Pero en tal empresa Augusto no estuvo solo, sino rodeado de un importante equipo de colaboradores:políticos como Agripa y Mecenas; historiadores como Tito Livio; intelectuales como Mecenas, Horacio,Virgilio; en fin, una pléyade de grandes nombres de las artes y las letras que permitieron a loscontemporáneos la denominación de su propio tiempo como
saeculum Angustí o
también
saeculumaureum.
No obstante, Augusto tuvo que vencer la resistencia de un considerable número de senadores, queejercían todavía una gran influencia en la vida política y social, pero a los que intentaría anular mediantemedidas políticas (como las sucesivas depuraciones del 29, 18 o 10 a.C.), administrativas (como laincorporación de ecuestres al gobierno de algunas provincias) e institucionales (como la espectacular acumulación de títulos, atribuciones, epítetos y honores).El Senado, que durante las guerras civiles parece haber alcanzado la cifra de 900 o incluso 1.000miembros, sería reducido por Augusto hasta los 600, cuantía que se mantendría con leves fluctuacionesdurante varios siglos. Como compensación, Augusto otorgó fuerza de ley a las decisiones del Senado
(senatusconsultum)
y capacidad jurisdiccional para llevar a cabo ciertos procesos de sus miembros,restringiendo aún más las atribuciones de los
comitia
republicanos.En cuanto a las provincias, Augusto adoptó una política de elementos aun más innovadores, si cabe.Realizó una reforma radical del sistema de administración romana, basado en la preeminencia delSenado, al que recortó sus tradicionales prerrogativas de gobierno y control del Estado e introdujo aecuestres en la nueva administración imperial privando asimismo a los senadores del monopolio quedurante siglos habían ejercido en el gobierno de las provincias. Por Estrabón (geógrafo contemporáneo) yDión Cassio (s. III d.C.) se sabe que Augusto llevó a cabo una importante reforma de las provincias ya enel 27 a.C. procediendo a su clasificación en senatoriales e imperiales, según que el responsable de sugobierno fuera el Senado o el propio emperador; además, en cada uno de estos tipos estableció a su vezdos rangos o categorías: consulares y pretorias, según el rango del gobernador (ex cónsul o ex pretor)destinado a ellas. Según Estrabón, Augusto cedió al Senado el gobierno y administración de lasprovincias «ya pacificadas y fáciles de gobernar», aunque Dión Cassio —un representante senatorial—añade que se trataba de los «territorios más débiles». Las provincias senatoriales eran las que noprecisaban tropas legionarias en ellas (de ahí que se denominen también «provincias inermes») y estabangobernadas por
un procónsul,
elegido a sorteo en el Senado y que ejercía su mandato al modorepublicano, es decir, solamente durante un año, aunque el Senado podía prorrogarlo en algunasocasiones. En cambio, las provincias imperiales fueron confiadas a senadores en función de
legati Augusti,
nombrados directamente por el emperador, o a ecuestres en función de
procuratores
o
praefecti
seleccionados también personalmente por el
princeps;
en las primeras había tropas en mayor o menor cuantía, de ahí que se les suela denominar también «provincias legionarias», y los
legati
ejercían sumandato durante un período no determinado previamente, que dependía sólo de la voluntad del em-perador, pero que generalmente oscilaba entre tres y diez años. Egipto era un caso especial, puesto queaun siendo importante su gobierno fue confiado a ecuestres de alto rango, desde Augusto hasta el siglo IIIal menos; las razones eran no sólo políticas, sino también económicas e ideológicas, como se verá másadelante.Pero el capítulo más importante de innovaciones augústeas lo constituyen los atributos que,sucesivamente otorgados por el Senado, el pueblo y también el propio orden ecuestre, según las
Resgestae,
proporcionaban contenido real a la
auctoritas principis,
un valor sin base jurídica basado en elreconocimiento público de las virtudes políticas y morales, así como del servicio prestado al Estado. Enpalabras del propio Augusto, «en el 27 ya superaba en
auctoritas
a todos mis colegas del Senado». Enefecto, algunos de los poderes que todavía ostentaba Augusto habían sido otorgados al joven Octavio por la agonizante República. A comienzos del 27 a.C., probablemente en la segunda sesión del Senado deldía 15 —la anterior habría tenido lugar el día 13 del mismo mes—, Octavio fue proclamado Augustas,epíteto que incorporó a su nomenclatura personal; renovó su poder proconsular y efectuó un reparto delas provincias con vistas a su gobierno por él mismo o por el Senado; como agradecimiento, el Senado leotorgó una «corona de oro» debido a sus virtudes de
pietas, clementia, iustitia y virtus.
Pero hasta el año23 a.C. la carrera política de Augusto se mantuvo dentro de los cánones e irregularidades característicasde la época tardorrepublicana. A partir de esta fecha, sin embargo, se observa un cambio notorioencaminado a la consolidación de su posición política: renuncia al ejercicio anual del consulado al adoptar el
imperium proconsulare
de forma indefinida (también denominado
imperium maius),
lo que le sitúa por encima de todos los gobernadores provinciales, de cualquier condición y atribuciones; adopta también lapotestad tribunicia, de forma vitalicia, que ya tampoco renueva anualmente, pero que se constituye encómputo de sus años de gobierno. Finalmente en el 2 a.C., reforzando su posición
as princeps
en elSenado (en realidad
un prímus ínter pares)
se hizo proclamar
pater patriae,
lo que le convirtió en
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