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El desafio diplomatico ch

El desafio diplomatico ch

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06/14/2009

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Copyright. Ocho Libros Editores Ltda. Derechos Reservados. Prohibida la reproducción parcial o total de este libro por cualquiermedio impreso, electrónico y/o digital sin la debida autorización escrita del editor y dueños del Copyright.
El desafío diplomático chilenopara una inserción total en el Asia-Pacífico
Juan Salazar,
Embajador de Chile en Nueva Zelanda
on la llegada de un nuevo milenio hemos podido advertir el desarrollo de un doble proceso en el que, por una parte,experimentamos una creciente globalización mundial y, por otra, estaríamos viviendo una nueva era en la política internacional,cuyo principal centro de gravitación tiende a situarse en la región del Asia-Pacífico. La revolución tecnológica y la fuerte interdependenciaentre las economías nacionales están conduciendo a lo primero. Pero, en forma paralela, la presencia actual de una superpotencia sincontrapesos (Estados Unidos), el probable surgimiento en un futuro cercano de una segunda gran potencia (China), la alternativa de queel poderío económico japonés se traduzca también en alguna forma de liderazgo político, el dinamismo de las naciones recientementeindustrializadas del Este Asiático (Corea y los NIC, Newly Indus-trializing Countries), y las iniciativas conducentes a la cooperacióneconómica y a una mayor liberalización comercial en la Cuenca
(APEC)
, son algunos de los factores que parecen configurar lo segundo.
C
Frente a ese escenario, y tras el exitoso encuentro
APEC
2004, debiéramos examinar el nuevo rol internacional que está asumiendoChile en un mundo distinto y en una región geográfica no tradicional para su acción diplomática, un rol esencialmente condicionado por elcabal cumplimiento de los objetivos que se persiguen en el Pacífico, así como por los recursos que el Estado y el sector privado chilenonecesitan destinar para posicionarse mejor política, comercial y culturalmente en la Cuenca.En el ámbito jurídico, no cabe duda que Chile debe continuar ejerciendo un papel importante en el desarrollo del nuevo Derecho delMar y en el futuro de la Antártica. El país tiene que considerar las implicancias de estas dos grandes agendas en sus relaciones con lospaíses ribereños del Pacífico y con respecto a los esquemas de cooperación intrarregional, sobre todo en lo que dice relación con undiálogo transpacífico sobre conservación y protección de los recursos naturales.A su vez, en cuanto a la política multilateral en la Cuenca, el país necesita reforzar su posición en los distintos foros regionales ysubregionales, conforme a nuestros intereses, y profundizar los conocimientos y acciones precisas a emprender. Si bien se hanestablecido las bases para una gestión chilena respetable en la agenda multilateral del Pacífico, la principal dificultad que se encuentra enel camino de la estrategia chilena no es tanto de naturaleza política como simplemente organizativa. Frente a la multiplicación de foros enla región, con sus respectivas instancias de trabajo y discusión, un país pequeño como Chile —empeñado en una estrategia de inserciónmúltiple— tiene grandes problemas para desplegar contingentes de funcionarios, empresarios y académicos suficientes en cantidad ycalidad para responder eficientemente ante las grandes demandas que impone la participación en los asuntos multilaterales del Pacífico.El papel de la política chilena no puede apuntar a la re-fundación de un proceso que ya viene dado por iniciativa de terceros. Se tratamás bien de integrar estrechamente a Chile a este proceso como un miembro activo y como un actor sudamericano de primera línea enlos asuntos de Asia-Pacífico. Por esta razón, Chile debe jugar un rol de “país-puente”; es decir, un país que hace de “eje soldador” entrelas naciones sudamericanas y el resto de la Cuenca. Así, entre otras funciones, tenemos la gran oportunidad de servir como agenteintermediario tanto en la comunicación física y en la vinculación económica, como en la gestación de iniciativas entre el Cono Sur americano —explotando la asociación Chile-Mercosur—, la Oceanía Tropical y el Asia-Pacífico.Entre las diversas acciones que nos cabe implementar en esta dirección está la generación de servicios cada vez más competitivos enmateria de infraestructura física —puertos, aeropuertos y aduanas—; el desarrollo de centros de distribución y transporte; información yestudios de mercados; comercialización y/o reexportación de productos a terceros países; intermediación financiera y créditos a lasexportaciones; canalización de inversiones chilenas y extranjeras; y la gestión empresarial para entablar alianzas estratégicas entrecompañías que permitan desarrollar proyectos comunes.En esa labor de intermediación, Chile debe ser proactivo y un gran propulsor de la liberalización del comercio y las inversiones en elPacífico. Es más, para la consecución de los objetivos económicos reseñados, el país requiere también despertar intereses políticos
 
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afines con los países de esa región. Ello implica interiorizarse y participar más en las iniciativas “asiático-pacíficas”, respaldando losplanes de paz, cooperación y seguridad regionales. En esta perspectiva, la diplomacia chilena necesita realizar un monitoreo más directoy fino de los principales asuntos de la Cuenca.Como es obvio, resultan altamente prioritarias nuestras relaciones bilaterales con los tres grandes de la región: Estados Unidos, Japóny China. El primero sigue siendo el principal mercado para nuestro comercio exterior y un interlocutor esencial en la Cuenca del Pacífico.Con Japón, debemos buscar una relación privilegiada, pues se trata todavía de la economía asiática más importante y es nuestro segundomercado de exportación, así como una fuente importante de capitales y de cooperación técnica que necesitamos explotar aún más. ConChina, la gran potencia emergente, hay que definir ya una política bilateral. De partida, junto con reconocer su nuevo papel internacional,esta política debe mostrar un manejo cuidadoso en temas tan candentes para Pekín como la situación de Taiwán, su cultura para hacer negocios, la propiedad de las compañías sujetas a la inversión extranjera, o los derechos humanos. Por lo demás, las economías deChina y la India constituyen mercados de gran potencialidad para nuestras exportaciones, frente a las cuales habrá que prepararseadecuadamente —con mayor información y contactos—, a fin de obviar sus restricciones naturales, manejar las prácticas comercialeslocales y disponer de la calidad y volúmenes requeridos para competir en dichos mercados.En otro plano, nuestro país debe procurar una coordinación más estrecha con las potencias medianas de la región, que al igual queChile se caracterizan por sus recursos naturales. Australia es una buena ventana al Asia-Pacífico, con una vasta experiencia y totaldedicación al área; Canadá es uno de nuestros buenos socios comerciales, que se ha transformado en una importante fuente de InversiónExtranjera Directa,
IED
, de cooperación y de transferencia tecnológica para Chile; y Nueva Zelanda no sólo ha sabido desarrollar coninteligencia estrategias de marketing internacional para sus productos primarios (frutícolas, forestales, pesqueros, ganaderos y lácteos), alas cuales debiéramos sumarnos, sino que su tradicional competencia con la oferta exportable chilena debiera transformarse más bien enuna alianza para encarar los mercados más grandes. Así, siguiendo el ejemplo de Canadá, nuestro país debería negociar tratadosestratégicos de asociatividad con Nueva Zelanda y Australia.Para cumplir con todos estos objetivos, Chile necesita renovar su modelo diplomático. Sin abandonar necesariamente los principios jurídicos sobre los cuales se han apoyado históricamente las relaciones exteriores chilenas, el tradicional estilo diplomático legalista debedar paso a una diplomacia eminentemente de gestión y prestadora de servicios. Hoy por hoy, las cuestiones ideológicas, propiamentepolíticas o de seguridad militar están siendo desplazadas por un creciente vínculo entre política exterior y política comercial. En virtud deello, la seguridad comercial es casi más importante que la tradicional seguridad militar.En este nuevo contexto, y bajo la conducción de la Cancillería, no sólo hay que institucionalizar mejores instancias de coordinacióncon el resto del aparato público, en especial con los ministerios económicos y con los entes representativos del sector privado, sino queaportar mayores recursos para que la acción diplomática sea realmente efectiva y eficiente. La reestructuración de ProChile en torno aesquemas menos estatistas, una participación más activa de gobierno, empresarios y académicos en la Fundación Chilena del Pacífico, lafocalización de los medios de comunicación, y una mayor dedicación de centros académicos y de investigación, son algunos de loselementos vitales para asegurar nuestros intereses en la Cuenca. Todas esas intancias deben, entre otros fines, hacer un desplieguecoordinado para un mayor desarrollo de la imagen-país de Chile en el Asia-Pacífico a través de misiones, ferias, campañas, concursos,seminarios, intercambios culturales y difusión en medios de comunicación.Pero la política chilena no puede agotarse en una acción meramente económica en la Cuenca. No habrá plena integración chilena alAsia-Pacífico mientras no se produzca una verdadera inserción cultural de nuestro país en la región. Para ello se requiere de un profundocambio de mentalidad en la ciudadanía chilena, a fin de compenetrarnos mejor de la realidad heterogénea de la Cuenca y ser capaces deinterrelacionarnos más intensamente con ella. La herencia cultural eurocéntrica o la influencia dominante norteamericana más reciente,tienden a crear entre los chilenos percepciones occidentales respecto de Asia. Del mismo modo, Chile debe ayudar a los asiáticos adespejar su natural desconfianza respecto de cómo perciben la realidad latinoamericana, que es ante todo fruto del desconocimiento y deestereotipos. Finalmente, una profundización de los contactos políticos y culturales chilenos con las naciones asiáticas servirá para que, através de nuestra propia integración con América Latina, seamos un “puente” natural entre ambas riberas de la Cuenca.Todo este gravitante cambio de mentalidad sólo podrá lograrse a través de un trabajo multidisciplinario en la educación y los mediosde comunicación nacionales. Entre las variadas acciones que cabría emprender en este campo, conviene evaluar —entre muchas otras—las siguientes:Promover a Isla de Pascua como un centro artístico-cultural y de investigación para el Pacífico Insular, proveyéndola de los recursos y dela infraestructura necesarios.Constituir tanto en Santiago como en otras regiones del país verdaderos centros de estudios asiáticos, incentivando especialmente a losgremios y empresas del sector privado.

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