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Los juegos - Caillois

Los juegos - Caillois

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08/08/2013

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LECTURAS
LOS JUEGOS
ROGERCAILLOIS
MORFOLOGIA
WAINHAUS
1, 2 | DG | FADU | UBA
 
CLASIFICACIÓN DE LOS JUEGOS
La multitud y la variedad infinitas de los juegos hacen perder, al comienzo, la esperanzade descubrir un principio de clasificación quepermita distribuirlos a todos en un número re-ducido de categorías bien definidas. Además,los juegos presentan tantos aspectos diferentesque hay la posibilidad de múltiples puntos devista. El vocabulario común muestra a las cla-ras hasta qué punto permanece vacilante e in-cierta la mente; a decir verdad, emplea diversasclasificaciones opuestas. No tiene sentido en-frentar los juegos de naipes a los juegos de ha-bilidad, como tampoco oponer los juegos desociedad a los juegos de estadio. En efecto, enun caso se escoge como criterio de distribuciónel instrumento de juego; en otro, la cualidadprincipal que exige; en un tercero, el númerode jugadores y el ambiente de la partida; final-mente, en el último, el lugar en que se disputala prueba. Además, lo que viene a complicarlotodo es el hecho de que se puede jugar a unmismo juego solo o en grupo. Un juego deter-minado puede movilizar diversas cualidades ala vez o bien no necesitar ninguna.En un mismo lugar, se puede jugar a juegosmarcadamente distintos: los caballos de made-ra y el diávolo son diversiones al aire libre; pe-ro el niño que juega pasivamente por el placerde verse arrastrado por la rotación del tiovivono lo hace con el mismo espíritu que quienrealiza su mejor esfuerzo para atrapar correcta-mente su diávolo. Por otra parte, muchos jue-gos se juegan sin instrumentos ni accesorios. A lo cual se agrega que un mismo accesorio pue-de tener funciones diversas según el juego con-siderado. Por lo general, las canicas son el ins-trumento en un juego de habilidad, pero unode los jugadores puede tratar de adivinar si elnúmero que su adversario tiene en la mano ce-rrada es par o impar: y entonces las canicas soninstrumento en un juego de azar.Sin embargo, quiero detenerme en esta úl-tima expresión. Por una vez, hace alusión al ca-rácter fundamental de una especie bien deter-minada de juegos. Sea al hacer una apuesta oen la lotería, sea en la ruleta o el bacará, es cla-ro que el jugador adopta la misma actitud. Nohace nada, sólo espera la decisión de la suerte.En cambio el boxeador, el corredor, el jugadorde ajedrez o de rayuela ponen todo en prácticapara ganar. Poco importa que esos juegos seanora atléticos, ora intelectuales. La actitud del jugador es la misma: el esfuerzo por vencer aun rival colocado en las mismas condicionesque él. Así, al parecer está justificado oponerlos juegos de azar y los juegos de competencia.Sobre todo, resulta tentador ver si es posibledescubrir otras actitudes no menos fundamen-tales, que posiblemente ofrecerían los títulosde una clasificación razonada de los juegos.Luego del examen de las diferentes posibilida-des, propongo con ese fin una división en cua-tro secciones principales según que, en los jue-gos considerados, predomine el papel de lacompetencia, del azar, del simulacro o del vér-tigo. Las llamo respectivamente
 Agon, Alea,Mimicry 
e
Ilinx.
Las cuatro pertenecen clara-mente al terreno de los juegos: se
 juega 
al fút-bol, a las canicas o al ajedrez (
agon 
)
,
se
 juega 
ala ruleta o a la lotería (
alea 
)
,
se
 juega 
al piratacomo se
interpreta 
[francés:
on joue 
]a Nerón oa Hamlet (
mimicry 
)y, mediante un movimien-to rápido de rotación o de caída, se juega aprovocar en sí mismo un estado orgánico deconfusión y de desconcierto (
ilinx 
)
.
Sin embar-go, esas designaciones aún no cubren entera-mente el universo del juego. Lo distribuyen en
LOS JUEGOS
ROGERCAILLOIS
MORFOLOGÍA
WAINHAUS | LECTURAS
 
MORFOLOGIA
WAINHAUS | LECTURAS |
CAILLOIS
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3
Con la misma intención, me he esforzadopor llenar cada sección con los juegos al pare-cer más diferentes, a fin de hacer resaltar mejorsu parentesco fundamental. Mezclé los juegoscorporales y los juegos intelectuales, los que seapoyan en la fuerza y los que recurren a la ha-bilidad o al cálculo. En el interior de cada cla-se, tampoco distinguí entre los juegos infanti-les y los juegos para adultos; además, cada vezque pude, busqué en el mundo animal con-ductas homólogas. Al hacerlo, se trataba de su-brayar el principio mismo de la clasificaciónpropuesta: ésta tendría menos alcance si nonos diéramos cuenta de que las divisiones queestablece corresponden a impulsos esenciales eirreductibles.
CATEGORÍAS FUNDAMENTALES
 Agon.
Todo un grupo de juegos aparece co-mo competencia, es decir, como una lucha enque la igualdad de oportunidades se crea arti-ficialmente para que los antagonistas se enfren-ten en condiciones ideales, con posibilidad dedar un valor preciso e indiscutible al triunfodel vencedor. Por tanto, siempre se trata deuna rivalidad en torno de una sola cualidad(rapidez, resistencia, vigor, memoria, habili-dad, ingenio, etc.), que se ejerce dentro de lí-mites definidos y sin ninguna ayuda exterior,de tal suerte que el ganador aparezca como elmejor en cierta categoría de proezas. Esa es laregla de las competencias deportivas y la razónde ser de sus múltiples subdivisiones, ya opon-gan a dos individuos o a dos equipos (polo, te-nis, fútbol, box, esgrima, etc.), ya se disputenentre un número indeterminado de concur-santes (carreras de toda especie, competenciasde tiro, de golf, de atletismo, etc.). A la mismaclase pertenecen además los juegos en que losadversarios disponen al principio de elementosexactamente del mismo valor y en el mismonúmero. El juego de damas, el ajedrez, el billar,son ejemplos perfectos. La búsqueda de laigualdad de oportunidades al principiar cons-tituye de manera tan manifiesta el principioesencial de la rivalidad que se la restablece pormedio de una
ventaja 
entre dos jugadores defuerzas diferentes, es decir, que dentro de lacuadrantes, cada uno de los cuales se rige porun principio original. Delimitan sectores quereúnen juegos de la misma especie. Pero, den-tro de esos sectores, los distintos juegos se es-calonan en el mismo orden, de acuerdo conuna progresión comparable. Así, al mismotiempo se les puede situar entre dos polosopuestos. Casi por completo, en uno de los ex-tremos reina un principio común de diversión,de turbulencia, de libre improvisación y dedespreocupada plenitud, mediante la cual se,manifiesta cierta fantasía desbocada que pode-mos designar mediante el nombre de
 paidia.
En el extremo opuesto, esa exuberancia travie-sa y espontánea casi es absorbida o, en todo ca-so, disciplinada por una tendencia comple-mentaria, opuesta por algunos conceptos, perono por todos, de su naturaleza anárquica y ca-prichosa: una necesidad creciente de plegarla aconvencionalismos arbitrarios, imperativos y molestos a propósito, de contrariarla cada vezmás usando ante ella tretas indefinidamentecada vez más estorbosas, con el fin de hacerlemás difícil llegar al resultado deseado . Éste si-gue siendo perfectamente inútil, aunque exijauna suma cada vez mayor de esfuerzos, de pa-ciencia, de habilidad o de ingenio. A este se-gundo componente lo llamo
ludus 
.Recurriendo a estas extrañas denominacio-nes, no es mi intención constituir quién sabequé mitología pedante, enteramente desprovis-ta de sentido. Pero, ante la obligación de reu-nir bajo una misma etiqueta manifestacionesdiversas, me ha parecido que el medio máseconómico de lograrlo consistía en tomar detal o cual otra lengua el vocablo a la vez mássignificativo y más amplio posible, con el finde evitar que cada conjunto que examinemosse vea marcado de manera uniforme por lacualidad particular de uno de los elementosque reúne, lo que no dejaría de ocurrir si elnombre de éste sirviera para designar a todo elgrupo. Por lo demás, a medida que trate yo deestablecer la clasificación en la que me he em-peñado, cada cual tendrá la ocasión de darsecuenta por sí mismo de la necesidad en que mevi de utilizar una nomenclatura que no remitademasiado directamente a la experiencia con-creta, a la que en parte está destinada a distri-buir de acuerdo con un principio inédito.

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