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onzalo
H
imiob
S
antomé
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evasión deliberada, y sus imprevistas consecuencias, lo hacían sen-tir vivo. Entre los resoplidos de su entrecortada respiración, sonreía.No veía bien. Con o sin anteojos hacía ya mucho tiempo quele costaba discernir los detalles de todo lo que estuviese a más deunos pocos metros de distancia. Y ahora que las amplias y gruesaslunas de sus lentes estaban empapadas, el mundo se le había con-vertido en una masa gris, tupida y sin matices. Miró hacia abajoy caminó poco a poco para evitar algún accidente que le aguara la
esta, siguiendo la difusa forma de sus pies que tentaban lentamen
-te la acera mojada para adivinar, antes de que fuese tarde, algún bache u obstáculo que no pudiese superar. Por eso le tomó un pocomás de lo que normalmente le tomaba recorrer las dos cuadras quele separaban del modesto negocio al que se fugaba cada vez que podía, para la desazón de las enfermeras y de la directora del an-cianato, a tomarse un café y fumarse un cigarrillo. Sabía que losmédicos le tenían absolutamente prohibido hacer esas cosas, pero
no le importaba, ya había vivido lo suciente y no veía que otro
exceso pudiese hacerle más daño que el que ya acusaba su cuerpomaltrecho.Lo que no había perdido era el olfato. Aún gozando del olor aagua y suelo mojado que dejaba la lluvia pudo saber con precisióncuándo estaba ya al lado de la panadería. Reconoció el sitio por los
dulces y cálidos aromas del pan y de los otros deliciosos contes
que siempre lo recibían amistosos desde la puerta. Tomó entoncessu bastón con la mano izquierda y tanteando con la diestra pudoubicar al cabo de unos instantes el contorno de una de las pequeñasmesas que, en el exterior de la panadería, servían para acomodar ala gente que allí acudía a distraerse un rato de los ritos del día a día.
–Buenas tardes ¿Está alguien sentado aquí? –
preguntó a na-die en particular con su voz que, más que oída, era en su sordera
sentida
desde adentro de sí mismo y le sonaba siempre tan rara yajena.Esperó unos segundos por la respuesta. La verdad era que,aunque ya se había hecho del respaldar de una silla, no podía dis-
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