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Brown Sandra - Cortina de Humo

Brown Sandra - Cortina de Humo

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CORTINA DEHUMO
SANDRA BROWN
 
SANDRA BROWNCORTINA DEHUMO
Prólogo
Gracias a Dios, él seguía durmiendo.Despertar y encontrarse en la misma cama que Jay Burgess eraya bastante incómodo para ella, incluso sin la obligación de tener quemirarlo a los ojos. Al menos hasta que ella lograra despabilarse.Lo más cuidadosamente que pudo, se desplazó a un extremo dela cama y fue deslizándose entre las sábanas, tratando al mismotiempo de no quitárselas a él. Se puso justo al borde del colchón ymiró por encima de un hombro. La corriente que llegaba delventilador de techo era muy fría y le ponía la carne de gallina en losbrazos. Sin embargo, y aunque Jay estaba dormido y cubiertosolamente hasta la cintura, el aire helado no lo despertaba. De modoque ella fue abandonando la cama, y pasó todo el peso de su cuerpoa los pies, poquito a poco, hasta incorporarse.La habitación parea inclinada. Para no caer, se agarinstintivamente a lo primero que encontró. Su mano dio contra lapared y se oyó un sonoro chasquido, comparable al choque de dostimbales. El eco retumbó en la casa silenciosa. Ya menos preocupadaen no despertar a Jay que en explicarse a sí misma cómo diabloshabía pescado semejante borrachera la noche anterior, empezó arespirar profundamente, sin dejar de apoyarse contra la pared,concentrándose hasta recuperar el equilibrio.Era un milagro que su torpeza no hubiese despertado a Jay. Viosus bragas en el suelo, se arrastró hasta el pie de la cama y lasrecogió, luego cruzó de puntillas el dormitorio, levantando objetosdesparramados aquí y allá, apretando contra su pecho cada prendade vestir que rescataba, en una especie de gesto pudoroso, lo que eramás bien ridículo en semejantes circunstancias.
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SANDRA BROWNCORTINA DEHUMO
Retirada vergonzosa. La expresn, acada en tiemposescolares, le sonó apropiada. Se empleaba para describir cómo seescabullía una estudiante universitaria de la habitación de un chicodespués de haber pasado la noche con él. Aquellos tiempos estabanlejos, y tanto Jay como ella eran adultos solteros, libres de compartiruna noche si así lo decidían.Si así lo decidían.La frase la dejó pensando, tras golpearla con la crueldad de unabanda elástica al romperse.Súbitamente, el impacto de despertar en la cama de Jay fuereemplazado por la alarmante certeza de no recordar cómo había idoa parar allí. No recordaba haber tomado la decisión de acostarse conél. No recordaba haber evaluado los pros y los contras antes dedecidir que sí. No recordaba que ninguna sensación de deseo hubieseeclipsado su sentido práctico. No recordaba haberse encogidomentalmente de hombros, ni tampoco haber pensado —¡Al diablo!Somos adultos».No recordaba nada de eso.Echó un vistazo y examinó la disposición de los muebles. Sehallaba en un dormitorio agradable, decorado con buen gusto y a lamedida de un hombre soltero. Sin embargo, nada de lo que había allí le resultaba familiar. Nada. Era como si lo estuviera viendo porprimera vez.Por supuesto, era la habitación de Jay; había retratos de él portodas partes, sobre todo diversas fotos de las vacaciones en las queél aparecía junto a amigos de uno y otro sexo. Pero Britt nunca anteshabía estado en ese dormitorio, ni en esa casa. Ni siquiera estabasegura de la dirección de la casa, ni del nombre de la calle dondequedaba, aun cuando tenía el vago recuerdo de haber llegado allí caminando desde..., desde algún sitio.«SI, The Wheelhouse», se dijo. Jay y ella se habían citado allí para tomarse una copa. Él ya había bebido unas cuantas cuando ellallegó, pero aquello no era infrecuente. A Jay le gustaban las bebidasalcohólicas y tenía una asombrosa tolerancia. Ella había pedido una
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