lla última visita de 2005 no era la primera vez que iban
juntos. Cuando venían los dos, recuerda Tommouhi,
Pardo se quedaba en un segundo plano. «Callado.»
Durante los seis meses que pasaron entre el fallo
del Constitucional y la demanda ante Estrasburgo, en
enero de 2002, Tommouhi y Pardo y Claret se vieron
en contadas ocasiones. Hay una que Tommouhi recuer-
da. «Vinieron a buscar más dinero. Y ya me habían
mentido antes. Luego yo me he enterado. Me mintieron
mucho.» «¿Para qué queréis más dinero?», cuenta que
les preguntó, y que le respondieron: «Vamos a ir a Es-
trasburgo, con un abogado de pago. Vamos a contratar
un abogado de pago, y vas a salir con tu cabeza alta», me
dijeron. «Yo voy a salir con la cabeza alta», les dijo. «Yo
no he hecho nada. Yo de aquí, si estoy vivo, voy a salir
con la cabeza alta, con o sin libertad. Igual, Claret se ca-
breó mucho conmigo.»
Tommouhi preguntó cuánto querían. La cifra, en-
tre dos y tres millones de pesetas, a la vista de los cator-
ce años que llevaba en la cárcel y lo que ya había paga-
do, le escandalizó. «Es que nosotros somos especialis-
tas», oyó Tommouhi que decía Pardo.
—Eso me amargó. Empecé a sacar palabras, en ára-
be, en mi idioma [Tamazight], en castellano. ¿Especialis-
tas? ¿Especialistas en qué? ¿En engañar a la gente? ¿En
engañar a los pobres? Y ahí Claret se metió. «Y a usted
[le dije], a usted lo he respetado mucho. Hace doce años
que lo conozco. Once o doce años que lo conozco, siem-
pre le he respetado. Y desde que me conoce tengo la
misma cara. Una cara tengo. No más. Ustedes han veni-
do aquí con veinte caras. Cada vez traen una diferente.
Yo respeto su carrera. Su trabajo, su profesión, pero para
mí su trabajo vale cero.» Así se lo puse [hace un círculo
con el dedo índice cerrado sobre el pulgar, como un do-
nut]. Para mí vale cero. Pardo me dijo: «Ahora ya sabes
hablar, no necesitas intérprete ni nada.» «Con la rabia»,
le dije, «con la rabia he aprendido».
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