ñalo a este hombre y su mensaje como él apuntó a Cristo. En esta forma sólopuedo cumplir mis deberes ministeriales de servicio a Dios, reconociendo lo queÉl hizo por este mundo del siglo veinte a través de la vida de un hombre. Mi de-seo es familiarizar a todos los que leen esta historia con el carácter, vida yhechos de este hombre elegido de Dios.Este libro es testigo de los milagros que yo he visto y oído, porque Dios real-mente me ha bendecido, y deseo darle a Él la gloria. No me disculparé por la fre-cuente mención que hago del nombre de este hombre, porque yo creo que aúnlas siete letras en su nombre fueron ordenados por Dios: William Marrion Bran-ham, profeta del siglo veinte, hombre de Dios escogido como precursor de la se-gunda venida del Señor Jesucristo.Yo le llamo “Hermano” Branham, porque él dijo, “Si tú me amas, me llamaráshermano,” y estoy dispuesto a cualquier reto que diga que yo no amé realmentea este hermano, este hombre de Dios.Los discípulos Pedro y Juan fueron citados por las autoridades tal como se re-gistra en Hechos 4, golpeados con muchos azotes, y se les prohibió de hablar oenseñar en el nombre de Jesucristo. Su respuesta a sus acusadores fue,
“Juzgad si es justo delante de Dios, obedecer a vosotros antes que a Dios.”
Además, an-tes de que me condenen por este humilde escrito, mis acusadores deberían sa-ber que yo me siento guiado por Dios para hacerlo. Una razón urgente que tengopara hacer esto, es de gratitud a los testigos que caminaron con Jesús. Yo doygracias a Dios por sus registros. Ellos cumplieron el mandamiento después de laresurrección de Jesús en Lucas 24:48,
“Vosotros sois testigos de estas cosas.”
Yose, que si yo hubiera vivido en los días de Jesús, en una tierra lejos de Israel, yalguien viniera a hablarme de Jesucristo, yo apreciaría su fiel testimonio. Así que,creyendo que Dios ha visitado esta generación, yo vengo a decir lo que Él hahecho. Él envió un profeta, y me siento privilegiado de compartir el testimonio deestas cosas que fueron hechas a través de la vida del profeta.Yo confío que he aclarado la responsabilidad que siento al decir lo que he vistoy oído, cumpliendo la comisión de compartir el testimonio de lo que Jesucristo hahecho en mi generación. Aún después de la ascensión del Señor Jesús, los discí-pulos estaban titubeantes, de hacer esto. En Hechos 1:4-8, la Biblia dice queJesús encomendó a los discípulos congregados que no deberían irse de Jerusalénsino esperar por la promesa del Padre, diciendo en el verso 5,
“Porque Juan cier- tamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el espíritu Santo dentro de no muchos días.”
Ellos le preguntaron cuándo sería el tiempo en querestauraría otra vez el reino a Israel, a lo cual les contestó,
“No os toca a voso- tros saber el tiempo y las sazones que el Padre tiene en su sola potestad. Pero recibiréis poder, después que el Espíritu Santo venga sobre vosotros. Y seréis testigos de mí en Jerusalén y en toda Judea y en samaria, y hasta los términos de la tierra.”
De estos versos, yo creo que el ser lleno del bautismo del Espíritu Santo traepoder al recipiente para ir y compartir testimonio de las cosas que Dios le hapermitido a él experimentar y entender en su vida. Sin duda cuando Pedro, Jaco-bo, Juan, y los otros dijeron ciertas cosas, estaban entre los oyentes aquéllosque no creyeron, porque no habían visto, por sí mismos, los milagros. Pero Jesúshabía dicho,
“Sed mis testigos.”
Cuando Tomás fue invitado a satisfacer su dudametiendo su mano en las heridas del Cristo resucitado, se le fue dicho,
“mas bienaventurados son los que no vieron, y aún así creyeron.”
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