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Las nuevas síntesis urbanas de una ciudadanía cultural

Las nuevas síntesis urbanas de una ciudadanía cultural

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10/15/2010

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Las nuevas síntesis urbanas de una ciudadaníacultural(La ciudad como objeto de consumo cultural)
 
Carlos E. Guzmán Cárdenas
 
Sociólogo (UCV). Asesor de la Comisión Permanente de Cultura de la Cámara deDiputados. Especialista en Gerencia de Proyectos de Investigación y Desarrollo(I&D), Maestría en Ciencias Administrativas de la Universidad Central deVenezuela. Docente en el campo de la Planificación y Gerencia Cultural. Miembrodel Consejo de Redacción de la Revista
Comunicación
de la Fundación CentroGumilla.
carlosgu@telcel.net.ve
 
En los últimos años, se aprecia un substancial esfuerzo por asentar las bases paranuevos enfoques sobre la Urdimbre Cultural venezolana; pero particularmente eltema de la
³ciudad como objeto de consumo cultural´ 
, su fenomenología(dominios) e infraestructura (instituciones culturales, instrumentos de promoción yformación, soportes, equipamientos colectivos singulares, etc.), recurriendo ametonimias del intersticio -como la calle, el 'deambular', o el tráfico- ha adquiridouna relevancia superior a la que se le había dado en años anteriores. Este hechose debe a que la ciudad no es solamente una construcción material y física,también es un espacio que alberga pensamientos, creencias, costumbres,tradiciones, hábitos y formas de vida del individuo que la habita, que nostestimonian sobre
las identidades y culturas
que conforman el apego a loslugares urbanos.
 
N
o son extraño, por lo mismo, que contemporáneamente vuelve a plantearse en elcentro de los estudios culturales y comunicacionales la aproximación a la ciudaddesde los espacios domésticos y desde los espacios públicos, éstos últimosconsiderados como los lugares del surgimiento de una cultura propia de la ciudad;los problemas de la ciudad como textura de vida pública, sociabilidad y urbanidad;los nuevos modos de relacionarnos, integrarnos y distinguirnos en los lugarespúblicos que expresan la existencia de diversas matrices culturales cuyos³actores´ participan activamente en la conformación de la cultura urbana(REGUILLO, Rossana.1993); la concepción del espacio y los tipos sociales deintermediación -mucho más allá de la calle, la plaza y el parque- como escenariosde conflictos por aquello que la sociedad produce y por las maneras de usarlo, por consiguiente, lo que significa el ejercicio de la
ciudadanía
a través de las
prácticas de consumo cultural
, el cual desborda la esfera de las interaccionespolíticas clásicas sujetas a las reglas abstractas de la democracia.
 
En ningún otro territorio se hace tan visible lo que la crisis de la modernidad tienede envergadura histórica; es en las ciudades donde se percibe la mutabilidad deun orden consideradas hoy por muchos como aglomeraciones de caos, violencia y
 
contaminación, imposibles de manejar; la crisis de una organización del espacio ydel tiempo urbanos pensados en términos de información/tráfico/flujo peatonal querevelan ahora con frecuencia los estigmas de su mayor pobreza.
 
La crisis de la modernidad, tal como nos indica Jesús Martín-Barbero (1994),arrancó en la ciudad, por tanto, ha pasado ser ese lugar clave en el cual se hacemás evidente que ningún otro
³
la crisis de lo público´
:
el estallido de lo queentendíamos por vida, ambiente y "enclaves" públicos dentro del conjunto de laciudad, para comprender las fuentes de identidades que se encuentran ancladasen ella. De esta manera, hoy en día la conducta pública es más acerca deobservar y el conocimiento que se adquiere en público es más visualdesembocando en la paradoja moderna de visibilidad y aislamiento, una claseespecial de
espacio de apariencia
(BRILL, Michael. 1992). De igual forma, loprivado y lo público se entremezclan; el horizonte simbólico de los espaciospúblicos de comunicación se ha desplazado hacia el consumo familiar de lasnuevas tecnologías de información y medios de comunicación en el ámbitodoméstico.
 
Pese a ello, las ciudades siguen funcionando como poderosos imanes que atraenuna heterogeneidad de culturas, costumbres y expectativas cada vez máspolíglota, abigarrada y en permanente cambio. Se puede hablar de una crisis, perono acerca de la pérdida de la vida pública sino de los problemas de no haberlepuesto atención en forma crítica a su transformación, como si la
cultura
de
laciudad
por la que vivimos, pensamos y actuamossignificativamente en la vidasocial y, las
imágenes
de
la ciudad
que organizan, nombran y definen el uso delespacio público urbano fuesen exclusivamente asunto de burócratas, leyes,ordenanzas municipales y arreglos organizacionales de mayor o menor cuantía.
 
Más que nunca, la ciudad sé esta volviendo una especie de encrucijada dondepercibimos que se concentran, sintetiza y contradicen la mayoría de lasdimensiones que se afirman sobre una comunidad interpretativa; esto es, redesdel intercambio plural donde todos participamos en la configuración de un país queaspiramos a vivir en común. Al volvernos más sensibles a la exigencia de una
ciudad como acontecimientocultural 
que permita el desarrollo de una visión de transformación a largo plazode la vidapública que
hable
a
la ciudad
en una perspectiva histórica, todo ellopara intentar asegurar un idioma identificativo territorial según el uso y lainteriorización que de una práctica hace el hombre en la construcción imaginariade su propia urbanización social, esto supone que ya no existen análisis sobre lamulticulturalidad urbana de la ciudad que pueda prescindir de los espacios -nosolamente definidos por los caracteres empíricos de la naturaleza- por dondetransitan y se apropian de la memoria colectiva quienes lo habitan.
 
Una de las maneras de comprender lo que son las ciudades como³acontecimientos públicos´ son mirándolas
como espacio de comunicación.
 Alrespecto, nos señalan Schmucler y Terrero (1992)
:
 
 
 
...´ un estudio adecuado de la ciudad, en nuestra época, exigiría analizar el papel que cumplen los actuales medios masivos de comunicación en laconformación de la vida urbana.(...) la ciudad es, fundamentalmente, unespacio de comunicación. Desde sus orígenes esta característica, ser unespacio de comunicación, ha permanecido inalterado. Lo que ha idocambiando -a veces de manera drástica- es el alcance de lo que seentiende por comunicación. La concepción del espacio, la percepción delsentido de la ciudad, los modelos imaginados para la construcción hábitat,los rasgos atribuidos a la cultura urbana, podrían ser vistos comovariables derivadas de este principio estructurante de la ciudad
:
lacomunicación.´
(1)
 
De tal manera, que es imposible entender hoy, lo que pasa en los medios decomunicación, lo que hacen e incluso el poder de los mismos, sin mirar desde loque esta ocurriendo en las transformaciones y apropiación de lo urbano.La definición histórica de lo urbano no está hecha sólo por los cambios en losvolúmenes de lo edificado sino también por la transformación en los usos, en laspercepciones, representaciones e imágenes que la gente se hace de su ciudad.Todos los habitantes de una ciudad manifiestan una imagen particular acerca deella; esta imagen es construida a partir del uso y la apropiación que el individuorealiza de los bienes, servicios y actividades que le ofrece su entorno, es decir, delconsumo que se efectúe de la ciudad. Y, esto significa, que estudiar los espaciospúblicos como acontecimiento cultural comunicacional implica admitir que en
elconsumo de la ciudad
se construye parte de la racionalidad comunicativa eintegrativa de una sociedad. Se suele imaginar el consumo como un lugar de losuntuario y lo superfluo. Sin embargo, al consumir la ³ciudad cultural´ también sepiensa, se elige y reelabora el sentido social de lo público; como afirman MaryDouglas y Baron Isherwood (1990),
el 
consumo
³ 
sirv 
e p
ara
pe
nsar´ 
. Pero además,sirve para ordenar políticamente cada sociedad ya que es un proceso en el cuallos deseos se convierten en demandas
del
³
nosotros´
y en actos socialmenteregulados (García Canclini,
N
éstor. 1995, a) a través de diversos ritos einstituciones sociales.De modo que, uno de los principales argumentos para justificar la importanciaactual de los estudios culturales y comunicacionales de la ciudad desde laperspectiva del consumo cultural radica en que nos permiten reconocer cómo sehan alterado las formas de ser ciudadanos a partir de los cambios que operan enlos comportamientos culturales de la gente, particularmente por el uso de lasnuevas tecnologías de información y medios de comunicación que inciden en lasmodificaciones de las expectativas, en las modalidades de percepción -tanto entrelos productores como entre los consumidores- así como en la manera deapropiarnos de los espacios públicos que dan sentido de pertenencia a través delos cuales una sociedad puede re-conocerse.
 

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