Quienes me conocen dicen que soy muy
“anecdótico”
y que lesgusta escucharme cuando cuento cosas de otro tiempo (y más recientestambién).Por lo mismo, el título que quería ponerle a mi presente trabajo no erasino el de
“Las cosas del viejo Ángel”,
porque lo que aquí narro sonsimplemente “cosas” un tanto desperdigadas, pero que a alguno podránresultarle interesantes.Sin embargo, adopté el título que ostenta ahora, porque surgió muy espontáneamente, sin intención alguna, de parte de un alumno que quisosaber algo sobre lo cual sólo tenía lejanas mentas.De modo que con todo gusto, hablaré aquí de los tranvías, de loscolectivos, de los trenes, de algunos “personajes” simpáticos y de tantascosas hermosas que conocí y viví.En este caso, escribo para
rememorar
, porque me gusta, y para
enseñarles a mis jóvenes alumnos
que en los años de pocos teléfonos,en los cuales la ciudad tenía escasa iluminación (nada más que unalamparita en cada esquina), en que la gente se sentaba en verano en lavereda de su casa para disfrutar de la brisa y del silencio en las noches de plenilunio, hace cincuenta y más años, todo tenía su encanto y era grata lavida, a pesar de las carencias que había de tantas cosas.
Mi objetivo es ofrecerles material de lectura.Quisiera que al menos mis alumnos lleguen a ser lectorescomo yo lo fui a su edad.
No había computadoras, por lo tanto tampoco Internet.No se vivía de prisa y se apreciaba lo que se tenía, sin pretender demasiado.Cada casa tenía un jardincito, la quinta, el gallinero, la hamaca, lafiambrera, el fuentón… A todo esto me referiré luego más ampliamente, de acuerdo con el proyecto que fui trazando para estas páginas.No existían los supermercados ni las proveedurías, como se llamanahora, pero sí había
almacenes grandes,
donde
a los clientes deconfianza se les vendía “con libreta”
(se les “fiaba”) y el gasto se pagaba a fin de mes, sin intereses. A quien cumplía con puntualidad, elalmacenero le daba la
“yapa”,
que consistía en regalarle algún producto delos que se vendían en el local. El dulce de membrillo en cajoncitos demadera o la lata de duraznos al natural resultaban ser por lo común losobsequios de la yapa. Así se reafirmaba la confianza entre almacenero y cliente y se acrecía la amistad.,Cito algunas almacenes famosas, en las cuales era tan grande elsurtido de mercaderías que tenían, que no exagero al decir que había de
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