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Metafísica del Territorio

Metafísica del Territorio

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12/05/2012

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Nación, tierra y libertad.
Perseverantes, necios, obstinados, cabalgando sobre intuiciones y emociones, llevados por los jirones del viento o en las alas de los caudalosos ríos, endemoniados por la magia de la ostentosamontaña o del horizonte de la infinita pampa. Conmovidos todavía por la era paleozoica, por losmovimientos sísmicos impulsos vitales de la tierra, en medio de la catarsis de saberse vivos,hijos de la sustancia, del poderos suelo.En este ensayo intentamos llegar la sustancialidad viva de la Argentina, a lo más propio, al puntode partida metafísico, a esa inevitabilidad que desde el “estar no mas” sumidos en un paisejecomún nos identifica, a eso que nos hizo sobrevivir a la poderosa posmodernidad, al neoliberalismo, sobrevivir bajo las palabras y acciones de aquellos que predicaban incansablementedel reinado de la mercana, desustancializados transeúntes del poder de los medios decomunicación, abstraídos de sus propias realidades mediatizados por los mercaderes del dinero.Buscamos con esa necedad y ozades del que intuye que durante la colonización queda algo propio más allá de los Españoles, que de la revolución de Mayo y su lenta marcha hacia laconstitución del estado nacional quedan resistencias clandestinas perdidas en las multitudes, quehablaban más de lo propio que las normas y leyes que comenzaban a brillar, que durante lamodernización del estado nacional Argentino y la inmigración masiva hay un demonio que no pierde la facultad catalítica de las corrientes sanguíneas, que de lo infame de la década que noslleva al peronismo sobrevive algo propio que se intenta balbucear con todas las dificultades posteriormente, eso que se intenta balbucear queda clandestino aunque con grietas subversivasnegadas y vueltas a negar por el desarrollismo y muchos golpes militares, clandestino pero nomuerto a pesar del genocidio del 76 o de los 90, buscamos ese demonismo de las multitudes quese trastoca en potencia.Buscamos entonces, reencontrar la potencia, encontrar nuestra nuestro demonismo osustancialidad más remota y propia, el lugar físico y metafísico del cual somos hijos y del cuál partimos. Encontrar lo que queda clandestino por no haber podido superar las barreras de laaventura genocida de la racionalidad moderna.Creemos que hay que asumir la tierra, el territorio o sustancia, la corporalidad, como posibilidadde una nueva racionalidad integral. Hacer esto es “deconstruir” la racionalidad acostumbrada, enla cual se niega la tierra y el cuerpo, en un sistema simbólico que abstrae y objetualiza a lossujetos. Hacer esto es intentar asumir el demonismo más profundo que se trastoca en los fracasosde construir una voluntad colectiva y liberada.IIHay algo que nos pesa en el presente y en esta pesadumbre está en lo más nuestro, esamelancolía que arrastramos casi sin sentido, que nos llena ansiedad y densidad los días hartos desoledad, en esa sutil construcción que somos nosotros mismos es desde donde intentaremos elcomienzo de nuestra búsqueda.En esta percepción nos ayuda León Rozitchner en “La Cosa y la Cruz”, camorreramente nosorienta en su reflexión hacia la cosa, la sustancia, lo “seduce la barbarie”, aquello deseante,anhelante y primordial. Desde este lugar trabaja la formación de la subjetividad y racionalidadque deriva en el capitalismo como formación social; en este sendero recupera nuestro mundo“natural”, el hechicero que interpela a lo humano desde las s violentas pasiones y loreencuentra con su destino.1
 
Encuentra buscando la génesis de la formación de la racionalidad occidental, como con SanAgustín, se logra trastocar y hacer de la cosa, de la sustancia, del cuerpo del hombre, carnesensible y enamorada, en un elemento desvalorizando y considerando mero residuo del espírituabstracto. Así el cuerpo y la cosa, con el Santo, quedo liberado al computo y al calculo, al predominio frío de lo cuantitativo infinito, sobre el deseo y lo cualitativo.Prácticas cristianas se fueron traduciendo en falta sensibilidad e imaginacn, en unasuperestructura con una metafísica fría y con una racionalidad pura, poniendo lo más deseante dela vida al lado de abstracciones supremas y sutiles, transformándose el hombre y la naturaleza enfetiches empobrecidos, ascéticos y quejumbrosos, capaces de medir todos los sentimientos ysensaciones a través de la razón, y posteriormente con toda la fuerza de lo trágico, se desplaza eldominio a todos los campos de la vida con la ciencia y la técnica.Así nace el culto del mundo y del hombre abstracto, objetivo, descarnado, libre para el trabajoindiferenciado, ya que procede de la sustancia fríamente dominada, del cuerpo desvalorizado ycuantificado, este es lo que prepara ese desprecio hacia el uso de los cuerpos y de la tierra que elcapital expropiara, para hacer que el fin ultimo del hombre sea alrededor de los objetos(mercancías) y las practicas racionalmente utilitarias.León con su pluma psicoanalítica, finamente nos acerca a la génesis: se tuvo que haber negado ala madre genitora. La madre, el deseo, es excluido y reprimido del imaginario masculino, larazón patriarcal y abstracta que la domina y que culmina necesariamente en la razón técnica,ligada al productivismo infinito del capitalismo, no a la satisfacción del deseo vivo y tierno,como ya veía Max Weber, explicando el paso de la ética protestante al espíritu del capitalismos,así se da muerte a la naturaleza, como antes dio muerte a los cuerpos vivos para salvar el alma.Con León, entonces tenemos un primer retorno, salimos de una realidad construida de la razónque se cuantifica y abstrae hasta el punto de la perdida de lo más material del sujeto: su cuerpo, yllegamos al magma del inconsciente, llegamos a la sustancialidad deseante, es lugar en dondecompartimos con la sustancialidad en general, ahí donde somos totalidad, somos parte del paisaje, de la geografía del territorio, el lugar en donde la casualidad nos hizo “ser”, un ser casualque nos une en el simple estar con la sustancialidad en general.IIIAquí entramos en los surcos sembrados por Rodolfo Kusch, su búsqueda de un lugar metafísico para poder reencontrar al hombre, a nosotros mismos en un momento distinto, en el cual se partadesde lo más genuino que este tiene: el estar, a eso fijo de ser, que nos hermana en un momentode panteísmo pagano. “Donde el ser es como una solución desesperada en un afán de sujetar aldevenir, el sentimiento de muerte que brota en medio del festín y lleva, por alguna conciencia deculpabilidad el deseo de supervivir en la forma como detención, como fijeza indolente. Es comoel esbozo de un logos en el caos orgiástico de la selva y un lastre primario en la soledad de la pampa.”La tierra, el suelo, la sustancia, el cuerpo, lo más vital que tenemos como Argentinos, peroreprimido, llevado a la clandestinidad, por la construcción de una racionalidad abstractasaqueada de emociones y un territorio asfaltado desafiante pero invalido. Nos seduce la barbarie,nos agita provocadoramente y comienza a escribir una metafísica vegetal intentando encontrar ellugar más propio de los argentinos.Kusch encuentra en la ciudad el soporte a la racionalidad moderna, no con la crítica fácil “capoversus ciudad”, sino se embarca a pensar la ciudad como el sustento material de la ciencia y de latécnica. La ciudad niega la tierra, la sustancia en general, como la racionalidad abstractaelaborada por una parte del cristianismo niega la subjetividad.2
 
La ciudad es el lugar en que la Argentina niega su fantasmagorías, fantasmagorías que invocan alser argentino asumido sustancia y hermanado con su paisaje para practicar su propio logos en elmundo, única forma de superar la díada mesiánica de civilización o barbarie.Arribamos a la ciudad entonces, como pasando de las tinieblas a la luz, de la inconciencia sociala la conciencia. Fines y utilidades. La inteligencia en la división mecánica del trabajo, se depuraen los archivos, en las oficinas, en el dominio de las leyes, en la justicia civil, penal y comercial,en la educación, en la ciencia y alcanza su extremo poder en la ciudad estado. Un mundofuncional y llevado al límite de lo tecnocrático.Lo claro y lo distinto, lo etiquetable, triunfa en la confusión de la pregunta por la vida. El ser ciudadano, el ser por sobre todo, no esta, se pierde en una búsqueda infinita por ser, ser reconocido en medio de un mundo de objetos que se compran y se venden. Ser y tener modificanla raíz más vital que nos ancla como nosotros mismos.Pero pese a esto “se conserva un rastro de vida en la presencia física de la ciudad. El tumulto, elinsulto furtivo de un chofer, una avenida iluminada, una mujer que pasa con un misterio de cedasy de miradas, el sol de un domingo y un tango resbalón le cuelgan a la ciudad las orejas de sutrajin en la ficción”.La ciudad como ficción, se sospecha que la ciudad también olvida y olvida más de lo que seacuerda en su presente continuo, en sus archivos llenos de arañas, en su constitución mítica deorden y progreso. No hace falta desempolvar mucho, la ciudad oculta desde la colonización la historia de la barbarie. La ciudad juega, como un perro mordiéndose la cola, con la paradoja de la condenaciónde la barbarie por la barbarie, yo soy luz se dice para no ver su propia oscuridad. Pero lainterrupción de la civilización siempre se da de forma violenta casi espontánea, que penetra lasestructuras que muestra la imposibilidad de una sutura de orden civilizado.La causa de que la ciudad encarne la ficción es por que existe un sentimiento previo que juguetonamente se antepone al resto que no acepta que nació de la tierra, que niega su precariedad de existencia.La ciudad, entonces, con la división del trabajo le sirve de soporte a la racionalidad positivaoccidental logrando hacer entrar al sujeto en una rutina en la cual lo que hace sea iluminado por el utilitarismo, como una imagen ilimitada por el progreso técnico científico abstrayéndose de simismo, creyendo en el poder de la razón lo claro y lo distinto. La ciudad genera las condiciones,los espacios de densidad tecnológicas, para hombres descarnados, es la totalidad limitada por luces y calles desde la cual se piensa al hombre en la modernidad.IVPero es así que el demonismo nos vuelve convirtiéndose en un peso, en la melancolía de undomingo, o hacemos un juego de cintura con la viveza criolla, o la simulación es el éxitomediatico, o tenemos aquellos momentos en los cuales nos agasajamos remolonamente comoestando simplemente, y así intentamos devolvernos a nosotros mismos para reencontrarnos enun lugar distinto, con una racionalidad que nace desde lo más propio y no de la imitaciónimpuesta.Reencontrarnos desde un lugar distinto a la cuidad, por que como militantes y participante de unsuelo solo reconociéndolo podemos partir para hacer historia, esos remansos en el tiempo quenos une con el paisaje y con nuestro destino realizándonos, no trascendiendo a pesar de ello osobre ellos, si no con ellos.3

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