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INHABILITACIÓN.*
SUMARIO:
I.
Introduc-
ción. II. Sistema penal argentino. III. La
pena de inhabilitación. IV. La Inhabilita-ción en nuestra legislación general. V. Lainhabilitación en el Código penal. VI. La in-habilitación en el proyecto Soler.
I.
Introducción.
Desde los tiempos másremotos hasta nuestros días, —el fenóme-no es, sin duda, incontrovertible—, todas lassociedades o conglomerados humanos hanposeído un sistema de penas.De carácter privado o público, animadas
por un sentido de venganza pura y exclu-
siva, o establecidas no sólo para la mayor ymejor protección ordenada de la vida co-munitaria, sino también concebidas con unafinalidad trascendente en cuanto se buscaa través de ellas lograr alcanzar la refor-ma o rehabilitación de los condenados; conperíodos de inhumana dureza —que en al-gunos países y en determinadas épocas lle-gó a limites inimaginables para la menta-lidad moderna—, tanto en su aplicacióncuanto en lo que hacía a su ejecución, ocon etapas caracterizadas particularmentepor un sentimiento de humanización, lapena, con finalidades diferentes, feroz o mo-derada, ha existido siempre en todos lospueblos y en todos los tiempos.El vocablo pena, etimológicamente deri-vado de la voz latina
poena,
denota en simismo el dolor ya físico ya moral que seimpone al tranagresor de una ley como con-secuencia directa del acto de transgresiónque tiene lugar en el mundo exterior y quees atribuible a aquel-Jurídicamente considerada y valorada, lapena no es, nada más ni nada menos, quela sanción característica de aquella espe-cialísima transgresión del ordenamiento ju-rídico a la que conocemos y distinguimoscon el vocablo delito.Si fuera nuestro propósito llevar a caboo por lo menos, tan sólo lo intentáramos,una revista histórica del Derecho penal, po-dríamos afirmar a manera de conclusiónfundamental, que siendo innegable aquélDerecho —sólo discutido o puesto en dudapor la tendencia anárquica como lógica con-secuencia de la premisa fundamental queinforma una tal porición doctrinaria, cuales la negación del Estado—, la pena, comolo afirma Maggiore, valorada como impulsoque reacciona con un mal ante el mal queen sí mismo encierra el delito, es institu-ción contemporánea del hombre ya que éste,como ser dotado de conciencia moral, hatenido y tendrá siempre las nociones de de-
lito y pena.
II.
Sistema penal argentino.
En el siste-ma penal argentino, es decir, en el conjun-
Por el Dr. M. OCTAVIO ITORBE.
OMEBA •• XV - 51
to de penas que contiene el Código vigenteen su articulo 5', se menciona a la pena deinhabilitación como una de las aceptadaspara sancionar una conducta punible, pu-diendo funcionar como lo veremos en eltranscurso de éste, si que breve ensayó, demuy diferentes maneras.Además, en el artículo 12 y presentandolas características innegables e indudablesde una pena accesoria de las principalesde privación de libertad, el Código determi-na que toda condena mayor de tres años dereclusión o prisión lleva anexa y como in-herente a aquélla, entre otras incapacida-des específicamente señaladas en el textoque nos ocupa, la inhabilitación absoluta delrecluso o del penado por el tiempo de lacondena, siendo facultativo del órgano ju-risdiccional y en razón de la.índole del de-lito, prolongar esa agravación de la formade cumplimiento de la pena principal, hastatres años más.
El estudio particularizado del artículo 5'
del Código punitivo nos convence y nos lle-va a afirmar que nuestra ley positiva, si-guiendo así una córlente doctrinaria y le-gislativa moderna, propia del Derecho penalcontemporáneo, rechaza de plano, en susistema penal,
las
llamadas penas infa-mantes, aquellas que en sus efectos afectano atacan el honor del sujeto que las sufre.Ello así, por entender que las llamadas pe-nas infamantes se encuentran en palmaria,abierta e innegable contradicción con el es-píritu que guía las modernas leyes repre-
sivas-
De aquel sector de penas, que integrabacon desarrollo no siempre pequeño el siste-ma penal de las legislaciones anteriores,sólo perviven en los tiempos que corremosun tipo que, por su naturaleza propia, impli-ca pérdida o restricción de la capacidad jurídica del condenado.III.
La pena de inhabilitación.
Si comolo hemos puesto de manifiesto, en la gene-ralidad de las legislaciones se encuentranhoy abolidas de los .sistemas penales posi-tivos las llamadas penas infamantes, es po-sible llevar a cabo una clasificación de laspenas, agrupándolas así en: a) pena capi-tal; b) penas restrictivas o privativas de lalibertad y c) penas pecuniarias.Autores hay que pretenden, a mi modode ver equivocadamente, negar la existen-cia de la pena de inhabilitación como un
miembro más de la clasificación, por con-
siderar —como lo hace Maggiore—, que laspenas interdictivas quedan, al fin y al cabo,comprendidas entre las restrictivas de lalibertad del hombre porque la capacidad jurídica que ellas limitan no es nada más
que parte integrativa de la total libertad
del individuo.
 
No creo, personalmente, que ello sea así 
y contrariamente a lo postulado por tan
particularísima posición, pienso que la penade inhabilitación debe integrar, con auto-,nomía propia, el cuarto miembro de la
clsíficación prebosquejada.
En nuestra dogmática penal no cabe duda
de que lo que acabo de manifestar, es laposición exacta, porque como ya lo hemos
puesto de resalto, la de innabilitación es
una de las penas del sistema penal.
La pena de inhabilitación es muy anti-
gua y nos son conocidas, a través de lostextos que desafiando el tiempo han lle-
gado hasta nosotros, los efectos que en Ro-
ma producía el instituto de la
capitis di-
minutio,
ha existido en todas las leyes
penales de los diferentes países siendo aná-
logos —por regla general— los Derechos
cuya privación comprende.
Si toda persona es un sujeto de derecho
es indudable que en la sociedad moderna,
desaparecido el instiuto de la esclavitud y
consagrada la igualdad ante la ley en los
textos claros y precisos de los artículos 15'
y 16 de la Constitución Nacional, todo in-
dividuo, por el solo hecho de su nacimiento
y aún antes dte que el nacimiento se pro-duzca, para ciertos objetos, es un ser que
goza de capacidad para adquirir derechos y
contraer obligaciones. Todo ser humano
tiene, asi, una capacidad que ejercita por
sí mismo o por intermedio de otro.
En el orden represivo recibe el nombre
de inhabilitación aquella especie de pena
que suprime o tan solo restringe, con rela-
ción a la persona, el goce de su libertad
 jurídica; ella, por su esencia o naturaleza
es pena que limita o suprime el ejercicio
de un derecho que antes se poseía o se ejer-
citaba con el máximo de plenitud.
Soler, en el Tomo II de su
Derecho Penal
 Argentino,
página 445, la concibe como in-
capacidades referidas, a esferas de deter-
minados derechos, en tanto que Rodolfo
Moreno, en el Código penal y sus antece-
dentes, tomo II, página 25, dice que en el
orden represivo se llama inhabilitación la
pena que suprime o restringe a la persona
en el goce de su capacidad jurídica.
Por su parte, Juan P. Ramos y José María
Paz Anchorena en Penalogía, entienden que
la inhabilitación, como pena de Derechopenal, está determinada a sustraer al con-
denado del goce o ejercicio de ciertos de-
rechos, de los que se ha vuelto indigno oque sería peligroso dejarle-
Como pena, la inhabilitación pertenece
al grupo que el representante por antono-
masia de la escuela de los grandes maes-tros de Toscana, Francisco Carrara, decía
que no afligían ni el cuerpo ni la bolsa y
que denominaba penas morales.
Su antigüedad en orden a su origen, hatraído a la inhabilitación ciertas consecuen-cias, ya que el largo rodar en el tiempo ha
ido desgastando sus aristas, no obstante locual por ausencia del instituto de la re-
habilitación en nuestra legislación positiva,
acusa todavía, a veces, un cierto y mar-
cado dejo de inexorabilidad en franca con-
traposición con la tendencia moderna del
Derecho de reprimir, dejo aquél que la hace
aparecer desprovista de proporcionalidad.
IV.
La inhabilitación en nuestra legisla-
ción penal.
En nuestro primer Código penal
—que por su vigencia positiva hasta la san-
ción por el Congreso de la Nación del Código
penal de 1886, tuvo en la casi totalidad de
las provincias argentinas el proyecto ela-
borado por el doctor Carlos Tejedor—, en
el texto de aquél Código se contemplaba la
pena de inhabilitación como pena privativa
del honor, por ende, como pena humillante.
A ella se referían los artículos que integra-
ban el párrafo III de la sección II del li-
bro II.
Se la establecía en sus especies de Inhabi-
litación absoluta e inhabilitación especial.
La primera de ellas tenia como efectos, en
primer lugar, la pérdida del empleo o cargo
público que ejercía el penado, aunque la
designación proviniera de elección popular;
en segundo término, la privación de todos
los Derechos políticos, tanto activos cuan-
to pasivos, privación que se prolongaba por
todo el tiempo de duración de la condena;y en tercer lugar, determinaba la incapaci-
dad del penado para obtener los cargos,
empleos o derechos ya mencionados, inca-
pacidad que también se extendía al tiempo
que durase en pena.
El proyecto que ahora ocupa nuestra
atención, al hablar de la inhabilitación es-
pecial y referida al ejercicio de un empleo
o cargo público, determinaba que sanción
de tal naturaleza implicaba o aparejaba, co-
mo efecto inmediato el hecho de que el con-
denado se viese privado del. cargo o empleo
sobre el cual recaía la inhabilitación y ade-
más, la de obtener otro del mismo género
durante el tiempo de vigencia de la pena.
Legislaba, además, el proyecto de Tejedor
sobre la pena de inhabilitación en específica
y concreta referencia a los Derechos poli-
ticos, y que implicaba privar al ciudadano
del pacífico ejercicio del o de los derechos
que habían sido alcanzados por la inter-dicción.
En el sistema penal que establecía Teje-
dor en el texto legal elaborado entre 1865
y 1868, contemplaba junto a la pena pri-vativa del honor, es decir la inhabilitación
las penas corporales, las humillantes y las
pecuniarias.
Cuando después de su muy lenta evolu*
 
clon la comisión a la que se confiara la
revisión del Proyecto presentado por Teje-
dor, quedó integrada de manera definitiva
con Sixto Villegas, Ugarriza y Juan Agustín
García, produjo excediendo así su man-
dato originario, un nuevo proyecto de Có-digo, cuyo sistema pena! comprendía las
llamadas penas generales de escala junto
a las cuales aparecían las denominadas pe-nas especiales para ciertos y determinados
delitos, entre los que se encontraba la de
inhabilitación en sus tres formas de inha-bilitación general e inhabilitación especial
subdividida, a su vez, en mayor y menor.
La inhabilitación general así como la es-
pecial se legislaban en el proyecto de 1881
de manera similar a lo que se había hecho
en el proyecto de Tejedor, al punto que sus
efectos son los mismos.
Pero el proyecto de Villegas, Ugarriza y
García legislaba, además, en sus artículos
81 a 86, sobre la pena de destitución y sus-
pensión, que cierta semejanza presentabancon la de inhabilitación
Por la pena de destitución y como efecto
de ella, el penado se veía privado de la
función pública que ejercía' al tiempo de lacondena, importando, además, la pérdida
de todos los servicios que hubiere prestado,
no pudiendo tampoco y por el término de
cinco años contados desde la fecha en que
hubo sentencia firme imponiendo tal tipo
despena, ser promovido por nuevos nombra-
mientos a otro cargo de la misma o dife-
rente naturaleza.
-Por su parte, la pena de suspensión im-
pedia al penado,
&
título de efecto de ella
nacido, durante el tiempo de la condena,
el ejercicio del cargo público cuya titula-
ridad le correspondía o el ejercicio de cual-
quier otra función pública, salvo aquellos
casos en que la designación proviniese de
una elección popular.
Interesante resulta señalar, que el pro-
yecto de 1881 disponía que cuando el sujeto
activo de una conducta delictuosa, sancio-nada pon penas de inhabilitación, destitu-
ción o suspensión, fuese un eclesiástico, los
efectos que nacían de aquellas sanciones
debían limitarse a los cargos y derechos que
correspondían a un nombramiento o no
fueran otorgados por la iglesia.
Los eclesiásticos sancionados con penas
de esta naturaleza quedaban impedidos, por
el tiempo de duración de la condena, de
ejercer en el Estado la jurisdicción ecle-siástica, salvo la congrua.El Código de 1888 en sus disposiciones
determinaba que la pena de inhabilitación
podía ser absoluta o especial y en amboscasos perpetua o temporal.Los efectos que nacían de ambos tipos de
inhabilitación eran idénticos a los señala-
dos en el Proyecto de Tejedor y a los que
hemos mencionado con anterioridad, sobre
todo en lo que a la inhabilitación absoluta
se refiere.
Con el Proyecto de 1891, de Rivarola, Pi-
nero y Matienzo, se inicia en el país unintento de codificación que respondía a lastendencias más modernas de la época.
En los artículos 42, 43 y 44 se legisla so-
bre la pena de inhabilitación establecién-
dose normas mucho más parecidas a lasque se contienen en el Código actual.Comienza por dividir a la pena de inha-
bilitación en absoluta y especial. Los efec-
tos de la primera, determinados en cuatro
apartados, son: a) la pérdida del empleo
o cargo público que ejerza el penado aun-que provenga de elección popular; b) la
privación de elegir o ser elegido en comicios
populares; c) la incapacidad para obtenercargos, empleos o comisiones públicas; y
d) la pérdida de toda pensión, jubilación o
goce de montepíos.
La inhabilitación especial, a su vez, im-
plicaba como consecuencia: a) la privación
del empleo, cargo, comisión pública, fun-
ción electoral o profesión en cuyo ejercicio
se cometió el hecho punible y b) la inca-
pacidad para ejercer toda función, cargo o
profesión del mismo género.La ley de reformas de 1903 sólo habló de
inhabilitación, suprimiendo las clasificacio-nes e introdujo una importante modifica-
ción con relación a uno de los efectos que
nacían, en el Proyecto de 1891, de la apli-
cación de la inhabilitación, absoluta, ya queestablecía que la pérdida de la jubilación,
pensión o goce de montepíos que percibiera
el penado, sólo se producía en aquellos casosen que aquél careciera de familia.
El Proyecto de 1906, a su vez se limitó a
expresar en qué consistían la inhabilita-
ción absoluta y la especial en preceptos
iguales, en el fondo, a los contenidos en la
obra de Rivarola, Pinero y Matienzo, de los
que difería, y muy ligeramente, en su re-
dacción.
V-
La inhaWitación en el Código penal.
El sistema penal de nuestro Código está
consagrado en el artículo 5", y a los efectos
de poder determinar cuál de las penas que
en él se mencionan es más grave o cual es
la gravedad relativa de las diferentes penas
entre sí, nos es necesario recurrir al ar-tículo 57 que, para solucionar.tal problema
en la aplicación de la pena en eL concurso
. real de delitos de pena de distinta natu-
raleza, remite al orden establecido en la
primera de las disposiciones legales men-
cionadas.
La inhabilitación aparece así como la
menos grave de nuestras penas, y referida,de manera exclusiva, a la privación de de-
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