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Introducción antropología y estudios culturales

Introducción antropología y estudios culturales

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Categories:Types, Research, History
Published by: Yezid Montes Almanza on Oct 16, 2010
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11/01/2010

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ALTERIDADES, 19933 (5): Págs. 5-8
 NÉSTOR GARCÍA CANCLINI*
Introducción:antropología y estudios culturales
¿Por qué una revista antropo-lógica dedica un mero a losestudios culturales, ese proyectode superar las ciencias socialesclásicasy fusionarlas eninvestigaciones conjuntas? Unamotivación es el desarrollo pe-culiar que los estudios culturalesvienen dando a ciertas preocu-paciones constitutivas de laantropología: la extensión delconcepto de cultura hastaabarcar la totalidad de los pro-cesos simbólicos especializadosy cotidianos; la crítica del saberacadémico y de los saberes or-dinarios desde una reflexiónsobre la alteridad; el tratamien-to no antagónico de los nculosentre tradiciones y moderni-zación.Pero los estudios culturalesrecolocan estas líneas “antro-pológicas” en los procesosmasivos de multiculturalidad generados por la glo-balización. La corriente llamada estudios culturalesnació en Inglaterra inmersa en las investigacionessobre medios de comunicación y ha tenido su mayordesarrollo en los Estados Unidos dentro de las artescultas” y la literatura. En los últimos años los deba-tes multiculturales y sobre globalización han servidopara incorporar los aportes an-tropológicos y vincular a antro-pólogos y especialistas en hu-manidades con la probleticacomunicacional. Es significa-tivo que algunos prominentesinvestigadores de literatura,por ejemplo Frederic Jameson,Jean Franco y George Yúdiceen los Estados Unidos, BeatrizSarlo y Aníbal Ford en la Ar-gentina, enfoquen sus instru-mentos de análisis literariohacia el análisis de procesosmassmediáticos en sus textosrecientes, como algunos quepublicamos aquí.Mientras en los EstadosUnidos, señala George Yúdi-ce, los estudios culturales semantienen preferentementedentro de las humanidades, enAmérica Latina se desarrollanen las ciencias sociales y con-vocan a los especialistas humanísticos o literarios,como los nombrados, a dialogar con estas ciencias.Yúdice interpreta la mayor versatilidad de los estu-dios latinoamericanos y su disposición a ocupar lasfronteras disciplinarias como una consecuencia delcarácter endeble del sistema universitario en estospaíses y de sus bajos recursos económicos. Pienso quetambién hay que tomar en cuenta que los investiga-dores de América Latina combinamos nuestra per-tenencia universitaria con el periodismo, la militancia
* Profesor-investigador del Departamento de Antropología, UAM-I.
 
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 Introducción: antropología y estudios culturales
política y social, o la asesoría a organismos estatales,todo lo cual posibilita relaciones más móviles con loscampos del saber y de la acción.La caída de tabiques entre las disciplinas, que dealgún modo se correlaciona con “los borrosos contor-nos de la vida social, política y cultural”, genera incer-tidumbre sobre el lugar de los intelectuales, observaJean Franco. ¿Podemos superar la angustia queproduce esta indeterminación declarándonos intelec-tuales globales? ¿Cómo diferenciar globalización denorteamericanización del planeta? ¿Tienen las cultu-ras populares y locales posibilidades de resistir o ne-gociar? La reterritorialización intentada por los latinosen Estados Unidos y por las reacciones nacionalistasfrente a los acuerdos de libre comercio parecen, aveces, modos de conjurar esa angustia. Como en otrostextos que hacen de Jean Franco una de las más in-cisivas analistas de lo que le ocurre a América Latinaal confrontarse con Estados Unidos, y a este país altratar con los latinoamericanos (de fuera y de dentro),dicha autora muestra lo que significa hoy que lasidentidades de unos y otros se construyan en unareciprocidad desigual.Estas cuestiones están presentes en muchasreuniones de artistas, escritores y científicos, perorecuerdo pocos encuentros donde se trabajaran conperspectivas tan diversas como en el efectuado enMéxico, del 3 al 5 de mayo de 1993, cuando se formóla Red Interamericana de Estudios Culturales. Lassesiones se hicieron en la Universidad Autónoma Me-tropolitana, moderno y extraño campus-isla en esavasta zona de la ciudad de México llamada Iztapalapa,que parece un suburbio por su mezcla reciente defábricas y talleres, por su crecimiento atropellado,marginal, y que al mismo tiempo es una de las áreass tradicionales de la urbe.A ratos en español, a ratos en inglés, en portuguésy en combinaciones de las tres lenguas, unos 45estudiosos de esta multiculturalidad experimenta-mos las dificultades de vivir con ella, aunque sólofuera en la atemperada reelaboración de los discursos.Habría que hacer una etnografía de las maneras enque estas reuniones, donde tantas ritualizaciones delprograma buscan neutralizar las asimetrías (equili-brio en cada mesa entre mujeres y hombres, entrenorteamericanos y latinoamericanos, entre humanis-tas y científicos sociales), finalmente dejan irrumpirlas hegemonías y hacen pensar, como decía JeanFranco en su ponencia, que “lo global es, quizá, un eu-femismo” de fuerzas que no se atreven a identificarse.Tal vez lo que diferencia a seminarios como éste deencuentros multiculturales de políticos o empresa-rios no es la menor tensión entre lo global comoproceso objetivo y como eufemización simbólica, sinoque en ciertas reuniones académicas esa tensión esnombrada. Los norteamericanos diseccionaron lasnuevas tácticas retóricas con que la dominación esta-dounidense se presenta como devoción filantrópicapor los derechos humanos, otros cuestionaron que seidealice la resistencia de los subalternos como ca-pacidad transformadora, otros la benevolencia de losantropólogos que “permite a la gente hablar por sí misma”, un gesto que ha procurado brillantes finalesa muchos libros latinoamericanos”.Ese “deseo llamado estudios culturales”, escribióFrederic Jameson, en un texto que no leyó en estareunión, pero que se repartió a los asistentes y por esoincluimos aquí, como algo que formó parte de losdebates, es menos una disciplina novedosa” que elintento de “construir un bloque histórico”. Tal vez estaunificación de los innovadores en la investigación so-bre cultura sea otro recurso para conjurar la angustiao la incertidumbre de la ruptura con los cánones. Laradicalidad de los planteamientos surge de los dra-mas sociales de la multiculturalidad en este fin desiglo, de la insatisfacción hacia las disciplinas quevienen ocupándose de los campos simbólicos, pero engran medida, también, de conflictos por la orientaciónde los estudios y la distribución del poder en las ins-tituciones académicas, sobre todo en los EstadosUnidos. El mapa que traza Jameson de las aperturasy los atrincheramientos de los científicos socialesrespecto del trabajo interdisciplinario es útil para re-pensar la actual definicn de “lo antropológico”. ¿Cómoreformular el trabajo etnográfico cuando se trata nosólo de la formación de la cultura en conexión con unespacio propio sino de procesos de desterritorializa-ción, cuando ya el trabajo de campo no privilegia lasrelaciones de residencia sino –como en los textosrecientes de James Clifford– las relaciones de viaje? Lamigración social como objeto de estudio metafori-zada en las migraciones de una disciplina a otra. Losestudios culturales, para algunos investigadoresdesencantados, como sustitutos del marxismo. La re-formulación de las nociones de
articulación
, de
 popular 
y de la
cultura
como “ensamble de estigmas que ungrupo porta ante los ojos de otro (y viceversa)”, sonalgunos de los apuntes que hacen del texto de Jamesonuno de los más imaginativos en lo que aún puedeleerse sobre los conflictos entre antropología, socio-loa y marxismo.Los artículos de los autores latinoamericanos seinterrogan, ante todo, por las condiciones sociocul-turales en que se formó la modernidad y por las quecondujeron a sus fracasos y transformaciones en estefin de milenio. Las preguntas se vuelven más acucian-
 
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 Néstor García Canclini
comunicacional que deja a la difusión massmediáticala democratización de los bienes. Construir alternativasestéticas apropiadas a esta reestructuración de losmercados simbólicos es mucho más que una cuestiónde artes y gustos; se trata de saber quiénes y de quémodo pueden acceder hoy no sólo al consumo, sino alos trabajos calificados y a la ciudadanía política.De estos cambios en la cultura cotidiana de lasmayorías se ocupa también Jesús Martín-Barbero.Habla desde los estudios comunicacionales, pero in-dica –como ya lo había hecho en sus últimos libros–que esos estudios sólo pueden comprender a los me-dios si los sitúan en el conjunto de “formas de juntarsey de excluirse, de reconocerse y desconocerse”. Lainvestigación comunicacional es vista menos comouna disciplina que como un capítulo, o mejor una di-mensión, del análisis cultural. La agenda que entoncesse dibuja expande el trabajo de los comunicólogos. Sedeben interrogar las nuevas igenes de lo nacionalque surgen en las culturas sin memoria territorialdelos jóvenes; la desarticulación de lo blico y de lasexperiencias urbanas cuando agonizan los espaciostradicionales de encuentro colectivo; los intentos delas culturas electróni-cas de compensar esadesintegración con ima-ginarios de la globali-zación.La crisis sociocultu-ral de la modernidadtiene, además de lasalteraciones suscitadaspor los medios, otra ma-nifestación elocuente:la inadecuación de lasgrandes ciudades alritmo de crecimiento ya las contradiccioneseconómicas de la mo-dernización. Medianteel análisis de dos urbessometidas a muy dife-rentes reestructura-ciones –La Habana y laciudad de México– RaúlNieto Calleja y EduardoNin Bolán examinanqué sucede con las con-tradicciones locales eneste proceso. Estos au-tores revisan algunaspropuestas teóricasefectuadas en Américates en nuestras sociedades, donde los éxitos moder-nos son aún más dudosos. La perspectiva crítica estánutrida en algunos textos por la problemática de Amé-rica Latina: megaciudades agobiantes, reorganizaciónmassmediática de la cotidianeidad, crisis de nuestrasinsatisfactorias democracias. Pero la situación peri-férica puede generar también planteamientos reno-vadores sobre los asuntos que los estudios culturalesvienen tratando en las metrópolis.Así lo comprobamos en el artículo de Roger Bartraque sigue el papel –cambiante– del mito del hombresalvaje. Idea motriz del mundo moderno, ese mito seforma con elementos culturales italianos y alemanes,mezcla tradiciones populares y refinamiento intelec-tual, ingredientes heroicos e irónicos: su composicnhíbrida anticipa muchos
bricolages
característicos dela modernidad. Sus reelaboraciones muestran cómose las arreglan las estructuras míticas para persistiren medio de la racionalización de lo social buscada enlos últimos siglos. Se ha reproducido una y otra vez,como “el más poderoso símbolo imaginado por elOccidente”, en tanto sigue sirviendo para representary “explicarse” a la masa de los otros hombres.Entender la moder-nidad es también tratarde volver inteligible lacoexistencia de institu-ciones como la escuelay los medios masivos.¿Cómo se relacionan laalfabetización y sucrisis con las destre-zas adquiridas en losmedios audiovisualesy electrónicos? Estapregunta lleva a BeatrizSarlo a averiguar, des-de una estrategia disci-plinaria distinta de la
folclórico-antropológica
de Bartra, aunque nola contradice, cómo setransmiten las tradi-ciones culturales le-tradas en un espaciohegemonizado por latelevisión y los video- juegos. Su argumenta-ción busca un caminoentre la confianza ilus-trada en la superiori-dad de la cultura esco-lar y el populismo

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