trotskismo.[
] El trotskismo ofrece, en efecto, una crítica permanente, paso por paso, dela política reformista y estalinista hace un cuarto de siglo, mostrando que las derrotas delos movimientos obreros –Alemania 1923, China 1925-1927, Inglaterra 1926, Alemania1933, Austria 1934, Francia 1936, España 1936-38, Francia e Italia 1945-47 etc.– sedeben a la política de las organizaciones tradicionales, y que esta política estuvo enconstante ruptura con el marxismo. Al mismo tiempo, el trotskismo[
] ofrece unaexplicación de la política de esos partidos a partir de un análisis sociológico. En relaciónal reformismo, retoma la interpretación dada por Lenin: el reformismo de los socialistasexpresa los intereses de una aristocracia obrera (que el lucro excedente del imperialismo permite corromper a través de salarios más elevados) y de una burocracia sindical y política. En relación al estalinismo, su política está al servicio de la burocracia rusa, deesta camada parasitaria y privilegiada que usurpó el poder en el primer Estado obrero,gracias al carácter atrasado del país y al retroceso de la revolución mundial después de1923.Habíamos comenzado nuestro trabajo de crítica a partir del problema de la burocraciaestalinista, en el seno mismo del trotskismo. Por qué fue exactamente sobre este problema, no hay necesidad de largas explicaciones. Mientras el problema delreformismo parecía resuelto por la historia, como reformismo volviéndose cada vez másun defensor abierto del capitalismo,[
] sobre el problema del estalinismo –que es el problema contemporáneo por excelencia y que en la práctica tiene un peso muchomayor que el primero– la historia de nuestra época desmentía constantemente laconcepción trotskista y las perspectivas que de ella se desprendían. Para Trotsky, la política estalinista se explicaba por los intereses de la burocracia rusa, producto de ladegeneración de la revolución de Octubre. Esta burocracia no tenía ninguna “realidad propia”, históricamente hablando; era apenas un “accidente”, producto del equilibrioconstantemente quebrado entre las dos fuerzas fundamentales de la sociedad moderna,el capitalismo y el proletariado. En Rusia, la burocracia se apoyaba incluso en las“conquistas de Octubre”, que habían dado bases socialistas a la economía del país(nacionalización, planificación, monopolio del comercio exterior, etc) y en elmantenimiento del capitalismo en el resto del mundo; ya que la restauración de la propiedad privada en Rusia significaría el derrumbe de la burocracia en provecho de unretorno de los capitalistas, mientras que la extensión mundial de la revolución acabaríacon este aislamiento de Rusia –del cual la burocracia era el resultado, al mismo tiempoeconómico y político– y determinaría una nueva explosión revolucionaria del proletariado ruso, que expulsaría a los usurpadores. De ahí el carácter necesariamenteempírico de la política estalinista, obligada a bordear entre los dos adversarios, y planteándose como objetivo el mantenimiento utópico del
status quo
; obligada asabotear todo movimiento proletario desde que éste colocase en peligro el régimencapitalista, es obligada también a compensar en exceso este sabotaje a través de una
4 O con otras corrientes de esencia análoga (bordiguismo, por ejemplo).5 Para los representantes serios, que se reducen más o menos al propio Leon Trotsky. Los trotskistasactuales, contradichos por la realidad como nunca fue ninguna corriente ideológica, están en un estadotal de descomposición política y organizativa-organizacional que no se puede decir nada conciso alrespecto.6 A fin de cuentas, nuestra concepción final de la burocracia obrera lleva también a rever la concepciónleninista tradicional sobre el reformismo. Pero no nos podemos extender aquí en cuanto a esta cuestión.
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