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Somos Lo Que Comemos

Somos Lo Que Comemos

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Viaje por el mundo en 80 días de la mano de Ferrán Adriá
Viaje por el mundo en 80 días de la mano de Ferrán Adriá

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07/15/2011

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Este es un apasionante viaje alrededor del mundo a través de nuestra relación con la comida.Desde lasheladas aguas de Groenlandia hasta la exuberante Amazonia brasileña.Desde el territorio de una tribumasai en Kenia hasta las calles de Manhattan. ¿Qué diferencia a un luchador japonés de sumo de un vendedorde camellos egipcio? ¿Y a un cazador del Ártico de una modelo? Entre otras cosas, un aspecto fundamental:laalimentación. Peter Menzel ha recorrido 30 países y más de 12 Estados de EE UU para fotografiara80 personajes junto a la comida y las calorías que ingieren en una jornada. Estas páginas muestranpartedel resultado de esaodisea.Arranca así la primera de dos entregas de ‘El País Semanalsobreunretrato de la humanidad en su vertiente más apetitosa. Abreelfuego el afamado cocinero Ferran Adrià.
Por
 
FERRAN ADRIÀ
Perfiles y fotografía de
FAITH D’ALUISIO
y
PETER MENZEL/ASA
Lavuelta al mundo en 80 dietas
SOMOSLOQUE
 
Comer supone supervivencia.
Comerbien nos proporciona placer. La comida,según de dónde vengamos, cómo la cocine-mos, qué sabores nos seduzcan onos trans-porten a ciertas sensaciones, viene a sernuestra identidad.Duranteaños he pensado que la gastro-nomía debía ser impartida en las escuelascomo una asignatura. Ahora he cambiadode opinión. Creo que debe formar parte delos estudios serios de cualquier país que seprecie, pero de manera transversal. Lacomida como otro lugar a explorar en lageografía, en la historia, la literatura, laciencia, la losofía... Resulta un vehículofascinante para aprender todas esas asigna-turas y para enseñarlas también.En eso tenemos la suerte de contar cada vez con una mayor concienciación de suimportancia por parte del profesorado. Elsalto en 10 años ha sido fundamental en esteaspecto. Pero los cocineros tenemos unapartede responsabilidad crucial en lo que
Así comemos, así vivimos
Escenas a la hora del almuerzo: mercaderes de camellos egipcios, durante unapausaala mesa; Mariel Booth, modelo y estudiante estadounidense, prepara unaensalada
takeaway
en un establecimiento de NuevaYork; luchadoresjaponesesde sumo cocinan su copiosadieta; y Joey Chestnut,campeón mundial de ingestade perritoscalientes,posa con su récord personal: 66 ejemplaresen 12 minutos.
 
damos de comer. Aunque aún más en lo queenseñamos en nuestros discursos culinarios.Primero debemos ser conscientes de quehabitamos un mundo donde impera unacontradicción importante, la gran paradojade nuestro tiempo: cientos de millones depersonas padecen hambre y una cantidaden aumento de gente tiene sobrepeso.El equilibrio es la salida. Tampoco hay que olvidar que la gran mayoría de los paí-ses de Europa venimos de la escasez, quenuestros abuelos han padecido penurias,desgracias, estrecheces, y que en ese viajede décadas hacia la abundancia, en muchoscasos, se ha tendido a lo que podemos con-siderar, irónicamente, un contrapeso: el delderroche. Quizás el siglo XXI sea en estesentido el del equilibrio, el de la medida, elde la reordenación de cierta lógica quedebemos empezar a aplicar.
   .
¿Por qué?Todavía no me explico en toda su amplitudel fenómeno. Sé que tiene que ver con nues-tra búsqueda del placer, con que, bien omal, todo el mundo entiende del asunto.Quienes por fortuna formamos parte de unlugar en el que podemos presumir de comeralmenos tres veces al día estamos capacita-dos para dar una opinión. Por eso, por seruna actividad, una necesidad diaria, devo-ramos todo lo que tengaqueverconlagas-tronomía. Aeso se une nuestra curiosidad innata. Yesa curiosidad en el mundo de hoy, dondeen cualquier calle de Madrid, Barcelona,Londres, París o Nueva York podemos desa- yunar como un europeo, comer como unoriental y cenar como un árabe, abre nues-tras fronteras sensitivas, nuestras puertas anuevos sabores, nuevas sensaciones. Lamezcla de curiosidad, necesidad y ofertamultiplica por millones el fenómeno. Aun así, admito, hay muchas claves queseme escapan. También me enfrento a dia-rio a ciertos aspectos y lugares comunesque me sacan de quicio. Yo no sé mucho decocina, simplemente un poco más quealguien medio porque me dedico a ello.Pero sí conozco lo suficiente para nodejarme impresionar por ciertos discursos.Laglobalización, por ejemplo, no ha cam-biado el espíritu de la gastronomía. Globa-lización en la cocina ha existido siempre.
4.000 cal.Estudiante del barrio 12 de Octubre
Vive en Caracas (Venezuela),tiene 18 años,ronda los 1,70metros de altura y pesa75kilos. La alimentación de Kathe-rine Navas en noviembre ronda las 4.000calorías diarias.
2.600 cal.Enla cumbre del rascacielos
Neil Jones tiene 44 años y es el director de operacionesde la CN Tower de Toronto, donde se encuentra el restau-rantemás alto del mundo (por encima de los 350 metros).
5.200 cal.Pescador de la Amazonia
João (69 años)vive en una casa flotante sobre el río Soli-moes, en la Amazonia brasileña. En su dieta no falta el
cu-rimata,
pescado que cuece con cebolla y pimienta negra.
Laglobalización no ha cambiadoelespíritu de la gastronomía. Globalizaciónenlacocina ha existido siempre
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ELPAÍS SEMANAL

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