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Tr06-10 Santagada Les Luthiers Ponencia Completa

Tr06-10 Santagada Les Luthiers Ponencia Completa

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01/27/2013

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Jornadas Interdisciplinarias Risas en la historia. Vida cotidiana, familia, género y sexualidades en la Argentina a través delhumor (1910-2010)
El examen que las teorías del humor no pueden aprobar: “La moza” de LesLuthiers
Miguel Ángel SantagadaFacultad de Ciencias Sociales, UBA.
Introducción
Una de las pretensiones académicas más postergadas ha sido la de unificar en un concepto los matices, innumerables e impredecibles, de que estáncompuestos el humorismo y la comicidad (Keith-Spiegel, 1972). Para cadadefinición abarcadora había tantos casos excepcionales como casos que laconvalidaban. Más alla del ingenio de frases abstractas, como “expresión desentimientos contrarios” (Pirandello) o “cobertura de los mecánico sobre loviviente” (Bergson, s.f.), que ilustran pero no explican de qué nos reímos cuandonos reímos, o por qué el humor no es necesariamente una provocación para larisa, la producción gráfica, literaria y audiovisual se ha caracterizado por correr permanentemente los límites y dejar obsoletas las definiciones más abstractas yabstrusas (Escarpit, 1960).Además, la infructuosa búsqueda de la razón suficiente que vincularíacausalmente la risa y el humor despertó –tardíamente- la sospecha de que elhumor no está sólo en el constructo (chiste, escena, relato, etc.) sino en lasagacidad o la tolerancia de quien lo festeja o lo reconoce como tal, ya sea que nose ría o se deshaga a carcajadas. Por ello es que la extensa bibliografía comenzóa incluir la noción “teorías del humor” para sugerir que la complejidad del problemase multiplicaba por la intervención inevitable de factores ocasionales tales como lasorpresa, la buena onda (
mood 
), el contagio, etc. Ciertamente, como estosfactores son a la vez imprevisibles y necesarios, impiden cumplir el desideratumpositivista acerca del carácter predictivo de las teorías científicas.No obstante eso, posturas como la de Aristóteles o Hobbes fuerondenominadas, respectivamente, “teoría de la incongruencia” y “teoría de lasuperioridad”, pues cada una se aplicaba a distintos motores de la comicidad; en
 
un caso, la (imposible para la razón aristótelica) coexistencia de entidadesontológicamente incompatibles, y –en otro caso- la jactancia con que se disfruta ladesventura de quien es considerado (aunque no por este mismo motivo) inferior.Ahora bien, también se encuentran desbordadas estas teorías y susvariantes (teoría de la sorpresa, de la configuración, de la catarsis, etc.) por lacombinación de recursos audiovisuales y lingüísticos que no sólo ponen enescena situaciones cómicas (como el equívoco, la torpeza, las ínfulas de losarribistas, etc.) sino que llevan las creencias del auditorio a una situación queamenaza su legitimidad. En otras palabras, hay una forma de humor que conduceal espectador a tomar distancia de sus propias convicciones y a asumir (orechazar) el compromiso de relativizarlas. No se trataría sólo de una burla o deponer el mundo social cabeza abajo, sino de invitar al espectador a revisar lo quenormalmente, hasta el momento en que se topa con el constructo humorístico,asumía comos opiniones y creencias propias.El cuadro teatral “La bella y graciosa moza” (1979) de Les Luthiers planteaestos desafíos: la “torpeza” de uno de los ejecutantes de la agrupación vocalprovoca que se altere de un modo irreverente la letra de un madrigal. Pero enlugar de volverse ininteligible, la historia original, de este modo, trueca en un relatoobsceno, con, entre otras, referencias a la intervención del caballero (que proponedinero a cambio de sexo) y a la satisfacción de la moza (“que parece estar muytriste, sin embargo, le gustó”). Esta imprevista modificación del relato hace delconstructo de Les Luthiers un tipo de espectáculo claramente ajeno a las ofertasartísticas del conjunto y uno muy diferente de lo que son las expectativas de susespectadores. ¿Podría decirse que en este caso Les Luthiers abandona sin másel refinamiento de su humor sutil, y transgrede sus propia trayectoria?En este trabajo propondremos tres líneas de interpretación nonecesariamente incompatibles entre sí. Volveremos sobre las denominadasteorías de humor para mostrar su adecuación parcial a casos como el de nuestroanálisis e ilustraremos nuestro punto de vista con otros constructos tomados delhumor gráfico.
 
De la risa al humor, pasando por la diversión.
Entre las dificultades que ha planteado el estudio del humor ciertaconvicción metodológica que confía en la soberanía absoluta de los textos ocupalos sitiales destacados. Tal confianza alentó la ilusoria búsqueda de la razónsuficiente que provocaría risa a un universo heterogéneo y variado de lectores,mediante el artificio mágico que transforma un fragmento literario o un dibujo en unconstructo humorístico
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. Pues bien, si lográramos marginar por un tiempo dichasconvicciones, podríamos aceptar que el humor y la risa no tienen vínculos estrictosni perdurables, que lo que provocaba risa a nuestros abuelos puede causarnosconsternación o lástima, y que aquello que anoche considerábamos humorístico yde justificadas pretensiones de refinamiento, antes del alba puede convertirse enuna agresión injustificable y gratuita .Aunque exagerada, la caracterización de humorística que Lipovetsky (1986)adjudica a la sociedad posmoderna, tiene el mérito de subrayar junto con elderrumbe de ciertas pretensiones racionalistas, la aparición de un nihilismo que enlugar de angustioso o problemático se ha vuelto divertido y bromista. No habríacircunstancias apropiadas ya para la sátira o el humor, que se propone instructivoo moralista, aunque sobren los motivos. Se ha derrumbado el panteón de losvalores y significados aglutinadores de la modernidad; ya no es gracioso burlarsedel avaro o distanciarse del cándido seguidor de Tartufos. De acuerdo con estaopinión, también sería variable la relación crítica que el humor mantiene con lascostumbres sociales, con los prejuicios que estigmatizan a los extranjeros, con losestereotipos de la suegra, etc. Los chistes o las bromas pierden su gracia, porquelos límites sociales de lo aceptable como gracioso alterarían su configuración. Enla posmodernidad de Lipovetsky casi nada dejaría de ser humorístico, lo que esuna comprobación angustiosa de que sólo nos asiste la risa lúdica, como únicamanifestación resignada de nuestra propia impotencia. Afortunadamente, laafirmación de Lipovetsky puede mantenerse en su estado de conjetura parasiempre, pues la propia formulación de su “teoría” nos invita a divertirnos con ella,
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Como lo que puede ser humorístico es tanto un recuerdo, un chiste, una broma, una situación, una confusión,una caída, etc., proponemos denominar 
constructo
a todo texto, situación, etc., que aspira a ser humorístico.Más adelante argumentaremos que lo humorístico depende de una acción de carácter ritual, que enmarca y puede favorecer la consideración de humorístico para cualquier constructo.

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