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Krishnamurti_Jiddu_-_Comentarios_sobre_el_vivir_primera_se

Krishnamurti_Jiddu_-_Comentarios_sobre_el_vivir_primera_se

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05/04/2014

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COMENTARIOSSOBRE EL VIVIR 
Primera serie del libro de notas de
J. KRISHNAMURTI
Recopilado por 
D.
RAJAGOPALSEPTIMA EDICIONEDITORIAL KIER, S.A.AV. SANTA FE 12601059 BUENOS AIRES
 
Titulo del original inglésCOMMENTARIES ON LIVING, first series© Copyright 1956, por K & R FoundationReservados todos los derechos sobre este libro, ninguna parte del cual podrá utilizarse o reproducirse en forma alguna sin autorizaciónescrita, excepto en el caso de breves citas, incorporadas en artículos y revistas. Para información dirigirse a: K & R Foundation. P. O.Box 37, Ojai, California 93023, U.S.A.Ediciones en español:Editorial KIER S.R.L., Buenos Aires, 1960Editorial KIER S.A., Buenos Airesaños: 1971 - 1974 - 1978 - 1982 - 1987 - 1991Libro de edición argentinaISBN: 950-17-1130-7Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723© 1991 by Editorial KIER S.A., Buenos AiresImpreso en la ArgentinaPrinted in Argentina
 
TRES PIADOSOS EGOISTAS
E
L
 
OTRO
 
DÍA
vinieron a verme tres devotos egoístas. El primero era un
 sanyasi
, un hombre que había renunciado almundo; el segundo era un orientalista que creía firmemente en la fraternidad; y el tercero era un convicto forjador de una maravillosa utopía. Cada uno de los tres luchaba con ardor por su propia obra y miraba con desdén lasactitudes y actividades de los otros. Cada uno se afirmaba en su propia convicción, se sentía ardientementeapegado a su forma particular de creencia, y los tres, por extraño que parezca, eran crueles.Me dijeron, especialmente el utopista, que estaban dispuestos a negarse o sacrificarse a sí mismos y a susamigos por aquello en que creían. Parecían humildes y suaves, particularmente el hombre de la fraternidad, perohabía en ellos dureza de corazón y esa peculiar intolerancia que es característica del superior. Eran los escogidos,los intérpretes; sabían y estaban seguros.En el transcurso de una seria conversación, el
 sanyasi
dijo que estaba preparándose para su próxima vida. Estavida, declaró, tenía muy poco que ofrecerle, pues él había visto a través de todas las ilusiones mundanas y habíaabandonado los caminos del mundo. Tenía algunas debilidades personales y cierta dificultad para concentrarse,añadió, pero en su próxima vida alcanzaría el ideal que había fijado para sí mismo.Todo su interés y vitalidad reposaban en su convicción de que iba a ser algo en su próxima vida. Conversamosun buen rato, y su énfasis estaba siempre en el mañana, en el futuro. Dijo que el pasado existía, pero siempre enrelación al futuro. Dijo que él era más que un pasaje al futuro, y el hoy interesaba únicamente por el mañana. Si nohubiera mañana, preguntó, ¿para qué esforzarse? Valdría lo mismo vegetar o ser como la apacible vaca.Toda la vida era un continuo movimiento del pasado hacia el futuro a través del momentáneo presente.Debemos usar el presente, dijo, para ser algo en el futuro: para ser sabios, para ser fuertes, para ser compasivos.Tanto el presente como el futuro eran transitorios, pero mañana la fruta estará madura. Insistió en que el hoy no esmás que un peldaño y que no deberíamos estar demasiado ansiosos o demasiado particularizados con él; debemosmantener claro el ideal del mañana y tratar de hacer la jornada con éxito. En síntesis, el presente le causabaimpaciencia.El hombre de la fraternidad era más instruido, y su lenguaje más poético; era experto en el manejo de las palabras, y completamente suave y convincente. También había esculpido un nicho divino para sí en el futuro.Tenía que ser algo. Esta idea le llenaba el corazón, y había reunido discípulos para ese futuro. La muerte, dijo, erauna cosa hermosa, porque nos aproxima a ese nicho divino que hacía posible para él vivir en este triste y feomundo.Sostenía la necesidad de cambiar y embellecer el mundo, y trabajaba con ardor por la fraternidad humana.Consideraba que la ambición, con su secuela de crueldades y corrupciones, era inevitable en un mundo en el que es preciso hacer las cosas; y que por desgracia, si uno deseaba realizar ciertas actividades orgánizativas, tenía que ser un poco severo. La obra era importante porque estaba ayudando a la humanidad, y cualquiera que se opusiese teníaque ser separado —suavemente, por supuesto. Para ese trabajo la organización era de la mayor importancia y nodebía ser estorbada. “Otros tienen sus senderos”, dijo, “pero el nuestro es esencial y quienquiera que se nosinterponga no es de los nuestros”.El utopista era una extraña mezcla de idealista y de hombre práctico. Su Biblia no era la antigua sino la nueva.Creía en la nueva implícitamente. Conocía de antemano el desarrollo del futuro, pues el nuevo libro lo predecía. Su plan era confundir, organizar y realizar. El presente, dijo, está corrompido, debe ser destruido, y fuera de estadestrucción lo nuevo debe construirse. El presente tenía que ser sacrificado por el futuro. El hombre futuro era loque importaba, no el hombre presente.“Nosotros sabemos cómo crear ese hombre futuro”, dijo, “podemos plasmar su mente y corazón; peronecesitamos llegar al poder para hacer algo bueno. Estamos dispuestos a sacrificarnos y a sacrificar a otros paratraer un nuevo orden. Mataremos a cualquiera que se interponga en el camino, pues los medios carecen deimportancia; el fin justifica los medios”.Para la paz final, cualquier forma de violencia podía ser usada; para la final libertad individual, la tiranía en el presente era inevitable. “Cuando tengamos el poder en nuestras manos”, declaró, “emplearemos toda forma decompulsión para hacer posible un nuevo mundo sin distinciones de clase, sin sacerdotes. Nunca nos apartaremosde nuestra tesis central, estaremos fijos ahí, pero nuestra estrategia y nuestras tácticas variarán de acuerdo con lascambiantes circunstancias. Planeamos, organizamos y actuamos para destruir al hombre presente en aras delhombre futuro”.El
 sannyasi
, el hombre de la fraternidad y el utopista, viven todos para el mañana, para el futuro. No sonambiciosos en el sentido mundano, no desean altos honores, riquezas o reconocimiento, pero son ambiciosos enuna forma mucho más sutil. El utopista se ha identificado como un grupo que, según piensa, tendrá el poder dereorientar al mundo; el hombre de la fraternidad aspira a ser exaltado, y el
 sannyasi
a alcanzar su meta. Todosestán preocupados con su propio devenir, con su propia realización y expansión. No ven que ese deseo niega la paz, la fraternidad y la suprema felicidad.La ambición en cualquier forma —para el grupo, para la salvación individual o para la realización espiritual— es acción postergada. El deseo es siempre del futuro; el deseo de llegar a ser es inacción en el presente. El ahora

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