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“EL GUIÓN TELEVISIVO y EL GUIÓN RADIAL”
Sus características y particularidades según los géneros televisivos y radiales
JUAN CARLOS MESA
HUGO SOFOVICH
GOLO (RUBEN GONZÁLEZ)
GONZALITO (ALBERTO GONZÁLEZ)
RICARDO RODRÍGUEZ
ANGEL PACE
GUSTAVO BARRIOS
GABRIELA ACHER
ROBERTO PEREGRINO SALCEDO
ALBERTO MIGRÉ
ENRIQUE TORRES
ENRIQUE ESTEVANEZ
MARIA TERESA FORERO
LIBERTO PECCI
OLGA VILMARDOCUMENTALES 
ROBERTO VACCA
GERMINAL NOGUÉS
IVAN GRONDONA
JUAN CARLOS CERNADAS LAMADRID
CLARA ZAPPETTINIPROGRAMAS PERIODÍSTICOS
CARLOS DE ELÍA
FERNANDO NIEMBRO
RICARDO ANGUITADOCENTES 
LIC. MICHELINA OVIEDO
LIC. ANA WORTMAN
PROF. WALTER NELSONOTRA MIRADA 
JULIO BERTOLOTTI (INTERNET)
DANIEL SORIA (INTERNET)
DR. GERMÁN FACUNDO GUTIÉRREZ (DERECHOS DE AUTOR)
SR. CARLOS ILLANA (ESTRUCTURAS DE PROGRAMACIÓN)Pequeñísimo prólogo del autor :Cuando a principios de 1999, la Universidad de Morón publicó mi libro “HISTORIA DE LA TELEVISIÓNARGENTINA CONTADA POR SUS PROTAGONISTAS 1951/96” sentí, sin temor a equivocarme, que la obra pesea su voluminoso aspecto, estaba llena de ausencias.Me pareció que quienes merecían, en principio, un urgente homenaje, eran los guionistas (algunos de ellos,muy importantes, fueron entrevistados para ese libro y están presentes en el capítulo de Los Autores) y traméeste nuevo viaje a través de testimonios de otros creadores para desentrañar fundamentalmente aspectos desu trabajo, la elaboración de libretos en relación con los distintos formatos y géneros. Además he incluido aescritores de programas radiales, otra vertiente en la profesión de quienes eligieron el apasionante desafío de
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trabajar para millones de personas, perseguidos por las urgencias de los productores, las fechas de grabacióny emisión y los veredictos de las medidoras de ratings.Luego de una introducción personal sobre el tema Guión, que muchos lectores pueden sabiamente obviar,entrarán en lo más jugoso de este encuentro, las voces de quienes nos hacen soñar, reír, emocionarnos yreflexionar pero que hasta ahora sólo se expresaban a través de sus personajes.Si a ustedes les gusta escribir, sin duda disfrutarán este libro que no es mío, sino de ellos, porque aquí yahora Hablan Los Autores.INTRODUCCIÓN AL TEMA1. EL GUIÓN TELEVISIVOEL GUIÓN COMO HERRAMIENTA DE TRABAJO IErnest Hemingway, el famoso escritor norteamericano, dijo una vez con cierta ironía, que él siempreacostumbraba ir al cine a ver las películas que se hacían con sus libros, porque en ellas encontraba elargumento de su siguiente novela. Esta humorada no hace s que evidenciar uno de los tantosinconvenientes que nos presenta la comunicación audiovisual: la adaptación de textos literarios.¿Qué ocurre entonces? ¿Es falso que una imagen transmite más que mil palabras? Quizás no podamos niacordar ni negar de modo absoluto la validez de tal aserto, pero en este campo no podemos obviar que si lamera traducción de un libro de una lengua a otra impone cambios en giros y frases que puedan dar comoresultado una versión apasionante y otra agobiante de la misma historia, mucho más complejo puede resultar transmitir la idea esencial de un cuento a su versión cinematográfica o televisiva, simplemente porque cadalenguaje no es más que una técnica de codificación de la realidad.Podemos partir de una simplificación.Sabemos que existen dos discursosclaramente diferenciados: el literario y el dramático. En un discurso puramente literario es aceptable que unnarrador afirme: “Juan es malo”. Pero en un lenguaje dramático la exigencia es mostrar a Juan pegándole aun chico y robándole su dinero. Entonces los espectadores son los que piensan: “Juan es malo”.A su vez, cada medio a través del cual enviamos ese mensaje literario o dramático impone sus limitaciones ycada uno dispone de distintos elementos expresivos verdaderamente ricos, pero esa riqueza está relacionadacon el tipo y forma de mensaje que se desea transmitir.También el espectador impone sus limitaciones (una persona no presta la misma atención a un film sentado aoscuras en el cine, que viéndolo en la cocina iluminada de su casa mientras toma un vermuth entre amigos yfamiliares, con el control remoto a mano y otras 72 opciones satelitales). Mientras en términos teóricos lospensadores continúan la pulseada entre la fuerza de la imagen y el valor de las palabras, el hombre de nuestrotiempo ha elegido la imagen en virtud de su instantánea reducción fenomenológica.La “caja mecánica, folclore del hombre industrial”al decir del propio Mc Luhan, hoy es la pantalla de la P.Cdonde se registran por igual horas de trabajo, reflexión, divertimento y comunicación social. El televisor es latiza del futuro, la cámara de video es la reemplazante de la vieja Remington manual, y ante el fracaso deproyectos trasnochados o malogradas improvisaciones, surge la importancia del narrador de este presenteaudiovisual, encargado de poner en escena con éxito ciclos de producciones tan disímiles como La Niñera yMillenium, un noticiero o un talk show, un documental y un espectáculo cómico-musical: el guionista.II Muchas personas se decepcionaron al ver “El nombre de la Rosa”en cine, después de haber leído la novela. Y esto ocurre porque el texto literario generalmente se basa en las reflexiones, pensamientos, ideas, hipótesisy sentimientos profundos y a menudo ocultos del autor, mientras que la narración audiovisual llega al públicoa través de dos senderos ineludibles: personaje en acción, luchando contra un conflicto frente a una cámara.El guionista, a diferencia del novelista, no tiene una relación directa con su público. Los espectadores no leenguiones, ven la puesta en escena de ellos. El guionista escribe a través de sus personajes actuando ( seanBlade Runner o Martín Fierro).También se ven sus hilos a través de la noticia en su justa ubicación, de ladistribución de secciones del magazine, de la progresión dramática ficcional de la información documental.Todo ello pensado en función de una cámara o varias que han de enfocar determinadas imágenes, ya quetodo lo que aquéllas no logren contar a través de sus planos, no existe.Ampliando el ejemplo, el cuentista no tiene intermediarios y la belleza y originalidad de sus metáforas, sulenguaje florido, son un atractivo en sí mismos, como así también la provocación de su subjetividad poética.Al telespectador, en cambio, no suele interesarle qué piensa el guionista, ya que ha encendido la TV paraentretenerse, y sólo lo mantendrá atento el conjunto de peripecias que le ocurran a un personaje, sabiamentecaptadas por un buen juego de planos, ángulos y movimientos de cámara. El guionista, pues, escribe para undirector, un productor, un grupo de actores, o periodistas o animadores, un escenógrafo, un utilero, unamaquilladora, una vestuarista y un peinador. A ellos les entrega el guión donde les dice indirectamente, “éstaes la historia y yo la veo así: háganla de modo que la gente la sienta como yo”.Volviendo a nuestro ejemplo, en “El nombre de la Rosa”, el guionista no tenía otra opción que utilizar la tramapolicial como columna vertebral de su libreto, y reducir al extremo los diálogos, indudablemente valiosos, paraque el film no se le convirtiera en un tratado de filosofía. Paralelamente, una novela brillante puede cambiar lavida de aquel que la ha leído, influido mágicamente por el mundo interior del autor, pero si en la historia queencierra esa obra sólo tenemos un personaje que durante quinientas páginas va del baño a la cocina y de lacocina al baño, ¿cómo hacemos para convertirla en un programa televisivo o en una película? Si la “pulpa”de
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la historia está en lo que el personaje piensa o dice, y no en las cosas que le pasan y en las que él hace paracambiar su destino, mejor desistir. O dicho con un chiste que espero no suene ofensivo, los devaneosintelectuales socráticos sonmeramente literarios, a lo sumo “radiales”, mientras que las alegorías platónicas están plagadas de imágenes,son “televisivas”.En síntesis: al planear nuestro argumento para televisión tenemos que crear un personaje y el conflictoprincipal contra el cual él ha de luchar, siempre a través de una serie de acciones hasta un climax y sudesenlace feliz o desdichado. En un relato ficcional, nuestros portadores de la historia serán los actores, yllegarán al gran público mediante imágenes, es decir, a través de una cámara. Ya estamos pues frente al papel en blanco, nada existe aún, ahora pues empieza la aventura.IIISiendo apenas un adolescente, le dije una tarde de hace veinticinco años a la escritora Victoria Ocampo: “Quésuerte tiene usted!. Puede viajar, y eso acrecienta su creatividad, así se le ocurrirán muchas historias!”y ellasimplemente me contestó: “Un avión no te dará algo que ya no tengas adentro”.Del mismo modo, tampoco conocer la técnica del guión nos hará escribir un gran programa. La forma nopuede suplantar el contenido. La técnica y algunas pequeñas astucias, nos permiten aprovechar mejor susrecursos expresivos, su originalidad o su potencia dramática, pero siempre adaptando la idea inicial a losparámetros de producción que la hacen posible, realizable. Pero esa idea nace y se fortalece en nosotros,nadie nos enseña a tener ideas. Sólo es preciso tamizarlas con tres preguntas:¿Qobjetivos persigo con este proyecto?. ¿Le gustará o interesaa la gente mi programa?. ¿Escomercialmente factible su producción?.Podemos modificar el orden de estas preguntas, pero les aseguro que si al pensar nuestra propuesta nosolvidamos de alguna, estaremos preparando cualquier producto que por brillante que sea, no parecerá un ciclopara televisión.Y ahora ya es tiempo de que nos preguntemos: ¿Qué es un guión televisivo?.Como no hay nada más práctico, dinámico y provisorio o circunstancial, el guión será para nosotrossimplemente una herramienta de trabajo. Así como el arquitecto elabora el dibujo de una casa y luego plasmaen planos las bases técnicas que serán respetadas por albañiles, gasistas, carpinteros y pintores, el guionistaal narrar la trama de la historia da indicaciones indirectas al director, productores, actores, escenógrafos,iluminadores, vestuaristas, y maquilladoras, quienes serán los que conviertan aquella historia aún en potenciaen el papel, en acto frente a la cámara.El guión televisivo cuenta, ya lo dijimos, con dos “instrumentos” principales para el mensaje: personaje ycámara. También el cine, pero tenemos grandes diferencias con el séptimo arte como por ejemplo:1) Para un film se destina mucho más presupuesto que para un programa de TV. de la misma duración. Eltiempo de filmación, la cantidad de escenarios -muchas veces locaciones reales- y exteriores diferentes notienen comparación, al igual que el número y complejidad de los personajes. En TV. generalmente se trabajacon un grupo pequeño de escenografías fijas que se repiten en cada episodio (en nuestra TV. el Dr. RichardKimble, personaje de El Fugitivo que en cada capítulo vivía una aventura en una ciudad diferente, estaríaescondido siempre en el mismo barrio). Los exteriores en TV son exiguos y los tiempos de grabación máslimitados que los del cine.2) Filosóficamente, el cine es un hombre que le habla a la sociedad,es decir, al creador puede no interesarle que la gente entienda o le guste el film, mientras que en televisión esla sociedad la que le habla a un hombre que mira un programa en su living comiendo un bocadillo. Por eso, sebusca que el mensaje tenga los códigos comunes de un cuerpo social al que va dirigido, que el público vea elprograma y que además compre los productos que se venden durante el corte publicitario.Si el programa no tiene rating no generará publicidad, o sea, ingresos al canal y tarde o temprano lo quitarándel aire. Por lo tanto el autor televisivo debe ser sí o sí un creador de éxitos.3) El cine filma para una pantalla grande apaisada, en la que los grandes planos tiene valor, el personaje nopierde fuerza en su relación espacial con el resto de la escenografía o paisaje. En la TV que por ahora es unapantalla chica, se aprovechan más los planos cortos tanto para el chiste como para la revelación emotiva.4) El guión cinematográfico puede manejar la progresión dramática de manera más racional, pausada, converdadero encadenamiento causa-efecto. El libreto televisivo cuenta una historia dividida en bloques, concortes comerciales. A esto se suma la realidad ineludible de la vecindad de otros canales de cable o TV abiertaque compiten en el mismo horario con variados productos.Un espectador de cine “le da tiempo al film”para que lo conquiste. En TV. lo que no se consiguió en losprimeros segundos puede haberse perdido para siempre, y luego de haber retenido la atención del espectador hay que motivar su permanencia a través de una atractiva distribución de la acción dramática en cada bloque,con finales que provoquen el interés del público de volver a vernos una vez terminada la propaganda del rubiode los cigarrillos o la chica del champú.Los diálogos y una mayor libertad de contenido son las características más diferenciales de la radio y delteatro en relación con la TV. donde la cámara cuenta menos que en el cine, pero sigue contando mucho.Si aún así quieren seguir leyendo o piensan escribir un guión, les cuento que hay y debe haber guión detrás detodo tipo de programa televisivo, ya sea una telenovela, un magazine o un documental.Para los que duden en seguirme, les digo como Aldo Cammarota, un guionista legendario, creador deTelecómicos : “No se vayan que ahora viene lo mejor”.--00-- EL GUIÓN DENTRO DE LA PRODUCCIÓN DE UN PROGRAMA DE TV.Los programas de TV pueden dividirse en dos grandes ramas: los que son de Ficción y los que no son deFicción.FICCIÓNLas estructuras y géneros más comunes de Ficción son:
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