El paisaje, un género alabado y vilipen-diado a partes iguales, se dignifica aquí gra-cias a Calo Carratalá (Torrent, 1959). Su afánpor recuperar la figura del explorador román-tico transforma su curiosidad en emoción.Ya sea la huerta, el mar, el desierto, la nieveo la selva, Carratalá “escruta la naturaleza,se funde con ella y participa de la misma”.El dominio de la composición, el dibujoy la práctica pictórica hacen de él un autén-tico intérprete de la naturaleza, convirtiendocualquier lugar en un paraíso terrenal. Sumanera de pintar esconde una furia con-trolada, una factura nerviosa, rápida y arre-batada, que evoca las pinceladas de Corot, yque siempre obtiene un resultado sugerentey evocador.
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