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Del Dinero

Del Dinero

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09/11/2010

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Dios y el Dinero
[...] Dios tiene que tener sobre todo dos condiciones: una es que tiene que ser real,más que nadie. Esto quiere decir más o menos lo mismo que se dice con ese verboque nos han metido desde arriba a partir de las escuelas medievales, el verbo‘existir’: real, existente, más que nadie: y, para ser real, aunque esto parezca unaparadoja, tiene que ser ideal. Por el otro lado, tiene que ser, como algunos tal vezrecuerdan del catecismo, personal: para mejor lograrlo, según la vieja teologíacatólica, es tres Personas, que son un solo Dios verdadero. En todo caso, tiene queser Persona. Es en estas condiciones de Dios en las que vamos a fijarnos. Cualquierdios, con más o menos éxito según las épocas y los sitios, tiene que reunir esascondiciones. Como en todo lo demás, aquí, en el Mundo Primero, en la Democraciadesarrollada, el Régimen que hoy padecemos, estas condiciones tienen que haberseelevado al grado más alto de potencia y de imperio. Si nos preguntamos cuál es elverdadero Dios en el régimen más avanzado, no queda mucha duda, porque eseDios tiene esencialmente la cara del Dinero: es el Dinero. Pero cualquiera de losotros dioses viejos que queden por ahí, si pueden colaborar con éste, con el Diosverdadero que hoy padecemos, es porque participan de las mismas condiciones. Enverdad el Dinero, la forma s alta y actual de Dios, no ha inventado esascondiciones: ya los dioses de las viejas religiones, sen progresaban, ibanavanzando en el mismo sentido; sólo que este Dios es el que las cumple de maneramás perfecta.Vamos a detenernos un momento en ellas. A primera vista, entre tener que serreal o existente y tener que ser personal puede haber una contradicción, y convieneque esta contradicción se aclare, se manifieste de la manera más precisa. Dios tieneque ser real: tanto es así, que en las religiones más avanzadas el verbo ‘existir’ seinventó precisamente para eso. Aquí tenemos uno de los casos más ilustres en que,a lo mejor, se cree que se puede emplear este verbo de las Escuelas, más o menosdivulgado, tranquilamente. Por ejemplo, se puede creer que un atsmoverdaderamente eficaz puede decir “Dios no existe”: esto es una mentira, porque elverbo ‘existir’ es coestensivo con Dios, se refiere a Él. No se puede inocentementedecir “Dios no esiste”. Esta fórmula está condenada. Esto nunca lo puede decir elpueblo. Lo dicen las personas, porque les han enseñado, les han hecho creer queeste verbo ‘existir’ es inocente, pero no lo es. Cuando el pueblo se levantaba contraDios, lo único que podía decir eran cosas del tipo de “no hay Dios”, “no hay Dios
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que valga”. Eso es popular, eso es del pueblo. Ahí no hay ni una sola palabra quevenga de arriba. Pero si os trasforman eso en “Dios no existe”, se está sin darsecuenta, sosteniendo la existencia de Dios, su realidad. ¿De qué va a servir que sediga que no esiste, si primero se le ha puesto como sujeto de eso, se le ha hechoexistente en el mismo momento de decirlo? ¿De qué va a servir que después seañada “no existe”, si ya al decir de Dios tal o cual cosa, al hablar de Dios, se le estáhaciendo real; porque ésta es la condición de la realidad: real es aquello de lo quese habla. No lo que habla, pues lo que habla, cuando se le deja: el pueblo, ellenguaje, yo, cuando no soy nadie, cuando no soy D. Agustín García, con D.N.I. tal,eso no es real. Real es aquello de lo que se habla. Ésa es la condición de la realidad.Una cosa es el que habla, que actúa, por tanto, y otra cosa es de lo que se habla.Con eso creo que se comprende bastante bien que la Realidad tiene que serideal, y que no hay ninguna otra forma de Realidad. Todos los que os enseñan acontraponer ‘real’ con ‘ideal’, ‘realista’ con ‘idealista’ os están engañando, si osdejáis y os lo creéis.La Realidad no puede ser más que ideal: para que se hable de una cosa, tiene quetener su nombre, tiene que estar hecha de ideas, y por tanto no cabe pensar enninguna realidad o existencia que no pase por las ideas, que no pase por laidealidad. No hay contraposición verdadera entre ‘ideal’ y ‘real’. Aquel que por afánde realismo adopta las armas del Poder, proyecto, idea de futuro y demás, ése caebajo el engaño, precisamente porque ha adoptado las ideas, la idealidad, lo que espropio y esencial del Poder.Frente a esas dos cosas, lo real y lo ideal, está aquello que no es de lo que sehabla, sino el que habla, del que no se tiene idea: YO, que no es nadie, que noexiste. Pueblo, que no se sabe qué es, que no existe. Ese es el que actúa gracias ano ser real, a no existir, gracias a eso vive y actúa. Contra la realidad y las ideas juntamente está el lenguaje corriente y moliente, no las jergas: la razón común.Así, Dios, ya en la vieja teología Católica y demás, era el ser más real de todos losseres: lo que los teólogos medievales decían
ens realissimum
, el ser más real detodos los seres. Tenía que serlo. En cierto modo la realidad de las realidades. Éstaes la condicn justamente que cumple hoy nuestro Dios: el Dinero tiene esacondición. El Dinero es la realidad de las realidades. Todas las cosas se cambian enDinero, y una cosa es tanto más real cuanto más se puede cambiar en Dinero,cuanto más Dinero vale. El Dinero es la cosa de las cosas, la cosa a la que todas lascosas se reducen: el
ens realissimum
, la realidad de las realidades; y cumple su
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función: para ello es ideal. No hay cosa más ideal que el Dinero.Recuerdo de paso la corriente estupidez de llamar ‘material’ al Dinero. Algunosquieren a lo mejor todaa contraponer lo material con lo espiritual, y llamanmaterial al Dinero, lo más ideal, la cosa más impalpable, la cosa que está, comoDios, en todas partes y en ninguna, que cumple las condiciones de la idealidad de lamanera más perfecta. No se vaya a confundir, sin embargo, esas monedillas queuno tiene en el bolso, o lo que tiene en el Banco, con el Dinero: esas cosas son, entodo caso, como aquellas imágenes que se podían hacer de Dios: sonrepresentaciones; pero el Dinero no es eso: es totalmente ideal, y para ser larealidad de las realidades tiene que ser ideal, como cualquiera de los viejos dioses.Pasamos a la otra condición. Ya en las viejas religiones también Dios tenía que serpersonal. Eso parece a primera vista contradictorio porque estamos acostumbradosa pensar que a las cosas o realidades se les contraponen las personas: uno no esuna cosa (un objeto sexual, por ejemplo), uno es Persona. Ya en las viejas religionesmás avanzadas Dios tenía que ser la realidad de las realidades, el existente deentre los existentes, pero al mismo tiempo tea que conservar su condicnpersonal. Para que ejerciera su dominio, tenía que tener las dos caras. Persona o,como en la forma más avanzada de la teología cristiana, tres personas, que en elmismo hecho de ser tres costituían un solo Dios verdadero, según una doctrina enla que ahora no voy entrar.Estoy usando las viejas formas de Dios, las viejas religiones, como ilustración delDios actual, porque precisamente el Dios que hoy padecemos de la manera máseficaz y aplastante, llámesele Dinero o como sea, por la propia inmediatez no lovemos tan claro, y como las religiones más viejas no eran más que progresos haciaésta, preparaciones de esta forma de poder, a veces, echando una mirada a lasviejas teologías, uno se ilustra, recibe alguna iluminación.La confusión acerca de esto de ‘personal’ ya la he apuntado. Es una confusión quese descubre preguntándose “¿Quién soy yo?”. Si os preguntáis de veras eso, osencontráis de narices con la confusión que ahí late. ¿Soy yo Don Agustinito Garcíapor ejemplo? Por un lado tengo que reconocerlo: esa es mi realidad, la que dice miDocumento de Identidad, pero Yo ¿soy ese?: Yo no soy ése. Hay algo por debajo demí que está diciendo “Yo no soy ése”. Algo que me queda de mí por ahí abajo, algoque me queda de pueblo, frente a mi nombre propio y mi documento de identidaddice “Yo no soy ese”. Es decir, que hay algo más que no se agota en mi identidadpersonal. Ahí tenéis la confusión, ahí veis en qué sentido rige esta confusión: Dios,
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