Prefacio.
Acepto
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mi curación
.Tomar consciencia de quien soy y de la transformación que se estáproduciendo en mí resulta siempre excitante cuando lo que descubro con relación amí y frente a los demás es positivo y hermoso. ¿Qué sucede cuando losdescubrimientos que resultan de un andar personal, el que sea, me llevan a veraspectos ocultos de mi persona y cuando implican que me vuelva consciente de lasdolencias y enfermedades que me sucedieron o que probablemente hubiesen tenidolugar en el interior de mi cuerpo?Pues bien, es lo que sucedió a lo largo de estos dos últimos años cuandocomprendí que las enfermedades se habían sutilmente instalado a causa deemociones mal administradas y que, aprendiendo a volver a armonizar estetorbellino de emociones de toda clase que me habitaban, podía tener el poder decuración sobre cualquier dolencia o cualquier enfermedad que había dejadoinstalarse como rey y dueño en mi
Templo de Carne
.Naturalmente, la responsabilidad que acepté
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volver a asumir frente a misalud, fue un largo proceso de introspección y de un nuevo planteamiento de misvalores y, sobre todo, me concedió
la certeza de que tengo el poder de curarme
.Para ello, tuve el privilegio, desde ahora hace nueve años (1988), de conocer y estaral lado de Jacques y poder adquirir conocimientos durante los múltiples talleres yconferencias que dio. Gracias a su facilidad por hacer simple y accesible un temaque para muchos puede parecer muy complejo, por su amor incondicional y sudeseo de ayudar a que la gente alcance un mejor bienestar tanto a nivel físico comoa nivel emocional y espiritual, fue y sigue siendo un pilar, un guía que sabeayudarme a ahuyentar mi culpabilidad y sustituirla por un asumir de mi vida, paraque me sienta cada vez más libre, bien en mi piel, dueño de mi vida. Jacques meayudó a aceptar
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la enfermedad, la que sea, como una experiencia positivaporque es para mí ocasión de pararme, interrogarme sobre lo que está sucediendoen mi vida. Para mucha gente como yo, la enfermedad me dio la ocasión de pedirayuda, cosa que frecuentemente quiero evitar. Debo recordar que
caer, es humano;pero levantarse, es divino
y que para empezar un proceso de curación, es esencialabrirse a los demás, abrirse a sí – mismo y en primer lugar, abrirse al Amor, porquecualquier dolencia o cualquier enfermedad puede curar si estoy lista para aceptar
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dejar caer mis viseras y echar una mirada nueva y positiva sobre cualquiersituación que pueda vivir, por más difícil que pueda parecer, porque sé que, cuandohaya comprendido en mi corazón la llegada de dicha experiencia en mi vida, éstapodrá seguir su camino y recobraré una salud perfecta.3
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