criaturas que se agitan y multiplican en una gota de agua. Con infinita complacencia, la raza humana continuaba sus ocupaciones sobre este globo,abrigando la ilusión de su superioridad sobre la materia. Es muy posible que los infusorios que se hallan bajo el microscopio hagan lo mismo. Nadie supuso que los mundos más viejos del espacio fueran fuentes de peligro para nosotros, o si pensó en ellos, fue sólo para desechar como imposible o improbable la idea de que pudieran estar habitados. Resulta curioso recordar algunos de los hábitos mentales de aquellos días pasados. En caso de tener en cuenta algo así, lo más que suponíamos era que tal vez hubiera en Marte seres quizá inferiores a nosotros y que estarían dispuestos a recibir de buen grado una expedición enviada desde aquí. Empero, desde otro punto del espacio, intelectos fríos y calculadores y mentes que son en relación con las nuestras lo que éstas son para las de las bestias,observaban la Tierra con ojos envidiosos mientras formaban con lentitud sus planes contra nuestra raza.
Aunque el argumento de la novela se centra en la terrible invasión de losextraterrestres, la intención de Wells es poner de manifiesto la autosuficiencia yla vanidad del hombre, seguro de sí mismo, de su fuerza y su inteligencia. Dehecho, llama la atención el contraste entre la tranquilidad con que, al principio,continúa la vida cotidiana de los humanos, y su ignorancia de las enormesproporciones de la catástrofe. Esa suficiencia se concreta para Wells en la formade vida de la sociedad victoriana en Inglaterra a finales del siglo XIX y en supolítica colonialista. La destrucción que causan los extraterrestres, viene a decirWells, es comparable a la que ha causado el ser humano.Tras este prólogo, Spielberg nos presenta al protagonista: descargacontenedores en un muelle, conduce temerariamente, llega tarde al encuentro consu ex mujer y con sus hijos (el mayor, Robbie, ni siquiera lo saluda), no se presta aayudar a su hija pequeña, Rachel, con su equipaje (debe hacerlo su ex mujer,embarazada), su casa es un caos, la nevera está casi vacía… Bastan estas pinceladaspara describir al personaje y al ambiente: una familia desestructurada, desprovistade vínculos afectivos, y un padre incapaz de ejercer como tal (la escena en quepadre e hijo juegan al béisbol muestra el distanciamiento –más bienenfrentamiento- entre ambos; de paso, también la desidia del padre: se va adormir; si quiere comer, su hija deberá encargar la comida). En adelante, lastensiones no dejarán de crecer a la vez que el mundo se derrumba a su alrededor,pero precisamente esta situación límite obligará a Ray, el padre, a convertirse enpadre, a proteger a sus hijos de la pesadilla que se avecina. La lucha por lasupervivencia traerá consigo la reconstrucción de los lazos familiares rotos.La pesadilla no tarda en comenzar: violentas tormentas eléctricas, unaextraña nube en el cielo, un viento que sopla en dirección a la tormenta, todo ellomostrado en unos inquietantes planos picados (que sugieren, visualmente, laperspectiva de los de fuera, los que nos vigilan). Esa inquietud es percibida enprimer lugar por Rachel, la niña advierte lo que el padre aún no percibe, aunque notardará en darse cuenta de la gravedad de la situación:
llueven
los rayos (“no oigo
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