No creo, personalmente, que ello sea así
y contrariamente a lo postulado por tan
particularísima posición, pienso que la penade inhabilitación debe integrar, con auto-,nomía propia, el cuarto miembro de la
clsíficación prebosquejada.
En nuestra dogmática penal no cabe duda
de que lo que acabo de manifestar, es laposición exacta, porque como ya lo hemos
puesto de resalto, la de innabilitación es
una de las penas del sistema penal.
La pena de inhabilitación es muy anti-
gua y nos son conocidas, a través de lostextos que desafiando el tiempo han lle-
gado hasta nosotros, los efectos que en Ro-
ma producía el instituto de la
capitis di-
minutio,
ha existido en todas las leyes
penales de los diferentes países siendo aná-
logos —por regla general— los Derechos
cuya privación comprende.
Si toda persona es un sujeto de derecho
es indudable que en la sociedad moderna,
desaparecido el instiuto de la esclavitud y
consagrada la igualdad ante la ley en los
textos claros y precisos de los artículos 15'
y 16 de la Constitución Nacional, todo in-
dividuo, por el solo hecho de su nacimiento
y aún antes dte que el nacimiento se pro-duzca, para ciertos objetos, es un ser que
goza de capacidad para adquirir derechos y
contraer obligaciones. Todo ser humano
tiene, asi, una capacidad que ejercita por
sí mismo o por intermedio de otro.
En el orden represivo recibe el nombre
de inhabilitación aquella especie de pena
que suprime o tan solo restringe, con rela-
ción a la persona, el goce de su libertad
jurídica; ella, por su esencia o naturaleza
es pena que limita o suprime el ejercicio
de un derecho que antes se poseía o se ejer-
citaba con el máximo de plenitud.
Soler, en el Tomo II de su
Derecho Penal
Argentino,
página 445, la concibe como in-
capacidades referidas, a esferas de deter-
minados derechos, en tanto que Rodolfo
Moreno, en el Código penal y sus antece-
dentes, tomo II, página 25, dice que en el
orden represivo se llama inhabilitación la
pena que suprime o restringe a la persona
en el goce de su capacidad jurídica.
Por su parte, Juan P. Ramos y José María
Paz Anchorena en Penalogía, entienden que
la inhabilitación, como pena de Derechopenal, está determinada a sustraer al con-
denado del goce o ejercicio de ciertos de-
rechos, de los que se ha vuelto indigno oque sería peligroso dejarle-
Como pena, la inhabilitación pertenece
al grupo que el representante por antono-
masia de la escuela de los grandes maes-tros de Toscana, Francisco Carrara, decía
que no afligían ni el cuerpo ni la bolsa y
que denominaba penas morales.
Su antigüedad en orden a su origen, hatraído a la inhabilitación ciertas consecuen-cias, ya que el largo rodar en el tiempo ha
ido desgastando sus aristas, no obstante locual por ausencia del instituto de la re-
habilitación en nuestra legislación positiva,
acusa todavía, a veces, un cierto y mar-
cado dejo de inexorabilidad en franca con-
traposición con la tendencia moderna del
Derecho de reprimir, dejo aquél que la hace
aparecer desprovista de proporcionalidad.
IV.
La inhabilitación en nuestra legisla-
ción penal.
En nuestro primer Código penal
—que por su vigencia positiva hasta la san-
ción por el Congreso de la Nación del Código
penal de 1886, tuvo en la casi totalidad de
las provincias argentinas el proyecto ela-
borado por el doctor Carlos Tejedor—, en
el texto de aquél Código se contemplaba la
pena de inhabilitación como pena privativa
del honor, por ende, como pena humillante.
A ella se referían los artículos que integra-
ban el párrafo III de la sección II del li-
bro II.
Se la establecía en sus especies de Inhabi-
litación absoluta e inhabilitación especial.
La primera de ellas tenia como efectos, en
primer lugar, la pérdida del empleo o cargo
público que ejercía el penado, aunque la
designación proviniera de elección popular;
en segundo término, la privación de todos
los Derechos políticos, tanto activos cuan-
to pasivos, privación que se prolongaba por
todo el tiempo de duración de la condena;y en tercer lugar, determinaba la incapaci-
dad del penado para obtener los cargos,
empleos o derechos ya mencionados, inca-
pacidad que también se extendía al tiempo
que durase en pena.
El proyecto que ahora ocupa nuestra
atención, al hablar de la inhabilitación es-
pecial y referida al ejercicio de un empleo
o cargo público, determinaba que sanción
de tal naturaleza implicaba o aparejaba, co-
mo efecto inmediato el hecho de que el con-
denado se viese privado del. cargo o empleo
sobre el cual recaía la inhabilitación y ade-
más, la de obtener otro del mismo género
durante el tiempo de vigencia de la pena.
Legislaba, además, el proyecto de Tejedor
sobre la pena de inhabilitación en específica
y concreta referencia a los Derechos poli-
ticos, y que implicaba privar al ciudadano
del pacífico ejercicio del o de los derechos
que habían sido alcanzados por la inter-dicción.
En el sistema penal que establecía Teje-
dor en el texto legal elaborado entre 1865
y 1868, contemplaba junto a la pena pri-vativa del honor, es decir la inhabilitación
las penas corporales, las humillantes y las
pecuniarias.
Cuando después de su muy lenta evolu*