Librodot Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister Goethe
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-No tan rápido -exclamó-. Todavía espero visita esta noche.-Eso no esta nada bien -repuso la vieja-. ¿No se tratará de ese muchacho joven, blandoy poco refinado que es hijo de un comerciante?-De ése se trata precisamente.-Parece como si la generosidad empezara a ser su pasión dominante -respondió conretintín la vieja-, porque usted carga con entusiasmo con los inmaduros y faltos de patrimonio.Tiene que ser muy agradable que a una la adoren como benefactora desinteresada.-¡Haz las burlas que quieras! ¡Le amo!, ¡le amo! ¡Con qué fascinación pronuncio porprimera vez estas palabras! Ésta es la pasión que tanto tiempo me he imaginado, pero que nopodía concebir. Sí, quiero abrazarlo, quiero arrojarme a sus brazos como si fuera a estarrodeada por ellos toda una eternidad. Quiero demostrarle todo mi amor, quiero gozar de todala inmensidad de su amor.-¡Cautela! -dijo la vieja con calma-, ¡cautela! He de interrumpir su alegría con unaspalabras: Norberg viene. En catorce días estará aquí. He aquí la carta que venía acompañandoa los regalos.Aunque el sol de la mañana quisiera arrebatarme a mi amado, lo ignoraría. ¡Catorcedías! ¡Eso es una eternidad! ¿Qué no puede pasar en catorce días?, ¿qué no puede cambiar entanto tiempo?En esto entró Wilhelm. ¡Con cuánta viveza corrió ella a su encuentro!, ¡con cuántoentusiasmo abrazó él aquel uniforme rojo y apretó contra su pecho aquel chaleco de rasoblanco!¿Quién se atrevería a describir, quién seria capaz de expresar la alegría de dosamantes? La vieja se apartó rezongando, nosotros también nos marchamos para dejar a lapareja a solas con su dicha.
CAPÍTULO SEGUNDO
A la
mañana siguiente, al saludar Wilhelm a su madre, ésta le reveló que su padreestaba muy disgustado y que en breve iba a prohibirle sus visitas diarias al teatro.-Aunque yo misma voy a veces al teatro -continuó-ahora debo maldecirlo, pues tudesmedido apasionamiento por esta afición perturba la tranquilidad de mi hogar. Tu padre merepite siempre: ¿qué utilidad tiene? y ¿cómo se puede perder así el tiempo?-Ya he tenido que oírselo decir -repuso Wilhelm- y tal vez le haya contestado convehemencia; pero, por el amor de Dios, madre, ¿es inútil todo aquello que no llenarápidamente la bolsa de dinero, todo aquello que no nos procura una posesión inmediata? ¿Noteníamos espacio suficiente en nuestra casa antigua? ¿Acaso era necesario que mandásemosconstruir una nueva? ¿No emplea mi padre anualmente una sensible parte de sus gananciascomerciales para el embellecimiento de las habitaciones? ¿No son inútiles también estatapicería de seda y estos muebles ingleses? ¿No podríamos contentamos con menos? Almenos yo confieso que estas paredes con franjas, con estas flores mil veces repetidas, estasguirnaldas, cestitos y figuras me producen una impresión plenamente desagradable. No meparecen más atractivas que el telón de nuestro teatro. Pero, ¡qué diferente es estar sentado anteél! Aunque haya que esperar mucho, se alzará y entonces veremos los más variados objetosque nos entretienen, ilustran y ennoblecen.-Pero modera tu pasión por él -dijo la madre-. Tu padre también quiere compañía por lanoche y cree que el teatro te dispersa y, al final, cuando se disgusta, me echa a mí la culpa.Cuántas veces tengo que reprocharme haberte regalado aquella Navidad de hace doce años elteatro de marionetas que fue el que os despertó el gusto por el espectáculo.-No maldiga el teatro de marionetas, ni se lamente por su amor y sus cuidados.Aquellos fueron los primeros momentos felices que disfruté en nuestra nueva y vacía casa.Todavía tengo presente aquel momento, recuerdo la especial sensación que tuve cuando,después de haber recibido nuestros habituales regalos de Navidad, nos hicieron tomar asiento
Comment [.1]:
A Goethe se le confió el teatro demarionetas que había sidopropiedad de su abuela paterna,Cornelia. La preparación demontajes escénicos caseros supusosu primer contacto con la escena.La importancia de esta experienciainfantil se manifiesta en lareiterada mención de la misma.Tanto en este pun¬to como en Lavocación teatral de WilhelmMeister (libro I) y en Poesía yverdad (libro I, 2).
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