trabajar para millones de personas, perseguidos por las urgencias de los productores, las fechas de grabacióny emisión y los veredictos de las medidoras de ratings.Luego de una introducción personal sobre el tema Guión, que muchos lectores pueden sabiamente obviar,entrarán en lo más jugoso de este encuentro, las voces de quienes nos hacen soñar, reír, emocionarnos yreflexionar pero que hasta ahora sólo se expresaban a través de sus personajes.Si a ustedes les gusta escribir, sin duda disfrutarán este libro que no es mío, sino de ellos, porque aquí yahora Hablan Los Autores.INTRODUCCIÓN AL TEMA1. EL GUIÓN TELEVISIVOEL GUIÓN COMO HERRAMIENTA DE TRABAJO IErnest Hemingway, el famoso escritor norteamericano, dijo una vez con cierta ironía, que él siempreacostumbraba ir al cine a ver las películas que se hacían con sus libros, porque en ellas encontraba elargumento de su siguiente novela. Esta humorada no hace más que evidenciar uno de los tantosinconvenientes que nos presenta la comunicación audiovisual: la adaptación de textos literarios.¿Qué ocurre entonces? ¿Es falso que una imagen transmite más que mil palabras? Quizás no podamos niacordar ni negar de modo absoluto la validez de tal aserto, pero en este campo no podemos obviar que si lamera traducción de un libro de una lengua a otra impone cambios en giros y frases que puedan dar comoresultado una versión apasionante y otra agobiante de la misma historia, mucho más complejo puede resultar transmitir la idea esencial de un cuento a su versión cinematográfica o televisiva, simplemente porque cadalenguaje no es más que una técnica de codificación de la realidad.Podemos partir de una simplificación.Sabemos que existen dos discursosclaramente diferenciados: el literario y el dramático. En un discurso puramente literario es aceptable que unnarrador afirme: “Juan es malo”. Pero en un lenguaje dramático la exigencia es mostrar a Juan pegándole aun chico y robándole su dinero. Entonces los espectadores son los que piensan: “Juan es malo”.A su vez, cada medio a través del cual enviamos ese mensaje literario o dramático impone sus limitaciones ycada uno dispone de distintos elementos expresivos verdaderamente ricos, pero esa riqueza está relacionadacon el tipo y forma de mensaje que se desea transmitir.También el espectador impone sus limitaciones (una persona no presta la misma atención a un film sentado aoscuras en el cine, que viéndolo en la cocina iluminada de su casa mientras toma un vermuth entre amigos yfamiliares, con el control remoto a mano y otras 72 opciones satelitales). Mientras en términos teóricos lospensadores continúan la pulseada entre la fuerza de la imagen y el valor de las palabras, el hombre de nuestrotiempo ha elegido la imagen en virtud de su instantánea reducción fenomenológica.La “caja mecánica, folclore del hombre industrial”al decir del propio Mc Luhan, hoy es la pantalla de la P.Cdonde se registran por igual horas de trabajo, reflexión, divertimento y comunicación social. El televisor es latiza del futuro, la cámara de video es la reemplazante de la vieja Remington manual, y ante el fracaso deproyectos trasnochados o malogradas improvisaciones, surge la importancia del narrador de este presenteaudiovisual, encargado de poner en escena con éxito ciclos de producciones tan disímiles como La Niñera yMillenium, un noticiero o un talk show, un documental y un espectáculo cómico-musical: el guionista.II Muchas personas se decepcionaron al ver “El nombre de la Rosa”en cine, después de haber leído la novela. Y esto ocurre porque el texto literario generalmente se basa en las reflexiones, pensamientos, ideas, hipótesisy sentimientos profundos y a menudo ocultos del autor, mientras que la narración audiovisual llega al públicoa través de dos senderos ineludibles: personaje en acción, luchando contra un conflicto frente a una cámara.El guionista, a diferencia del novelista, no tiene una relación directa con su público. Los espectadores no leenguiones, ven la puesta en escena de ellos. El guionista escribe a través de sus personajes actuando ( seanBlade Runner o Martín Fierro).También se ven sus hilos a través de la noticia en su justa ubicación, de ladistribución de secciones del magazine, de la progresión dramática ficcional de la información documental.Todo ello pensado en función de una cámara o varias que han de enfocar determinadas imágenes, ya quetodo lo que aquéllas no logren contar a través de sus planos, no existe.Ampliando el ejemplo, el cuentista no tiene intermediarios y la belleza y originalidad de sus metáforas, sulenguaje florido, son un atractivo en sí mismos, como así también la provocación de su subjetividad poética.Al telespectador, en cambio, no suele interesarle qué piensa el guionista, ya que ha encendido la TV paraentretenerse, y sólo lo mantendrá atento el conjunto de peripecias que le ocurran a un personaje, sabiamentecaptadas por un buen juego de planos, ángulos y movimientos de cámara. El guionista, pues, escribe para undirector, un productor, un grupo de actores, o periodistas o animadores, un escenógrafo, un utilero, unamaquilladora, una vestuarista y un peinador. A ellos les entrega el guión donde les dice indirectamente, “éstaes la historia y yo la veo así: háganla de modo que la gente la sienta como yo”.Volviendo a nuestro ejemplo, en “El nombre de la Rosa”, el guionista no tenía otra opción que utilizar la tramapolicial como columna vertebral de su libreto, y reducir al extremo los diálogos, indudablemente valiosos, paraque el film no se le convirtiera en un tratado de filosofía. Paralelamente, una novela brillante puede cambiar lavida de aquel que la ha leído, influido mágicamente por el mundo interior del autor, pero si en la historia queencierra esa obra sólo tenemos un personaje que durante quinientas páginas va del baño a la cocina y de lacocina al baño, ¿cómo hacemos para convertirla en un programa televisivo o en una película? Si la “pulpa”de
2
Add a Comment