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Benjamín Constant - “Principios de política aplicables a todos los gobiernos representativos” - copia

Benjamín Constant - “Principios de política aplicables a todos los gobiernos representativos” - copia

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05/12/2014

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PresentaciónLa obra “Principios de política aplicables a todos los gobiernos representativos” de Henri-Benjamin Constant de Rebesque (1767-1830), recopila sus comentarios y observaciones al
 Acta adicional a las constituciones del Imperio
, proclamada el 22 de abril de 1815 durante elperiodo histórico conocido en Francia como
el Imperio de los cien días
.Curiosamente, Constant, quien fuese expulsado de Francia en 1802 por su postura liberaldiscordante con los criterios autoritarios e incluso dictatoriales napoleónicos, terminaríacolaborando con Napoleón en los últimos cien días de gobierno, temeroso de que los enemigosdel emperador instauraran, a su caída, una monarquía absoluta que destrozaría cualquierposibilidad de libertad. Su participacn en la elaboracn del
 Acta adicional a lasconstituciones del imperio
constituyó su desesperado intento para salvar lo salvable delproceso revolucionario francés.No obstante, esta obra -Principios de política aplicables a todos los gobiernos representativos- considerada como un monumento a la mesura en el actuar político, nos pareceterriblemente conservadora e incluso, en ciertos puntos, bárbaramente reaccionaria. Constantnos parece asustado, como un político que ya no está dispuesto a arriesgar absolutamentenada y cuya preocupación se centra única y exclusivamente en conservar lo que posee.Ciertamente esta postura fue, poco a poco, ganando adeptos en una Europa temerosa, entreuna burguesía conservadora alarmada ante los aceleres de sus
hermanos naturales
, losburgueses revolucionarios dispuestos a seguir en la brega iniciada a finales del siglo XVIII ytendentes a universalizar su concepto de revolución.Benjamín Constant se mueve entre esa burguesía conservadora, decidida partidaria delconstitucionalismo monárquico y por ende contraria al constitucionalismo republicano, y dondeirá estableciendo sus
teorías
y
concepciones
, en las que encontrarán una
tablilla de salvación
frente a
los excesos
republicanos.Ahora bien, ante la luz de los acontecimientos actuales, la importancia de este ensayo esmayúscula, puesto que, al igual que hace dos siglos en la vieja Europa, acontece ahora, en laAmérica latina, un proceso político particular que está poniendo los pelos de punta a lasdiferentes burguesías nacionales, espantadas, como antaño lo estuvieron las burguesíasconservadoras europeas, ante el giro que están dando las cosas y la presencia de sectoresburgueses revolucionarios dispuestos a
 jugársela
en peligrosas aventuras.Hoy, al igual que ayer, los clamores en pos de
la moderación
se expanden a lo largo y anchode toda América; y hoy, al igual que ayer los “ tira y afloja” entre
moderados
y
acelerados
están prácticamente a la orden del día.Por esta razón, consideramos que la lectura de este ensayo, puede sernos de bastante utilidada quienes residimos en alguna parte de la América latina.
 
Benjamín Constant
Principios de política aplicables a todoslos gobiernos representativos
Comentarios a la Acta adicional a las constituciones del Imperio del 22 de abril de 1815 
 
PRINCIPIOS DE POLÍTICAPRÓLOGO
Tiende a reconocerse que la actual Constitución, aun después de haber sido aceptada por elpueblo francés, podría ser mejorada en algunas de sus disposiciones. Creo que, si se estudiabien, se podrá comprobar que casi todos sus arculos se ajustan a los principiospreservadores de las asociaciones humanas y favorecen la libertad. Pero no es menos útil yrazonable
dejar a los poderes constituidos
la facultad de perfeccionar el acto quedetermina sus atribuciones y fija sus relaciones recíprocas.Sostuve en alguna ocasión que,
en la medida en que toda Constitución es la garantía de lalibertad de un pueblo, todo lo que está implícito a la libertad es constitucional, y no lo escuanto la ignora
; que extender una Constitución a todo implica multiplicar los peligros que laacechan, cerndola de obstáculos; queen la Constitución existen ciertos principiosfundamentales que ninguna autoridad nacional puede alterar, pero que
el consenso
de todasellas puede hacer todo aquello que no se oponga a dichos principios.No será, pues, superfluo examinar nuestra Constitución, tanto en su conjunto como en susdetalles, puesto que, refrendada por el sufragio nacional, es susceptible de perfeccionamiento.En este libro se hallarán con frecuencia, no solo las mismas ideas, sino las mismas palabrasque en mis escritos precedentes. Pronto serán ya veinte años que me ocupo de temaspolíticos y siempre he profesado las mismas opiniones y he enunciado los mismos principios.Lo que pea entonces era la libertad individual, la libertad de prensa, el fin de laarbitrariedad, el respeto de los derechos de todos. Eso mismo es lo que reclamo hoy, con nomenos celo y más esperanza.Si nos limitamos a un examen superficial de la situación de Francia, aparecen en primer planolos peligros que la amenazan. Poderosos ejércitos se levantan contra nosotros. Tanto lospueblos como sus jefes, parecen cegados por el recuerdo. El resto del espíritu nacionalista quelos animaba hace dos años, tiñe todavía, con cierto aspecto nacional, el esfuerzo que de ellosse exige. Pero si analizamos con detenimiento, esos alarmantes síntomas pierden mucho desu gravedad. Hoy ya no es su propia patria lo que esos pueblos defienden; atacan a unanación encerrada en sus fronteras y que no quiere franquearlas, una nación que solo reclamasu independencia interior y el derecho a darse su propio gobierno, como Alemania lo ha hechoal elegir a Rodolfo de Habsburgo, Inglaterra al llamar a la Casa de Brunswick, Portugal al darla corona al duque de Braganza, Suecia al elegir a Gustavo Vasa; en otras palabras, delmismo modo que todas las naciones europeas lo han ejercido en una determinada época,generalmente la más gloriosa de su historia.Hay en las personas una
razón natural
que acaba siempre por reconocer la evidencia, y lospueblos se cansarán pronto de entregar su sangre por una causa que no es la suya. Respectoa nosotros, hay dos sentimientos en que participa la inmensa mayoría de los franceses: elansia de libertad y el odio a la dominación extranjera.
Todos nosotros sabemos tambiénque la libertad no puede venirnos del extranjero
, sabemos también que cualquiergobierno que se reinstaurara bajo sus banderas, se opondría a nuestros intereses y a nuestrosderechos.A esta convicción que impregna nuestros espíritus se suman
todos los recuerdos capacesde despertar el orgullo naciona
l, nuestra gloria eclipsada, nuestras provincias invadidas,los bárbaros a las puertas de París, por no hablar de esa insolencia mal disimulada de los

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