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Zeitgeist

Zeitgeist

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Published by Katrina Scott
El escritor venezolano Teódulo López Meléndez nos da su quinta lectura del nuevo milenio.
El escritor venezolano Teódulo López Meléndez nos da su quinta lectura del nuevo milenio.

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12/24/2012

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Zeitgeist
(Quinta lectura del nuevo milenio)Teódulo López Meléndez
 
 
 
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P
raefatioLa década del presente continuo
Se hacen listados, se reflexiona, se interroga, se enumera. Las arbitrarias mediciones del tiempo parecen obligar al hombre a los balances y a colocarle a algunos períodos denominaciones quelos distingan en la historia. El fin de esta década se celebró equívocamente a finales de 2009, pero llegan las correcciones y de nuevo se hace el trabajo. Se recuerda como bautizamos: ³guerrade los cien días´, ³guerra de los seis días´, y de allí se desata la imaginación.
Time
la designacomo ³Decade from Hell´. ³Década de los trastornos´ alega el periodista Walter Isaacson, ex-editor de la misma revista.Si recordamos bien la preocupación del inicio era la probable alteración de las computadoras por el cambio de milenio y las catastróficas consecuencias que supuestamente se ocasionarían. Vinomás que eso: terrorismo, voladura de las Torres Gemelas, caos financiero. Los años posterioresal fin de la Guerra Fría habían sido de aparente tranquilidad pues todo parecía haberse logradosin luchas globales cuando aparecieron los nuevos fantasmas. La década anterior habíaalmacenado otras crisis económicas como la de los años 90 en los mercados emergentes, en 94 y95 la caída del peso en México o la asiática en el 97.Los que predicen el futuro ahora arguyen que esta década anterior mostró todos los síntomas delo que vendría sin que se hiciese nada. Problemas en los mercados financieros, la agudización delgrave deterioro del medio ambiente, la insurgencia del terrorismo. La eclosión de todos juntos hallevado a otros a hablar de la ³era de la ansiedad´.En Afganistán unos extremistas ponen en duda el poder victorioso del fuego sofisticado de las potencias occidentales. China se abre al capitalismo imponiéndolo desde arriba. Un presidente birracial gobierna Estados Unidos y acomete un proyecto de limarle los dientes a los tigres deWall Street y de darle a sus compatriotas una asistencia sanitaria adecuada a los tiempos. Laglobalización encuentra su justificación en la realidad de su imposición. Europa flaquea por loscuatro costados, mientras los países emergentes no terminan de afinar el despegue.Los territorios se hicieron transnacionales produciéndose, paralelamente a la consolidación de laemigración a las ciudades, la emigración hacia los advertidos Estados-nación. El trabajo sefraccionó cada vez más y pequeñas piezas se fabrican en lugares muy distantes unos de otros. Yla virtualidad se hizo humana. Las redes sociales la establecieron de manera contundente: amigosvirtuales, reuniones virtuales, transacciones virtuales. El asunto es que el otro no es más que unnombre o un seudónimo en una computadora. La pregunta sobre qué es verdad adquirió unainsospechada preeminencia. El autor de ciencia-ficción David Brin es lapidario: llama a estadécada ³Noughty-aughts´ (de cero y nada). Si uno piensa en Web 2.0, mapa genético,manipulación de embriones, nanotecnología, sociedades hiperconectadas, energías alternativas,debe mirar a la realidad social, política y económica que muestra señales de un mundo entransición que anticipa escenarios confusos. Y sobre todo debe mirar a la esterilidad del pensamiento.
 
 
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Sobre el siglo XIX se fijaron las miradas de Tocqueville, Heine, Marx, Burkhard y Nietsche, por ejemplo. Hablaban de una sociedad inmersa en una crisis de legitimación crónica. El siglo XXdio paso a una pléyade de pensadores en medio de los conflictos más atroces. En este inicio delsiglo XXI, antes que proclamar de nuevo la muerte de Dios, Stephen Hawking lo que hace es proclamar la muerte de la filosofía. Ahora lo que está deslegitimado y requiere con urgencia de pensamiento son las formas políticas. Hay que revisar, reafirmar o negar sus premisas básicas,desde la manifestación política de la filosofía. El momento es de transición con una caída de los partidismos conocidos y con un proceso de desideologización terminal. Algunos hablan hasta delfin de las constituciones.Los discursos siempre giraron sobre la falta de legitimación. También ahora, con uncuestionamiento drástico a la representación, pero las teorías políticas decimonónicas tuvieron unefecto retardado, pero lo tuvieron, mientras en esta época vislumbramos la escasez de lo teóricoy un esfuerzo no sólo por retener el presente sino, incluso, uno destinado a regresar a las viejasformas. Tenemos que admitir que las soluciones definitivas no existen y por ello hemos llamadoa la democracia un ininterrumpido proceso de interrogación ilimitada. El tiempo presente hadeterminado la imposibilidad de lo que denominaremos la parábola de la innovación y unainterrogación muy profunda sobre la posibilidad de cambiar lo humano a través de la praxis política. El punto es que comienza a hablarse de la pospolítica, mientras otros nos empeñamos enun rediseño de la democracia. La crisis se debe a la caída de las viejas maneras de la política,sólo superable con un llamado a un retorno de la misma necesariamente envuelto en nuevasconcepciones que pasan por un llamado a la ciudadanía activa.La confusión es la norma, pero abajo, en la praxis constante, encontramos una que no semodifica y se niega a ser modificada, con las mismas aberraciones y contratiempos que nos hanllevado en esta década a las conclusiones que manifestamos. Nos referimos a la ausencia de laconcepción política, a un conjunto de ideas que puedan reestructurar el aparato democrático. Sien la crisis de lo político estamos señalando la década que termina es menester, entonces, plantear la repolitización como el camino, no sin advertir o recordar que el vacío está siendollenado por algunas praxis revolucionarias disfrazadas de innovación del presente siglo y queirremediablemente conducen a la reaparición totalitaria.La defensa y progreso de los derechos humanos había tomado una aceleración que parecíadeterminar los tiempos, pero la lucha antiterrorista los ha golpeado seriamente. La reciente crisiseconómica ha replanteado la necesidad de la actividad reguladora. Las virtudes de laglobalización ±por contraste con sus múltiples peligros- están siendo duramente golpeadasespecialmente en Europa. La aparente calma ±excepción hecha de las guerras locales que aún selibran- se debe fundamentalmente a la inexistencia de algo o de alguien que se aproveche. Saltan por los aires nacionalidad, partidos, viejas construcciones y las respuestas provienen de prácticasde antaño o de encerramiento a ultranza en las maltrechas formas del presente. No es novedadalguna que los hombres se estén aburriendo de la política. Hemos hablado constantemente de uncambio de paradigmas que constituye, cierto es, una exigencia de cambio en las disposicionessubjetivas capaces de alterar el vector político. Ello se refiere, claro está, a que la descreencia setransforme en la convicción de crear realidad desde el pensamiento y desde un ejercicio colectivode la inteligencia. No hay una conciencia político-filosófica de la posmodernidad. Hasta elúltimo momento del siglo XX vivimos la obviedad de la crisis del constitucionalismo, del

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