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el renacimiento terminó con las conquistas femeninas de los siglos XI al XIII

el renacimiento terminó con las conquistas femeninas de los siglos XI al XIII

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03/25/2013

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el renacimiento terminó con las conquistas femeninas de los siglos XI al XIII
 
La mujer en el Medievo?
La frase misma evoca inmediatamente en lamente de cada cual una serie de imágenes más o menos variadas peroque, en su conjunto, se resumen en lo siguiente: el Medievo es la granépoca oscura y medio bárbara (en oposición a la época que seguirá y serállamada «Renacimiento») de opresión de los «menudos» por un puñadode feudales, de los hombres por la Iglesia y de las mujeres por todos. Enseguida se mencionan, conjuntamente, el cinturón de castidad, el«derecho de pernada», la persecución de las brujas y el famoso «concilio»del año 585, en el cual se llegó incluso a discutir -entre hombres- si lamujer poseía o no alma.
 
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e hecho, la situación así examinada no parece muy favorable a la mujer; y las «circunstancias» querodean la vida en la Edad Media del ser humano en general: inseguridad, guerras, epidemias, hambres,peso del poder feudal, tradición jurídica heredada a la vez de los romanos y del derecho germánico, yfinalmente poder ideológico de la Iglesia, no pueden sino resultar todavía más perjudiciales a la partefemenina de la población. Y así es, desde luego, en la Alta Edad Media: el marido puede matar a suesposa adúltera después de perseguirla a latigazos, desnuda, a través del pueblo. La multa impuesta alasesino de una mujer es la mitad del precio de la muerte de un chico hasta los 14 años (época de lafertilidad femenina), superior al del varón entre los 14 y 20 y, a partir de los 20 años, seis veces inferior.La mujer sierva o esclava no puede casarse fuera del dominio de su señor y, si lo hace, sus hijos seránrepartidos entre su señor y el de su marido. La mujer no elige, por supuesto, marido, pero acepta el queha escogido su padre o su «linaje» por brutal, viejo o, al contrario, joven y amante que sea. De todasformas, corre siempre el riesgo de ser violada por algún bandido o por un señor rebelde y enemigo, deser raptada, o de ser repudiada y condenada al convento si no a la muerte, según el buen parecer ydeseo del hombre en general y del suyo en particular.Eternamente menor de edad, la mujer pasa del «poder» de su padre al de su marido y no puedeactuar nunca sin el permiso o la «licencia» de este varón. y no Hablemos finalmente de las condicionesde vida y existencia de la mujer de un labrador, de un miserable artesano en las ciudades, o de lasviudas que componen la gran mayoria de la población pobre socorrida en las ciudades del final de laEdad Media. Tal es, más o menos, el retrato somero del destino de la mujer en el Medievo. El hecho deque, al mismo tiempo, estos largos siglos de «oscurantismo» -unos diez siglos- hayan presenciado laaparición del culto de la Virgen María (siglo XII); que hayan fomentado la poesía de los trovadores, las«cortes de amor» y el amor cortés; y que hayan sido jalonados por figuras femeninas, reales o ficticias,como las de Eloísa, de Isolda, de Maria de Molina o de Juana de Arco, no consigue sobreponerse a la«leyenda negra» que no ve más, en la época medieval, que cadenas; cinturones de castidad, tornos opotros, «derecho de pernada» y en general, una denegación total de la mujer hasta como ser humano.Se deduce así, lógicamente, que desde la Edad Medía hasta nuestros días, el transcurrir de los años,decenios y siglos ha significado una evolución positiva, continua, ascendente de la mujer, tanto en lo quetoca a la visión que de elja tiene la sociedad como la que ella lleva sobre sí misma. A lo largo de estaevolución, que se inicia en la «nada», en lo que sería el punto cero -la Edad Media-;- para llegar anuestros días, algunas épocas como el Renacimiento y el Siglo de Las Luces jugarían un papelfundamental en la «!iberación» de la mujer, hasta desembocar en la aparición del «feminismo» con lassufragistas de fines de siglo pasado, inicio a su vez de los movimientos actuales.
 
Sin embargo, si dejamos de lado estos conceptos «prefabricados» -heredados a menudo del sigloXIX romántico, y generalmente asimilados sin crítica previapara asomarnos un momento a la realidadmedieval que se transluce de un estudio riguroso y científico, el panorama cambia.
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erecho de pernada
 
Sin ir más lejos, empecemos con este famoso «ius primae noctis» o derecho de la primera noche,vulgarmente llamado derecho de pernada. Este derecho existió efectivamente, escrito u oral, en elcorpus jurídico medieval. En la práctica, no se atestigua más que en la época en que" se ha convertido amenudo en el pago de una cierta cantidad monetaria al señor por el campesino que se casa; en loscasos en que este derecho señorial no fue transformado en un censo más, la «ceremonia» consistía enque el señor -literalmente- franqueaba de una zancada el cuerpo de la novia y recibía a cambio un par degallinas o un bote de miel.Si examinamos además esta costumbre «bárbara» y «arcaica» a la luz de los estudios etnológicosactuales, nos damos cuenta de que, en muchas sociedades llamadas primitivas, existe una especie de«tabú» de la sangre virginal en el momento de la desfloración; siendo ésta una operación que liberafuerzas malignas, al liberar sangre, se la confía a menudo a manos investidas de más poder -mágico,religioso u otro-, como las del padre o de la madre de la chica, del sacerdote-brujo, de un extranjero o del jefe de la tribu.Enfocado así, nuestro famoso «derecho de pernada» no es más que la supervivencia, en unasociedad todavía no cristianizada en profundidad, de unos ritos ancestrales de tabú de la sangre virginal;y deja por lo tanto de ser una manifestación más de la opresión sádica y arbitraria que ejercería el señor sobre su inferior .No olvidemos, por otra parte, que el señor suele vivir dentro de un grupo que incluye su familia en elsentido amplio, sus criados de ambos sexos y tos niños nacidos en el castillo, legítimos o bastardos(como lo demuestran las últimas investigaciones del historiador francés Georges Duby), y que las noviasde sus siervos o campesinos no deben aparecernos como siempre guapas y jóvenes; en una sociedadrural que padece hambre y epidemias, se las puede más fácilmente imaginar como prematuramentemarcadas, sucias, cubiertas de piojos y pulgas y, por lo tanto, seguramente poco apetecibles. Al señor,en general, le debía ser mucho más provechoso convertir esa «obligación» de su parte en una rentamás, a pagar por el novio en el momento de la boda.Otra «leyenda negra» achacada a la Edad Media: la persecución de las brujas por la Inquisición que,después de torturarlas, las enviaba inevitablemente a la hoguera al mismo tiempo que los gatos o gallosnegros. La realidad, no obstante, resulta ser algo diferente. Desde el siglo VI, en numerosos concilios, secondena a los que creen en la brujería, en los demonios familiares de las prácticas mágicas y en lassupersticiones en general; condenación moral cuya repetición revela a la vez su ineficacia y, a fin decuentas, la escasa importancia que le daba la Iglesia a ese «pecado». A lo largo de los siglos X a XIII,los «penitenciales» -o manuales para los confesores- sólo dictaban rezos y penas monetarias para esoscasos. Se puede considerar pues que ésta fue la actitud -moderada- y la opinión extendida durante lamayor parte de la época medieval en lo que concierne a la brujería. Pero ¿y las persecuciones? ¿ y lashogueras? A este respecto, tenemos que constatar que las mayores persecuciones «anti-brujas» soncontemporáneas, no del Cid Campeador, de Raimundo Lulio o de Pedro el Cruel, sino de Miguel Angel,de Erasmo y de Cervantes.La época más negra, que iluminan las hogueras de brujas, es el siglo «renacentista», cuya ideologíase basa en un «manual del perfecto inquisidor de brujas», el
Malleus Maleficarum,
escrito en 1486 por los Dominicos alemanes: de esa fecha en adelante, el «herético», paradójicamente, es el que
no cree
enla existencia de los demonios, de los maleficios, de la brujería, de los brujos y brujas, de lasmetamorfosis y del aquelarre. Los grandes siglos de la brujería vasca, estudiada por Julio Caro Baroja,
 
son el XVI y el XVII. La opinión general del medievo que ve en el brujo un resto de paganismo, y en laque se dice poseída por el demonio una enferma que hay que llevar al santo para que la cure, se tiñeentonces de un extraño matiz «moderno». Admitido esto, queda una objeción fundamental: la Edad Media, fundamentando su argumentación enlas actas del «Concilio» de Mâcon, llegó hasta plantearse el problema de si la mujer tenía o no teníaalma. Curiosamente, esta mención del tema de los debates del dicho concilio no apareció sino en unescrito anónimo holandés publicado en el siglo XVI; tema éste cuyo éxito no se desmintió hasta nuestrosdías. ¿Misógino hasta este punto, el Medievo? Averigüémoslo. En primer lugar, en el año del Señor de585 no se reunió ningún «concilio» -que se comprende como reunión de la Iglesia en su mayoría-; tuvolugar, eso sí, un Mâcon, un sínodo provincial, o sea, la reunión de los clérigos de una diócesis o de unaprovincia para discutir problemas eclesiásticos, y no teológicos.El estudio de las actas de este famoso sínodo no revela en ningún momento que se haya planteado ydiscutido el tema de la existencia del alma de la mujer. Tenemos que recurrir al primer historiador-cronista de la época franca, a Gregorio de Tours; para encontrar lo que puede haber originado muchomás tarde la interpretación que conocemos. Gregorio de Tours nos dice, en efecto, que en medio de losdebates que se llevaban en latín, uno de los presentes -sin duda con problemas para con los idiomas engeneral y el latín en particular- se extrañó de que el término «homo» (hombre) se aplicara también a lamujer. Un latinista nunca hubiera cometido este error lingüístico de confundir el término «homo» que seaplica al hombre en general, o sea, al ser humano, con el vocablo «vir» que designa específicamente alvarón. El problema era pues lingüístico y no filosófico. Pero -y seguramente muy a pesar de su autor- lafrase iba a hacer fortuna. Una fortuna que, seamos justos, empieza en él siglo XVI con este escritomisóginó holandés -muy de acuerdo por otra parte con el pensamiento renacentista sobre la mujer-,crece durante el siglo XVIII y, cuando la Revolución francesa, vuelve a repetirse en una petición de lasmujeres en 1848 y no ha menguado hasta nuestros días. ¿El Concilio de Mâcon? Una invencíónmoderna.
«D
eficiencia de la naturaleza»
El estudio de la «condición femenina» en la Edad Media nos deja percibir una realidad que, lejos deser simple en su negatividad, se revela como mucho más compleja. En el proceso de acercamiento aesa realidad de la mujer medieval, señalaremos en primer lugar el marco jurídico e deológico en el cualse desenvuelve su vida, antes de detenernos un momento en la realidad «social» y en la realidad«personal» de esta vida.El Derecho medieval, heredero del Derecho romano y del Derecho germánico, y cuyo ejemplo máselaborado es el derecho feudal, a pesar de sus variedades y divergencias, suele considerar a la mujer como a un ser menor de edad, «incapaz» en general. En los países de derecho oral basado sobre lascostumbres, quizás más emparentado con la legislación germánica, no se reconoce la tutela paternasobre la mujer mayor de edad, pero sí la potestad marital. En los países de derecho escrito -quecorresponden a la Europa meridional: Italia, Península Ibérica, Sur de Francia-, a la «potestas» del padresigue la del marido. La mujer, en la mayoría de los casos, no puede disponer de su fortuna, administrar sus bienes, o presentarse ante un tribunal; para cualquiera de estas gestiones, la presencia de unhombre -padre, marido, hermano o tutor- es imprescindible. Esta incapacidad jurídica total de la mujer puede parecernos muy arcaica; no olvidemos, sin embargo, que hace poco más de siglo y medio, elllamado Código Napoleónico la consagraba y le daba una nueva vida, que perdura 10davía en sus líneasmaestras.Junto al Derecho, la ideología dominante -para utilizar términos actuales- se mostraba más quehostil a la mujer. La Iglesia Romana, basándose en numerosas referencias bíblicas, asimilando ladoctrina culpabilizadora de San Agustín y dirigiendo finalmente el aristotelismo en el siglo XIII,promociona a nivel social lo que se puede considerar como una gran campaña «antifeminista», A pesar 

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