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Kahn

Kahn

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  m  o  r   f  o   l  o  g   í  a
   w   a     i    n     h   a   u   s
    | 
   l  e  c   t  u  r  a  s
   n   u   e   v   a   s   e   r    i   e
    | 
     K     A     H     N
1
lecturas
nueva serie
morfología
wainhaus
1,2 | dg | fadu | uba
 AMO LOS INICIOS
LOUIS KAHN
 
  m  o  r   f  o   l  o  g   í  a
   w   a     i    n     h   a   u   s
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   l  e  c   t  u  r  a  s
   n   u   e   v   a   s   e   r    i   e
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     K     A     H     N
2
[
 Este texto de Louis Kahn correspondea una versión posterior de la ponencia queeste gran arquitecto presentó el 19 de julio de1972 en el seminario internacional 
La ciudadinvisible
celebrado en Aspen, Colorado, USA. La versión aquí presentada es la traduccióndel texto al castellano (Madrid: Xarait, 1981)del libro
Louis Kahn, Idea and image
, escrito por Christian Norberg-Schulz y J. D. Dige-
rid, publicado por Rizzoli y Ofcina Edizioni 
(Roma, 1980).
]
 Amo los inicios
Louis Kahn1. Amo lo inicios. Los inicios me llenan demaravilla. Yo creo que el inicio es lo que ga-rantiza la prosecución. Si esta no tiene lu-gar, nada podría ni querría existir. Tengoun gran respeto por la instrucción porquees una inspiración fundamental. No es sólouna cuestión de deber, es innata a nosotros.La voluntad de aprender, el deseo de apren-der, es una de las mayores inspiraciones. Nome emociona en igual medida la educación. Aprender está bien; pero la educación es algoque siempre está en discusión porque ningúnsistema consigue captar jamás el verdadero
signicado de aprender.
En mi personal búsqueda de los inicios,un pensamiento —generado por muchas in-
uencias— se me hacía presente recurrente
-mente, en cuanto me daba cuenta de que lamateria es luz consumida. Emerger de la luzme pareció comparable a la aparición de doshermanos, aún sabiendo muy bien que noexisten dos hermanos y ni tan siquiera Uno.
Pero vi que uno es la personicación del de
-seo ser-expresar, y uno (no se puede decir “elotro”) equivale a ser-ser. El segundo es noluminoso, mientras que el Uno (prevalente)es luminoso, y esta fuente luminosa preva-lente puede ser imaginada como una llamaque danza salvajemente y que poco a poco seaplaca y se consume en la materia. La materia—creo yo— es luz consumida. Las montañas,la tierra, los ríos, el aire y nosotros mismos,somos todos luz consumida. Éste es el centrode nuestros deseos. El deseo de ser-expresares la auténtica motivación de la vida. No creoque haya otras.Empecé por trazar un esquema, llamandoal deseo ser-expresar silencio; al otro, luz. Y el movimiento, del silencio a la luz, de la luzal silencio, tiene muchos umbrales: muchos,muchísimos umbrales; y cada umbral es efec-tivamente una individualidad. Cada uno denosotros posee un umbral en el que se sitúa
 
  m  o  r   f  o   l  o  g   í  a
   w   a     i    n     h   a   u   s
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   l  e  c   t  u  r  a  s
   n   u   e   v   a   s   e   r    i   e
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3
el encuentro entre luz y silencio. Y este um- bral, este punto de encuentro, es el nivel (omomento mágico) de las inspiraciones. Lainspiración está allí donde el deseo ser-ex-presar encuentra lo posible. Es la creación delas presencias. Aquí esta también el santuario del arte, elcentro de las exigencias expresivas y de losmedios de expresión. En un primer momen-to, había trazado el esquema para que se leye-ra de izquierda a derecha; y helo aquí en unaescritura especular (para confundir las ideas y evocar una fuente más grande que el esque-ma mismo), para no ponerles delante nadaque sea del todo verdaderamente legible; deesta manera, ustedes pueden incluso esfor-zarse en hallar algo que vaya mas allá de estarealización. Una vez más sigo buscando unafuente de inicio. Sé que es parte de mi carác-ter querer descubrir los inicios. Amo la histo-ria inglesa; tengo muchos libros que tratan deella pero nunca leo más que el primer volu-men, y de éste sólo los tres o cuatro primeroscapítulos. Y, naturalmente, mi única y autén-
tica nalidad sería leer el volumen 0 (cero),
¿comprenden?, el que aún no ha sido escrito.Debe ser una mente bastante rara la que im-pulsa a uno a buscar cosas semejantes. Diríaque una imagen semejante sugiere el surgirde una mente. Nuestra primera impresión esde Belleza; no lo bello, no lo bellísimo: sólo la belleza en sí. Es el momento —podría decir elmomento mágico— de la perfecta armonía. Y de este aura de belleza, inmediatamente, vie-ne la maravilla. El sentido de la maravilla estan importante para nosotros porque precedeal conocimiento. Precede a la cultura. Cuan-do los astronautas iban por el espacio y la tie-rra parecía una bolita de cristal azul y rosa,comprendí que nada era menos importanteque el conocimiento. Acaso la cultura aún eraimportante pero la instrucción no, de veras. Y sin embargo —y que raro resulta decirlo— Pa-rís, Roma, las espléndidas obras del hombre,que vinieron todas de circunstancias contin-gentes, de algún modo reducen la importan-cia de la mente, comparadas con el sentidode maravilla que parece haber prevalecido enaquel tiempo. Sin embargo, estoy convencidode que una
toccata e fuga
permanece porqueha mantenido las distancias desde lo mensu-rable. Lo inconmensurable es lo único que ha
fascinado a la mente; lo mensurable signica
 bien poco.Cuando hablamos de contaminación, lopeor es ver un gracioso arroyuelo contami-nado: el sentido de maravilla suscitado porel arroyuelo nos abandona. Si llegamos a unarroyuelo cuya agua aún esta limpia, sen-timos algo inquietante al estar junto a unarroyo que pronto perderá todo su poder demaravilla. Ésta nunca debe abandonar nues-tra mente, ni podemos aceptar sucedáneos ninada que sea instrumental, salvo el problemaen sí mismo, que debería ayudarnos a mirar juntos y a seguir maravillándonos. Para queesta ponencia valga algo, debe ser constante y no limitarse a ser una noción más.Examinemos la inspiración a aprender.Parémonos a pensar en las otras inspiracio-nes; por ejemplo, he dicho que todos los ur- banistas deben participar de las inspiracionesa encontrarse. Pero luego, si pensamos en laescuela, también ella es parte de la inspira-ción a encontrarse. Hay otra inspiración que,
en cierto modo, está en discusión —preero
decirlo así— y es la inspiración al bienestar. Y el bienestar comprende cosas como la eco-logía. Y sin embargo no debe considerarse untema análogo a la ecología o a cualquier otro.
Se debe ver como algo catastróco que co
-rrompe nuestro sentido de maravilla, nuestroinstinto a encontrarnos, a aprender. Pode-mos ver por qué las inspiraciones originariasque rodeaban la arquitectura, apenas ésta se
convirtió en algo visible, eran inclasicables,
salvo como una especie de momento inspira-do que luego adoptó un nombre. Pero el ini-cio no tenía nombre.Tenía solo una irrefutable urgencia de serllevado a la vida. Y hasta ese momento —y yocreo que siempre será así— no había Arqui-tectura: había su espíritu, pero ninguna pre-sencia. Lo que tiene presencia es una obra dearquitectura, que, todo lo más, debe ser con-siderada como una ofrenda a la Arquitecturamisma, aunque sólo fuera por la maravilla desu inicio. Por tanto, cuando la gente habla de

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