2Segunda edición: junio de 1994.
Prólogo
La fecha, 1901-1902, de la que procede este muy importante y muy actualizable libro, la delCurso de William James en las Gifford Lectures, de Edimburgo, fue un punto de inflexión en la historiade la psicología y, por ende, de la psicología religiosa y de la consideración de la religión por loshombres cultos. El capítulo I lo muestra bien: ya se podía empezar a luchar contra la idea, hastaentonces enteramente dominante entre los psicólogos, de la “neurosis religiosa” y, en general, de quelas religiones son mero
survival
de pasados primitivismos. Una cosa es que, de hecho, los
dominesreligiosi
haya sido, frecuentemente, neuróticos, y otra, incidiendo en reduccionismo, concluir que lareligión “no es más que neurosis”. Como dice Xavier Zubiri en su libro póstumo
El hombre y Dios,
a losumo, la persona neurótica “será creyente neuróticamente”. Pero en muchos casos, ni aun eso puedeconcederse. Desde el punto de vista de su constitución nerviosa, William James piensa que GeorgeFox, fundador del cuaquerismo, era un perfecto
détraqué,
en prueba de lo cual nos da una página de suDiario; y sin embargo, agrega, no puede dudarse de su profunda religiosidad. Y - continúa arguyendo -lo que nos importa de santa Teresa es su teología mística, y no las manifestaciones patológicas de supsiquismo.¿Por qué este cambio de evaluación, este giro producido en la psicología de la época? Elespiritualismo del fin-de-siglo, comenzado en la literatura, se extendió hasta la ciencia. Los personajesde Dostoievski (y, entre paréntesis, recuérdese también a Galdós y su evolución hasta la espiritualidadde
Misericordia),
intensamente neuróticos, eran, a la vez, intensamente lúcidos y, cada cual a su modo,intensamente religiosos. Por eso mismo, William James pensó que esos estados de
borderline insanity,
cuando se dan unidos a una alta calidad intelectual e intuicional, pueden proporcionar experienciasprivilegiadas. Y ya dentro del marco de los estudios psicológicos, habían aparecido ya, y sonabundantemente citadas aquí, las obras de Leuba, formulador del concepto de
faith-state
y - precursor,a su modo, de Wittgenstein en su terreno - afirmador de que lo importante de Dios no es suconocimiento, sino su “uso”; el libro de Strabruck sobre la conversión, y los ensayos de Myers, dondese convierte en cuestión central el
subconscious self
o “conciencia subliminal”, lo que James,siguiéndole, tiende a denominar, ambiguamente, “automatismos”. Y a este propósito, y como verá ellector, el nombre de Freud aparece ya citado.Desde el punto de vista del estudio de la fe, no siempre se valora suficientemente lo que, comoapertura de espíritu, supuso el pragmatismo con su
will to believe
o “voluntad de creer”, al transferir -total o parcialmente - a la “funcionalidad”, a la “utilidad”, al “uso” y la “acción” el valor de verdad. Es,piensa James, la gran ejemplaridad de los santos: los “frutos” de su vida, en tanto que
autores
oacrecentadores de nuestro patrimonio de bondad, su
cash-value,
la conexión orgánica de pensamiento yconducta.Mas el tema capital de William James en este libro es, a mi parecer, el de su conceptoantipositivista, antimaterialista, antiobjetivista, de
experiencia.
Los elementos “egoísticos”, como él losllama, no pueden ser suprimidos porque el “mundo de nuestra experiencia” no es reductible a losobjetos científicos, que son solamente
ideal pictures,
representaciones abstractas, ajenas a nosotrosmismos, en tanto que el
inner state is our very experience it self.
El objeto del presente libro es, puntualiza su autor, la “religión personal” (los
feeling, acts and experiences of individual men in their solitude)
, con exclusión de la “institucional y eclesiástica”, esdecir, de su carácter comunitario, como si la religión personal no recibiera su concreción de este susentido comunitario - o de la carencia de sentido comunitario. Y, por esto último, adelantándose al giroreligioso actual de lo que sus compatriotas, sociólogos de la religión, han llamado la “religión
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