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Mensaje Benedicto XVI JMJ Madrid 2011

Mensaje Benedicto XVI JMJ Madrid 2011

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Categories:Types, Speeches
Published by: Grupo Jóvenes de Villacañas on Sep 22, 2010
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11/27/2010

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18/19 DE SEPTIEMBRE DE 2010 PADRE NUESTRO
MENSAJE DE
BENEDICTO XVI
PARA LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD
Q
ueridos amigos: Piensocon frecuencia en la Jor-nada Mundial de la Juven-tud de Sydney, en el 2008. Allívivimos una gran fiesta de la fe,en la que el Espíritu de Dios ac-tuó con fuerza, creando una in-tensa comunión entre los partici- pantes, venidos de todas las par-tes del mundo. Aquel encuentro,como los precedentes, ha dadofrutos abundantes en la vida demuchos jóvenes y de toda la Igle-sia. Nuestra mirada se dirige aho-ra a la próxima Jornada Mundialde la Juventud, que tendrá lugar en Madrid, en el mes de agostode 2011. Ya en 1989, algunos me-ses antes de la histórica caída delMuro de Berlín, la peregrinaciónde los jóvenes hizo un alto enEspaña, en Santiago de Compos-tela. Ahora, en un momento enque Europa tiene que volver aencontrar sus raíces cristianas,hemos fijado nuestro encuentroen Madrid, con el lema: «Arrai-gados y edificados en Cristo, fir-mes en la fe» (cf. Col 2, 7). Osinvito a este evento tan importante para la Iglesia en Europa y parala Iglesia universal. Además, qui-siera que todos los jóvenes, tantolos que comparten nuestra fe,como los que vacilan, dudan ono creen, puedan vivir esta expe-riencia, que puede ser decisiva para la vida: la experiencia delSeñor Jesús resucitado y vivo, yde su amor por cada uno de no-sotros.
1. En las fuentes de vuestrasaspiraciones más grandes
E
n cada época, también ennuestros días, numerosos jó-venes sienten el profundo deseode que las relaciones interperso-nales se vivan en la verdad y lasolidaridad. Muchos manifiestanla aspiración de construir rela-ciones auténticas de amistad, deconocer el verdadero amor, defundar una familia unida, de ad-quirir una estabilidad personal yuna seguridad real, que puedangarantizar un futuro sereno yfeliz. Al recordar mi juventud,veo que, en realidad, la estabili-dad y la seguridad no son lascuestiones que más ocupan lamente de los jóvenes. Sí, la cues-tión del lugar de trabajo, y conello la de tener el porvenir ase-gurado, es un problema grandey apremiante, pero al mismotiempo la juventud sigue siendola edad en la que se busca unavida más grande. Al pensar enmis años de entonces, sencilla-mente, no queríamos perdernos enla mediocridad de la vida abur-guesada. Queríamos lo que eragrande, nuevo. Queríamos encon-trar la vida misma en su inmensi-dad y belleza. Ciertamente, eso de- pendía también de nuestra situa-ción.Durante la dictadura nacio-nalsocialista y la guerra, estuvi-mos, por así decir, «encerrados» por el poder dominante. Por ello,queríamos salir afuera para en-trar en la abundancia de las po-sibilidades del ser hombre. Perocreo que, en cierto sentido, esteimpulso de ir más allá de lo ha- bitual está en cada generación.Desear algo más que la cotidia-neidad regular de un empleo se-guro y sentir el anhelo de lo quees realmente grande forma par-te del ser joven. ¿Se trata sólode un sueño vacío que se des-vanece cuando uno se hace adul-to? No, el hombre en verdad estácreado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otracosa es insuficiente. San Agustíntenía razón: nuestro corazón estáinquieto, hasta que no descansaen Ti. El deseo de la vida másgrande es un signo de que Él nosha creado, de que llevamos su«huella». Dios es vida, y cadacriatura tiende a la vida; en unmodo único y especial, la per-sona humana, hecha a imagen deDios, aspira al amor, a la alegríay a la paz. Entonces compren-demos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios paraque el hombre viva. Dios es lafuente de la vida; eliminarlo equi-vale a separarse de esta fuentee, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría: «sin el Crea-dor la criatura se diluye» (Gaudiumet Spes, 36). La cultura actual,en algunas partes del mundo, so- bre todo en Occidente, tiende aexcluir a Dios, o a considerar lafe como un hecho privado, sinninguna relevancia en la vida so-cial. Aunque el conjunto de losvalores, que son el fundamentode la sociedad, provenga delEvangelio –como el sentido dela dignidad de la persona, de lasolidaridad, del trabajo y de la fa-milia–, se constata una /
Jóvenes españoles en Sydney, tras el anuncio de la celebración de la JMJ’2011 en Madrid.
 
PADRE NUESTRO 18/19 DE SEPTIEMBRE DE 2010
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 JMJ 2011 MADRID JMJ 2011 MADRID JMJ 2011 MADRID JMJ 2011 MADRID JMJ 2011 MADRID MENSAJE DE BENEDICTO XVI
/ especie de «eclipse deDios», una cierta amnesia, másaún, un verdadero rechazo delcristianismo y una negación deltesoro de la fe recibida, con elriesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza.Por este motivo, queridos ami-gos, os invito a intensificar vues-tro camino de fe en Dios, Padrede nuestro Señor Jesucristo. Vo-sotros sois el futuro de la socie-dad y de la Iglesia. Como escri- bía el apóstol Pablo a los cristia-nos de la ciudad de Colosas, esvital tener raíces y bases sólidas.Esto es verdad, especialmentehoy, cuando muchos no tienen puntos de referencia estables paraconstruir su vida, sintiéndose así profundamente inseguros. Elrelativismo que se ha difundido,y para el que todo da lo mismo yno existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, nogenera verdadera libertad, sinoinestabilidad, desconcierto y unconformismo con las modas delmomento. Vosotros, jóvenes, te-néis el derecho de recibir de lasgeneraciones que os preceden puntos firmes para hacer vues-tras opciones y construir vuestravida, del mismo modo que una planta pequeña necesita un apo-yo hasta que crezcan sus raíces, para convertirse en un árbol ro- busto, capaz de dar fruto.
2. Arraigados yedificados en Cristo
P
ara poner de relieve la impor-tancia de la fe en la vida delos creyentes, quisiera detenermeen tres términos que san Pabloutiliza en: «Arraigados y edifica-dos en Cristo, firmes en la fe»(cf. Col 2, 7). Aquí podemos dis-tinguir tres imágenes: «arraiga-do» evoca el árbol y las raícesque lo alimentan; «edificado» serefiere a la construcción; «firme»alude al crecimiento de la fuerzafísica o moral. Se trata de imáge-nes muy elocuentes. Antes de co-mentarlas, hay que señalar que enel texto original las tres expresio-nes, desde el punto de vista gra-matical, están en pasivo: quieredecir, que es Cristo mismo quientoma la iniciativa de arraigar, edi-ficar y hacer firmes a los creyen-tes.La primera imagen es la delárbol, firmemente plantado en elsuelo por medio de las raíces, quele dan estabilidad y alimento. Sinlas raíces, sería llevado por elviento, y moriría. ¿Cuáles sonnuestras raíces? Naturalmente,los padres, la familia y la culturade nuestro país son un compo-nente muy importante de nuestraidentidad. La Biblia nos muestraotra más. El profeta Jeremías es-cribe: «Bendito quien confía enel Señor y pone en el Señor suconfianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la co-rriente echa raíces; cuando lle-gue el estío no lo sentirá, su hojaestará verde; en año de sequía nose inquieta, no deja de dar fruto»(Jer 17, 7-8). Echar raíces, parael profeta, significa volver a po-ner su confianza en Dios. De Élviene nuestra vida; sin Él no po-dríamos vivir de verdad. «Diosnos ha dado vida eterna y estavida está en su Hijo» (1 Jn 5,11).Jesús mismo se presenta comonuestra vida (cf. Jn 14, 6). Por ello, la fe cristiana no es sólo creer en la verdad, sino sobre todo unarelación personal con Jesucristo.El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nue-vo a toda la existencia. Cuandocomenzamos a tener una relación personal con Él, Cristo nos reve-la nuestra identidad y, con suamistad, la vida crece y se realizaen plenitud. Existe un momentoen la juventud en que cada unose pregunta: ¿qué sentido tiene mivida, qué finalidad, qué rumbodebo darle? Es una fase funda-mental que puede turbar el áni-mo, a veces durante mucho tiem- po. Se piensa cuál será nuestrotrabajo, las relaciones sociales quehay que establecer, qué afectoshay que desarrollar… En estecontexto, vuelvo a pensar en mi juventud. En cierto modo, muy pronto tomé conciencia de que elSeñor me quería sacerdote. Peromás adelante, después de la gue-rra, cuando en el seminario y enla universidad me dirigía hacia esameta, tuve que reconquistar esacerteza. Tuve que preguntarme:¿es éste de verdad mi camino? ¿Esde verdad la voluntad del Señor  para mí? ¿Seré capaz de perma-necerle fiel y estar totalmente adisposición de Él, a su servicio?Una decisión así también causasufrimiento. No puede ser de otromodo. Pero después tuve la cer-teza: ¡Así está bien! Sí, el Señor me quiere, por ello me dará tam- bién la fuerza. Escuchándole, es-tando con Él, llego a ser yo mis-mo. No cuenta la realización demis propios deseos, sino su vo-luntad. Así, la vida se vuelve au-téntica.Como las raíces del árbol lomantienen plantado firmementeen la tierra, así los cimientos dana la casa una estabilidad perdura- ble. Mediante la fe, estamos arrai-gados en Cristo (cf. Col 2, 7),así como una casa está construi-da sobre los cimientos. En la his-toria sagrada tenemos numerososejemplos de santos que han edifi-cado su vida sobre la Palabra deDios. El primero Abrahán. Nues-tro padre en la fe obedeció a Dios,que le pedía dejar la casa paterna para encaminarse a un país des-conocido. «Abrahán creyó a Diosy se le contó en su haber. Y enotro pasaje se le llama ‘amigo deDios’» (St 2, 23). Estar arraiga-dos en Cristo significa responder concretamente a la llamada deDios, fiándose de Él y poniendoen práctica su Palabra. Jesús mis-mo reprende a sus discípulos:«¿Por qué me llamáis: ‘¡Señor,Señor!’, y no hacéis lo que digo?»(Lc 6, 46). Y recurriendo a la ima-gen de la construcción de la casa,añade: «El que se acerca a mí,escucha mis palabras y las pone por obra… se parece a uno queedificaba una casa: cavó, ahondóy puso los cimientos sobre roca;vino una crecida, arremetió el ríocontra aquella casa, y no pudotambalearla, porque estaba sóli-damente construida».Queridos amigos, construidvuestra casa sobre roca, como elhombre que «cavó y ahondó».Intentad también vosotros aco-ger cada día la Palabra de Cristo.Escuchadle como al verdaderoAmigo con quien compartir el ca-mino de vuestra vida. Con Él avuestro lado seréis capaces deafrontar con valentía y esperan-za las dificultades, los problemas,también las desilusiones y los fra-casos. Continuamente se os pre-sentarán propuestas más fáciles, pero vosotros mismos os daréiscuenta de que se revelan comoengañosas, no dan serenidad nialegría. Sólo la Palabra de Diosnos muestra la auténtica senda,sólo la fe que nos ha sido trans-mitida es la luz que ilumina el ca-mino. Acoged con gratitud estedon espiritual que habéis recibi-do de vuestras familias y esfor-zaos por responder con respon-sabilidad a la llamada de Dios,convirtiéndoos en adultos en la fe. No creáis a los que os digan queno necesitáis a los demás paraconstruir vuestra vida. Apoyaos,en cambio, en la fe de vuestrosseres queridos, en la fe de la Igle-sia, y agradeced al Señor elhaberla recibido y haberla hechovuestra.
«Existe un momento en la juventud en la que cada unose pregunta: ¿Qué sentido tiene mi vida, qué finalidad,qué rumbo darle? Es una fase que puede turbarmucho el ánimo, a veces durante bastante tiempo»
Benedicto XVI saluda a los jóvenes congregad
 
18/19 DE SEPTIEMBRE DE 2010 PADRE NUESTRO
os en Sydney en la última Jornada Mundial de la Juventud.
3. Firmes en la fe
E
stad «arraigados y edificadosen Cristo, firmes en la fe»(cf. Col 2, 7). La carta de la cualestá tomada esta invitación, fueescrita por san Pablo para res- ponder a una necesidad concretade los cristianos de la ciudad deColosas. Aquella comunidad, dehecho, estaba amenazada por lainfluencia de ciertas tendenciasculturales de la época, que apar-taban a los fieles del Evangelio. Nuestro contexto cultural, queri-dos jóvenes, tiene numerosas ana-logías con el de los colosensesde entonces. En efecto, hay unafuerte corriente de pensamientolaicista que quiere apartar a Diosde la vida de las personas y la so-ciedad, planteando e intentandocrear un «paraíso» sin Él. Perola experiencia enseña que el mun-do sin Dios se convierte en un«infierno», donde prevalece elegoísmo, las divisiones en las fa-milias, el odio entre las personasy los pueblos, la falta de amor,alegría y esperanza. En cambio,cuando las personas y los pue- blos acogen la presencia de Dios,le adoran en verdad y escuchansu voz, se construye concreta-mente la civilización del amor,donde cada uno es respetado ensu dignidad y crece la comunión,con los frutos que esto conlleva.Hay cristianos que se dejan se-ducir por el modo de pensar laicista, o son atraídos por co-rrientes religiosas que les alejande la fe en Jesucristo. Otros, sindejarse seducir por ellas, senci-llamente han dejado que se en-friara su fe, con las inevitablesconsecuencias negativas en el pla-no moral.El apóstol Pablo recuerda alos hermanos, contagiados por lasideas contrarias al Evangelio, el poder de Cristo muerto y resuci-tado. Este misterio es el funda-mento de nuestra vida, el centrode la fe cristiana. Todas las filo-sofías que lo ignoran, considerán-dolo «necedad» (cf. 1 Co 1, 23),muestran sus límites ante lasgrandes preguntas presentes enel corazón del hombre. Por ello,también yo, como Sucesor delapóstol Pedro, deseo confir-maros en la fe (Lc 22, 32). Cree-mos firmemente que Jesucristose entregó en la Cruz para ofre-cernos su amor; en su pasión, so- portó nuestros sufrimientos, car-gó con nuestros pecados, nosconsiguió el perdón y nos recon-cilió con Dios Padre, abriéndo-nos el camino de la vida eterna.De este modo, hemos sido libe-rados de lo que más atenaza nues-tra vida: la esclavitud del pecado,y podemos amar a todos, inclusoa los enemigos, y compartir esteamor con los hermanos pobres yen dificultad.Queridos amigos, la cruz amenudo nos da miedo, porque parece ser la negación de la vida.En realidad, es lo contrario. Es el«sí» de Dios al hombre, la ex- presión máxima de su amor y lafuente de donde mana la vida eter-na. De hecho, del corazón de Je-sús abierto en la cruz ha brotadola vida divina, siempre disponible para quien acepta mirar al Cruci-ficado. Por eso, quiero invitarosa acoger la cruz de Jesús, signodel amor de Dios, como fuentede vida nueva. Sin Cristo, muer-to y resucitado, no hay salvación.Sólo Él puede liberar al mundodel mal y hacer crecer el Reinode la justicia, la paz y el amor, alque todos aspiramos.
4. Creer en Jesucristosin verlo
E
n el Evangelio se nos descri- be la experiencia de fe delapóstol Tomás cuando acoge elmisterio de la cruz y resurrecciónde Cristo. Tomás, uno de los doceapóstoles, siguió a Jesús, fue tes-tigo directo de sus curaciones ymilagros, escuchó sus palabras,vivió el desconcierto ante sumuerte. En la tarde de Pascua, elSeñor se aparece a los discípu-los, pero Tomás no está presen-te, y cuando le cuentan que Je-sús está vivo y se les ha apareci-do, dice: «Si no veo en sus ma-nos la señal de los clavos, si nometo el dedo en el agujero de losclavos y no meto la mano en sucostado, no lo creo» (Jn 20, 25).También nosotros quisiéra-mos poder ver a Jesús, poder hablar con Él, sentir más inten-samente aún su presencia. Amuchos se les hace hoy difícilel acceso a Jesús. Muchas de lasimágenes que circulan de Jesús,y que se hacen pasar por cientí-ficas, le quitan su grandeza y lasingularidad de su persona. Por ello, a lo largo de mis años deestudio y meditación, fui madu-rando la idea de transmitir en unlibro algo de mi encuentro perso-nal con Jesús, para ayuda de al-guna forma a ver, escuchar /
«El mundo sin Dios se convierte en un «infierno»,donde prevalece el egoísmo, las divisiones en lasfamilias, el odio entre personas y pueblos, la falta deamor, alegría y esperanza»

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