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José María Iraburu – Hechos de los apóstoles de América
cuando en 1542 arribó San Francisco de Javier a Goa,base portuguesa en la India, llegó como legado del reylusitano.Pues bien, en coherencia a esta situación histórica, elPapa León X, en la Bula
Præcelsæ Devotionis
(1514),concedió al rey de Portugal una autoridad semejante a laque el rey de Castilla había recibido por la Bula
Dudumsiquidem
(1493) para la evangelización de América.
Primera organización de Brasil
El Brasil era un mosaico de cientos de tribus diversas,aunque puede hablarse de algunos grupos predominan-tes. Los indios de la cultura tupí-guaraní se extendía a lolargo de la costa occidental. Los tupís practicaban confrecuencia el canibalismo, y también la eugenesia, es decir,mataban a los niños que nacían deformes o con sínto-mas de subnormalidad. Con algunas excepciones san-grientas, no ofrecían a los avances portugueses especialresistencia. Los indios de la cultura ge ocupaban la me-seta central, los arawak se asentaban al norte, y los fero-ces caribes en la cuenca del Amazonas. De otros gruposindígenas particulares iremos dando noticia más adelan-te.El primer modo de presencia portuguesa en este mun-do indígena innumerable fueron, hacia 1515, las
facto-rías
–Porto Seguro, Itamaracá, Iguaraçu y San Vicente–.En ellas los comerciantes, con la debida licencia de la
Casa da India
y bajo ciertas condiciones, establecíanpor su cuenta y riesgo enclaves en la costa. Las facto-rías fueron un fracaso, pues apenas resultaban rentablesy no tenían intención colonizadora, de modo que JuanIII decidió sustituirlas por
Capitanías
.En 1530 se estableció, con amplísimos poderes, el pri-mer Capitán, en la persona de Martim Afonso de Souza.Bajo su autoridad, y por medio de «cartas donatarias»,se establecieron
capitanías hereditarias
, en las que unhidalgo, a modo de señor feudal, y con derechos y debe-res bien determinados, gobernaba una región, sin recibirde la Corona más ayudas que la militar.También este sistema resultó un fracaso por múltiplescausas, y el rey estableció en 1549 un
Gobierno Gene-ral
, en la persona de Tomé de Souza, bajo el cual unaorganización de funcionarios públicos vendría a suplir lared incipiente de autoridades particulares. Sin embargo,las antiguas divisiones territoriales se mantuvieron, yaquellos capitanes concesionarios que habían tenido al-gún éxito en su gestión retuvieron sus prerrogativas.Cuando la España de Felipe II conquistó pacíficamen-te Portugal, se estableció en 1580 un dominio hispanosobre el Brasil, que duró hasta 1640, año en que se res-tauró el régimen portugués.
Primeras misiones en un medio muy difícil
A diferencia de España, que estableció muy prontopoblaciones en el interior de sus dominios americanos –lo que fue decisivo para la conversión de los pueblosindígenas–, Portugal, que era un pequeño país de unmillón doscientos mil habitantes, y que se encontraba alfrente de un imperio inmenso, extendido por Africa, In-dia, Extremo-Oriente y ahora Brasil, apenas pudo hacerotra cosa que establecer una cadena de enclaves en lascostas. Pero esto limitó mucho a los comienzos las posi-bilidades de la misión. En realidad, perduró largamenteuna frontera invisible, una línea próxima a la costa, másallá de la cual unos 2.431.000 indios –según cálculos deJohn Hemming (AV,
Hª de América latina
, 40)–, de cienetnias diversas, se distribuían en un territorio inmenso ydesconocido, con frecuencia casi impenetrable.Por otra parte,
el
Padroâo
portugués sobre los asun-tos eclesiásticos venía ejercido directamente por el reylusitano, a diferencia de lo que ocurría en los dominiosespañoles de América, donde los Virreyes actuaban comovicepatronos del Patronato Regio hispano.Todo esto explica que, en comparación a la Américaespañola –que en siglo y medio, para mediados del XVII,tenía ya varias decenas de obispados, miles de iglesias, yque había celebrado varios Concilios–, «la Iglesia en Brasilfue desarrollándose en modo mucho más lento y en pro-porciones infinitamente más modestas» (Céspedes,
Amé-rica hispánica
245). Así, por ejemplo, hasta 1676 nohubo en Brasil otro obispado que el de Bahía, fundado en1551.
La actividad misionera en Brasil, después de la visita de francis-canos en 1503, se inició propiamente cuando en 1516 llegaron dosfranciscanos a Porto Seguro, y otros dos a San Vicente (1530). Aestas pequeñas expediciones se unieron varias otras a lo largo delXVI. Pero sin duda alguna, fue la Compañía de Jesús, desde sullegada al Brasil en 1549, la fuerza evangelizadora más importante.En efecto, con el gobernador Tomé de Souza llegaron seis jesuitas,entre ellos el padre Manuel de Nóbrega, y el navarro Juan de Azpili-cueta, primo de San Francisco de Javier. Ya en 1553 pudo estable-cer San Ignacio en el Brasil la sexta provincia de la Compañía,nombrando provincial al padre Nóbrega, gran misionero. En estaprovincia brasileña, a lo largo de los años, hubo jesuitas insignes,como el beato José de Anchieta, Cristóbal de Acuña, el brasileñoAntonio Vieira o Samuel Fritz, de los que hemos de hablar enseguida.Los carmelitas llegaron al Brasil en 1580, y en dos decenios seestablecieron en Olinda, Bahía, Santos, Río, Sao Paulo y Paraíba.Los benedictinos, que arribaron en 1581, fundaron su primer mo-nasterio en Bahía, y antes de terminar el siglo también se estable-cieron en Río, Olinda, Paraíba y Sao Paulo. Capuchinos ymercedarios contribuyeron también a la primera evangelización delBrasil.
Entre aquellos cientos de tribus –casi siempre hostiles,de lenguas diversas, y dispersas en zonas inmensas, di-fícilmente penetrables–, apenas era posible una acciónevangelizadora si no se conseguía previamente una re-ducción y pacificación de los indios. Por eso el sistemade
aldeias
misionales o reducciones fue generalmenteseguido por los misioneros, e incluso exigido por la leyportuguesa.Eso explica que a los misioneros del Brasil correspon-dió siempre no sólo la evangelización, sino también lapacificación y organización de los indios, así como sueducación y defensa. Ellos, en medio de unas circuns-tancias extraordinariamente difíciles, desarrollaron unaactividad heroica, bastante semejante a la que hubieronde realizar los misioneros del norte de América para evan-gelizar a los pieles rojas. La historia dura y gloriosa delas misiones brasileñas, inseparablemente unida a la aven-tura agónica de
la conquista de la frontera
, se desarrollóen cuatro zonas diversas: sur, centro, nordeste y Ama-zonas.
El sur
Las primeras poblaciones brasileñas meridionales fue-ron, en la misma costa, San Vicente y, no lejos de ella,sobre una colina, Sao Paulo. Esta pequeña población,situada en la frontera, que sólo a fines del XVI llegó a los2.000 habitantes blancos, dio origen a innumerables ex-pediciones de exploración y conquista, unas veces bus-cando piedras y metales preciosos, otras para ganar tie-rras, pero casi siempre y principalmente para capturaresclavos indios.