provocación desenfadada del Don Juan en plena Inquisiciónespañola, hasta elrefinamiento intelectual de la aristocracia francesa, los artificiosseductores siempre hansido tan perversos como burladores.El fin de la seducción es el poder, filigrana del deseo, que hacecreer al otro que es el sujetodel deseo; sujeto deseante cautivo de su objeto. Convertirseactivamente en objeto deldeseo del Otro, atrapar el ánimo deseante, es el fin perseguido porla subjetividad de quienseduce. El deseo seductor es deseo del deseo del Otro. Y ahí el engaño y la perversión. Satisfecho el deseo de deseo, elseducido deseo deja deser importante. Pero si tan malvada y frustrante es la seducción...¿En qué radica suencanto, su irresistible fascinación?La seducción, esa acción de engañar con arte, también es el artede cautivar, de atraer yganar el ánimo, la atención, la voluntad ajenas.Quien más y quien menos ha soñado seducir y ser seducido/a.Sueños de seductor.Sueños de seductora. Tras estos anhelos, el encanto seductorsiempre es la atracciónsexual.La atracción sexual, ese atraerse los sexos entre sí, estructura eldeseo de quien seduce yquiere seducir. La seducción, estrategia de las apariencias paraBaudrillard, configura entrebastidores escenarios del deseo erótico, ese deseo, que consisteen el deseo de desear eldeseo del otro y el deseo de ser deseo del otro.La atracción sexual es natural, sin embargo la seducción no. Laseducción es ritual,necesita de la ceremonia, del cortejo, de la estrategia para realizarla conquista que de otraforma no podría alcanzar. Incluso en el reino animal y ensociedades humanas primitivaslas estrategias de seducción necesitan de un ritual.Frecuentemente sucede que unindividuo, hombre o mujer, produce en otro individuo una atracciónmagnética de formanatural y espontánea. Capta, cautiva nuestra atenciónfascinándonos. A veces estaatracción que podríamos llamar animal, es reciproca. Flechazo, lollamamos. Pero inclusoen estos casos en los que Eros se manifiesta de una forma básica,quedando químicamente