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Guerra De Los Judíos Tomo 2

Guerra De Los Judíos Tomo 2

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01/05/2013

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1
 Las Guerras de los Judíos
 
Flavio Josefo
 
Libro Segundo
 
Capítulo I
De los sucesos de Herodes, y de la venganza del Águila de oro que robaron.
 
Principio fue de nuevas discordias y revueltas en el pueblo, la partida de Arquelao para Roma;porque despu
és
de haberse detenido siete d
ías en el luto y llantos acostumbrados, abun
dando lascomidas en la pompa a todo el pueblo (costumbre que puso a muchos jud
íos en pobreza, porque
ten
ían por impío al que no lo hacía); salió al templo vestido de una vestidura bl
anca, y recibido aqu
í
con mucho favor y con mucha pompa
él también, asentado en un alto tribunal, debajo de un dosel de
oro, recibi
ó al pueblo muy humanamente; hizo a todos muchas gracias, por el cuidado que de la
sepultura de su padre hab
ían tenido, y por 
la honra que le hab
ían hecho a él ya como a rey de ellos;
pero dijo que no quer
ía servirse, ni del nombre tampoco, hasta que César lo confirmase como a
heredero, pues hab
ía sido dejado por señor de todo en el testamento de su padre. Y que por tanto,
queri
éndole los soldados coronar, estando en Hiericunta, no lo había él querido permitir ni consentir en
ello, antes resisti
ólo a la voluntad de todos ellos. Pero prometió, tanto al pueblo como a los soldados,
satisfacerles por la alegr
ía y voluntad que le habí
an mostrado, si el que era se
ñor del Imperio le
confirmaba en su reino; y que no hab
ía de trabajar en otra cosa, sino en hacer que no conociesen la
falta de su padre, mostr
ándose mejor con todos en cuanto posible le fuese. Holgándose con estas
palabras el pueblo, luego le comenzaron a tentar pidi
én
dole grandes dones; unos le ped
ían que
disminuyese los tributos; otros que quitase algunos del todo; otros ped
ían con gran instancia que los
librase de las guardas. Conced
íalo todo Arquelao, por ganar el favor de
l pueblo.Despu
és de hechos sus sacrificios, hizo grandes convites a todos sus amigos. Pero después de
comer, habi
éndose juntado muchos de los que deseaban revueltas y novedades, pasado el llanto y
luto com
ún por el rey, comenzando a lamentar su propia ca
usa, lloraban la desdicha de aquellos queHerodes hab
ía condenado por causa del águila de oro que estaba en el templo. No era este dolor 
secreto, antes las quejas eran muy claras; sent
íase el llanto por toda la ciudad, por aquellos hombres
que dec
ían ser m
uertos por las leyes de la patria y por la honra de su templo. Y que deb
ían pagar las
muertes de
éstos aquellos que habían recibido por ello dineros de Herodes; y lo primero que debían
hacer, era echar aquel que
él había dejado por Pontífice, y escoger otr 
o que fuese mejor y m
ás pío, y
que se deb
ía desear más limpio y más puro.
Aunque Arquelao, era movido a castigar estas revueltas, deten
íale la prisa que ponía en su partida,
porque tem
ía que si se hacía enemigo de su pueblo, tendría que no ir o detenerse
por ello. Por tanto,trabajaba m
ás con buenas palabras y con consejo apaciguar su pueblo, que por fuerza; y enviando al
 
 
2
Maestro de Campo, les rogaba que se apaciguasen. En llegando
éste al templo, los que levantaban y
eran autores de aquellas revueltas, antes que
él hablase hiciéronlo volver atrás a pe
dradas; y enviandodespu
és a otros muchos por apaciguarlos, respondieron a todos muy sañosamente; y si fuera mayor el
n
úmero, bien mostraban entre ellos que hicieran algo.
Llegando ya el d
ía de Pascuas, día
de mucha abundancia y gran multitud de cosas para sacrificar,ven
ía muchedumbre de gente de todos los lugares cercanos, al templo, a donde estaban los que
lloraban a los Sofistas, buscando ocasi
ón y manera para mover algún escándalo.
Temiendo de esto Arquelao, antes que todo el pueblo se corrompiese con aquella opini
ón, envió un
tribuno con gente que prendiese a los que mov
ían la revuelta. Contra éstos se removió todo el vulgo
del pueblo que all
í estaba: mataron mu
chos a pedradas, y salv
óse el tribuno con
gran pena, aunquemuy herido. Ellos luego se volvieron a celebrar sus sacrificios como si no se hubiera hecho mal alguno.Pero ya le parec
ía a Arquelao que aquella muchedumbre de gente no se refrenaría sin matanza y
gran estrago; por esta causa envi
ó tod
o el ej
ército contra ellos; y entrando la gente de a pie por la
ciudad toda junta, y los de a caballo por el campo, y acometiendo a la gente que estaba ocupada enlos sacrificios, mataron cerca de tres mil hombres, e hicieron huir todos los otros por los montes de all
í
cercanos; y muchos pregoneros tras de Arquelao, amonestaron a todos que se recogiesen a suscasas. De esta manera, dejando atr
ás la festividad del día, todos se fueron; y él descendió a la mar 
con Popla, Ptolomeo y Nicolao, sus amigos, dejando a Filipo por procurador del reino y curador de lascosas de su casa.Sali
ó también, juntamente con sus hijos, Salomé y los hijos del hermano del rey, y el yerno, con
muestras de querer ayudar a Arquelao a que alcanzase y poseyese lo que en herencia le hab
ía sido
dejado; pero a la verdad no se hab
ían movido sino por acusar lo que se había hecho en el templo
contra las leyes.V
ínoles en este mismo tiempo al encuentro, estando en Cesárea, Sabino, procurador de Siria, el
cual ven
ía a Judea por guardar el d
inero de Herodes; a quien Varr
ón prohibió que pasase adelante,
movido a esto por ruegos de Arquelao y por intercesi
ón de Ptolomeo. Entonces Sabino, por hacer 
placer a Varr
ón, no puso diligencia en venir a los castillos, ni quiso cerrar a Arquelao los tesor 
os ydinero de su padre; pero prometiendo no hacer algo hasta que C
ésar lo supiese, deteníase en
Ces
área.
Despu
és que uno de los que le impedían se
fue a Antioqu
ía, el otro, es a saber, Arquelao, navegó
para Roma. Yendo Sabino a Jerusal
én, entró en el Pa
lacio Real, y llamando a los capitanes de laguarda y mayordomos, trabajaba por tomarles cuenta del dinero y entrar en posesi
ón de todos los
castillos; pero los guardas no se hab
ían olvidado de lo que Ar 
quelao les hab
ía encomendado, antes
estaban todos muy vigilantes en guardarlo todo, diciendo que m
ás lo guardaban por causa de César 
que por la de Arquelao.Antipas, en este mismo tiempo, tambi
én contendía por alcanzar el reino, queriendo defender que el
testamento que hab
ía hecho Herodes antes del postrer 
o era el m
ás firme y más verdadero, en el cual
estaba
él declarado por sucesor del reino, y que Salomé y muchos otros parientes que navegaban con
Arquelao, hab
ían prometido ayudarle en ello.
Llevaba consigo a su madre y al hermano de Nicolao, Ptolorneo, el cual le parec
ía ser hombre
importante, seg
ún lo que le había visto hacer con Herodes, porque le había sido el mejor y más amado
amigo de todos. Confi
ábase también mucho en Ireneo, orador excelente y muy eficaz en su hablar, lo
 
 
3
cual fu
é por él tenido en t
anto, que no quiso escuchar ni obedecer a ninguno de tantos como le dec
ían
y aconsejaban que no contendiese con Arquelao, que era mayor de edad y dejado heredero porvoluntad del
último testamento.
Vinieron a
él de Roma todos aquellos cercanos parientes y
amigos que ten
ían
odio con Arquelao ylo ten
ían muy abo
rrecido, y principalmente todos los que deseaban verse libres y fuera de todasujeci
ón, y ser regidos por los gobernadores romanos; o si no
pod
ían
alcanzar esto, quer
ían a lo
menos haber rey a Antipas.Ayud
ábale a Antipas en esta causa mucho Sabino, el cual había acusado por cartas escritas a
C
ésar, a Arquelao, y había loado mucho a Antipas. De esta manera Salomé y los demás que eran de
su parecer, di
éronle a César las acusaciones muy por orden, y el
anillo y sello del rey, y el regimiento yadministraci
ón del reino,
fue presentado a C
és
ar por Ptolomeo. Entonces pensando muy bien en loque cada una de las partes alegaba, entendiendo la grandeza del reino y la mucha renta que daba,viendo la familia de Herodes tan grande, y leyendo las cartas que Varr
ón y Sabino le habían escrito,
llam
ó a todos los principales de Roma, juntólos en consejo, cuyo presidente quiso que fuese entonces
Cayo, nacido de Agripa y de Cayo, e hijo suyo adoptivo, y di
ó licencia a
las partes para que cada unaalegase su derecho.Antipatro, hijo de Salom
é, que era orador de la causa con
tra Arquelao, propuso la acusaci
ón,
fingiendo que Arquelao quer
ía mostrar que trataba de la contienda del reino solamente con palabras;
porque a la verdad, ya ven
ía había muchos días que había sido hecho rey, y ahora por tratar maldades
delante de C
ésar y cavilaciones, no habiendo antes querido aguardar su juicio; y que él determinase
qui
én quería que fuese el suce
sor de Herodes. Porque despu
és que é
ste fue muerto, habiendosobornado a algunos para que lo coronasen, asentado como rey en el estrado y debajo el dosel real,hab
ía, en parte, mudado la orden de la milicia y gente de guerra, y parte también había quitado de las
rentas; y adem
ás de todo esto
 
él había con
sentido, como Rey, todo cuanto el pueblo ped
ía: librado a
muchos culpados de culpas muy graves, que estaban puestos en la c
árcel por mandado de su padre; y
hecho todo esto, ven
ía ahora fingiendo que pedía a su señor el reino, habiéndose ya an
tes alzado contodo, por mostrar que C
ésar era señor, no de las cosas, sino de sólo el nombre.
Acus
ábale también de que había fingido el luto y llantos tan grandes por su padre, haciendo de día
muestras y vistas de dolor y gran tristeza, y bebiendo de noche como en bodas, en banquetes yconvites. Dec
ía, finalmente, que el pueblo se había movido y revuelto por estos tan grandes
esc
ándalos suyos. Confirmaba toda su acusación con aquella multitud de hombres que dijimos haber 
sido muertos alrededor del templo; porque
éstos, habiendo venido para celebrar, según su costumbre,
la fiesta, fueron muertos y degollados estando todos ocupados en sus sacrificios; y que hab
ían sido
tantas las muertes dentro del templo, cuantas jam
ás vieron acaecer en alguna otra guerra
por genteextranjera, por grande y por cruel que hubiese sido. Sabiendo tambi
én Herodes la crueldad de éste
mucho antes, no le pareci
ó jamás digno de darle esperanza de su reino, sino cuando ya estaba loco,
con el
ánimo más enfermo que el cuerpo, ignorand
o tambi
én a quién hiciese heredero y sucesor en su
segundo testamento; principalmente no pudiendo acusar en algo al que hab
ía dejado en el primer 
testamento por sucesor suyo, estando con toda sanidad, as
í del cuerpo como del ánimo.
Pero para que cualquiera piense y crea haber sido a que postrer juicio de
ánimo doliente y muy
enfermo,
él mismo había echado y desheredado de la real dignidad a Arquelao porque había cometido
y hecho muchas cosas contra ella. Porque,
¿qué tal podían esperar que sería, si César 
la dejaba yconced
ía la dignidad real, aquel que antes de concedérsela había hecho tan gran matanza? Habiendo
Antipatro dicho muchas cosas tales, y habiendo mostrado por testigos a muchos de los parientes queestaban presentes en todo cuanto lo hab
ía acu
sado, acab
ó.

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