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Pagan Hernandez v UPR

Pagan Hernandez v UPR

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Pagan Hernandez v. U.P.R., 107 D.P.R. 720 (1978)
7 P.R. Offic. Trans. 795
© 2010 Thomson Reuters. No claim to original U.S. Government Works.1
English Translation
107 D.P.R. 720, 1978 WL 48824(P.R.), 7 P.R. Offic. Trans. 795Humberto Pagán Hernández,demandante y recurrido v.Universidad de Puerto Rico, Arturo MoralesCarrión y Otros, demandados y recurrentes.En El Tribunal Supremo De Puerto Rico.
Número: R-76-55
Resuelto: 16 de octubre de 1978OCT 16, 1978
Sentencia de Abner Limardo, J. (San Juan) ordenandola inmediata reinstalación de Humberto Pagán Hernándezcomo estudiante regular del Recinto de Río Piedras de laUniversidad de Puerto Rico. Confirmada.José A. Andréu García, Manuel E. Andréu García y JaimeA. Rodríguez Lecoeur, abogados de los recurrentes; ManuelE. Moraza Choisne, Roberto José Maldonado, Luis F. AbreuElías, Javier Cuevas Silva y Julio Torres, abogados delrecurrido.El Juez Asociado Señor Irizarry Yunqué emitió la opinión delTribunal.La Universidad de Puerto Rico decretó la expulsiónpermanente de un joven estudiante a base de cargos que leimputaron haber participado en actos de violencia ocurridosen el campus de Río Piedras el 11 de marzo de 1971y haber ocasionado la muerte de un oficial de la PolicíaEstatal. La única prueba que conectó al estudiante con estoshechos fue la declaración de un teniente de dicho Cuerpo.En Pagán Hernández v.Alcaide, 102 D.P.R. 101 (1974),resolvimos que esa misma prueba no podía servir de basepara encausar criminalmente al estudiante. Concluimos quepor no ser confiable
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la identificacíon que se hizo delestudiante, no era admisible dicho procedimiento de ley. Nostoca resolver ahora si la determinación administrativa hechaen 1971, que decretó la expulsión, constituye cosa juzgadae impide que ante los tribunales de justicia se investiguela suficiencia de dicha prueba para sostener el decreto deexpulsión. Resolvemos, en consideración a los particulareshechos de este caso, que la decisión administrativa noconstituye cosa juzgada y que la prueba es insuficiente parasostener el dictamen administrativo.Los HechosEn el presente recurso examinamos una sentencia delTribunal Superior, Sala de San Juan, que ordenó la inmediatareinstalación de Humberto Pagán Hernández como estudianteregular del Recinto de Río Piedras de la Universidad de PuertoRico. La acción judicial en que se produjo dicha sentenciatiene el siguiente trasfondo de hechos.El 11 de marzo de 1971 el Recinto de Río Piedras de laUniversidad de Puerto Rico se vio perturbado por actosde violencia generados como consecuencia de una protestaestudiantil contra la presencia en dicho Recinto del programade ciencia y táctica militar conocido como R.O.T.C. Pocodespués del mediodía intervino la Fuerza de Choque de laPolicía de Puerto Rico al mando del comandante Juan B.Mercado. Cerca de la armería del R.O.T.C., donde se hallabancongregados numerosos estudiantes, se produjo una balaceraen que fue mortalmente herido el comandante Mercado.
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Eldía siguiente, 12 de marzo, el entonces Rector don Pedro JoséRivera notificó por carta al
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estudiante Humberto PagánHernández que le suspendía sumariamente como estudiantedel Recinto de Río Piedras, a la vez que le formulaba lossiguientes cargos por violación de los incisos 1, 4, 6, 7 y10 del Art. 10 del Reglamento General de Estudiantes de laUniversidad,
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en relación con los incidentes del 11 de marzo:‘1. Su participación activa junto a un grupo de estudiantes enlos desórdenes y actos de violencia cometidos en el Recintoese día.‘2. Posesión y uso de arma de fuego con el fin de causar dañosa otras personas, ocasionándole la muerte a un miembro de laPolicía Estatal.‘3. Interrumpir y perturbar las tareas y funciones de laUniversidad en dicho día.‘Los cargos fueron ventilados ante la Junta de Disciplina dela Universidad de Puerto Rico en vistas celebradas entre el12 de mayo y el 30 de junio de
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1971. La única pruebaque relacionó al querellado con las actuaciones que se leimputaron fue el testimonio de José Rafael Atilano, primerteniente de la Policía adscrito a la Fuerza de Choque queparticipó en los sucesos del 11 de marzo. Dicha Junta porvotación de tres a dos, halló probados los cargos y recomendóla separación definitiva del querellado como estudiante dela Universidad de Puerto Rico. Así lo decretó finalmente elLcdo. José R. Cancio, funcionario designado por el Rector
 
Pagan Hernandez v. U.P.R., 107 D.P.R. 720 (1978)
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para decidir los casos en que interviene la 12 de agosto de1971.En el ínterin, el 17 de marzo de 1971 un Juez deDistrito, basado en la declaración del testigo, teniente JoséRafael Atilano, determinó que existía causa probable contraHumberto Pagán Hernández por los delitos de asesinato enprimer grado e infracciones de los Arts. 8 y 6 de la Ley deArmas y ordenó su arresto y detención. En esa misma fechaPagán Hernández presentó solicitud de hábeas corpus ante elTribunal Superior, Sala de Hato Rey, en que atacó la validezde dicha determinación de causa probable. Mientras tanto,quedó en libertad bajo fianza.Durante la ventilación del recurso de hábeas corpus prestótestimonio el teniente Atilano, siendo su declaración la únicaprueba que, al igual que en la vista ante la Junta de Disciplinade la Universidad, conectaba al querellado con los sucesosdel 11 de marzo. Contra la sentencia que anuló el autoexpedido apeló Pagán Hernández ante nos por mediación desus abogados.Mientras tanto, Pagán Hernández se había ausentadode Puerto Rico. Fue localizado en el Canadá, antecuyos tribunales promovió el Estado Libre Asociadoprocedimientos de extradición que no tuvieron éxito. Alláfue a prestar testimonio nuevamente el teniente Atilano,habiendo fallado el
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tribunal canadiense de instancia,sostenido en apelación por la Federal Court of Appeals deaquel país, que su testimonio era insuficiente para sosteneruna determinación de causa probable.
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Pagán Hernándezregresó voluntariamente a Puerto Rico en diciembre de 1973.Fue inmediatamente detenido.En el recurso de apelación pendiente ante nos para revisarla sentencia del hábeas corpus que sostuvo la determinaciónde causa probable, recayó decisión final el 31 de mayode 1974 que revocó dicha sentencia. (102 D.P.R. 110.)Resolvimos que el procedimiento utilizado para identificara Pagán Hernández ‘estuvo claramente viciado de nulidad.‘La identificación por fotografías que le señalaba comoel culpable de la muerte del comandante Mercado, y lasfotografías utilizadas, cuyo examen por los abogados dePagán Hernández no fue permitido en la vista del hábeascorpus, estaban contenidas en tarjetas de identificación deestudiantes de la Universidad que además contenían susdatos personales. Reiteramos, además, los pronunciamientoshechos por el Juez Asociado Señor Dávila en opinión emitidael 21 de marzo de 1974, en que se señaló:‘...La prueba presentada sobre la identificación delpeticionario no es confiable. La identificación de un acusado,si no es confiable, no es admisible en evidencia, cuestión a serdeterminada por el tribunal como cuestión de derecho ya queHernández v.Alcaide, 102 D.P.R. 101, 104ab initio (1974).”Resueltas en esa forma las causas criminales, el 1 de octubrede 1974 Pagán
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Hernández formuló solicitud dereadmisión a la Universidad de Puerto Rico, Recinto de RíoPiedras, que le fue denegada y devuelta por el Registrador el7 de dicho mes amparándose en el decreto de separación de12 de agosto de 1971. El 26 de noviembre de 1974, por cartaal Rector Ismael Rodríguez Bou, reprodujo su solicitud dereadmisión el querellado. El Rector contestó el 9 de diciembrede 1974 mediante carta en que manifestó que por habersido separado definitivamente de la Universidad en virtud deuna decisión final de la Junta de Disciplina, el asunto debía‘elevarse ante el Presidente de la Universidad a tenor con los ?Procedimientos de apelación de diferentes niveles jerárquicosdel sistema universitario.’ ‘ Le conminó a presentar ante elPresidente el correspondiente escrito de apelación y a talesfines le envió copia de los ‘Procedimientos de apelación‘mencionados.”Por carta de fecha 2 de junio de 1975 se formuló la peticiónde readmisión al Presidente de la Universidad. El 25 de junio de 1975 el Presidente contestó y rechazó la solicituda base de que, (1) el término para establecer una apelacióncomenzó a correr a partir de la decisión aprobatoria de lasdeterminaciones de la Junta de Disciplina (12 de agostode 1971); (2) que el ‘Apartado 1ro. del ProcedimientoTemporero Para Tramitar Apelaciones ante el Presidente dela Universidad de Puerto Rico‘ establece un plazo de quincedías a partir de la notificación de la decisión para solicitardel Presidente de la Universidad su revisión, término que‘ha decursado en exceso‘; y, (3) que el peticionario estabaimpedido por incuria (laches) de ejercitar la acción, porhaber transcurrido ‘un término completamente irrazonable,aun cuando el mismo se comenzase a contar a partir del 9de diciembre de 1974, en que el Rector del Recinto de RíoPiedras le envió a su representante legal copia de las normasque rigen este procedimiento, en las que señala el términopertinente al efecto.‘
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El30 de septiembre de 1975 reprodujo su solicitud dereadmisión ante el Consejo de Educación Superior mediantecarta que el Secretario Ejecutivo refirió al Presidente de dichoCuerpo el 7 de octubre siguiente. Como no se le notificaraotra acción, el 30 de diciembre de 1975 Pagán Hernándezinstó demanda ante el Tribunal Superior contra la Universidad
 
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de Puerto Rico, su Presidente, el Rector y el Registrador delRecinto de Río Piedras, y contra el Consejo de EducaciónSuperior, en que reclamó se ordenara su readmisión.Los demandados comparecieron oportunamente paraoponerse a la pretensión del demandante. La controversiaquedó centrada en dos planteamientos: (1) suficiencia de laprueba aportada ante la Junta de Disciplina para relacionar aHumberto Pagán Hernándezcon los sucesos del 11 de marzode 1971, frente a nuestra decisión en Pagán Hernández v.Alcaide, supra y (2) si constituye cosa juzgada la decisiónde la Junta y estaba impedido el Tribunal de pasar sobre elasunto. Los mismos planteamientos son reproducidos antenos en recurso contra la sentencia que se negó a desestimarla demanda por tales planteamientos y ordenó la reinstalacióndel demandante como estudiante de la Universidad.La Defensa de Cosa Juzgada o Res JudicataProcederemos a resolver en primer lugar el planteamientosobre cosa juzgada pues, de ser éste procedente, seríainnecesario discutir el aspecto de suficiencia de la prueba enel ámbito administrativo.La doctrina de cosa juzgada, de estirpe romana,
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tiene baseestatutaria en el Art. 1204 del Código Civil (31 LPRA sec.3343), que dispone en lo aquí pertinente:‘........
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Contrala presunción de que la cosa juzgada es verdad,sólo será eficaz la sentencia ganada en juicio de revisión.Para que la presunción de cosa juzgada surta efecto en otro juicio, es necesario que entre el caso resuelto por la sentenciay aquel en que ésta sea invocada, concurra la más perfectaidentidad entre las cosas, las causas, las personas de loslitigantes y la calidad con que lo fueron........‘En Pérez v. Bauzá, 83 D.P.R. 220, 225 (1961), expresamoslos fundamentos de esta doctrina: ‘...por un lado, el interésdel Estado en que se le ponga fin a los litigios, que nose eternicen las cuestiones judiciales...y por otro lado, ladeseabilidad de que no se someta en dos ocasiones a unciudadano a las molestias que dignidad a las actuaciones delos tribunales.Bolker v. Tribunal Superior, 82 D.P.R. 816,832 (1961). Como señala Manresa: ‘...el fundamento de lacosa juzgada no está en una pretensión de infalibilidad enel juzgador, ni menos en el intento de ocultar sus errores,sino que se encuentra en la esencia misma de la resolución judicial, que no merecería tal nombre ni tendría fuerza yresultado, si no se fortaleciera de ese modo. Es por tanto,una consecuencia directa de la autoridad necesaria al fallo,y en un orden eminentemente práctico tiene el fundamentoindiscutible de que sin esa fuerza atribuida a lo juzgado,los pleitos nunca tendrían fin.... ‘ Manresa, Comentarios alCódigo CivilEspañol, Tomo VIII, vol. 2, Madrid, ed. 1967,pág. 279. Es una regla de ‘justicia fundamental y sustancial,rodeada de interés público....‘ Bolker, supra.”El efecto de la doctrina de cosa juzgada, cuando ésta aplica,es que la sentencia dictada en un pleito anterior impide que selitiguen en un pleito
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posterior entre las mismas partesy sobre la misma causa de acción y cosas, las cuestiones yalitigadas y adjudicadas y aquellas que pudieron haber sidolitigadas y adjudicadas con propiedad en la acción anterior.Mercado Riera v. Mercado Riera, 100 D.P.R. 940, 950(1972);Isaac Sánchez v. Universal C.I.T. Credit, 95 D.P.R.372, 382 (1967); Capó Sánchez v.Srio. de Hacienda, 92D.P.R. 837 (1965);Riera v. Pizá, 85 D.P.R. 268, 274 (1962); Sastre v. Cabrera, 75 D.P.R. 1, 3 (1953);Manrique Gil v.Goffinet, 37 D.P.R. 336, 341 (1927).El caso de autos plantea el punto novel en nuestra jurisprudencia sobre la aplicación de la doctrina de cosa juzgada a procedimientos administrativos. La aplicación detal doctrina en el campo administrativo tiene las siguientesvertientes: (a) su aplicación dentro de la misma agencia, asus propias decisiones; (b) su aplicación interagencialmente;es decir, de una agencia a otra, y (c) su aplicación entrelas agencias y los tribunales.
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El caso de autos plantea esteúltimo aspecto.En el Derecho norteamericano existía una tendencia arechazar en términos absolutos la aplicación de la doctrinade cosa juzgada a las decisiones administrativas. Véanse,por ejemplo,
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 Pearson v. Williams, 202 U.S. 281(1906)yChurchill Tabernacle v. F.C.C., 160 F.2d 244(1947), cuyas expresiones fueron usadas en varias decisionespara fundamentar la exclusión de la doctrina de cosa juzgada del ámbito administrativo. 2 Davis, AdministrativeLaw Treatise, sec. 18.02 (1958). EnUnited States v.Utah Construction Co., 384 U.S. 394, 421-422 (1966), elTribunal Supremo federal finalmente aclaró que rechazabala posición que hallaba a la doctrina de cosa juzgadainaplicable a las decisiones administrativas. Estableció quedicha doctrina es aplicable a decisiones administrativas encasos apropiados. A tales efectos, el Tribunal Supremo dijo:‘... [N]otamos que el resultado al cual llegamos armoniza

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