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Ejemplos técnicas narrativas

Ejemplos técnicas narrativas

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05/17/2013

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LA PERSPECTIVA NARRATIVA O PUNTO DE VISTA 
El Casino de Vetusta ocupaba un caserón solitario, de piedra ennegrecida porlos ultrajes de la humedad, en una plazuela sucia y triste cerca de San Pedro, laiglesia antiquísima vecina de la catedral. Los socios jóvenes querían mudarse, pero elcambio de domicilio sería la muerte de la sociedad según el elemento serio y de másarraigo. No se mudó el Casino y siguió remendando como pudo sus goteras y demásachaques de abolengo. Tres generaciones habían bostezado en aquellas salasestrechas y oscuras, y esta solemnidad del aburrimiento heredado no debía trocarsepor los azares de un porvenir dudoso en la parte nueva del pueblo, en la Colonia.Además, decían los viejos, si el Casino deja de residir en la Encimada, adiós Casino.Era un aristócrata.
 
Clarín: La Regenta 
Venían sudorosos. Las chicas traían pañuelos de colorines, como Paulina, conlos picos colgando. Ellos, camisas blancas casi todos. Uno tenía camiseta de rayashorizontales, blanco y azul, como los marineros. Se había cubierto la cabeza con upañuelo de bolsillo, hecho cuatro nuditos en sus cuatro esquinas. Venía con lospantalones metidos en los calcetines. Otros en cambio traían pinzas de andar enbicicleta. Una alta, la última, se hacía toda remilgos por los accidentes del suelo, alpasar las vías, maldiciendo la bici.
Sánchez Ferlosio:
l Jarama 
SPLASSSHF: me sumerjo en el agua porque hace calor y estoy sudando y la piel meapesta y estoy agotado y el líquido es fresco y transparente y las gotas del splash de mimás bien hosco contacto tripón con la superficie sensualmente oscilante y amoral delMediterráneo se pierden entre la espuma blanca, que cruje y se deshace, diseminadapor la arena de la playa, y doy unas brazadas, achacufa, achacufa, achacufa, y memaravillo de mi piel copertoneada y salgo del agua, BLUP, apolo veraniego, fardandomás que Johnny Weissmuller, y doy una vuelta con intencionalidad contorneante y exhibicionista entre la red que tricotan las miradas tediosas, odiosas, famélicas y achicharraradas de cuatro tías nórdicas que disimulan detrás de gafas de solhorribles, fingiendo que leen el
Bunte 
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Monzó:
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 Yo aproveché, agarré el diario, busqué las páginas que correspondían a aquellos días. Me bastó conlo que pude leer antes de su regreso.
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Pasos de Sandra en la escalera. Dejé el diario donde lo había encontrado.
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ESTILO DIRECTO, INDIRECTO E INDIRECTO LI
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Carlos Argentino fingió asombrarse de no sé qué primores de la instalaciónde la luz (que, sin duda, ya conocía) y me dijo con cierta severidad:
- Mal de tu grado habrás de reconocer que este local se parangona con los másencopetados de Flores.
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 Tan ineptas me parecieron esas ideas, tan pomposa y tan vasta su explicación,que las relacioné con la literatura; le dije que por qué no las escribía.Previsiblemente respondió que ya lo había hecho.
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No estaba tan borracho como para no sentir que había hecho pedazos su casa,que dentro de él nada estaba en su sitio pero que al mismo tiempo ²era cierto,era maravillosamente cierto-, en el suelo o el techo, debajo de la cama oflotando en una palangana había estrellas y pedazos de eternidad, poemascomo soles y enormes caras de mujeres y de gatos donde ardía la furia de susespecies.
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aEL ORDEN TEMPORAL
Dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y sepuso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y lasimágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozabadel placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir ala vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, quelos cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzabael aire del atardecer bajo los robles.
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Pasaron entonces por el recuerdo todos los días que siguieron alentumecimiento del riguroso temporal, cuando el espíritu de Ana había dejado aquellaespecie de vida de culebra invernante. Recordó la romería de San Blas, en la carreterade la Fábrica Vieja, aquélla tarde de sol que era una fiesta del cielo...
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Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendíahabía de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.
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 Conocí a un chico que era alérgico al polen y al polvo y al serrín y al humo provocado por combustión de carburantes
las ensaladas
 
los gatos
las ballenas
las fibras sintéticas y a uno de cada dosmedicamentos. Era uno de esos chicos que no hablan con nadie.Parecía uno de los que viven en campanas de cristal, pero era alérgico alas campanas de cristal, así que tenía que enfrentarse con todas susalergias. Llevaba sus alergias encima como un viajante de comercio llevasus maletas. Demostró legalmente que era alérgico a sus padres, así quesus padres tuvieron que darle una pensión vitalicia sin disfrutar a cam-bio del consuelo de agujerear sus zapatos con sus propias desgracias,además él ni siquiera llevaba zapatos porque era alérgico a la piel y alcaucho. Le hicieron unos zapatos de madera pero a él le pareció que eracomo andar con dos ataúdes chiquititos en los pies, así que los tiró porla ventana. Una chica que pasaba por la calle recogió los zapatos, y como nunca había visto unos zapatos tan raros subió a ver de quiéneran. El chico abrió la puerta y la chica entró, los dos se miraron unrato y los dos eran guapos, y los dos llevaban solos demasiado tiempo,así que se abrazaron un poco a ver qué pasaba y resultó que la chicaiba vestida con fibras sintéticas y tenía ojos de gato, y estaba gordacomo una ballena
 
tenía polen en el pelo
 
serrín en el cerebro y antibióticos en los dedos y ensaladas en la falda y un motor de explosiónque le ayudaba a subir las escaleras. El chico se murió con una estúpida y gigante sonrisa de felicidad en la cara.Cuando me desperté estaba seguro de que podía aprender algo deese sueño, pero no sabía qué coño podría ser.
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