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Definición de amor segun el diccionario de psicoanalisis

Definición de amor segun el diccionario de psicoanalisis

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Published by Rodrigo Rodriguez
"Definición de amor segun el diccionario de psicoanalisis"... ¿que más puedo decir? ¡Habla por si mismo!
"Definición de amor segun el diccionario de psicoanalisis"... ¿que más puedo decir? ¡Habla por si mismo!

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11/05/2012

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Amor 
fuente(67)s. m. (fr.
amour;
ingl.
love;
al.
 Liebe).
Sentimiento deapego de un ser por otro, a menudo profundo, incluso violento, pero que el análisis muestra que puede estar marcado de ambivalencia y, sobre todo, que no excluye el narcisismo.A partir del momento en que introduce la hipótesis de las pulsiones de muerte, Freud se sirvegenerosamente del término griego eros para designar al conjunto de las pulsiones de vida (quecomprenden las pulsiones sexuales y las pulsiones de autoconservación) que se oponen a las primeras. Este uso podría ser engañoso. Eros, en efecto, no es otro que el dios griego del Amor.¿Sería acaso en el amor donde habría que buscar la fuerza que conduce al mundo, la únicacapaz de oponerse a Tánatos, la muerte?Tal concepción sería, en la óptica freudiana, totalmente criticable. Equivaldría en efecto a nublar el papel determinante de lo que es más específicamente sexual en la existencia humana. Por esomás bien hay que prestar atención a lo que distingue amor de deseo. Freud destaca por ejemploel hecho bien conocido de que muchos hombres no pueden desear a la mujer que aman, ni amar a la mujer que desean. Sucede sin duda que la mujer amada -y respetada-, al estar demasiado próxima en cierta manera a la madre, se encuentra por ello prohibida.Se entiende, a partir de allí, que las cuestiones del amor y de la sexualidad sean tratadas paralelamente, si no separadamente. Este es en especial el caso de un artículo como
 Pulsiones y destinos de pulsión
(1915). Freud estudia allí largamente la suerte de las pulsiones sexuales(inversión de la actividad en pasividad, vuelta contra la propia persona, represión, sublimación);y sólo después de todo este trayecto hace valer la singularidad del amor: únicamente el amor  puede ser invertido en cuanto al contenido, de ahí que no sea raro que se trasforme en odio.El sujeto puede llegar con bastante frecuencia a odiar al ser que amaba; puede también tener sentimientos mezclados, sentimientos que unen un profundo amor con un odio no menos poderoso hacia la misma persona: este es el sentido más estricto que se pueda dar a la nociónde ambivalencia. Esta ambivalencia se explica en virtud de la alienación que puede haber en elamor: se entiende que, para quien ha abdicado de toda voluntad propia en la dependenciaamorosa, el odio pueda acompañar al apego pasional, al «enamoramiento». Pero falta precisamente dar cuenta de esta alienación.Amor y narcisismo. Para hacerlo, es necesario abordar lo que el psicoanálisis pudo averiguar sobre el papel del narcisismo para el sujeto humano. En un artículo de 1914,
 Introducción del narcisismo,
Freud recuerda que ciertos hombres, como los perversos y los homosexuales, «noeligen su objeto de amor ulterior según el modelo de la madre, sino más bien según el de su propia persona». «Con toda evidencia, se buscan a sí mismos como objetos de amor, presentando el tipo de elección de objeto que se puede denominar narcisista». Más a menudotodavía, según Freud, las mujeres aman «de acuerdo con el tipo narcisista» (y no de acuerdocon el «tipo por apuntalamiento», en el que el amor se apoya en la satisfacción de las pulsionesde autoconservación, donde quiere a «la mujer que alimenta» o al «hombre que protege»). DiceFreud: «Tales mujeres no se aman, estrictamente hablando, sino a sí mismas, aproximadamentecon la misma intensidad con que las ama el hombre. Su necesidad no las hace tender a amar,sino a ser amadas, y les gusta el hombre que llena esta condición».Se puede, por cierto, discutir la importancia que Freud da al narcisismo, y eventualmente ladiferencia que establece en este punto entre mujeres y hombres. Pero lo importante está en otrolado; en que no se puede negar que con frecuencia el amor aparente por otro disimula un amor mucho más real a la propia persona. ¿Cómo dejar de ver que muy a menudo el sujeto ama al otroen tanto le devuelve de sí mismo una imagen favorable?Este tipo de análisis ha sido largamente desarrollado por Lacan. Para Lacan, en efecto, el yo[moi] no es esa instancia reguladora que establecería un equilibrio entre las exigencias delsuperyó y las del ello en función de la realidad. Por su misma constitución (véase espejo [estadiodel]), está hecho de aquella imagen en la que el sujeto ha podido conformarse como totalidadacabada, en la que ha podido reconocerse, en la que ha podido amarse. Allí se encuentra ladimensión en la que se enraíza lo que hay de fundamentalmente narcisista en el amor humano, sies verdad que siempre se trata del sujeto en lo que puede amar en el otro. Notemos que es eneste nivel donde puede situarse lo que constituye el principal obstáculo en la trasferencia, lo quedesvía al sujeto del trabajo asociativo, lo que lo empuja a buscar una satisfacción más rápida en
 
el amor que exige de su analista, y luego a experimentar un sentimiento de frustración,eventualmente de agresividad, cuando queda decepcionado.La falta y el padre. Sin embargo, no se podría reducir el amor a esta dimensión. Más nítidamentetodavía que para el deseo, cuyo objeto faltante puede siempre proyectarse sobre una pantalla(como por ejemplo en el fetichismo o en otra perversión), el amor, está bien claro, no apunta aningún objeto concreto, a ningún objeto material. Esto es bastante evidente, por ejemplo, en elniño, cuyas demandas incesantes no tienen como objetivo obtener los objetos que reclama,salvo a título de simple signo, el signo del amor que el don viene a recordar. En este sentido,como lo dice Lacan, «amar es dar lo que no se tiene». Como también es visible que el amanteque alaba a su bienamada quejándose solamente de alguna insatisfacción la ama sobre todo por lo que le falta: única manera de asegurarse de que esta no venga a taponar, con una respuestademasiado ajustada, el deseo que puede tener de ella.Es así como se anudan en la demanda el deseo y el amor. No siendo el hombre reductible a unser de necesidad, su demanda abre la puerta a la insatisfacción: la demanda pasa por ellenguaje y así «anula la particularidad de todo lo que puede ser concedido trasmutándolo en prueba de amor». Por ello, «hay (...) necesidad de que la particularidad así abolida reaparezcamás allá de la demanda: en el deseo, en tanto tiene valor de condición absoluta» (J. Lacan, «Lasignificación del falo», 1958, en Escritos, 1966). No debe olvidarse por otra parte que es la castración, la prohibición [interdit: etim. entre-dicho], laque viene a inscribir la falta para el sujeto humano. De ahí que, si el sujeto ama al otro en funciónde esa falta, su amor se determina ante todo por aquel al que atribuye esta operación de lacastración. Por ello el amor del sujeto es ante todo un amor al padre, sobre lo cual va a reposar también la identificación primera, constitutiva del sujeto mismo.
Amor 
Amor 
(68)fuente(69) |«El paciente se ve compelido a renunciar a sus resistencias por amor a nosotros. Nuestrostratamientos son tratamientos por el amor», declara Freud en una «reunión de los miércoles», el30 de enero de 1907. Al poner el amor en el centro de la experiencia psicoanalítica, Freud aportauna nueva ética, de la que dará testimonio en El malestar en la cultura: «El hombre trata desatisfacer su necesidad de agresión a expensas del prójimo, de explotar su trabajo sincompensarlo, de usarlo sexualmente sin su consentimiento, de desposeerlo de sus bienes, dehumillarlo, de infligirle sufrimientos, de martirizarlo y matarlo». ¿Qué significa entonces, en la buena «suerte» de un buen encuentro, la respuesta del amor si, por querer la felicidad delsemejante, hay que afrontar un goce del prójimo nocivo, maligno, que se propone como elverdadero problema de ese amor?
Amor y enamoramiento
Si bien la palabra amor (Liebe) pertenece a la lengua corriente, Freud recurre a ella de unamanera conceptualmente diferenciada del empleo de otro término: Verfiebtheit, enamoramiento,
 
 pasión amorosa. En dos oportunidades indica el uso que le da a la palabra Liebe. En 1910, en eltexto titulado «Sobre el psicoanálisis "silvestre"», apela a la palabra lieben, amar, para justificar un nuevo concepto científico, psicoanalítico: die Psychosexualität. En su sentido amplio, amor ysexualidad son palabras equivalentes, pues engloban lo sexual y el factor psíquico de la vidasexual. Freud aclara que con la palabra «amor» designa incluso los sentimientos tiernos quederivan de las primeras emociones sexuales y cuya meta sexual es luego inhibida oreemplazada por otra no sexual. A partir de 1920, Freud modifica su teoría de las pulsiones ysostiene que «la libido de las pulsiones sexuales coincide con el Eros de los poetas y filósofos,que mantiene la cohesión de todo lo que vive». Uno puede entonces preguntarse si este Eroscambiará la definición precedente del amor, Liebe. Pero en 1921, en Psicología de las masas yanálisis del yo, al continuar precisando su definición de la libido como « ... energía, consideradacomo magnitud cuantitativa -aunque por el momento no mensurable- de esas pulsiones quetienen que ver con todo lo que resumimos con la palabra amor», Freud insiste en afirmar que lalengua ha creado la palabra Liebe con sus múltiples acepciones -amor a sí mismo, amor filial y parental, amistad y amor a los hombres en general, apego a objetos concretos o ideasabstractas-, y que no cabe hacer nada mejor que tomar esa palabra como base «de nuestraselucidaciones y exposiciones científicas». Así, en lugar de seguir los textos griegos en cuanto ala distinción de cuatro tipos de
NMPME
-la
*RHMOL
entre personas de la misma sangre, la
*IRMOL
entre huéspedes, la
)V[XMOL
entre amigos, y la
IV[XMOL
entre personas del mismoo distinto sexo- Freud las incluye todas en Eros, y añade que el Eros de Platón coincide perfectamente por su origen, su operación y su vínculo con la vida sexual con la fuerzaamorosa, la libido del psicoanálisis. Al igual que Sócrates, Freud afirma no poseer más que unaciencia, la de la
IV[XMOL
En los Tres ensayos de teoría sexual, Freud distingue entre lo que llama el amor normal -Liebe- yla pasión amorosa o enamoramiento -Verliebtheit-, siendo éste un estado en el que la metasexual normal aparece inalcanzable o de cumplimiento suspendido. Es preciso subrayar que para lo que llama «amor normal», Liebe, Freud adopta el mito de Aristófanes, y considera que la pulsión sexual corresponde a la fábula poética de la partición del ser humano en dos mitades,macho y hembra, que en el amor aspiran a volver a unirse. Pero en lo que respecta alenamoramiento, Freud sostiene, basándose en la experiencia analítica, que las pulsiones parciales funcionan en pares opuestos. Desde el «Caso Dora», Freud observa que están presentes en el análisis todas las tendencias, no solamente las tiernas y amistosas, sino tambiénlas hostiles, que suscitan venganza y crueldad. A partir de 1905, con su teoría sexual, hace dela libido el agente de la inversión de las tendencias-, la crueldad ligada a la libido realiza lametamorfosis del amor en odio y de las tendencias tiernas en tendencias hostiles. Y para evocar hasta qué punto, en el Hombre de las Ratas, ese enamorado, hace estragos la lucha entre elamor y el odio que experimenta por la misma persona, Freud recurre a la frase de Alcibíades a propósito de Sócrates: «A menudo tengo el deseo de no verlo más entre los vivos», y precisa denuevo que « ... los poetas nos enseñan que en los estados atormentados del enamoramiento, losdos sentimientos opuestos coexisten y rivalizan».Ahora bien, la definición que da Freud del enamorado en sus textos de 1912 adquiere unaamplitud tal que uno puede preguntarse si el amor no se refiere exclusivamente al mito. Puesquien va a desarrollar una transferencia, quien va a enamorarse de la persona del médico, es,según Freud «aquel cuya necesidad de amor no encuentra enteramente satisfacción en larealidad». En esa persona que emprende una cura, se desarrolla una dinámica («La dinámica dela transferencia», 1912). En esos individuos, la investidura libidinal está en espera y setransfiere a la persona del médico. Los sentimientos conscientes tiernos o inconscienteseróticos son denominados «transferencia positiva», y los sentimientos hostiles, «transferencianegativa». En ese momento Freud toma de Breuer el término «ambivalencia», después de unaconferencia dada por este último en Berna, en 1910. La persona del médico debe integrarse enuna serie psíquica cuyo prototipo es la imago parental, pero la dinámica es actual. Es precisamente la investidura libidinal de esta imago lo que hace manifiestas y actuales lastendencias amorosas, Liebesregungen, disimuladas y olvidadas. La transferencia es el armamás fuerte de la resistencia, mientras no se lleven a la conciencia la transferencia negativa hostily el componente erótico de la transferencia positiva. En 1915, en «Puntualizaciones sobre el

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