en común (al menos químicamente) con los sólidos y líquidos más familiares.Por otro lado, Black demostró que cuando el óxido de calcio se abandona en elaire, vuelve lentamente a carbonato cálcico. De esto dedujo (correctamente) quehay pequeñas cantidades de dióxido de carbono en la atmósfera. He aquí la primera indicación clara de que el aire no es una sustancia simple y que, por lotanto, pese a la concepción griega, no es un elemento según la definición deBoyle. Consiste en una mezcla de por lo menos dos sustancias diferentes, el aireordinario y el dióxido de carbono.Estudiando el efecto del calor sobre el carbonato cálcico, Black midió la pérdidade peso implicada. También midió la cantidad de carbonato cálcico queneutralizaba una determinada cantidad de ácido. Este fue un paso gigante haciala aplicación de mediciones cuantitativas a los cambios químicos, un método deanálisis que pronto iba a alcanzar su plena madurez con Lavoisier.Estudiando las propiedades del dióxido de carbono, Black observó que una velano podía arder en su seno. Una vela encendida en un recipiente cerrado lleno deaire ordinario termina por apagarse, y el aire que queda no puede volver amantener una llama. Éste descubrimiento parece ciertamente razonable, puestoque la vela encendida ha formado dióxido de carbono. Pero cuando el dióxido decarbono del aire encerrado se absorbe mediante compuestos químicos, quedaalgo de aire sin absorber. Este aire que queda y que no tiene dióxido de carbono,tampoco puede mantener una llama.Black pasó este problema a uno de sus alumnos, el químico escocés DanielRutherford (1749-1819). Rutherford metió un ratón en un volumen cerrado deaire hasta que murió. Encendió luego una vela en el gas que quedaba, hasta quese apagó. Después encendió fósforo en lo que quedaba, hasta que el fósforo dejóde arder. A continuación pasó el aire a través de una sustancia capaz de absorber el dióxido de carbono. El aire restante era incapaz de mantener la combustión;un ratón no pudo vivir en él y una vela colocada en su seno se apagó.Rutherford informó de este experimento en 1772. Puesto que tanto él comoBlack estaban convencidos de la validez de la teoría del flogisto, trataron deexplicar sus resultados en términos de dicha teoría: a medida que el ratónrespiraba y las velas y el fósforo ardían, el flogisto se liberaba y se unía al aire, junto con el dióxido de carbono formado. Al absorber más tarde el dióxido decarbono, el aire restante seguía conteniendo mucho flogisto, tanto, que estabasaturado de él; no podía aceptar más. Por eso los objetos no seguían ardiendo enél.Por este razonamiento, Rutherford llamó al gas que había aislado «aireflogisticado». Hoy día lo llamamos nitrógeno, y concedemos a Rutherford elcrédito de su descubrimiento.
2. Hidrógeno y oxígeno
Otros dos químicos ingleses, ambos partidarios de la teoría del flogisto,avanzaron aún más en el estudio de los gases por esta época.Uno de ellos fue Henry Cavendish (1731-1810). Era un excéntrico acaudaladoque investigó en diversos campos, pero que se guardaba para sí los resultados desu trabajo y pocas veces los publicaba. Afortunadamente, sí publicó losresultados de sus experiencias sobre los gases.Cavendish estaba especialmente interesado en un gas que se formaba cuando losácidos reaccionaban con ciertos metales. Este gas había sido aislado conanterioridad por Boyle y Hales, y quizá por otros, pero Cavendish, en 1766, fue
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