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 Bosquejo Para Una Postura Construccionista en Terapia Familiar
Pedro Vargas AvalosFES Zaragoza, UNAMVivimos la última década de nuestro siglo. Los valores que alguna vez experimentamos comoeternos no encajan más en lo que ocurre en el presente. Aquello que pensamos como lacerteza última (prueba empírica) es ahora una de muchas formas de pensar lo cierto. Tenemosun crecimiento en el interés por pensar los temas teóricos en oposición a los empíricos. Lascríticas hacia el modo de pensamiento conocido como científico lo reubican como uno devarios modos posibles de pensar lo cierto. Los discursos de cientificidad, tan prolíficosdurante este siglo, se encuentran entonces compartiendo el campo del saber con discursoscientíficos referentes a aquello que ocurre en la contemporaneidad, en nuestro presente. Estaconmoción en el saber que visualizamos de manera más amplia en los ámbitos intelectuales yculturales alcanza de manera particular a las distintas disciplinas y la nuestra (la psicología)no está libre de estas transformaciones.Las dimensiones en las que se han presentado estos discursos críticos de nuestro presente hanestado con frecuencia vehículados por una reflexión histórica. Por una interrogante de lasformas en que aquello que aceptamos ahora como cierto se fue constituyendo a lo largo deltiempo. Dentro de la psicología y en particular, en su práctica clínica quiero aproximarme auna visón que hoy en día llamamos Terapia Sistémica y comentar algunos aspectos de suconstitución que ahora nos permiten plantear formas de pensar "lo psicológico" que van másallá de los eventos que se dan dentro de los cráneos de los seres humanos.Hacia los años 50's en California, un equipo de investigación guiado por Gregory Batesondesarrolló dos constructos teóricos que vendrían a funcionar como principios del trabajoterapéutico con orientación sistémica. La hipótesis del doble vínculo y la familia como unsistema homéostatico. Si bien la hipótesis del doble vínculo es fundamental para concebircomo las formas de interacción humana (cuyo vehículo es la comunicación) son un elementode suma importancia para pensar el trastorno psicológico en términos interaccionales; es lametáfora del sistema la que me interesa enfatizar en este breve y apenas bosquejado recuentohistórico.En el año de 1956 aparece el artículo "Hacia una teoría de la esquizofrenia" publicado por elequipo de Bateson. En este texto se presenta una aproximación teórica al problema de laesquizofrenia donde se desplaza el foco de atención original de las explicaciones etiológicastradicionales (centradas en la psique o mente del enfermo) y se pasa al ámbito de lacomunicación interpersonal. Este desplazamiento constituiría una separación con respecto almodelo médico vigente donde el trastorno se demarcaba como una patología mental. Pensar eltrastorno psicológico de una manera diferente fue posible gracias a la metáfora del sistema, lametáfora cibernética, que habría de guiar el trabajo terapéutico sistémico los siguientes 30años.Recordemos a la Cibernética como "la ciencia de la comunicación y el control" caracterizadoeste último como un proceso de autorregulación mediante ciclos de retroalimentación. Lafamilia vista en la perspectiva clínica sistémica se constituía como un conjunto de elementosasí como las relaciones entre esos elementos y a partir de ellos es como se mantiene laidentidad u organización del sistema. La familia estaría constituida por un conjunto de reglasy relaciones que le permitirían asumirse como tal. El retomar esta metáfora en el campo de la
 
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práctica clínica hizo que se reconceptualizara de un modo diametralmente diferente un temacentral: El síntoma.El síntoma pasaba a ser algo que formaba parte de un ciclo homéostatico que permitía que seestabilizara la familia y no más como un atributo individual. En esta lógica la desviación odiferencia que establecía el síntoma en la familia era lo que hacía posible un reajuste y que lafamilia permaneciera como unidad. Esta adopción tuvo como consecuencia que se recurriera afiguras o metáforas espaciales que nos permitieran explicar al sistema como una entidad quepermanecía igual mientras cambiaba. Tenemos así conceptos como homeostasis, calibración,circularidad, que hacen referencia a esa secuencia cibernética de autoajuste.Visto de este modo hace 30 años obtuvimos un desplazamiento del modelo médico y seconsiguió pensar aquello que llamábamos "trastorno psicológico" (o síntoma de acuerdo almodelo médico) ya no en términos de los eventos que ocurren dentro de la cabeza. Se pasa apensar el trabajo clínico ahora en términos de las formas y secuencias de interacción personalen los que estamos inmersos. Esta perspectiva dentro del trabajo clínico fue fundamental parael desarrollo de enfoques dentro de la terapia familiar como el modelo estratégico, elsistémico o el orientado a la solución del problema. Sin embargo la complejidad que suponeel trabajo clínico hoy en día nos lleva a crear otras opciones. Si antes la metáfora orgánica delsistema nos permitió una explicación términos de interrelaciones, ahora una metáforadiferente nos propone la posibilidad de ampliar nuestra perspectiva y formas de pensar lapráctica clínica. La metáfora a la que me quiero referir es la de la Narrativa. Sin embargoantes reseñaré el contexto teórico donde es posible la emergencia de esta metáfora.Mientras se pensó el trabajo clínico con la metáfora del sistema nuestro espacio terapéutico sevio inmerso en circularidades, "circularidades eternas", que en una lógica recursiva permitíael ciclo de estabilidad de nuestras unidades de interrelación familiar. Su manejo lleva a pensaral terapeuta como el individuo encargado de modificar el ciclo "disfuncional" y proveer a lafamilia con la ayuda necesaria para regresar a una interrelación mas "funcional". Se asumíaque el terapeuta podía, gracias al permanecer fuera del sistema familiar, conocer la verdaderanaturaleza de las relaciones "disfuncionales" que se le presentaban como "síntoma". Elterapeuta sistémico que pretendió abolir la linealidad del modelo médico y rechazó laposibilidad de asumir una única causa para el trastorno que encontraba, reaprendía a caminarcomo dios y creía conocer sin el menor recurso a la duda como se daba en un sistema(familia) el patrón disfuncional (síntoma) e incluso asumía la decisión de cual habría de ser ladirección del cambio a conseguir.Durante los años 80's se viene a presentar una corriente de discursos críticos que se enfrentana este dilema en la práctica de la terapia sistémica. Si en los 50's fue posible unconceptualización diferente del trastorno psicológico gracias a una forma de aplicar elpensamiento Batesoniano, en los 80's encontramos otra posibilidad en lecturas diferentes delmismo Bateson, y en el trabajo de biólogos especializados en el campo de la ciencia cognitivacomo Humberto Maturana y Francisco Varela, lingüistas como Ernest Von Glasersfeld,epistemologos como Heinz von Foerster, antropólogos como James Clifford e incluso haciadentro de nuestra propia disciplina en el trabajo de Kenneth Gergen. Su crítica se presentacomo una forma totalmente diferente de conceptualizar nociones que nuestro sentido comúnhabía adoptado como evidentes o cuando menos incuestionables. Nociones como "lo real", "laobjetividad", "el sujeto" o la "historia" son incluidos en una esta corriente de pensamiento quereestructura nuestro pensar de "lo psicológico".En términos generales el contexto de discusión en que encontramos estos discursos críticos enel de la epistemología. El cuestionamiento explícito se dirige a la pregunta "¿cuales son lascondiciones bajo las cuales es posible un conocimiento verdadero?" En este punto el trabajo
 
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de los biólogos Humberto Maturana, Francisco Varela y el epistemologo Heinz von Foersternos permite plantear algunas líneas de este pensar crítico. Ellos se interrogan por laposibilidad de un mundo independiente al observador, sus investigaciones referentes al modoen que el cerebro procesa la información. El cerebro no procesa la información el sentidoanálogo al de una cámara fotográfica sino a través de la identificación de diferencias. El actoperceptual no se constituye en términos de un mapeo de los objetos exteriores hacia un puntoen el cerebro sino en el calculo de las diferencias que se registran en las superficies, texturas oespacios. El cerebro constituye conjuntos de invarianzas que se identifican como objetossólidos que experimentamos como lo que está ahí y que llamamos "objetivo". Sin embargosería imposible saber como es "realmente" lo que se percibe antes de que sea procesado por elcerebro. Aquello que señalamos como "objetivo" o "real" sólo se puede asumir cuandocoincidimos con alguien más que confirma nuestro computo de diferencias. De hecho nuestrasideas sobre el mundo son ideas compartidas, según von Foerster, conseguidas a través deconsensos mediados por la cultura y el lenguaje.En este punto es entonces posible decir que aquello que entendemos como "realidad" es elresultado de un juego de interacciones sociales. En la medida que nos relacionamos con elmundo construimos nuestras ideas acerca de él en la conversación con otros individuos. Estemovimiento del juego de interacción sujeto(pensado en términos de conciencia o conducta)mundo hacia una relación lenguaje/mundo nos lleva a focalizar cómo las frases, los discursos,las palabras están inmersas en nuestra vida cotidiana y constituyen formas de vida. Si sepiensa al lenguaje mismo como el resultado de un intercambio social las nociones de "sujeto"o "individuo", "realidad" o "verdad" puede ser entendidas como conjunto de ordenessignificativos que ponen en relación lo material con lo social a través de lo simbólico.El modo concreto como expresamos y pensamos las cosas es el producto de esta interacción yasí aquello que consideramos como proposiciones de conocimiento sobre el mundo sonbásicamente el resultado de esta interacción social.Al considerar la naturaleza de la relación que mantiene al individuo con lo real (ya no con laverdad) en términos de un intercambio social vehículado por los usos del lenguaje se ha deasumir ya no la necesidad de determinar si se tiene un conocimiento preciso o cuales han deser esas condiciones que posibilitan un conocimiento verdadero. No se trata ya de plantearcomo el lenguaje ha de presentar una imagen precisa del mundo.Nos encontramos en el momento de plantearnos otra pregunta que nos oriente en sentido deuna epistemología social a diferencia de una epistemología experiencial. Nos preguntaríamospor ¿Qué (nos) pasa? y se buscaría por el sentido y valor de los entramados simbólicos en losque nos encontraríamos. Nos interrogamos por la constitución histórica de las nociones queasumimos como universales y el modo en que estos conceptos nos constituyen a la vez quelos constituimos en el juego de interrelaciones de un dominio concreto vehículado por ellenguaje.Este contexto teórico que acabo de delinear ofrece de manera específica dos dimensiones quese pueden encontrar como constituyentes de esa metáfora narrativa que se ha de diferenciar dela metáfora orgánica del sistema.Primero podemos señalar un interés creciente en los significados, mientras en la metáforaorgánica del sistema uno de los puntos principales era el énfasis en los intercambiosconductuales en la metáfora narrativa este énfasis se centra en el modo en el que los conjuntosde significados emergen y circulan interminablemente entre los individuos.El segundo punto es el de la temporalidad. En la metáfora orgánica del sistema los referentesa una circularidad y circuitos de retroalimentación muchas veces pasan por alto la dimensión
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