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El problema central de la crisis es el de la alternativa política

El problema central de la crisis es el de la alternativa política

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Published by: Jesús Sánchez Rodríguez on Nov 19, 2010
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El problema central de la crisis es el de la alternativa política.
Jesús Sánchez Rodríguez
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 Los sindicatos franceses pusieron en tensión todas sus fuerzas al inicio del otoño con elobjetivo de evitar la aprobación parlamentaria de la ley del gobierno Sarkozy pararetrasar la edad de jubilación. Es difícil encontrar ejemplos de una movilización sindicaltan intensa en Europa occidental en las últimas décadas, posiblemente habría queremontarse al mayo del 68 francés, el otoño caliente italiano de 1969, o la huelga delos mineros ingleses en 1984. El sindicalismo francés había recogido el testigo pasadopor las movilizaciones griegas e intentaron cambiar la trayectoria del desarrollo de lacrisis económica en Europa, caracterizada por las políticas orientadas al recorte delEstado de Bienestar en todos los aspectos, sin que las movilizaciones aisladas y de bajonivel desarrolladas hasta ese momento en distintos puntos y momentos lo hubiesenconseguido.Si había un país donde el movimiento obrero pudiera lanzar un desafío a la tendenciaimperante en Europa de recortes sociales, con alguna posibilidad de éxito, ese eraFrancia. Los sindicatos franceses estaban menos desprestigiados y debilitados que enotras partes de Europa y habían lanzado luchas generales en años anteriores conalgunas victorias importantes (en 1995 Alain Juppé tuvo que retirar su proyecto depensiones, en 2006 Chirac y Villepin tuvieron que retirar su proyecto de contrato deprimer empleo). Pero el reto lanzado por el movimiento sindical francés tenía unevidente impacto europeo. Una victoria sobre el proyecto de Sarkozy, obligándole aretirar su proyecto de ley de recorte de pensiones o a negociarle con los sindicatoshubiese producido posiblemente una inflexión en la ofensiva contra el Estado deBienestar en toda Europa.Ni al gobierno francés, ni al resto de los gobiernos e instituciones europeas se lesescapaba la trascendencia del reto lanzado en Francia por la que puede considerarse lavanguardia del movimiento obrero europeo. Seguramente ésta haya sido la razónprincipal de la intransigencia mostrada por el gobierno conservador galo. En otrosmomentos y condiciones, con unas movilizaciones de menor intensidad el gobiernohabía cedido como señalábamos más arriba. Tampoco estaba Sarzoky bajo la intensapresión de los mercados internacionales como era el caso de los gobiernos griegos oespañol. Por tanto, un cálculo político sencillo debería haberle llevado a entablarnegociaciones y hacer alguna concesión que permitiese a los sindicatos, al menos a losmás moderados de la alianza que impulsaba las movilizaciones, aceptar una reformarebajada y desactivar así las movilizaciones. Si Sarkozy ha persistido en su negativa a
 
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retirar o negociar esta ley, corriendo el riesgo de sufrir un fuerte desgaste político decara a las elecciones presidenciales de 2012, o de llevar la situación a unos límitesincontrolables tanto para el gobierno como para los sindicatos y de resultadosimprevisibles, es porque para la clase dirigente europea era inaceptable una victoriasindical.El resultado ha sido claramente una derrota sindical en su objetivo de evitar la ley pararetrasar las jubilaciones. Una vez aprobada ésta en sede parlamentaria y promulgadapor el Presidente de la república las movilizaciones decayeron rápidamente. Lossindicatos eran conscientes que una cosa era presionar con todas las fuerzas a ungobierno con el objetivo de hacerle desistir de un acto de voluntad política, suintención de tramitar y aprobar una ley, y otra muy diferente enfrentarse a la voluntaddel parlamento expresada en la aprobación de una ley. Por muy fuertes que fuesen,como lo han sido, las movilizaciones francesas, hasta la aprobación de la ley, se hanmantenido en los límites del juego de las democracias liberales. Pero persistir en elnivel de movilización, e incluso incrementarle, para hacer que el parlamento seretractase de su decisión era superar una barrera imposible tanto a nivel práctico,porque hubiesen puesto en contra a una opinión pública que habían conseguidomantener a su favor, como, sobre todo, porque sería ponerse al margen de lalegitimidad que impera en los regímenes democráticos, la de la voluntad popularexpresada en la representación parlamentaria
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. El gobierno francés se blindaba con elrefrendo parlamentario, ganaba la batalla y se preparaba para la batalla electoral del2012, para lo cual Sarkozy procedía poco después a realizar una remodelaciónministerial en clave más conservadora.Haciendo un inciso, es necesario señalar que justamente por esta dinámica imposiblede no tener en cuenta, causa sorpresa la posición de los sindicatos españoles cuandodurante todo el proceso que desembocó en la contrarreforma laboral impulsada por elgobierno socialista en este verano de 2010, dejaron pasar sin presión, primero elperíodo de negociación con la patronal y después el período de trámite parlamentariode la ley para, finalmente, convocar una huelga general a final de septiembre, una vezaprobada la contrarreforma por el parlamento. Su posición fue un disparate encomparación con la de los sindicatos franceses. Llamaron a una huelga general paracambiar una decisión justo cuando se acababa de convertir en ley, y con el objetivo amedio plazo de evitar la derrota electoral del gobierno que había impulsado esa ley decontrarreforma. En contraste con los franceses, los sindicatos españoles parecía quehubiesen perdido el norte.A sus colegas franceses les queda la posibilidad de mantener una situación de malestardifuso con actos de protestas, con el objetivo de contribuir a la derrota presidencial deSarkozy en 2012. El objetivo ya no sería hacer retractarse a un gobierno legitimado porel parlamento, sino traducir el apoyo público que los sindicatos han mantenido en un
 
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voto de castigo a la derecha. Esa es la batalla de ahora en adelante. Pero un castigo ala derecha, a favor de la socialdemocracia francesa, tampoco es claro que sea lasolución dada la posición que han adoptado los partidos socialistas en Grecia o España.El problema se va planteando, cada vez de forma más urgente, en términos políticos.¿Son capaces las clases populares europeas de transformar su malestar por el castigoque están soportando en la crisis en apoyo en opciones más a la izquierda de lasocialdemocracia? ¿Es capaz la izquierda en Europa en levantar alternativassusceptibles de obtener un amplio apoyo popular?Los datos no invitan al optimismo. No es que falten movilizaciones, fogonazos sesiguen produciendo y por diferentes motivos en Europa. En este mes de noviembre,los estudiantes ingleses se han movilizado contra los recortes del gobiernoconservador de Cameron, los ecologistas franceses y alemanes contra un tren dedesechos nucleares, la izquierda española contra las graves violaciones de los derechoshumanos cometidas por la monarquía marroquí en la represión llevada a cabo contrael pueblo saharauí y, también, contra la pasividad y condescendencia del gobiernoespañol. Pero las movilizaciones no se traducen en posiciones de fuerza, sinofinalmente en desencanto.Al menos, esta es la conclusión que puede extraerse de las elecciones municipales yregionales celebradas en dos etapas este mes en Grecia. Se esperaban como un testpara evaluar el comportamiento de los griegos después de la dura terapia de shock a laque han sido sometidos por el gobierno del PASOK, que ganó las elecciones enseptiembre de 2009 justo con un programa totalmente opuesto al que puso enpráctica una vez en el poder.Después de varios meses de intensas movilizaciones y huelgas generales llegaba elmomento de verificar si se había producido un desplazamiento político. La derecha deNueva Democracia fue derrotada por el PASOK debido a que su política corrupta habíallevado a la grave situación de crisis en que se halla sumida Grecia, pero el PASOKaplicó unas recetas neoliberales de extrema dureza para las clases populares siguiendolos dictados de las instituciones europeas y financieras internacionales.Era difícil pensar que las clases populares griegas volviesen a votar al PASOK, partidoque está haciéndolas tragar una medicina tan amarga para salvar el capitalismo, perotampoco sería un comportamiento racional que su voto fuese a Nueva Democracia,responsable de haberles llevado a la situación actual. Además, tras estos meses deintensas movilizaciones, si se tratase de resolver un ejercicio de lógica, el resultadodebería ser un vuelco a la izquierda. Salvo que pensemos que el comportamientopolítico de los pueblos es totalmente irracional, se debe encontrar una explicación alhecho de que no se haya producido ese vuelco.

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