay, no había una solaidentidad étnica. Aunque la mayor partede los indios pertenecía al grupo lingüísticouto-azteca, no había un idioma general paratodas las misiones. De hecho, se obligó a losmisioneros a aprender 29 distintos idiomas.Cada grupo étnico o “nación” tenía suspropias costumbres y tradiciones. Muchasnaciones vivían en rancherías (pequeñasconglomeraciones de casas para las ami-lias extendidas). Casi todas se dedicabana la agricultura, pero también pescaban ycazaban. Había recuentes guerras entreellas. No había una sola “república” comoen Paraguay; tampoco intentaron losmisioneros crear una. En Nueva España,generalmente uno o dos jesuitas vivíanen el pueblo principal, la cabecera, paraatender los asentamientos secundarios. Encambio, en Paraguay, generalmente habíados jesuitas en cada reducción. En com-paración con las misiones de Mainas, lasmisiones de Nueva España alcanzaron unalto grado de desarrollo. Las de Baja Cali-ornia eran tal vez las más pobres. También,como en Paraguay, muchas de las misionesexperimentaron cierta prosperidad, graciasa la planicación. Sin embargo, las misio-nes también ueron el escenario de variasrebeliones: entre los xiximies (1599-1601) y los acaxees (1601-1603); los tepehuanes(1616); los tarahumara (varias en distintosmomentos: 1646-1653; 1690-1700); los deBaja Caliornia (1734) y los yaquis (1740).Al inicio, los indios dieron la bienvenida alos misioneros, luego llegaron a la conclusiónde que las misiones aceleraron o ueron lacausa de las epidemias que con recuenciaazotaban la población. La introducción delcristianismo provocaba resistencia porquesignicaba el n de la anterior libertad. Loscolonos españoles codiciaban la mano deobra barata de los indios en las misiones paratrabajar en sus haciendas o en las minas. Aun-que los jesuitas hicieron todo lo posible paraaislar las misiones de la sociedad española, loscolonos lograron atraer a los indios con regalos y promesas. Además, para los indios, trabajaruera signicaba conseguir la libertad que noexperimentaban en la misión. Pero los colonoscrearon otro problema: conorme avanzabandentro del territorio de los indios, acaparabanlas tierras más értiles y se apoderaban de lasuentes de agua. Con recuencia, las rebelionesno se dirigían directamente contra los misione-ros o las misiones, sino contra los colonos. Pero,lógicamente, y sobre todo entre los shamanes,la tendencia ue identicar la misión con todolo europeo en general.
paraguay
Se ha criticado a las misiones jesuíticas deParaguay por su política de aislamiento ysu paternalismo. Constituyeron tambiénmodelos de paz y prosperidad donde losnativos se libraron de los peores abusos dela sociedad española. En Paraguay, así comoentre los chiquitos y los mojos en Bolivia,los indios no tenían que trabajar en las en-comiendas o en la mita de Potosí. Aunquetenían la obligación de trabajar en la misiónmisma, ellos podían percibir claramenteque ese trabajo servía para el benecio detoda la comunidad. También el arte y lamúsica, los autos sacramentales, y la culturabarroco-jesuítica despertaban la admiraciónde los visitantes europeos. Hay muchosmotivos para estudiar la sociedad misionalcreada por los jesuitas en Paraguay. Lo quemás sorprende es la ausencia casi total derebeliones durante toda la historia de lasmisiones. Hubo resistencia inicial entre lastribus del Chaco: los guaycurús, mocobíes y abipones. Pero, en el caso de los treintapueblos originales de los guaraníes, nuncahubo ninguna rebelión contra las misiones.De hecho, en muchos casos los jesuitas ue-ron invitados por los propios caciques paraundar reducciones. Se puede mencionardos ejemplos de resistencia conocida enlas reducciones. En 1661, un capitán de lasmilicias guaraníes intentó incitar a los indiosa sublevarse, pero los otros jees guaraníesrechazaron la propuesta (Súsnik y Chase-Sardi, 1995: 96). En otro caso, un caciqueguaraní undó su propio pueblo en protestapor el intento de los misioneros de abolirla poligamia. Eectivamente, se practicabala poligamia en el nuevo pueblo. Pero lospobladores también se dedicaron a robarganado de las estancias cercanas. Comocastigo, los españoles y criollos de Corrientesatacaron el pueblo y lo destruyeron (Gálvez,1995: 325-326). Aparte de esos dos casosaislados no hay otros ejemplos de abiertaresistencia al sistema misional, ni muchomenos una rebelión armada.Presentaremos ahora las razones clavesdel éxito para las misiones, de las cuales,aparentemente, Paraguay ue el modelo porexcelencia: la existencia de una cultura rela-tivamente homogénea que acilitó mucho lalabor de crear un sistema misional unicado;la predisposición de parte del pueblo paraentrar en el sistema porque constituyó parasí el siguiente paso en su propia evolución;la creación de una nueva cultura indígena-cristiana que ortaleció los vínculos entre losmisioneros y los indios; las misiones orecíanprotección contra los enemigos de los indios;la política de aislar a los indios de la sociedadeuropea, sin incurrir en la represión; la crea-ción de una milicia indígena que tambiéncumplió la unción de orecer espacios enlos que los hombres podían obtener prestigio;la prosperidad económica. Muchos de estosactores se encuentran en otras misionesjesuíticas, pero solo en Paraguay se encuen-tran los siete a la vez.Las misiones orecían protección, perotambién ueron para los guaraníes un pasoadelante en su propia evolución. Los gua-raníes ya estaban acostumbrados a la vidasedentaria antes de la llegada de los jesuitas.Se dedicaban a la agricultura y crianza deanimales. Vivían durante meses en lugaresdeterminados y construían casas grandespara amilias enteras. Pero cuando surgíauna escasez de alimentos, quemaban lascasas y partían en busca de otras tierras. Ini-cialmente, los jesuitas orecían regalos comoherramientas, cuchillos y hachas. Pero lo querealmente atraía a los indios ue el ejemplode una misión ya establecida. Ellos se dieroncuenta de la paz, el orden y la prosperidadque reinaba en la misión. Una vez dentro delsistema misional, muchas cosas cambiaronen la vida de los guaraníes, pero otras ma-neras antiguas de vivir no cambiaron. Porejemplo, antes de las misiones, las amiliasvivían en comunidades pequeñas de diez asesenta amilias. Convivían en largas casasque albergaban varias amilias a la vez. Enlas misiones, también había casas similares,aunque los padres pusieron paredes paraseparar a las amilias unas de otras. Engeneral, los caciques mantuvieron el mismoestatus como dirigentes del pueblo. Los queperdieron eran, obviamente, los chamanes.Pero si ellos se convertían a la nueva religión,con recuencia eran nombrados como cate-quistas. En un sentido, los jesuitas mismosllegaron a ser los nuevos chamanes. Lapoligamia ue prohibida, aunque los jesuitasimpusieron ese cambio paulatinamente.También la misión cambió el papel de lamujer. Antes, las mujeres se dedicaban alcultivo de la tierra y los hombres a la caza;ahora, las mujeres se dedicaban a labores do-mésticas, la producción de ollas de cerámica y ropa, y los hombres se dedicaban más biena la agricultura, además de la caza y crianzade animales. En general, las mujeres eran lasque más deseaban entrar en el nuevo sistema(Gálvez, 1995: 203-208).Los jesuitas impusieron una política deaislar las misiones del resto de la sociedad.Esta política ha sido criticada por ciertos his-toriadores porque privaba a los indios de laposibilidad de tener alguna idea realista delmundo en que vivían. Pero la razón principalde la política era justamente proteger a losindios de la explotación y de otros vicios delos blancos y mestizos. El padre Nyel lo ex-presó así: “A los indios recién convertidos noles conviene en absoluto vivir en compañíade españoles, porque estos tienden a escla-vizarlos y a imponer duros trabajos. Ademásno los ediican con su modo de vivir”(Matthei, 1970: 181). Aparentemente, losjesuitas en Paraguay tuvieron más éxito quelos de Nueva España en aislar a los indiosde los españoles. Seguramente, la ausenciade minas ue un actor que avorecía a losmisioneros en Paraguay. Sin embargo, lasmisiones nunca estuvieron completamenteaisladas. Los indios realizaban viajes a Bue-nos Aires para comerciar y volver con bienespara las misiones. En seis de ellas teníantambos para visitantes, aunque estos nopodían quedarse más de tres días (Morner,1951: 69). También, los jesuitas contratabana españoles para operar como capataces oadministradores en las haciendas de hierbamate cercanas a las misiones.En las misiones los jesuitas reorzaronla homogeneidad cultural de los guaraníesque existía antes de ellas. Se creó una nuevalengua ranca: el “guaraní misional”, queacilitó la comunicación entre los distintospueblos. El padre Ruiz de Montoya compusoel
 Arte de la lengua guaraní 
(1640), que seconvirtió en un manual común para losmisioneros. Se orjó una nueva identidadcultural que reorzó los vínculos entre los in-dios y los misioneros. Ambos compartieronun mismo universo simbólico, no solo en elidioma, sino también en el arte, la música y los ritos religiosos. Los hermanos jesuitasse distinguieron por sus contribuciones a laarquitectura en los pueblos, pero los artesa-nos guaraníes añadieron sus propios diseños.Entre los dos se dio origen a una especie dearte barroco-guaraní. Un misionero jesuitarecién llegado, Antonio Betschon, de origensuizo, expresó su admiración por esta mezclade la cultura europea y guaraní al describircómo él ue recibido en una de las misiones:“Cuando estábamos ya cerca de la reducciónde Santa Cruz, donde reside el padre Sepp,nos salieron al encuentro algunos indios acaballo [...]. Luego, por enramados arcosde triuno, uimos acompañados hasta lapuerta de la iglesia, donde uimos saludadosen alemán, latín, castellano y guaraní por ungrupo de niños, monaguillos y cantores deiglesia” (Matthei, 1970: 235).De muchas maneras, los jesuitas llega-ron a ser para los indios “héroes culturales”:la rase es de la historiadora Lucía Gálvez.Los jesuitas enseñaron nuevas técnicasde arte, ormaron coros, presidieron ritosreligiosos artísticamente bien preparados yescribieron libros en las misiones. Los guara-níes nunca habían visto tal combinación detalento en los antiguos chamanes (Gálvez,1995: 213-218).El auge económico de las reduccionesde Paraguay es un tema muy conocido. Estose debía al hecho de que la economía ueplanicada y los bienes se repartían de unaorma equitativa. Las misiones de Paraguayno se distinguían sustancialmente de lasmisiones jesuíticas en otras partes de Amé-rica Latina. En las misiones había dos tiposde propiedad: la común y la amiliar. Cadaamilia tenía su propio huerto para sus ne-cesidades inmediatas. Esta práctica, que seacerca al concepto de la propiedad privada,era de los jesuitas, que buscaban inculcar enlos guaraníes un sentido de responsabilidad.Al mismo tiempo, todos los hombres de 18a 50 años trabajaban dos veces a la semanaen las tierras comunales para el benecio dela comunidad, especialmente para viudas yhuéranos. Los alimentos se guardaban enalmacenes bajo la vigilancia de los misio-neros. Las mujeres se dedicaron a hilar yproducir ropa. Algunas tierras se dedicaronespecialmente al cultivo de la hierba mate,que se vendía en Buenos Aires y en Europa.Con las ganancias de las ventas, se pagabanlos impuestos de las misiones y se comprabanbienes especiales para las misiones. Tambiénse criaban vacas ovejas y caballos. A die-rencia de las misiones en Nueva España,el sistema económico de Paraguay ue bas-tante integrado. Aunque cada misión debíasostenerse a sí misma, de hecho algunasmisiones se especializaban: algunas en laproducción del algodón, otras en la crianzade ciertos animales, y otras en el cultivo dela hierba mate (Popescu, 1967: 141-155).Así se acilitaba el intercambio entre lospueblos. Si un pueblo experimentaba unaescasez, podía recurrir a otro pueblo paraayuda. Hay abundantes testimonios acercade la prosperidad de las misiones. AntonioSepp, el jesuita tirolés, declaró: “Un puebloque no tenga de tres a cuatro mil caballos seconsidera pobre” (Gálvez, 1995: 266).En 1750 España transrió siete de lastreinta misiones a Portugal. De 1754 a 1756,los guaraníes lucharon para deender su te-rritorio, pero nalmente ueron derrotados.Pero, en 1759, España se dio cuenta de quehabía cometido un gran error al entregar estasmisiones a los portugueses, porque no habíarecibido nada a cambio. Por eso España desco-noció el tratado de 1750 y recuperó las sietemisiones. Sin embargo, gracias a la guerra y alos saqueos realizados por los portugueses, lasmisiones habían caído en la ruina. En 1767,los jesuitas ueron expulsados de la Américaespañola y todas las misiones ueron puestasdirectamente bajo el gobernador de BuenosAires. Según los estudios de Ernesto Maeder,las misiones cayeron en la decadencia, noa causa del supuesto paternalismo de losmisioneros, sino principalmente a causade la corrupción y la mala administraciónde los nuevos administradores, nombradospor el gobernador. Dentro de pocos años yahabía signos de descuido: almacenes vacíos,bibliotecas sin libros, casas y edicios sinreparar, etc. Muchos guaraníes abandonaronlas misiones buscando trabajo en las ciudades.Los que habían aprendido un ocio en lasmisiones tenían una evidente ventaja. SegúnMaeder, la población de las misiones en elmomento de la expulsión ue de 88.828. Porel año 1803, esa población había descendidoa 38.430 (1992: 54). El golpe nal se diocuando en 1848 el presidente Carlos Lópezabolió el concepto de “misión” y declaró quetodos los indios eran en adelante ciudadanos,iguales a todos los demás. Pero esa “igualdad”signicaba que ya no podía existir la propie-dad comunal, y los guaraníes tenían que pagarimpuestos como todos los demás, y cumplirel servicio militar. Otras misiones, sobretodo las de Chiquitos y Mojos en Bolivia,tuvieron mejor suerte, al menos durante untiempo. Todavía en 1842 sobrevivía lo que elhistoriador David Block (1997) ha llamadola “cultura misional” o “reduccional” de laépoca de los misioneros. Algunos visitanteseuropeos descubrieron que sesenta añosdespués de la expulsión de los misioneros,los indios tocaban música y conservaban elsistema económico de la época de la misiones(Homann, 1979: 70-73, 89).Es actible establecer una tipología demisiones “exitosas”. Las misiones de Mainastuvieron menos éxito porque varios actoresse combinaron para “conspirar” contra elpleno éxito: la geograía, la alta de tiempo,la alta de homogeneidad entre los nativos,etc. En Nueva España había pueblos bas-tante más avanzados que en Mainas. Pero,nuevamente, había actores especiales quecrearon dicultades: la alta de una homoge-neidad y, sobre todo, la presencia de colonosespañoles que despertaban sentimientos derechazo entre los pueblos. En cambio, enParaguay, los jesuitas tuvieron más éxito enaislar la población guaraní de los españoles.Por otra parte, la misma política de aislar alos indios provocaba cierto resentimientoen Nueva España. También la inexistenciade minas en la región, sin duda, avorecía lalabor de los jesuitas en Paraguay. El debatesobre las antiguas misiones en AméricaLatina sigue vigente porque los grandestemas de ese entonces –la evangelización,la inculturación y la modernidad– siguensiendo temas importantes para el mundoglobalizado del siglo XXI.
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