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Pablo - Su Vida Y Sus Epístolas

Pablo - Su Vida Y Sus Epístolas

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01/05/2013

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La Vida de San Pablo
 
James Stalker Índice:
 

Capítulo 1: Lugar de Pablo en la Historia
 

Capítulo 2: Su Preparación Inconsciente Para Su Obra
 

Capítulo 3: Su Conversión
 

Capítulo 4: Su Evangelio
 

Capítulo 5: La Obra Que Aguardaba al Obrero
 

Capítulo 6: Sus Viajes Misoneros
 

Capítulo 7: Sus Escritos y Su Carácter 
 

Capítulo 8: Cuadro de Una Iglesia Paulina
 

Capítulo 9: La Gran Controversia de Pablo
 

Capítulo 10: El Fin
 
 
Cap
ítulo 1
 
LUGAR DE PABLO EN
 
LA HISTORIA
 
El hombre necesitado por el tiempo
Hay algunos hombres cuya vida es imposible estudiar sin recibir la impresi
ón de
que fueron enviados al mundo expresamente para hacer una obra demandada por lasexigencias de la
época en que vivieron. Por ejemplo, la historia de la Reforma no puede
ser le
ída sin admirar la disposición providencial por la que hom
bres tan grandes comoLutero, Zwinglio, Calvino y Knox se levantaron simult
áneamente en diferentes p
artes deEuropa con el objeto de romper el yugo del papado y publicar de nuevo el evangelio degracia. Cuando el avivamiento evang
élico, después de haber sido de bendición para
Inglaterra, estuvo pr
óximo a romper en Escocia y terminar el triste reino del
 
Moderatismo, se levant
ó con Tomás Chalmers una inteli
gencia capaz de absorber porcompleto el nuevo movimiento y de bastante simpat
ía e influencia para difundirlo hasta
en los m
ás remotos confines de su país natal.
 Ninguna vida mejor que la del Ap
óstol S
an Pablo ha producido esta impresi
ón de
que venimos hablando. El fue dado al cristianismo cuando
éste se hallaba en los
primeros momentos de su historia. El cristianismo, en verdad, no era d
ébil, y ningún
hombre puede ser considerado como indispensable para aquel, pues llevaba en s
í
mismo el vigor de una existencia inmortal y divina que no pod
ía menos de revelarse en
el curso del tiempo. Pero si reconocemos que Dios hace uso de los medios que serecomiendan aun a nuestros ojos como adaptados al fin que tiene delante, entoncesdebemos decir que el movimiento cristiano, en el momento en que se present
ó San
Pablo en la palestra, necesitaba en extremo de un hombre de extraordinarias dotes,quien, pose
ído de genio, lo incorporase en la historia general del mundo
; y en Pabloencontr
ó al hombre que nece
sitaba.
Un tipo del carácter cristiano
 El cristianismo obtuvo en Pablo un tipo incomparable del car
ácter cristiano. En
verdad, ya pose
ía el modelo perfecto del carácter humano en la persona de su
fundador; pero
é
l no fue como otros hombres, porque nunca tuvo que luchar con lasimperfecciones del pecado; y el cristianismo necesitaba a
ún demostrar lo que podía
hacer de la naturaleza humana imperfecta. Pablo proporcion
ó la oportunidad para de
-mostrar esto. Naturalmente era de gran fuerza y alcance mental. Aun si nunca hubierasido cristiano siempre habr
ía sido un hombre notable. Los otros apóstoles ha
br
ían
vivido y muerto en la oscuridad de Galilea si no hubieran sido elevados a un lugarprominente por el movimiento cristiano; pero el nombre de Saulo de Tarso hubiera sidorecordado bajo alg
ún carácter, aun cuando el cristianismo nunca hubiera existido. En
Pablo el cristianismo tuvo la oportunidad de demostrar al mundo toda la fuerza quetra
ía consigo. Pablo esta
ba convencido de esto, aunque lo expres
ó con perfecta
modestia cuando dijo: "Por esto fui recibido a misericordia para que Jesucristomostrase en m
í el primero toda su clemencia para ejemplo de los que habían de creer 
en
él para vida eterna".
 Su conversi
ón probó el poder del cristianismo para destruir las más fuertes
predisposiciones y estampar su propio tipo en una gran naturaleza por una revoluci
ón
tan instant
ánea como permanente. La personalidad de Pablo era tan fuerte y original,
que de cualquier hombre se hubiera esperado, menos de
él, un cambio tan completo;
pero desde el momento en que tuvo contacto con Cristo qued
ó tan dominado por su
influencia que por todo el resto de su vida su deseo dominante fue el de ser un meroeco y reflexi
ón de Aquel pa
ra el mundo. Pero si el cristianismo demostr
ó su fuerza por 
la tan completa conquista que hizo de Pablo, no demostr
ó menos su valor en la clase
de hombre que de
él hizo, cuando Pablo se entregó a su influencia. Satisfizo las
necesidades de una naturaleza peculiarmente hambrienta, y nunca, hasta el fin de suvida, revel
ó en lo más mínimo que esta satisfacción hubiese disminuido. Su
constituci
ón original estaba compuesta de materiales; finos: pero el Espíritu de Cristo,
pasando a ellos, los levant
ó a un grado
de excelencia del todo sin igual. Ni a
él mismo
ni a otros le fue dudoso que la influencia de Cristo le hiciera lo que
él fue. El verdadero
 
lema de su vida ser
ía su propia frase: "y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí". En
verdad, Cristo fue tan perfectamente formado en
él que podemos estudiar el carácter 
de Cristo en el suyo; y los principiantes tal vez pueden aprender mucho m
ás de Cristo
por el estudio de la vida de Pablo que por la de Jes
ús. Había en Cristo mismo una
concurrencia tal de todas las excelencias que impidi
ó que su grandeza fuera
vislumbrada por el principiante a la manera como por la perfecci
ón misma de las
pinturas de Rafael quedan decepcionados los ojos sin educaci
ón cuando las ven. En
Pablo, en cambio, unos pocos de los m
ás grandes
elementos del car
ácter cristiano
estuvieron expuestos con tan clara determinaci
ón que ninguno puede dudar de su
existencia, as
í como las características más prominentes de las pin
turas de Rubenspueden ser apreciadas por cualquier espectador.
El pensador del cristianismo
 En segundo lugar, el cristianismo obtuvo en Pablo un gran pensador. Por elmomento esto era especialmente lo que necesitaba. Cristo hab
ía partido del mun
do, yaquellos a quienes dej
ó para que le representaran eran pescadores sin instr 
ucci
ón, y la
mayor parte sin ninguna notabilidad intelectual. En un sentido, este hecho demuestrauna gloria peculiar del cristianismo, porque prueba que no debe el lugar que tiene comouna de las grandes influencias del mundo a las habilidades de sus representanteshumanos: no por fuerza, ni por poder, sino por el Esp
íritu de Dios se estableció el
cristianismo en la tierra. Sin embargo, si miramos al pasado, claramente podemos vercuan esencial era que un ap
óstol de educación y carácter diferentes se leva
ntara.Cristo una vez por todas hab
ía manifestado la gloria del Padre y había completado
su obra expiatoria. Pero esto no era suficiente. Era necesario que el objeto de suvenida se explicara al mundo.
¿Quién era el que había estado aquí? ¿Qué fue lo que
precisamente hizo? A estas preguntas los primeros ap
óstoles podían contestar con
respuestas breves y populares; pero ninguno de ellos ten
ía el alcance intelectual o la
disciplina mental necesarios para responder satisfactoriamente al mundo de lasinteligencias. Felizmente no es esencial a la salvaci
ón poder contestar a tales
cuestiones con exactitud cient
ífica. Hay muchos que conocen y creen que Jesús fue el
Hijo de Dios y muri
ó para la remisión de los pecados, y que confiando en El como en su
Salvador son purificados por la fe, pero que no podr
ían explicar estas afirmaciones sin
caer en equ
ívocos en casi cada frase. Sin embargo, si el cristianismo había de hacer 
una conquista tanto moral como intelectual del mundo, era necesario para la iglesiahaberse explicado exactamente la completa glor
ía de su Señor y el significado de su
obra salvadora. Por supuesto, Jes
ús había tenido en su mente una comprensión tanto
de lo que fue como de lo que hizo, tan clara como la luz del sol. Pero era uno de losaspectos m
ás
pat
éticos de su ministerio terrestre el hecho de que no podía declarar 
toda su mente a sus seguidores. Ellos no eran capaces de llevarla; eran demasiadorudos y limitados para entenderla. Jes
ús tenía que llevarse del mundo sus más
profundos pensamientos sin haberlos expresado, confiando con una fe sublime en queel Esp
íritu Santo guiaría su iglesia en el curso de su desarrollo
subsiguiente. Aun lo que
él expresó fue entendido muy imperfectamente. Había una inteligencia, es cierto, en el
c
írculo original d
e los ap
óstoles, de las más bellas cualidades y capaz de remontarse a
las mayores alturas de la especulaci
ón. Las palabras de Cristo penetraron en la mente

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