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Principios Elementales de la Filosofia, Georges Politzer

Principios Elementales de la Filosofia, Georges Politzer

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01/08/2013

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P
RINCIPIOS
E
LEMENTALES
 
DE
F
ILOSOFÍA
Georges Politzer
 
Prefacio
El manual elemental de filosofía que publicamos aquí, reproduce las notas tomadas por unode sus alumnos en los cursos dictados por Georges Politzer en la Universidad Obrera durante el añoescolar 1935-1936. Para que se comprenda su carácter y alcances es necesario precisar en primertérmino el objetivo y el método de nuestro camarada.La Universidad Obrera había sido fundada en 1932 por un pequeño grupo de profesores paraenseñar la ciencia marxista a los trabajadores manuales y darles un método de razonamiento que lespermitiera comprender nuestra época y orientar su acción, tanto en su técnica como en el terrenopolítico y social.Desde el comienzo, Georges Politzer se encargó de enseñar en la Universidad Obrera lafilosofía marxista, el materialismo dialéctico, tarea tanto más necesaria por cuanto la enseñanzaoficial continúa ignorando o desnaturalizando esta filosofía.Ninguno de aquéllos que tuvieron el privilegio de asistir a esos cursos -año tras año élhablaba a un numeroso auditorio en el que se mezclaban todas las edades y profesiones, pero dondepredominaban los jóvenes obreros- podrá olvidar la profunda impresión que sentían ante esemuchachón pelirrojo, tan entusiasta y tan sabio, tan concienzudo y tan fraternal, tan interesado enponer al alcance de un público inexperto una materia árida e ingrata.Su autoridad imponía a su curso una disciplina agradable, que sabía ser severa peromanteniéndose siempre justa, y de su persona se desprendía una tal potencia vital, una talirradiación, que era admirado y amado por todos sus alumnos.Para hacerse comprender bien, Politzer comenzaba por suprimir de su vocabulario toda jergafilosófica, todos los términos técnicos que sólo pueden mtender los iniciados. Únicamente queríaemplear palabras sencillas y conocidas por todos. Cuando se veía obligado a servirse de un términoraro, no dejaba de explicarlo ampliamente mediante ejemplos familiares. Si durante las discusionesalguno de sus alumnos empleaba palabras sabias, lo reprendía y se burlaba de él con esa ironíamordaz que le conocían bien todos los que se le han acercado.Quería ser sencillo y claro y siempre apelaba al sentido común, sin sacrificar nunca, sinembargo, ni un ápice de la exactitud y de la verdad de las ideas y teorías que exponía. Sabía dar asus cursos un carácter extremadamente vivaz haciendo participar al auditorio en las discusionesantes y después de la lección. Procedía así: al final de cada lección, daba lo que él denominaba unao dos preguntas de control; tenían por objeto resumir la lección o aplicar su contenido a algún temaparticular. Los alumnos no estaban obligados a. tratar el tema, pero eran numerosos los que sededicaban a ello y aportaban un deber escrito al comienzo del curso siguiente. Él preguntabaentonces quién había hecho el deber; se levantaba la mano y él escogía a algunos de nosotros paraleer nuestro texto y completarlo si era necesario con explicaciones orales. Politzer criticaba ofelicitaba y provocaba entre los alumnos una breve discusión; después concluía extrayendo lasensefianzas de la discusión. Esto duraba alrededor de media hora y permitía a los que habían faltadoal curso precedente colmar la laguna y establecer la vinculación con lo que habían aprendido antes;también permitía al profesor comprobar en qué medida había sido comprendido. Cuando hacía faltarinsistía sobre los puntos delicados u oscuros.Comenzaba entonces la lección del día, que duraba alrededor de una hora; después losalumnos planteaban preguntas sobre lo que acababa de ser dicho. Estas preguntas eran generalmenteinteresantes y juiciosas. Politzer las aprovechaba para aportar precisiones y retomar lo esencial delcurso bajo un ángulo diferente.Georges Politzer, que tenía un profundo conocimiento de su tema y una inteligencia deadmirable flexibilidad, se preocupaba ante todo de las reacciones de su auditorio: en cada ocasión
 
tomaba la “temperatura” general y verificaba constantemente el grado de asimilación de susalumnos. Por consiguiente, era seguido por ellos con apasionado interés. Él contribuyó a formarmillares de militantes y de ellos son numerosos los que hoy ocupan puestos “responsables”.Nosotros, que comprendíamos el valor de esta enseñanza y que pensábamos en los que nopodían escucharla, y particularmente en nuestros camaradas de las provincias, anhelábamos lapublicación de sus cursos. Él prometía pensar en ello, pero, en medio de su inmenso trabajo, nuncaencontraba tiempo para realizar este proyecto.Fue entonces que durante mi segundo año de filosofía en la Universidad Obrera, donde sehabía creado un curso superior, tuve ocasión, de pedir a Politzer que me corrigiera algunos deberes,y le entregué a pedido suyo mis cuadernos del curso. Los encontró bien hechos y yo le propuseredactar, de acuerdo a mis notas, las lecciones del curso elemental. Me alentó a hacerlo,prometiéndome revisadas y corregirlas. Desgraciadamente no encontró tiempo para ello. Susocupaciones eran cada vez más pesadas y dejó el curso superior de filosofía a nuestro amigo RenéMaublanc. Yo puse a éste al corriente de nuestros proyectos y le pedí que revisara las primeraslecciones que yo había redactado. Él aceptó diligentementey me alentó a terminar ese trabajo queluego debíamos presentar a Georges Politzer. Pero llegó la guerra; Politzer debía encontrar unamuerte heroica en la lucha contra el ocupante hitleriano.Aunque ya no contemos con nuestro camarada para completar un trabajo que él habíaaprobado y alentado, hemos creído útil publicarlo. Nuestro amigo Jean Kanapa, profesor defilosofía, ha tenido la bondad de leerlo y corregir en sus detalles el texto que yo había redactadoantes de 1939 de acuerdo a mis notas del curso.Georges Politzer, que todos los años comenzaba su curso de filosofía en la UniversidadObrera fijando el verdadero sentido de la palabra materialismo y protestando contra lasdeformaciones calumniosas a que algunos la someten, recordaba enérgicamente que el filósofomaterialista tiene ideales y para hacerlos triunfar está dispuesto a la lucha. Después, él supo probarlocon su sacrificio, y su muerte heroica ilustra ese curso inicial en el que afirmaba la unión de la teoríay de la práctica en el marxismo. No es inútil insistir sobre esa devoción a un ideal, esa abnegación yese alto valor moral, en una época en que nuevamente se osa presentar al marxismo como “unadoctrina que transforma al hombre en una máquina o en un animal apenas superior al gorila o alchimpancé”. (Sermón de Cuaresma en Nôtre-Dame de París, pronunciado el 18 de febrero de 1945,por el Rev. P. Panici.)Nunca protestamos suficientemente contra tales ultrajes a la memoria de nuestroscamaradas. Limitámonos a recordar a aquellos que tienen la audacia de proferirlos, el ejemplo deGeorges Politzer, de Gabriel Peri, de Jacques Solomon, de Jacques Decour,
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que eran marxistas yprofesores de la Universidad Obrera de París: todos buenos camaradas, sencillos, generosos,fraternales, que no hesitaban en consagrar una buena parte de su tiempo para ir a un barrio perdido aenseñar a los obreros la filosofía, la economía política, la historia y las ciencias.La Universidad Obrera fue disuelta en 1939. Reapareció poco después de la Liberación conel nombre de Universidad Nueva. Un nuevo equipo de abnegados profesores que reemplazaba a losfusilados fue a reiniciar la obra interrumpida.Nada puede alentarnos más en esta tarea esencial, que rendir homenaje a uno de losfundadores y animadores de la Universidad Obrera, y ningún homenaje nos parece más justo y másútil que publicar ahora los
Principios Elementales de Filosofía
de Georges Politzer.M
AURICE
L
E
G
OAS
1
Todos ellos muertos por los ocupantes nazis a causa de su valerosa actuación en la Resistencia.
(N. del T.)

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