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Caracter de Clase del Docente Universitario - Rolando Astarita

Caracter de Clase del Docente Universitario - Rolando Astarita

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01/15/2013

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Carácter de clase del docente universitario
Para la formulación de un programa de acción es importante ponernos de acuerdo en la naturaleza social de losdocentes universitarios y del estudiantado. Trataremos la cuestión de los docentes en este punto, y la de losestudiantes en el próximo.De acuerdo a lo visto hasta ahora, podría pensarse que los docentes universitarios conforman una caparelativamente homogénea, dado que tienen una fuente de ingreso común, el presupuesto estatal. Pero el asuntono es tan sencillo, porque hay que considerar también a los docentes de universidades privadas. Y en generalestá la cuestión de hasta qué punto los docentes universitarios pueden ser considerados como un conjunto socialhomogéneo.En principio, y en la medida en que los docentes de las universidades privadas y estatales venden sufuerza de trabajo, pertenecerían a la categoría de trabajadores intelectuales asalariados (productivos oimproductivos, según el caso), en un proceso de proletarización creciente. Sin embargo este criterio de análisisno es suficiente, ya que una cantidad importante de no tiene en la docencia su fuente principal de ingresos. Paraeste sector sus intereses de clase no están determinados sólo, ni principalmente, por la relación que mantienencon la Universidad para la que trabajan.Para ilustrar nuestra posición, pongamos el ejemplo de un docente que está al frente de un gran estudiode abogacía, y que recibe una parte sustancial de plusvalía por su colaboración en los asuntos del capital, altiempo que utiliza su cátedra universitaria como elemento funcional para el cobro de sus honorarios profesio-nales. Este individuo no puede ser englobado en la misma clase social que la de aquel docente que trabajaexclusivamente en la Universidad por un salario que apenas le alcanza. El primero puede pertenecer a la burguesía, o a la pequeña burguesía acomodada, en vías de ascenso, etc; el segundo se acerca a la clase obrera.Por eso en el análisis de un grupo social híbrido, como el de docentes universitarios, deben intervenir muchasdeterminaciones. Hay docentes universitarios que están "haciendo producción", y "en masa", que trabajan por apenas 500 o 600 pesos, corrigen cientos de exámenes, agotan su voz ante clases multitudinarias y deben seguir las pautas fijadas autoritariamente por sus jefes de cátedra. Son intelectuales en vías de proletarización (decimos"en vías" para establecer cierta distinción con el proletario que está completamente subsumido a las condicionesimpuestas por el capital). Sin dudas hay que distinguirlos del docente para el cual la cátedra es sólo un ingre-diente en un conjunto de actividades de las que derivan altos ingresos. Esta situación explica por qué en muchasuniversidades en las que este último tipo de docente está muy extendido, los llamados a defender los interesesgremiales tienen un eco muy parcial.Por otra parte existe una aristocracia de altos funcionarios universitarios cuya posición se diferenciaaunque no realice actividades fuera del ámbito académico. Se trata de los que manejan fondos presupuestarios, o pueden generar redes internas de poder y clientelismo político (que se hacen valer en un nivel social másgeneral). Que también tienen fuerza para insertarse en los circuitos mercantilizados de la transferencia deconocimientos, desde el manejo de publicaciones, pasando por la relación con editoriales, hasta los convenioscon empresas privadas. En otros casos ejercen el tráfico de influencias; en economía o abogacía, por ejemplo,determinadas funciones académicas se constituyen en trampolines para proyectarse en cierto momento haciaaltos puestos de la administración pública, de las empresas privadas u otras estructuras de poder del capital.Paralelamente están los "bienes de prestigio": congresos internacionales y simposios (con sus correspondientesviajes, hoteles, contactos internacionales, viáticos y siempre más prestigio); la publicación en revistas derenombre; y la siempre presente distribución de becas a protegidos y seguidores. A todo esto hay que agregar el brillo que da la alta consideración social en que se tiene a muchos "gurús" del ambiente académico, consultadosritualmente por los grandes medios de prensa, generadores de ideologías y justificadores (o explicadores) de políticas concretas tomadas desde el poder. Es claro entonces que estos sectores -si bien minoritarios- conformanun grupo dentro de la docencia universitaria que de alguna manera no puede englobarse en el mismo gruposocial que el docente-asalariado-en vías de proletarización
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.Por supuesto, entre estas categorías existen muchas formas intermedias, de transición. Por ejemplo, eldocente para el cual su salario universitario representa una parte importante de sus ingresos, pero locomplementa con ingresos como pequeño profesional independiente, constituiría un caso intermedio entre la
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Es interesante destacar que algunos de estos distinguidos profesionales se "reciclan" en la universidad luego de haber accedido a altos cargos del Estado. Recientemente se conoció que más de 300 docentes universitarios reciben jubilacionesde privilegio.
 
 pequeña burguesía y el proletariado intelectual. O el jefe de cátedra que complementa sus ingresos con lacomercialización de sus escritos y la venta ocasional de servicios derivados de sus conocimientos, entraría en uncaso parecido, aunque más cercano a la pequeña burguesía. Las formas pueden ser múltiples y refuerzan unaconclusión: no podemos considerar a los docentes universitarios como un sector homogéneo
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.Las diferentesactitudes ante los paros convocados por la Conadu, por ejemplo, expresan estas diferencias sociales profundas.Esto apunta a un nuevo cuestionamiento de la unidad de la llamada "comunidad universitaria". Dehecho ésta está profundamente dividida, por encima de la identidad formal de la común pertenencia a unainstitución (de la misma manera en que está dividido el personal integrante del Estado, como hemos visto). Por eso también es imposible que las reivindicaciones y formulaciones de una corriente socialista de docentesuniversitarios pretendan englobar al conjunto de la docencia. Más aún, la agudización de la lucha de claseseventualmente agudizará las diferenciaciones, como ya sucedió en tantos otros períodos de la vida universitariaargentina. Recordemos al respecto la actitud opuesta de tantos sectores de la docencia ante la "noche de los bastones largos", en 1966, o ante la intervención Ivanisevich, bajo el gobierno de Isabel.
Carácter de clase del estudiantado
Meses atrás la ex ministra Decibe se refirió a un pasaje de la obra de Marx en la que éste hablaba de laUniversidad como de un ámbito exclusivo para los hijos de la burguesía. Con esto la ministra pretendía darle untinte "progre" a su propuesta de arancelamiento de la Universidad. Pero la referencia es desafortunada, porquedesde el siglo pasado a éste las circunstancias han variado, y mucho. Si bien los hijos de la clase obrera siguenmayoritariamente ajenos a la Universidad, ésta se ha masificado con la incorporación de capas provenientes delas clases medias, de la pequeña burguesía e incluso de algunos (pequeños) sectores de la clase trabajadora.Es claro que los estudiantes universitarios -en cuanto tales- no están directamente involucrados en lasrelaciones de producción; se preparan para ocupar en el futuro una posición en la economía. Por eso sucaracterización social debe tener en cuenta varios factores. Uno de ellos -siguiendo una idea de Daniel Bertaux
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-es la posición que ocuparán al terminar los estudios. Esto es, debe tomarse en cuenta la posición del estudiantecon relación a su futuro, o "como parte de una trayectoria de clase". Explicado con un ejemplo, digamos que laactitud y la posición del estudiante que se prepara para ser administrador de empresas es distinta a la de aquélcuyo futuro más probable sea, por ejemplo, el de intelectual semi proletarizado (caso de un docente de escuelasecundaria).La determinación según la trayectoria de clase debe complementarse, sin embargo, con otras tales comoel origen social y la situación actual (por ejemplo, trabaja o no), factores que reactúan sobre las perspectivas delestudiante, sobre su trayectoria de clase. Así un joven de familia burguesa puede asegurarse una inserciónlaboral muy distinta a la de uno proveniente de los sectores medios o bajos. Esto ejerce entonces una influenciacentral en la visión ideológica del estudiante y en la definición de sus intereses de clase. Y siempre estarámediada por los factores presentes, sociales y políticos (como la coyuntura de la lucha de clases).En los últimos años la universidad se ha convertido en una vía para intentar el ascenso social por partede sectores medios y bajos. La concentración de capitales y la ruina de pequeños propietarios han vedado otroscaminos tradicionales de la movilidad social. Además la desocupación empuja a muchos a intentar mejorar sucalificación. De todo esto se deriva una presión social, y creciente, por acceder a la universidad. Como ilustra-ción sirva decir que a comienzos de los noventa se calculaba que en América latina había unos 6 millones deestudiantes en establecimientos terciarios. Esto representaba en promedio un 18% de los jóvenes en edad deestudios terciarios, contra el 2% que había en los años sesenta. De ellos, unos 500.000 egresaban anualmente.Pero en el terreno de la oferta laboral las condiciones son restringidas y muy distintas a las del sueñodel tradicional joven que ascendía desde las clases bajas asalariadas a la de profesional independiente, de prosperidad medianamente asegurada. De hecho, miles de egresados no conseguirán empleo. En Argentina estosucede muy particularmente con las carreras vinculadas al desarrollo tecnológico (salvo las de informática, peroallí la oferta de egresados también es muy alta) y la investigación científica y técnica (la situación de
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Se podría argumentar que también en la clase obrera existen muchos casos intermedios; por ejemplo, el obrero que a suvez recibe ingresos de un pequeño negocio que explota con su familia. Pero estos casos no llegan a conformar una situaciónde la amplitud e importancia de las heterogeneidades que atraviesan la docencia universitaria. La docencia de los colegiossecundarios, en cambio, presenta un panorama más homogéneo; y mucho más todavía la primaria.
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Citada por Erik Olin Wright, en
Clase, Crisis y Estado
p.87.
 
matemáticos, físicos, astrónomos, biólogos, es desesperante). También hay sobreoferta de arquitectos,contadores, egresados de carreras humanísticas y ciencias sociales, abogados, médicos. Por otra parte, a muchosque antes se insertaban como profesionales independientes ahora les espera un destino como asalariados degrandes corporaciones de "servicios". Médicos, odontólogos, abogados, periodistas, arquitectos, contadores,entre otros, están experimentando un proceso de semi proletarización. Algunos combinarán trabajos comoasalariados para el Estado o empresas privadas con una actividad independiente; otros deberán sometersetotalmente a los dictados de la empresa privada o del Estado. Como lo reconocen directores de empresas encues-tados, muchos de estos profesionales realizarán tareas que no tienen que ver con su profesión específica, o querequieren menor capacitación que la implicada en su título. Además, en estas trayectorias perderán buena partede su vieja calificación, ya sea por falta de actualización o por unilateralización de sus actividades profesionales.Entre ambos polos -desocupados o asalariados en proceso de creciente subsunción al capital, yocupantes de las altas jerarquías de mando de empresas y del Estado- se ubicará una franja que muchosmarxistas han llamado, con razón, "pequeña burguesía moderna". Son los que ocuparán una posición de agentesde la dominación capitalista, como cuadros medios de empresas o del aparato estatal. No sólo cumpliránfunciones técnicas, sino también de concepción (parcial) y de correas de transmisión del dominio del capital.Este sector recibirá ingresos en parte provenientes de la plusvalía (es decir, ingresos por encima del valor de sufuerza de trabajo calificada) y en parte como retribución a su función productiva. La ambición de insertarse enesta franja social es parte integrante de la ideología y las motivaciones políticas de miles de estudiantes, y debeser tenida en cuenta por la actividad socialista.La existencia de esta franja desmiente la tesis de que el sector "orgánicamente no socialista" del estu-diantado estaría compuesto sólo por una delgadísima capa de hijos de la alta burguesía. En los años setenta estaidea llevó a los teóricos del capitalismo monopolista de Estado (por ejemplo, del PC francés) a sostener unanueva forma de frente popular de colaboración de clases, planteando la alianza entre los obreros y las "nuevascapas medias", que incluían a los mandos medios del capital y personal superior del Estado. Pero estos sectoresnunca adherirán en forma masiva -y es posible que ni siquiera en cantidad importante- a la causa de larevolución socialista, por lo menos hasta que ésta no triunfe. Y si bien cada vez más los cuadros de la burguesíaterminan formándose en los cursos de post grado, las adscripciones de clase y las perspectivas de integrarsecomo cuadros intermedios del capital están presentes y atraviesan al estudiantado.Del análisis se desprende que la posición de buena parte del estudiantado se define según coyunturas políticas, económicas y sociales. Por supuesto, algunos definen desde el inicio una trayectoria claramente burguesa; pero una inmensa mayoría tendrá una posición oscilante. Y muchos ya adquieren conciencia de quelos caminos están bloqueados, o por lo menos de que las perspectivas son restringidas y su futuro será precario.Esta división también pone límites insalvables a los proyectos de "universidad al servicio de lostrabajadores" dentro del modo de producción capitalista. No sólo por el carácter de clase de la instituciónuniversitaria, y su inserción en el conjunto social, sino también porque en el seno de la misma "comunidaduniversitaria" hay sectores que procuran limitar la oferta de egresados y asegurar sus posiciones futuras (a lo quese suma muchas veces la presión de los colegios de graduados por limitar la producción de egresados).Es claro, además, que el proceso de proletarización está atravesando a estudiantes. Miles de jóvenes, encurso de capacitación universitaria, presionan en el mercado laboral, lo que es aprovechado por las empresas para imponer condiciones de trabajo cada vez peores al conjunto de los asalariados. Las angustias de la desocu- pación subyacen a la utilización de las pasantías, que deprimen aún más los salarios y las condiciones de trabajogenerales, y de la gran proporción de estudiantes universitarios que combinan sus estudios con el trabajo.Para la burguesía este cuadro global presenta en cierta medida una ventaja, dado que se trata deabundante mano de obra calificada, que trabaja -o va a trabajar- por bajos salarios y condiciones de subsuncióncreciente al capital. Pero también genera tensiones sobre los presupuestos educativos, con el resultado de que launiversidad es recusada por el arco burgués por "improductiva". De allí provienen las exigencias de racionali-zación, de aplicar criterios de productividad capitalista en la formación de los egresados. Pero esto implicaenfrentarse con masas de jóvenes, para segregarlos, para decirles que al terminar su secundario deben renunciar a cualquier posibilidad de avance, que deben conformarse con un puesto como asalariados descalificados, y de por vida. Las implicancias ideológicas, los peligros que esto tiene para la legitimación del sistema, debieran ser evidentes. Por eso sectores de la clase dominante han optado por el camino de la disuasión "administrada", deldesánimo organizado. Se permite formalmente el ingreso masivo, para utilizar al CBC como una playa deestacionamiento-filtro, que "demuestre" a miles de jóvenes que la universidad "no es para ellos", que noalcanzan el nivel. Jóvenes provenientes de escuelas secundarias de mediocre o muy bajo nivel académico, sin

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