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El Pensamiento Salvaje al Final del Milenio

El Pensamiento Salvaje al Final del Milenio

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CONFERENCIA dictada en la Biblioteca Darío Echandía, Banco de la República, Ibagué; Oct. 22 de 1999
CONFERENCIA dictada en la Biblioteca Darío Echandía, Banco de la República, Ibagué; Oct. 22 de 1999

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Categories:Types, Research, Science
Published by: César Augusto Velandia Jagua on Oct 21, 2010
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EL PENSAMIENTO SALVAJE: ALTERNATIVA EMANCIPATORIAPARA EL FINAL DEL MILENIO
1por César VelandiaCuando se cumplió la mitad de este milenio que agoniza, Europadescubrió que era sólo un mundo entre otros mundos. Pero, sólo muypocos hombres estaban preparados para entenderlo. El espíritu delRenacimiento y el Humanismo que se cocía en la marmita de la historiadesde el
Quatrocento 
, estaban edificados sobre la presunción de queEuropa era el centro de un solo mundo posible. Lo demás, a extramuros,era la barbarie.Se trataba de una noción heredada de los romanos del anteriormilenio, quienes elaboraron tan singular dimensión de su
ego 
cultural: lasfronteras del imperio eran la proyección de los muros de la ciudad de lassiete colinas. Y, según se fuera expandiendo el imperio, se iban corriendolas fronteras mentales de la ciudad. De similar manera, y a medida que seromanizaba el mundo circundante, los otros mundos eran negados comolos
barbarii 
, o sea, los que estaban más allá de las murallas.Quinientos y tantos años después, un europeo común, con un nivelde educación promedio y con acceso a las fuentes tecnológicas de lainformación contemporánea, considera, sin embargo, que los orientales oamarillos, los negros africanos y los
sudacas
, seguimos medrando en la
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Conferencia dictada en la Biblioteca Darío Echandía, Banco de la República, Octubre 22 de 1999,Ibagué
 
 
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periferia del imperio, a extramuros de su ciudad eterna, la capital del sacroimperio romano-germánico. Y por tanto que, como en los viejos tiempos,primero frente a los galos y germanos (que pronto se romanizaron) y luegofrente a los tártaros, los modernos bárbaros de sus extramuros seguimossiendo una amenaza; a tal punto que la xenofobia, que va desde "...
actitudfrente a lo extraño..."
hasta programa político de derechas e izquierdas,se ha convertido en el nuevo
"...espectro que recorre a Europa..."
.El fundamento de ese temor por los extranjeros no es lo que aquí mepreocupa. Mas bien me interesa mirar la versión que, comolatinoamericanos, hemos desarrollado como mirada de nosotros mismospues, sin darnos cuenta, casi, hemos elaborado también una versión de laxenofobia o, más exactamente del racismo. Un racismo que curiosamente,al negar al otro, inadvertidamente también nos niega, en una especie deautofagia.En 1948, apenas pasada la guerra, la Unesco promovió unadiscusión mundial para tratar el tema del racismo. A esa colección detextos --publicada en 1952-- aportó Claude Levi-Strauss un documentoque, tantos años después, sigue siendo una de las mejoresproblematizaciones que se hayan hecho acerca del asunto. Lapreocupación de los organizadores era conjurar la aparición de otrodemonio como Hitler y cómo anticiparse a la formación de movimientos decorte nazista. En dicho documento, titulado "Raza e Historia", Levi-Straussrevela la circunstancia de un hecho que, a pesar de haberla reflexionadohace bastante tiempo, no deja de parecerme curiosa y significativa de lacondición humana: la afirmación que cada quien hace de sí mismo,
 
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mediante el recurso de la negación del otro y que este proceso sea elresultado del desconocimiento o la ignorancia de "lo diferente".Así, la aparición del extraño evoca siempre la remota situación enque dos grupos de cazadores se hallaran frente a frente en la frontera desus propios mundos; ocasión que, antes y ahora, coloca a doscomunidades o sociedades distintas en la alternativa del conflicto y de laguerra. Conflicto, porque ni la tierra, ni el agua, ni los recursos para lasupervivencia diaria son en ningún paisaje ni para ninguna sociedad, tanabundantes como para no advertir al otro como un competidor y por lotanto como un invasor de lo que se considera su territorio habitual, es decirsu espacio vital. Conflicto, porque en definitiva, no es cierto que el mundosea tan ancho ni tan ajeno.La presencia del otro, distinguible porque sus atavíos, sus ademanes,sus tatuajes, sus adornos, sus olores, en fin, sus marcas de identidad quepermiten en cualquier sociedad el reconocimiento mutuo, pues indican lapertenencia a un entorno cultural común, ponen en discusión la posibilidaddel usufructo de los recursos elementales. La presencia del otro, por lotanto,
nos
niega. La respuesta correspondiente, en consecuencia, es
negar la némesis 
, recusar la amenaza, mediante el recurso decaracterizarlo con los signos de todo aquello que se opone a los cánonesestéticos y éticos que rigen la propia sociedad, es decir, en definirlo comola materialización de todos los opuestos al bien y al derecho; por lo tanto,en
satanizarlo
. Esta dialéctica, pues en concreto se trata de
negar lanegación
para generar la afirmación de su propio yo, es eminentementesimbólica y como actuación eficiente, es un hecho del lenguaje.

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