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bulwer lytton edward - la raza futura

bulwer lytton edward - la raza futura

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 La Raza Futura
Sir Edward Bulwer Lytton
 
PROLOGO DEL TRADUCTOR
La novela
 La Raza  Futura,
cuya traducción al castellano ofrecemos a nuestroslectores, es una exploración del porvenir; tanto más sorprendente cuanto fueescrita (1871) en una época en que la ciencia, la mecánica y la electricidad seencontraban en un estado casi embrionario. En esta obra, Lord Lytton se revelacomo escritor de clara intuición, rayana en clarividencia; no de otra manerahubiera podido desplegar ante el lector un panorama del desenvolvimientohumano tan avanzado; el cual, si cuando escribió la obra pudo considerarse comofantasía irrealizable, hoy, ante los progresos de las ciencias, de la mecánica, de laelectricidad aplicada y, sobre todo, de la aeronáutica y la radio, nos ha de parecerno sólo realizable, sino en curso de realización.El hecho mismo de situar en el centro de la tierra el escenario y el medio ambientedel relato es, en cierto modo, simbólico; parece como si el autor quisiera indicarque la humanidad, para alcanzar el grado de perfección de la raza futura y másavanzada, cuyo cuadro nos presenta, tendrá que adentrarse más en sí misma; queha de descubrir todos los poderes en ella latentes; pues sólo así obtendrá la fuerzaVril (tema central de la obra) con la cual conseguirá dominar no sólo a lanaturaleza de las cosas, sino también a la naturaleza inferior del hombre, a la vezque ayudará a éste a descubrir el ser espiritual superior, que realmente es y que,con el tiempo, habrá de manifestarse.En estos tiempos de luchas enconadas, de intereses contra intereses, de idealescontra ideales, y de los sistemas políticos entre sí, el panorama de la raza futura,tal como nos la presenta Lord Lytton, puede ser como luz proyectada sobre el caosen que la humanidad se debate, y haga pensar en un método mejor y más eficazque la violencia, para solucionar los conflictos entre naciones y establecer lasrelaciones humanas sobre una base más justa, más racional y más firme, quepermita reanudar el avance de la civilización. La obra está llena de sugerencias,dignas de que los pensadores las tomen en cuenta.Sir Edward George Bulwer Lytton, primer Barón de Lytton, nació en Londres en1803 y murió en Torquay, Devonshire, Inglaterra, en 1873. Desde temprana edadse manifestó como poeta y dramaturgo. Obtuvo la medalla del Canciller, que seconcedía en la Universidad de Cambridge a los poetas noveles, por un poema quecompuso. Actuó en política; fue elegido repetidamente miembro del Parlamento; yen 1858 fue Ministro de las Colonias con un gobierno conservador. Se le concedióel título de Barón en 1866.Fue un escritor muy versátil. Algunas de las muchas novelas debidas a su pluma,han sido traducidas a varios idiomas; entre las más conocidas figuran:
 Los últimos días de Pompeya
y
Rienzi.
Otra obra notable, por su profundidad, es
 Zanoni,
en lacual Lord Lytton se nos revela como estudiante de la filosofía ocultista. En
 La Raza Futura
se nos presenta como profeta y como intuitivo de gran profundidad y clarapercepción.
 F.B.
 
CAPITULO I
Soy nativo de los Estados Unidos de Norteamérica. Mis antepasados abandonaronInglaterra durante el reinado de Carlos II, y mi abuelo se distinguió algo en laGuerra de la Independencia. Mi familia, por tanto, gozaba por su alcurnia unaposición social algo encumbrada y, como además era opulenta, a los miembros dela misma se les consideraba como poco apropiados para el servicio público. Así, alpresentarse mi padre como candidato al Congreso, fue decididamente derrotadopor su sastre. Después de este fracaso, intervino poco en política y dedicó la mayorparte del tiempo a su biblioteca. Yo era el mayor de tres hijos y fui enviado a laedad de dieciséis años al viejo país; en primer lugar para que completara mieducación literaria y en segundo para que me iniciara en los negocios, entrando atrabajar en una casa de Liverpool. Mi padre murió poco después de cumplir yoveintiún años. Como quedé en situación económica muy desahogada y era muyaficionado a los viajes y aventuras, renuncié por el momento a la persecución deltodopoderoso dólar y me dediqué a recorrer el mundo sin rumbo fijo.En el año 18 —me encontraba casualmente en... — y fui invitado por un ingeniero,con quien había trabado relaciones, a visitar las profundidades de una mina cuyaexplotación él dirigía.El lector comprenderá, si es que sigue este relato, las razones que tengo paraocultar todo indicio acerca del paraje a que me refiero y hasta quizás meagradezca que me abstenga de toda descripción que pueda hacer posible eldescubrimiento del mismo.Permítaseme, por tanto, que me limite a decir que acompañé al ingeniero alinterior de la mina y quedé tan extrañamente fascinado por las sombríasmaravillas de la misma y tan intensamente interesado en las exploraciones de miamigo, que decidí prolongar mi estancia en aquellos parajes y durante algunassemanas descendí diariamente a las bóvedas y galerías, formadas por la naturalezay por el arte, en las entrañas de la tierra.El ingeniero estaba convencido de que en el nuevo pozo, cuya abertura se habíacomenzado bajo su dirección, se encontrarían yacimientos de mineral mucho másabundante y rico que los descubiertos hasta entonces. Al profundizar este pozo,dimos un día con un precipicio, cuyos lados aparecían erizados de rocas al parecerchamuscadas, como si en un lejano pasado hubiese sido abierto por fuegosvolcánicos. Mi amigo se hizo bajar metido en una especie de jaula, después dehaber probado la respirabilidad de la atmósfera por medio de una lámpara deseguridad. Permaneció cerca de una hora en el abismo. Cuando subió estaba muypálido y una ansiosa expresión meditativa ensombrecía su rostro; algo muy ajeno asu carácter ordinario, el cual era franco, jovial y despreocupado.

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