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prólogo superperiodistas. sgordillo

prólogo superperiodistas. sgordillo

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Published by Juan Varela
Prólogo al libro de Saül Gordillo, Superperiodistas
Prólogo al libro de Saül Gordillo, Superperiodistas

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10/09/2013

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Prólogo. La misión del superperiodista
“El conocimiento es una precondición para el juicio público, debe sercontemporáneo y cotidiano”. Son palabras del filósofo norteamericano JohnDewey hace casi un siglo, precursor de la democracia deliberativa. Latecnología ha logrado gracias a internet hacer más reales sus propuestaspara crear un público informado, con más criterio, y para ampliar el debatedemocrático.El pensador que más ha influenciado a los pioneros de la blogosfera y lascomunidades virtuales advertía en los años 20 del siglo XX que la tecnologíade la comunicación definía el tamaño y la forma del estado democrático.Hoy sabemos que es cierto. La aldea es más global que nunca, perotambién más microlocal y cercana, el público está en internet y en las redessociales. La era de los portales y los buscadores acaba para ser sucedidapor el dominio del flujo social: la corriente continua de contenidos yrecomendaciones de usuarios, siempre accesible y en contacto con otros enuna comunidad de intereses.Con la web 2.0 renace la internet de las personas mientras avanzamoshacia la próxima frontera, una web 3.0 o de las cosas, como ha sido definidapor Tim Berners-Lee. Donde los datos estarán conectados con la vida real ycon todos esos equipos que hoy nos parecen fuera del ciberespacio.¿Y el periodismo? Qué puede/debe hacer el periodismo en esta democraciaen tiempo real que debate, jalea, protesta, denuncia y comenta, incluso aveces sin interiorizar la información que justifica el debate. Un públicodonde el criterio social multiplica las posibilidades de captar e interpretar larealidad pero que también cae devorado por la propia prisa que consumelas entrañas de la economía de la atención.El periodismo ha sido durante mucho tiempo un actor y productorfundamental para llegar a ese conocimiento gracias a la información. Hoybusca su lugar cuando han cambiado todos los paradigmas: la informaciónya no es escasa sino abundante, público y fuentes se encuentran en la red ylos buscadores, agregadores y redes sociales usurpan el lugar central en elespacio público que durante tanto tiempo había ocupado el periodismo. Y lo hizo muchas veces estrechándolo y privatizándolo. Con agendasmarcadas o algo bizcas, y también por imposibilidad de escrutar toda larealidad. Aunque a veces margine a la que más inquieta, interesa o afecta ala audiencia. Quizá por eso cuando la nación ya se puede hablar a sí mismasin intermediación del periodismo -por parafrasear a Arthur Miller- algunosafilan la navaja –también con cierta caricatura del método Ockham- contraquienes a menudo se han comportado como dueños del discurso público enlugar de garantes y trabajadores del derecho a la información de losciudadanos.
 
Otros quieren meter las manos en la caja. El periodismo está en crisiscuando la naturaleza de la información, sus hábitos de consumo, suestructura y el propio proceso de su reporterismo y distribución cambia.Peor es todavía la crisis del negocio de la información y los contenidos entiempos del inventario inacabable y la atención desmigajada.Superperiodistas, reclama el autor de este libro para enfrentarse a losdesafíos. Gente capaz de surfear con profesionalidad, actitudes yconocimientos en la marea virtual. Y nos recuerda varios epitafios del oficioamenazado, la larga necrológica que los propios medios y periodistasescriben. Son tiempos de incertidumbre, sí, pero también de aventura, dedescubrimiento. Concuerdo con Ryszard Kapuscinski en que este oficio nodebería ser para cínicos. Ni para mentirosos. Tampoco para cobardes. Losmejores periodistas de la historia han sido gente corajuda, en los campos debatalla, en las peores tragedias, en el aburrimiento de las ruedas de prensainsulsas y las esperas con sol, lluvia o frío. En los largos debates políticosque ponen a prueba la flexibilidad de las mandíbulas y su tolerancia aldesencaje del bostezo. Gente con inteligencia y pasión por contar.Periodistas acompañados a veces con suerte por editores devotos delnegocio del periodismo, convencidos de que la independencia, laresponsabilidad social y la mejor información son la mejor opción para eléxito.Hoy el coraje es imprescindible para acompañar afrontar el asalto a losmedios por el público y para soportar la crisis y los rigores económicos ylaborales. No viene mal. El periodismo de los últimos años ha sido endemasiados casos un periodismo corporativo, con empresas más atentas ala expansión y a la cuenta de resultados que a la calidad y la credibilidad.Periodismo de clase media en las redacciones, pobladas de profesionalesaburridos, rutinarios, circunspectos como oficinistas, muchas vecesabotargados.El público ha asaltado la información y todo el mundo tiembla. En muchoscasos los medios han sido miedosos, desconfiados de que la corrientecontinua de internet sacudiera un negocio y una posición de más de unsiglo. Pero la gente se ha apoderado de la información y no la piensadevolver. Es bueno recordar que es suya, como proclama el derecho a lainformación y reafirma el artículo 19 de la Declaración de DerechosHumanos y el 20 de la Constitución de 1978.A los medios y a los periodistas más les vale dejar de escribir dolorososepitafios y trabajar más en su futuro y el de su oficio. Ponerse el mono desuperperiodistas y arremangarse en ese camino que organizaciones como laAgència Catalana de Notícies ya han emprendido.No sé si hace falta ser héroe además de periodista, como Superman, perovolver a estar del lado del público es más importante que nunca. Siaceptamos la idea de que “el periodismo es una conversación” como DanGillmor proclamó hace unos años, más le vale al periodista ser un buen
 
conversador y anfitrión. Lo mejor es tener datos, argumentos y voluntadpara participar cara a cara en ese diálogo. La información es ya un procesodonde la tecnología y las herramientas permiten incluir al público en lagestación de las noticias y los contenidos como nunca antes se había hecho.Acercar al público a las fuentes, a los documentos y materiales con los quese produce la información es ampliar el dominio público, uno de los desafíosdel periodismo 3.0, uno de los desafíos de la democracia y la sociedad delsiglo XXI.Contrariamente a lo que la economía de la abundancia parece indicar, unagran mayoría de la información de calidad, la verdaderamente importantepara los intereses cotidianos de los ciudadanos y para el funcionamiento dela democracia, sigue oculta. Tenemos cada vez más comunicación y máscontenidos, pero la información realmente importante no ha aumentado enla misma proporción. El espacio y el dominio público, el ámbito decontenidos y bienes sociales, tampoco. Y esa es una labor fundamental delperiodismo porque sólo con mayor acceso a la información es posibleconstruir una sociedad del conocimiento, crítica y responsable más allá delas etiquetas políticas.Cada día desconfío más de la propiedad intelectual y los derechos de autoren el periodismo. El exceso de autoría es una de las perversiones que nosinunda de opinión y que sesga demasiada información. La voz personal esinnegable cuando la objetividad está en cuestión, pero debe serfundamentalmente estilo y una forma de exponer y analizar los argumentosy los datos. La noticia no es del periodista, su interpretación, sí. El análisisno debe violar nunca a los hechos para no confundir ni traicionar al público.Es cuestión de confianza.Además de
supermanes
, los periodistas debemos ser trabajadores críticos.Obreros de la información. La materia de nuestro trabajo es un procomún,un bien que pertenece a la sociedad, a la colectividad que comparte unosmismos intereses, comprometida con su enriquecimiento y legado, y queaprovecha esos bienes en una cadena de valor para crear otros. No esmisión del periodismo ponerle un sello de propiedad al producto queintroduce en una etapa del proceso informativo. La misión del periodismo escontar, hacer accesible la información al público, ampliar y abrir el procesode la información, y evitar que la realidad se confunda con la propaganda osea invisible.En la web social, el periodista y los medios tienen la oportunidad deconvertirse ellos mismos en redes sociales donde periodistas, fuentes,expertos, lectores habituales y público en general puedan relacionarse ycompartir la información. Un nuevo espacio público donde la informaciónsea el tejido de la red social y se avive la participación crítica y de calidad.La prensa no es el pilar de la democracia, pero la información sí. Por eso hayque encontrar como aumentarla en cantidad y calidad, con un modelo
 proam
que reúna a profesionales y ciudadanos. Diseñar nuevas redacciones

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