perfección lógica y que denominamos razonamientos. Todolo contrario: esas ideas que son, de verdad, "creencias"constituyen el continente de nuestra vida y, por ello, notienen el carácter de contenidos particulares dentro de ésta.Cabe decir que no son ideas que tenemos, sino ideas quesomos. Más aún: precisamente porque son creenciasradicalísimas se confunden para nosotros con la realidadmisma -son nuestro mundo y nuestro ser-, pierden, por tanto,el carácter de ideas, de pensamientos nuestros que podíanmuy bien no habérsenos ocurrido.Cuando se ha caído en la cuenta de la diferencia existenteentre esos dos estratos de ideas aparece, sin más, claro eldiferente papel que juega en nuestra vida. Y, por lo pronto, laenorme diferencia de rango funcional. De las ideas-ocurrencias -y conste que incluyo en ellas las verdades másrigorosas de la ciencia- podemos decir que las producimos,las sostenemos, las discutimos, las propagamos, combatimosen su pro y hasta somos capaces de morir por ellas. Lo queno podemos es ... vivir de ellas. Son obra nuestra y, por lomismo, suponen ya nuestra vida, la cual se asienta en ideas-creencias que no producimos nosotros, que, en general, nisiquiera nos formulamos y que, claro está, no discutimos nipropagamos ni sostenemos. Con las creencias propiamenteno hacemos nada, sino que simplemente estamos en ellas.Precisamente lo que no nos pasa jamás- si hablamoscuidadosamente- con nuestras ocurrencias. El lenguajevulgar ha inventado certeramente la expresión "estar en lacreencia". En efecto, en la creencia se está, y la ocurrencia setiene y se sostiene. Pero la creencia es quien nos tiene ysostiene a nosotros.Hay, pues, ideas con que nos encontramos -por eso las llamoocurrencias- e ideas en que nos encontramos, que parecenestar ahí ya antes de que nos ocupemos en pensar.Una vez visto esto, lo que sorprende es que a unas y a otrasse les llame lo mismo: ideas. La identidad de nombre es loúnico que estorba para distinguir dos cosas cuya disparidadbrinca tan claramente ante nosotros sin más que usar frente afrente estos dos términos: creencias y ocurrencias. Laincongruente conducta de dar un mismo nombre a dos cosastan distintas no es, sin embargo, una casualidad ni unadistracción. Proviene de una incongruencia más honda: de laconfusión entre dos problemas radicalmente diversos queexigen dos modos de pensar y de llamar no menos dispares.Pero dejemos ahora este lado del asunto: es demasiadoabstruso. Nos basta con hacer notar que "idea" es un términodel vocabulario psicológico y que la psicología, como todaciencia particular, posee sólo jurisdicción subalterna. Laverdad de sus conceptos es relativa al punto de vistaparticular que la constituye y vale en el horizonte que esepunto de vista crea y acota. Así, cuando la psicología dice dealgo que es una "idea", no pretende haber dicho lo másdecisivo, lo más real sobre ello. El único punto de vista que