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APUNTES SOBRE NUESTROS ALUMNOS DE NIVEL SUPERIOR 
(Son nada más que “apuntes”, pero tienen algo de pedagogía)
A LAUREANO BERRO PATERNOSTO,
el día de su cumpleaños Nro. 8,con mi más grande afecto de abuelo.En el día de San Laureano,Obispo y Mártir, 4/VII/2009.
SEÑORES PROFESORES,
1.-
Presentación del tema y objetivo del trabajo
Me referiré en estas páginas a un tema que aún no he tratado, al menosen un artículo:
“EL ALUMNO DE NIVEL SUPERIOR”.
 Acerca de este tema y desde diversos enfoques, hemos hablado en lasreuniones de profesores.Sin embargo, advierto ahora que no debiera darle ese título al presente
estudio
, porque, de por sí, con tal denominación podría creerse que he dehacer un abordaje demasiado amplio o abierto del tema, cuando, como veránUstedes, no será así.No he de hablar de “los alumnos” del nivel superior, en general, sino de“nuestros alumnos de nivel superior”, o sea de los del Instituto Pablo VI.Simplemente voy a mencionar aquello que vengo observando en los alumnos.
2.-
EXPERIENCIAS INTRANSFERIBLES
 MIS VIVENCIAS
provienen ciertamente del hecho de haber trabajado enel Instituto Pablo VI, durante los 35 años de existencia del mismo, y de haber tratado, como director y como profesor del mismo, con personas que habiendocompletado sus estudios de nivel medio, han resuelto encarar luego, en nuestroestablecimiento, una carrera docente: la del Profesorado en Educación Especial,en una de sus dos modalidades: la de DISCAPACIDAD AUDITIVA y la deDISCAPACIDAD INTELECTUAL.Tengo para que habiéndome desempado en diversos niveles de laeducación, recalé por fin en el cual considero que se da más palmariamente mivocación… El de los estudios superiores.3.-
ESPECIFICAMENTE, EL NIVEL SUPERIOR 
 
 
Es éste, sin duda, el nivel que requiere mayor inteligencia,disponibilidad, atención, sagacidad, sabiduría y templanza de parte de loseducadores. A la luz de
mis propias vivencias
y de lo que nos manifiestan virtuososcolegas educadores del nivel, los jóvenes estudiantes de hoy difieren en muchode lo que éramos, hace 30 o más años, quienes hoy somos adultos mayores.Entonces, como ahora, los problemas existían…No siempre quienes éramos estudiantes teníamos la actitud de buscar aun adulto, un profesor, dentro del establecimiento donde cursábamos nuestracarrera, para exponerle nuestras dificultades por la necesidad de seescuchados u orientados.No sé si puede hablarse de “recato”, de “pudor” o vaya a saber de qué…Por cierto que había un criterio… El alumno de nivel superior era como
“un elegido”
por lo que debía estudiar con una dedicación de alma y vida; ello generaba un
“orgullo”
, porque, qurase o no, el que alcanzaba el nivelsuperior tenía ante la sociedad un
“status” diferente,
si bien “alumnos crónicos”siempre hubo.Y el haber podido alcanzar un título o grado académico significaba enaquellos tiempos el ensanchamiento de los horizontes, cosa que hoy no sucedetanto…, porque bien sabemos que hay quienes se gradúan de carrerassuperiores, sea en institutos o en universidades, y están desempeñándoselaboralmente en lo que pueden y ello suele distar, no en todos los casos felizmente, en mucho de la preparación adquirida.Es una injusticia que duele, como toda injusticia, provenga de quien proviniere.El hecho de no poder trabajar en aquello para lo cual alguien se ha formado genera de por sí una especie de rebelión, con fastidio, con bronca…Es algo así como sentarse a una mesa muy bien puesta, muy bien tendida, pero sin tener qué comer.Lo cierto es que las circunstancias apremian y quienes padecen, v.gr. lainjusticia del “trabajo en negro”, sin garantías sociales, mal remunerado y, por lo mismo, explotado, sin tener adonde recurrir, porque el patrón impone sudrástico “si no te gusta te vas”, tienen que seguir viviendo así, porque no lesqueda más remedio, luchando, esforzándose por zafar de esa pesada situaciónen pos de una mejoría para sí y para su familia. ¿Actitud distinta la de los jóvenes de otrora? No. Lo distinto se daba, porque las situaciones problemáticas se resolvíanquizás de otra manera.
 
4.-
ANTE LOS PROBLEMAS DE LOS ALUMNOS
Hoy los planteles docentes de los diversos establecimientos, cada uno ensu ambiente, necesariamente deben actuar como de
“valla de contención”
delos alumnos frente a las dificultades de muy diversa índole que los mismos presentan.No resulta, pues, fácil
“educar”
(en el sentido total de la palabra), entodos los casos, dentro del ámbito del nivel superior, no porque hayasituaciones de inconducta que dificulten el acto educativo, sino porque, a veces,las cuestiones personales o familiares o laborales o de la razón que sea que losalumnos refieren, o no, pero que las viven, inciden notablemente en lacapacidad para estudiar y hacen que nos preguntemos los profesores, cómodespués de enfrentarlas a diario, puedan los jóvenes alumnos ir a cursar lasdiversas asignaturas o cómo les queda tiempo o deseos para estudiar.Tantas veces nos ha tocado escuchar o estar al conocimiento de problemas de no inmediata resolución.Confesamos que, en algunas circunstancias, nos hallamos un tantoinvalidados para encontrar salidas frente a la problemática de un alumno, y loque se necesitó fue tiempo para encontrar una solución y no bajar los brazos.Pensar y repensar…, intercambiar ideas, consultar a colegas profesores,volver a hablar con el alumno, confiar, esperar, insistir, perseverar en el bien,alegrarse de lo que se puede conseguir, aunque sea poco…En definitiva, hacemos un importante
TRABAJO DE TUTORIA.
ACOMPAÑAR mediante el seguimiento y la evaluación permanente delalumno, haciéndole ver sus responsabilidades, y cómo debe participar en elhallazgo de las soluciones.
 Algunos casos planteados parecen verdaderos
“dramas”
. Y conste aquíque no exageramos.Por supuesto, claro está, que siempre existe de parte del educador la
voluntad 
de decir la palabra de comprensión, de apoyo o de estímulo. A veces no basta con que se alardee sobre
“la vocación”
o aquello de
“pensar en positivo”…
 Si hay vocación docente, habrá de seguro una actitud de escucha y undeseo de responder adecuadamente a la confianza.Porque precisamente estimo que se trata de eso: la confianza del alumnode quien espera recibir un consejo o una palabra de afecto: un profesor o una profesora que, sin dudas, le resulta creíble.

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